El asesinato de Trotsky

Escribe Osvaldo Coggiola

Segunda parte

Tiempo de lectura: 33 minutos

Viene de El asesinato de Trotsky

La represión contra Trotsky y sus partidarios no se limitó a la URSS, aunque fuese en ella especialmente fuerte. En 1938, en carta a un fiscal francés, Trotsky denunciaba: "Yagoda llevó a una de mis hijas a una muerte prematura, y a otra al suicidio. Detuvo a mis dos yernos, que desaparecieron sin dejar rastros. La GPU detuvo a mi hijo menor, Serguei, bajo la acusación increíble de envenenar obreros, después de que él desapareció. Llevó al suicidio a dos de mis secretarios, Glazman y Butov, que prefirieron la muerte a realizar declaraciones contra su honra dictadas por Yagoda. Otros dos secretarios rusos, Poznansky y Sermuks, desaparecieron en Siberia. Todavía hace poco, la GPU secuestró en Francia otro ex secretario mío, Rudolf Klement. La policía francesa lo buscará, lo encontrará? Yo dudo. La lista citada no comprende más que a las personas más próximas, no hablo de las miles que murieron en la URSS, a manos de la GPU, bajo la acusación de ser "trotskistas"(48). Además de estos, en julio de 1937 "desapareciera", en España, el joven tcheco Erwin Wolf, ex secretario de Trotsky y uno de los principales organizadores de la IV Internacional, probablemente muerto por Erno Gerö, agente húngaro de la NKVD y futuro jefe de Estado de Hungría.

En la España en guerra se forjaron los hombres que entrarían en Europa del Este con los tanques soviéticos para crear las "democracias populares" de Europa del Este, después de la segunda guerra: entre el sangriento aplastamiento de la insurrección obrera de Barcelona y la brutal represión de los levantamientos de los trabajadores de Berlín, Budapest y Praga en las décadas de 1950 y 1960 hay un hilo conductor a través de la historia. El asesinato de Trotsky en México, como señalamos en el inicio, comenzó a ser preparado en España: "después de Cárdenas haber dado asilo político a Trotsky, Siquieros y Vidali fueron a una reunión del PC español, donde La Pasionaria (la dirigente comunista española Dolores Ibarruri) prácticamente abofeteo a los mexicanos en relación al caso Trotsky. Con su masculinidad revolucionaria desafiada, Siqueiros dijo que él y otros miembros de la sociedad Javier Mina de ex combatientes, de la cual Vidali era miembro, se consideraban obligados a llevar a cabo el ataque y a destruir la llamada fortaleza de Trotsky en Coyoacán" (49).

A inicios de 1937 fracasó un intento de la NKVD de secuestrar a León Sedov, en Mulhouse (Francia), destinado probablemente a sentarlo en el banco de los acusados del segundo proceso de Moscú (50). En ese mismo año, según Pavél Sudoplátov, habría fracasado el primer intento de eliminación de Trotsky, confiada por Stalin personalmente a uno de los dirigentes de la NKVD, Mikhail Spiegelglass (51). Pero en febrero de 1938, León Sedov murió misteriosamente, con 32 años, después de una operación de apéndice en una clínica parisina de propiedad de un emigrado ruso blanco, probablemente ligado a la NKVD. Gérard Rosenthal sustentó que los "agentes rusos" encontraron facilidades para infiltrarse en el entorno de Trotsky y Sedov debido a que ambos "eran muy susceptibles al clima en común y al universo compartido que tejían entre sí los oriundos de Rusia, facilitando una connivencia privilegiada, en la cual los occidentales no accedían con facilidad" (52). Las circunstancias de la muerte de Sedov, así como el hecho comprobado de que su principal colaborador, el ruso de origen polaco Mordchka Zborowski, fue desenmascarado en 1954, en los Estados Unidos (donde era profesor universitario de antropología) como agente de NKVD (53). Esto nunca quedó cabalmente probado, aunque Trotsky lo sustentase con fuerza.

Dmitri Volkogonov sustentó que Sedov fue asesinado por la NKVD, lo que fue negado por Sudoplátov, que afirmó no haber encontrado pruebas de eso en su proceso (en los archivos de la KGB rusa), y que " nadie fue condecorado o reivindicó ese honor" (sic) por ese hecho. Volkogonov, militar de alta patente en la URSS (antes de morir fue asesor de Boris Yeltsin) debe haber tenido fuertes razones para sustentar lo contrario. "Mark" o "Étienne" ya había despertado las sospechas de Víctor Serge y de Pierre Naville, poeta surrealista francés partidario de Trotsky (después célebre sociólogo), que se dirigían a Trotsky en ese sentido. En 1939, "Trotsky recibió en Coyoacán una extraña carta anónima. Su autor afirmaba ser un viejo judío apátrida refugiado en los Estados Unidos. Pretendía haber recibido de un alto jefe de los servicios secretos soviéticos, en tránsito a Japón, la confidencia de los brillantes servicios de un cierto Mark, cuya descripción coincidía con la persona de Étienne" (55).

El "viejo judío apátrida" era Alexandre Orlov (apodo de Leiba Lazarevich Feldbin, de hecho judío, pero no apátrida ni viejo), uno de los principales agentes de la NKVD (o "espía de la URSS", como se decía en los medios occidentales) en el exterior, veterano no solo de la guerra civil española, donde era jefe del aparato montado por la policía política soviética y participó del asesinato de Andreu Nín, sino también de la guerra civil en la Rusia de 1918-21, en la cual había servido en el Ejército Rojo bajo el comando de Trotsky. En 1938, el "general Orlov" había desertado, y "había enviado una carta personal a Stalin, desde los Estados Unidos, explicando su deserción por su inminente prisión a bordo de un barco soviético. La carta establecía que si Orlov descubriese cualquier intento de los soviéticos de averiguar su paradero o indicios de ser vigilado, pediría a su abogado que hiciera pública una carta que él había depositado en un banco suizo, que contenía información secreta sobre falsificación de materiales para el Comité Internacional para la No Intervención en la guerra civil española. Orlov amenazaba también contar toda la verdad sobre el oro español, depositado secretamente en Moscú, y proporcionar las listas de embarque. Esta historia habría significado una vergüenza para el gobierno soviético a la causa republicana que era concedido supuestamente en nombre de la solidaridad socialista" (56).

En sus memorias (57), Orlov afirmó también haber intentado entrar en contacto telefónico con Trotsky, para advertirlo sobre la presencia de Étienne-Zborowski (que él llamaba "Mark") en su círculo, y sobre el papel de este en el robo de los archivos de Trotsky depositados en la filial de París del Instituto de Historia Social de Ámsterdam, donde quedarían al cuidado del historiador menchevique David Dallin (casado con Lola Estrine, Lilia Ginzberg, ex colaboradora de Leon Sedov en París). En ese momento, Orlov no pudo pasar del secretario de Trotsky en México (el holandés, futuro matemático y lógico prominente, Jan Van Heijenoort). Cuando se abrió la sección cerrada de los archivos de Trotsky en la Biblioteca de Harvard, Pierre Broué descubrió una copia de una carta de Trotsky (¿dirigida a quién?) sobre “Etienne” y otra carta del “viejo judío”, que desmiente la versión de que Trotsky hubiera hecho oídos sordos a las sospechas que pesaban sobre el antiguo colaborador de Sedov: “Es necesario seguirlo con discreción y eficacia. Me parece que deberíamos poner a [Boris] Nicolaievski (58) sobre el tema. Crea una comisión de tres: Rosmer, Gérard [Rosenthal] y Nicolaievski, agregando dos o tres jóvenes para el seguimiento, de forma individual y en absoluto secreto. Si la información resulta ser cierta, asegúrate de poder denunciarlo a la policía francesa por el robo de los archivos, en condiciones de que no pueda escapar. Comunique esta información a Rosmer de inmediato. Lo mejor sería a través de [James P.] Cannon, si todavía está allí [París], o [Max] Schachtman, si va [a París]. Encontrarás los medios. Pido notificación de recepción”.

Al parecer, no se hizo nada, y “Etienne” solo fue descubierto en 1954, en los Estados Unidos, por el FBI, después de la confesión de "Soblen" (Sobolevicius), también un ex espía estalinista. No hace mucho, había entrevistado a Gérard Rosenthal, enviando un cordial saludo “a los camaradas [trotskistas] franceses”. En Estados Unidos, Zborowski- “Etienne” recibió solo una sentencia leve, por perjurio en sus declaraciones sobre las actividades de los “hermanos Soblen”: en el interrogatorio al que fue sometido, muy minucioso, casi no se le preguntó nada sobre su larga relación con Sedov como agente de la NKVD, ni sobre su posible implicación en su muerte, asuntos que evidentemente no interesaban a los servicios secretos estadounidenses (ni a la justicia de Maccarthysta). (59) Zborowski - “Etienne” - “Mark” murió en la década de 1990 en los Estados Unidos, convertido en un anticomunista.

Los principales “desertores” del “sistema de seguridad” internacional del aparato estalinista, durante la década de 1930, buscaron alguna forma de colaboración con Trotsky, con diversos grados de cercanía política. De hecho, se trataba de cuadros militantes en proceso de ruptura política, mucho más que “espías rusos pasados a Occidente”, como estábamos acostumbrados a verlo por la literatura y la mitología del “mundo libre” (capitalista) en la posguerra: eran los cuadros de la GPU-NKVD, y del aparato clandestino de la Internacional Comunista, reclutados durante la revolución rusa y la guerra civil. La crisis política de los aparatos de seguridad de la URSS durante las grandes purgas es un aspecto pasado por alto por la historiografía, más preocupada en los aspectos espectaculares del "espionaje", o en la elaboración de una base historiográfica para el anticomunismo (60).

Ya hemos hablado de “Alexandre Orlov”(61), famoso por reclutar y formar el “círculo de Cambridge” (Russell, Philby, MacLean, Burgess, Blunt y Cairncross), infiltrándose más tarde en el servicio secreto británico. (62) Walter Krivitsky (nombre en clave Samuel Ginzburg) (63), rompió con la NKVD en 1937, estuvo en contacto directo con León Sedov y, luego, con Jan Frankel, un trotskista estadounidense, “con la conciencia pesada, negándose dramáticamente a juzgar o ser juzgado, no queriendo ser otra cosa que un soldado dispuesto a obedecer, incapaz de reflexionar o pensar por sí mismo, proponerse sólo ser útil a Trotsky haciéndole conocer, a través de él, un tipo de hombre que Trotsky no conocía. Y Sedov, antes que él, hablándole en nombre de Octubre y de la revolución mundial, reivindicando y exigiendo una declaración política condenatoria del estalinismo, y pidiendo la defensa de la URSS”.(64)

Debe haber sido una situación embarazosa: los trotskistas sabían que Krivitsky y Orlov eran responsables del asesinato de varios de sus compañeros, principalmente en España... Pável Sudoplátov admitió la responsabilidad de la NKVD, en agosto de 1938, en el asesinato de Rudolf Klement, un joven trotskista alemán, ex secretario de Trotsky en Turquía, que había sido uno de los principales organizadores de la conferencia fundacional de la IV Internacional. El acto fue especialmente atroz, ya que Klement fue secuestrado en París, estrangulado y descuartizado en un apartamento de la NKVD por un tal “turco”: su cuerpo apareció flotando en el Sena unos días después. Klement había conocido personalmente (en París, en 1938) al futuro asesino de Trotsky, Ramón Mercader (entonces todavía “Jacques Mornard”): “¿Por qué la GPU atacó a Klement? No era una personalidad eminente de la IV Internacional. Pero la intimidad lograda con el extenso trabajo de secretario para Trotsky lo convertiría en un testigo valioso en juicios fraudulentos [en Moscú]. “¿Su coraje y resistencia convirtieron su secuestro en asesinato?”, se preguntó Gérard Rosenthal. La conferencia de fundación de la IV Internacional, en septiembre de 1938, tuvo lugar bajo la presidencia de honor de Leon Sedov, Erwin Wolf y Rudolf Klement, asesinados. Poco después, “el 15 de noviembre [de 1938] se encontraron las dos piernas atadas en el Sena, en Garganville. Los huesos habían sido aserrados. Las piernas se adaptaron perfectamente al tronco. La cabeza nunca fue encontrada. Así que desapareció en medio de París, sin que la policía descubriera nada, por ser el secretario de Trotsky, Rudolf Klement, fue descuartizado muerto o vivo”. (65)

Previamente, el 16 de julio, una carta dirigida a Trotsky, (falsamente) firmada por Klement, declaraba que se había convertido en un aliado del fascismo, por lo que su autor se retiraba de la IV Internacional, prefiriendo “desaparecer” de la escena. Después de que su cuerpo fuera descubierto, en agosto, Trotsky envió una carta a la madre de Klement, Ruthe, quien le había solicitado información sobre su hijo, informándole de todo lo que sabía sobre su vida, y agregando: “Estoy seguro de que la carta era falsa. Contiene declaraciones falsas e inútiles, emitidas por alguien que solo está informado de manera general e imperfecta sobre las actividades de Rudolf. La similitud de la escritura no es prueba de su autenticidad. No es más que similitud: los enemigos de Rudolf tienen los mejores especialistas del mundo, que han hecho cosas similares en varias ocasiones. Esto descarta la hipótesis de que Rudolf hubiera pasado voluntariamente al campo de sus enemigos. En ese caso, no habría necesidad de esconderse. Al contrario: se opondría abiertamente a sus compañeros de ayer, de lo contrario la deserción carecería de sentido. También en ese caso le habría dado a su madre un signo de vida. La situación es clara, no tengo ninguna duda de que Rudolf fue asesinado por sus enemigos”. El asesinato de Trotsky aún no se había producido debido a la notoriedad de Trotsky y a los cuidados adoptados en relación a ello, y también por el asilo político otorgado por el gobierno mexicano, cuando la eliminación de Trotsky ya estaba en la agenda prioritaria de la NKVD: Sudoplátov admitió que Stalin encomendó la tarea a Spiegelglass en 1937 (lo que no le impidió afirmar que “en agosto de 1938 me enteré, por primera vez, de los asesinatos y secuestros de trostskistas y desertores ocurridos en Europa durante los años treinta”)(66).

El nazismo, el fascismo, el franquismo y el estalinismo acabaron físicamente con una generación de revolucionarios en las décadas de 1930 y 1940. En 1937, también, la investigación suiza sobre la muerte de Reiss estableció que el conocido “verdugo” de la mafia Roland Abbiate, y un tal “Martignac” había ido a México (en marzo de 1937) tras el rastro de León Trotsky. El asesinato de Trotsky se había convertido en un objetivo institucional del estado estalinista, es decir, relativamente independiente de las circunstancias políticas inmediatas. Era, también, estratégico, porque implicaba un gran riesgo diplomático: asesinar a un estadista -y también a una de las figuras políticas más conocidas a nivel internacional- en ejercicio de su derecho de asilo, en territorio extranjero. Esto significaba que la empresa solo sería posible si contara, no solo con los medios organizativos (el aparato internacional de la NKVD), sino también con los medios políticos, es decir, con complicidades “diplomáticas” al más alto nivel. No es de extrañar que el acto criminal se consumara en un período de relativo “ablandamiento” de la represión en la URSS, debido a la guerra.

Tras la llegada de Trotsky a México, también llegaron a ese país, abierta o clandestinamente, varios “hombres de acción” del aparato internacional de la NKVD, lo que se intensificó con la derrota del bando republicano en la guerra civil española: el ex cónsul de la URSS en Madrid, Lev Haikiss; el citado Eitingon, junto a Caridad Mercader, Vittorio Vidali con su (entonces) compañera Tina Modotti (“Maria Ruiz”), que controlaba las filas de las Brigadas Internacionales. También llegó el venezolano Enrique Martínez, el ex guardaespaldas de Gramsci, Carlo Codevilla, transformado en agente de la GPU, y el ítalo-argentino Vittorio Codovilla.(67) Las cosas llegaron al punto de que, el 8 de septiembre de 1938, el abogado estadounidense de Trotsky, Albert Goldman, hizo una declaración a la prensa: tras la muerte de Wolf, Klement y Sedov, “la GPU [NKVD, en ese momento] está determinada a un desesperado esfuerzo para eliminar al propio Trotsky”. Advirtió que “la campaña la llevará a cabo el PC mexicano, con la ayuda de altos funcionarios del Ministerio de Educación, y de Vicente Lombardo Toledano, quien recibió las instrucciones necesarias en su reciente visita a Europa”.

Mucho antes de esto, según Sudoplátov, Stalin ya había dado personalmente la orden: “Trotsky y sus seguidores representaban una seria amenaza para la Unión Soviética al competir con nosotros por ser la vanguardia de la revolución comunista mundial. Beria sugirió que se me colocase a cargo de todas las operaciones antitrotskistas de la NKVD, con el fin de infligir el golpe decisivo al movimiento trotskista. Esa fue la razón por la que fui nombrado subdirector del Departamento de Asuntos Exteriores, bajo las órdenes de Dekanózov. Mi misión sería movilizar todos los recursos disponibles de la NKVD para eliminar a Trotsky, el peor enemigo del pueblo. ‘En el movimiento trotskista no hay figuras políticas importantes, aparte del propio Trotsky’, dijo Stalin. Con Trotsky eliminado, la amenaza desaparece’. Dicho esto, Stalin se sentó nuevamente frente a nosotros y comenzó a hablar lentamente sobre lo insatisfecho que estaba con el estado actual de nuestras operaciones, que, en su opinión, no eran lo suficientemente activas”.

La decisión tomada por Stalin se explica en el marco de la vigencia del pacto germano-soviético. Siempre según Pável Sudoplatov, durante una reunión de la máxima autoridad de la KGB (policía política de la URSS) con Stalin en la primavera de 1939, el líder habló claramente: “La guerra se acerca. El trotskismo se convirtió en cómplice del fascismo. Es necesario asestar un golpe a la IV Internacional. ¿Cómo? Decapitarla”. La NKVD, su máximo jefe, Lavrentiy Beria, sugirió que se utilizaran los contactos de Alexander Orlov para la tarea, y que “deberíamos hablar con él [Orlov] en su propio nombre [de Beria]”(68). Ahora bien, Orlov ya había desertado el año anterior y, como hemos visto, se había puesto en contacto con Trotsky para advertirle de las amenazas que se cernían sobre él: si se hubiera seguido el consejo de Beria, probablemente Trotsky habría sido informado con mucha antelación de los planes exactos de su asesinato (Sudoplátov y Eitingon, evidentemente, no siguieron la sugerencia de Beria).

En septiembre de 1939, los “enviados de Moscú” acusaron a algunos de los líderes del PC mexicano de “debilidad ante Trotsky”. En el Congreso del PC celebrado en los meses siguientes, se formó una comisión secreta especial, encargada de planificar “la lucha contra Trotsky”, dirigida realmente por Vidali, pero presidida “nominalmente”, según Pierre Broué, por Vittorio Codovilla quien, según el mismo autor, había sido agente de la GPU desde finales de la década de 1920. La cuestión del asesinato de Trotsky había sido planteada al PC mexicano, por los “enviados internacionales”, desde septiembre de 1938. Desde su llegada a México, Trotsky había sido violentamente atacado por la prensa del PC. La Voz de México, El Popular y Futuro protestaron contra el presidente Cárdenas por concederle asilo; continuaban pidiendo su expulsión. Esta campaña aumentó en virulencia a principios de la década de 1940; se llevó a cabo con las habituales palabras de moda: “Trotsky, el viejo traidor, demuestra que cuanto mayor se hace, más cobarde se vuelve...”, “¡Qué pez resbaladizo es este pequeño traidor!”, “...El nuevo pontífice, León XXX, a la vista de las treinta piezas de plata del sucio Judas...”. Trotsky señaló: “Esta es la forma de escribir para las personas que están a punto de reemplazar la pluma por la ametralladora”.

El 1° mayo de 1940, una manifestación uniforme del PC marchó a través de la Ciudad de México (Distrito Federal), llevando pancartas que decían “¡Fuera Trotsky!”. Poco antes, en marzo de ese año, en el congreso del PC mexicano, su dirección (aparentemente reticente a pasar de las palabras a los hechos) fue “depurada”: “Laborde fue excluido del secretariado, [Valentín] Campa del Buró Político, calificados de sectario-oportunistas, sectarios por no haber luchado por la unidad de las fuerzas populares, y haberse enfrentado en la CTM con Lombardo Toledano, y oportunistas por no haber mantenido la independencia del partido frente al cardenismo. A esto, los ‘enviados de Europa’ acrecientan las acusaciones de corrupción, provocación, complicidad con la masonería al trotskismo. La convocatoria al Congreso Extraordinario (La Voz de México, 25 de noviembre de 1939) pedía la exclusión de traidores, divisionistas, facciosos, trotskistas, enemigos del pueblo, agentes del fascismo, almazanistas, corruptos, infiltrados en el pasado en el partido”.

En sus memorias, el líder comunista mexicano Valentín Campa informó que Laborde “le había dicho que un compañero delegado de la Internacional Comunista le había expuesto la decisión de eliminar a Trotsky, y le pidió su colaboración como secretario general del partido, y la de un equipo adecuado para la eliminación... [Laborde] estaba convencido de que Stalin participaba en la eliminación de Trotsky y en el uso [para ese propósito] de la Internacional Comunista. Siempre había tenido un buen concepto de Stalin, pero, indignado por sus maniobras, llegó a decir que Stalin ‘era un cabrón’... Desde que salí de la cárcel, en 1970, insistí ante la dirección del PCM en la necesidad de esclarecer estas verdades históricas”.(69) Campa reivindicó en el mismo texto la campaña antitrotskista del PCM en 1937-1940.

El 19 de mayo de 1940 la Voz de México, principal órgano del Partido Comunista Mexicano, dedicó un artículo al “viejo traidor”, como Trotsky era llamado por el secretario general de la central obrera (CTM), Lombardo Toledano. El artículo era extremadamente violento y exigía la expulsión de Trotsky de México por sus “actividades antiproletarias y antimexicanas”. El general Lázaro Cárdenas (entonces presidente de México) también fue blanco de ataques desde dos lados: la burguesía mexicana pro estadounidense y el PC. Cuando se produjo un intento de putsch de derecha, liderado por el general Cedillo en las montañas, los estalinistas acusaron a Trotsky de haberlo inspirado. La derecha vio, por el contrario, la “mano de Trotsky” en el hecho de que las petroleras euroamericanas fueran nacionalizadas: a la derecha, Cárdenas era un títere en las garras del “exiliado rojo”. Trotsky nunca conoció al presidente en persona durante sus años en México. (70)

El 24 de mayo de 1940 atacó el grupo encabezado por Siqueiros. El PCM intentó desprenderse de este (Siqueiros fue presentado como un “elemento incontrolable”) pero, cuando regresó en 1942 del “exilio” autoimpuesto en Chile (para escapar de las acusaciones y el juicio), fue recibido por el mismo PCM como un héroe. En el breve período que pasó en prisión, en 1941, el poeta chileno (vinculado al PC de su país) que se ocupó de su liberación fue Pablo Neruda, cónsul de Chile en la Ciudad de México, quien dijo: “David Alfaro Siqueiros estaba entonces en prisión. Alguien se había embarcado en un asalto armado a la casa de Trotsky. Lo conocí en la cárcel, pero, de hecho, también fuera de ella, porque salíamos con el comandante Pérez Rulfo, jefe de la cárcel, e íbamos a beber allí, donde no nos veían mucho. Ya tarde en la noche, volvíamos y me despedía de David, que estaba tras las rejas... Entre salidas clandestinas de la cárcel y conversaciones de todo, Siqueiros y yo hablamos de su liberación definitiva. Munido con una visa que yo mismo sellé en su pasaporte, se fue a Chile con su esposa, Angélica Arenales”. (71) Pablo Neruda hizo su contribución para ocultar la trama del crimen (el embajador chileno se vio obligado a pedir disculpas al gobierno mexicano por las reglas diplomáticas inconsistentes y violatorias de su cónsul-poeta).

Trotsky fue el primero en concluir que el fracaso del ataque de mayo no resultaría en que sus perseguidores se rindieran, sino todo lo contrario. Incluso quienes creían en el único carácter “intimidante” de este ataque, lo admitieron: “No fue más que un derroche de fuerzas hecho no solo para asustar al ex secretario de Guerra, sino también para obligar al gobierno de Lázaro Cárdenas a decretar la expulsión de Trotsky del país, para no correr el riesgo de involucrarse en una cuestión internacional si el político ruso fuera asesinado en territorio mexicano. Esta estrategia del miedo había funcionado en Noruega. Pero Lázaro Cárdenas no era como el ministro de Justicia noruego, Trygve Lie, y los estalinistas solo tenían una forma de acabar de una vez por todas con el exilio soviético: matarlo”. (72) Trotsky no se hacía ilusiones sobre ninguna reacción en las filas "comunistas" ante la persecución de la que era objeto: "el 90% de los revolucionarios que construyeron el partido bolchevique, hicieron la Revolución de Octubre, crearon el Estado soviético y el Ejército Rojo, dirigieron la guerra civil, han sido exterminados como traidores en los últimos doce años. En cambio, el aparato estalinista acogió a la gran mayoría de los que estaban al otro lado de la barricada en los años de la revolución durante este período... A través de exclusiones permanentes, presiones materiales, corrupción, purgas y ejecuciones, la camarilla totalitaria del Kremlin transformó completamente la Komintern [Internacional Comunista] en un instrumento dócil. Su actual camada dirigente, como sus secciones, está integrado por hombres que no se unieron a la Revolución de Octubre, sino por la oligarquía victoriosa que reparte altos títulos políticos y favores materiales”.(73) ¿Qué precauciones tomó Trotsky ante esta perspectiva, además de la fortificación de su hogar? Este punto ha dado lugar a controversias.

El “sistema de seguridad” de Trotsky era amateur, él lo sabía y se lo declaró a un periodista: “Algunos periódicos dicen que 'alquilo' para mi guardia solo extranjeros, mercenarios. Esto es falso. Mi guardia ha estado presente desde mi exilio en Turquía hace doce años. Su composición ha ido cambiando según el país en el que me encontraba, aunque algunos me han acompañado de un país a otro. Siempre ha estado compuesta por compañeros jóvenes, ligados por la identidad de las ideas políticas, y elegidos por mis amigos más viejos y más experimentados entre voluntarios que nunca faltaron”. Además, continuó en la casa del revolucionario el desfile de líderes políticos, amigos, reuniones, etc. Esto sin duda facilitó la “infiltración” de quien finalmente sería su asesino, quien exhibió una conducta que, para Isaac Deutscher, debió haber levantado sospechas mucho antes: “Exhibía un desinterés tan completo por la política que su actitud parecía rozar la indolencia mental, algo muy sorprendente en el culto del 'hijo de un diplomático'. Tenía relaciones impenetrablemente oscuras en el comercio y el periodismo; y su origen familiar era enigmático. Las historias que le contó a Sylvia sobre él eran extrañas e incoherentes; y gastaba dinero en masa, como sacándolo de una bolsa de eterna abundancia, con fiestas y diversiones”.(74) Para Pierre Broué, el riesgo de infiltración era inevitable dada la actividad política y los objetivos de Trotsky: “Estaba condenado a vivir los pocos años que le quedaban en plena conciencia de que había personas como los hermanos Sobolevicius, tomando las precauciones necesarias , pero sin dejar de correr los riesgos necesarios para la continuación de una vida militante y combativa. La conclusión era necesaria: en este contexto, los asesinos solo podían ganar”. (75)

En los años 70, un grupo trotskista inglés, dirigido por Gerry Healy, acusó a los responsables de la guardia de Trotsky (básicamente, a la dirección del SWP, el partido trotskista de los estados Unidos, en primer lugar Joseph Hansen) de complicidad con la NKVD-GPU y con... la CIA, y, por lo tanto con el asesinato. La acusación se basó en indicios circunstanciales: la campaña hecha en torno a ella no tendría ninguna trascendencia si no hubiera tenido como principal porta-voz a la actriz inglesa Vanessa Redgrave, miembro del grupo de Healy. (76) El otro indicio, la siempre sospechosa participación de uno de los guardaespaldas americanos de Trotsky en el atentado del 24 de mayo, Robert Sheldon Harte (el padre de Harte era amigo personal del jefe del FBI, J. Edgar Hoover) (77), fue definitivamente desechado en las memorias de Sudoplátov, que estableció que ese no era el caso, y también los motivos del asesinato de Harte (lo que, de paso, dio razón póstuma a Trotsky, que sostuvo contra la policía mexicana que Harte jamás fuera un agente estalinista). Ramón Mercader hizo un trabajo de largo plazo (más de dos años), donde no faltaron los errores y las vacilaciones.

Desde 1938, según Sudoplátov, “siguiendo las instrucciones de Eitingon, se abstuvo de toda actividad política. Su papel era el de un amigo, que de vez en cuando daba apoyo financiero, pero sin jugar ningún papel político”. Su línea de acción general fue recordada por el último testigo vivo del crimen de Coyoacán, Seva Volkov, nieto de Trotsky: “El pseudo-belga, Jacson Mornard, comenzó a cultivar la amistad de los guardias. Era una persona muy generosa, amable y servicial. Llevó a los guardias a comer, los invitó a la boda de Otto Rühle, a veces también invitó a Charles Cornell, un maestro de escuela primaria estadounidense, y uno de los guardias. Cultivó la amistad de la pareja Rosmer. Incluso me dio pequeños obsequios y me llevó al campo, junto con Margarite y Alfred [Rosmer]. Pero nunca mostró interés en complacer a León Trotsky. A veces, casualmente, estaban en el jardín y Mornard simplemente lo saludaba. Una vez, presentó a su compañera Sylvia y nada más. Así se creó la imagen de un hombre que quería ayudar y ser amable con sus compañeros”.(78)

El 17 de agosto de 1940, Mercader tuvo una primera ocasión (estaba solo con Trotsky, en su despacho, en actitud nerviosa, lo que le llamó la atención a este) que no aprovechó: “Mercader o Mornard o Jacson, había dado señales de su angustia, se había enfermado; difundió pistas que podrían exponer su falsa identidad. Puede ser que, para sentirse más seguro para el asesinato, necesitara de un ensayo general. Los criminales y la policía, como había observado Trotsky, parecen necesitar de escenarios, como en las obras de teatro. O, frente a Trotsky, solo en la oficina, Jacson simplemente podría haberse sentido incómodo”.(79) Aun así, Trotsky lo volvió a recibir tres días después, cuando Mercader consumó el atentado mortal. Sobre el escritorio de Trotsky quedó inconcluso su último escrito, cuyo párrafo final, el último que había escrito, se adaptaba al escenario: “Hubo más obstáculos, dificultades y etapas, en el camino del desarrollo revolucionario del proletariado, que el que preveían los fundadores del socialismo científico. El fascismo y la serie de guerras imperialistas son la terrible escuela a través de la cual el proletariado debe liberarse de las tradiciones pequeñoburguesas y de las supersticiones, desembarazarse de los partidos oportunistas, democráticos y aventureros, forjar y educar a la vanguardia revolucionaria, preparando así la solución de la tarea más allá de la cual no hay salida para el desarrollo humano”. (80)

Al día siguiente, antes de morir, pronunció sus últimas palabras: “Estoy seguro de la victoria de la IV Internacional. ¡Adelante!”, seguido de un “Natalia, te amo”, dirigido a su esposa. Poco después, murió. Dos días más tarde, el Pravda (“Verdad”) de Moscú simplemente anunció: "Habiendo cruzado aún más los límites de la degradación humana, Trotsky quedó atrapado en su propia red y fue asesinado por uno de sus discípulos". Una década y media después, en su Informe Secreto al XX Congreso del PCUS, Kruschev denunció los crímenes de Stalin (muerto en 1953)(81), pero legitimó la eliminación de Trotsky. El asesino, por supuesto, no negó el crimen: lo atribuyó al “impulso repentino” de un discípulo desilusionado. El informe policial mexicano, sin embargo, no dejó dudas: además del bastón de montañismo utilizado en el crimen, en la ropa del llamado “Mornard” “había una funda de cuero color café, rematada en plata, con una daga de 35 centímetros de largo y tres centímetros de ancho, y el mango de metal cincelado (...) Además, el asesino tenía una pistola Star, calibre 45, matrícula P.195-264, con ocho balas en el cargador y uno en la tubería. Todas estas armas demostraron que el asesino estaba dispuesto a matar a Trotsky de todos modos. ¿Por qué no había usado la pistola en lugar del pico? Sin duda, para evitar el ruido de las explosiones. Evidentemente, tenía la intención de huir después de asestar el golpe mortal”.

En el primer parte policial, Mercader seguía siendo llamado "Raft Jakkson" (sic, seguramente insistiendo en su identidad como "Frank Jacson", así transcrito por el escriba mexicano).48 En las declaraciones posteriores a la policía mexicana, Mercader incurrió en todo tipo de contradicciones y falta de verosimilitud, negando siempre cualquier vínculo con la GPU-NKVD. Su declaración, en la carta apócrifa, de que Trotsky era un agente del imperialismo estadounidense (el pacto Hitler-Stalin todavía estaba vigente) cambió en menos de un año, después de la invasión alemana de la URSS, a “agente de la Gestapo”. A menos de dos semanas del crimen, el juez de instrucción encargado, Raúl Carrancá Trujillo, recibió una carta anónima en la que era amenazado: “Cualquier acción que tome en el proceso acusando a Jacques Mornard por el asesinato de Trotsky, que busque hacerlo declarar que es un agente de la GPU y como resultado esclarecer una cuestión internacional de profunda y seria trascendencia, usted lo pagará muy caro. Recuerde que la poderosa acción de una organización perfecta se ha infiltrado en una mansión que se creía inexpugnable. Limítese a buscar una causa ordinaria sin pretender, por mínimo que fuera, ir más allá de los límites del tema. No olvide, camarada juez, que puede ser recompensado o castigado según su desempeño. No olvides y ten siempre presente, durante el juicio, que hay mil ojos puestos en usted, de todas las razas, que vigilan sus acciones. Saludos, camarada". (82)

Durante los siguientes veinte años, en prisión, Mercader no rompió su silencio sobre sus vínculos con la GPU-NKVD, que lo hicieron famoso como un “hombre de acero”. Su vida en prisión -que parece haber incluido un romance con su directora, vinculada al PC mexicano, y que incluyó la celebración de un matrimonio con otra mexicana- no parece justificar su fama, ya que se parecía poco a una vida de sufrimiento. La revista italiana Oggi informó, el 23 de octubre de 1951, que “alguien sigue cuidándolo todos estos años; alguien, pagando generosamente, hizo los arreglos para que se le garantizaran todas las comodidades disponibles en una prisión (y en las cárceles mexicanas esas instalaciones son muchas y notorias). La celda número 27 de la penitenciaría de Juárez no está lejos de ser un buen departamento de hotel. Basta tener dinero para pagar esos lujos y, en el caso del asesino de Trotsky, ese dinero nunca falta”.

La figura del “hombre de acero” de Mercader, ensalzada en un poema de Nicolás Guillén, fue desmentida por Seva Volkov, quien presenció, siendo adolescente, los momentos posteriores al crimen: “Mucha gente en la puerta, policías, un auto mal estacionado... Rápidamente sentí una angustia interior. Sabía que había sucedido algo y, al mismo tiempo, el miedo de que hubiera sido algo grave. Se me ocurrió que la otra vez habíamos tenido suerte, pero ya era ir en contra del destino que habíamos esquivado en la primera ocasión. Aceleré mis pasos. Vi la puerta abrirse y entré en la casa. Inmediatamente encontré a uno de los guardias, Harold Isaacs, todo agitado y le pregunté qué estaba pasando. Lo único que pude oír, porque se había ido, fue "Jacson, Jacson...". No entendía qué tendría que ver esto con todo lo que estaba pasando. De hecho, cuando crucé el jardín, vi a dos policías deteniendo a un hombre que era, de hecho, el famoso estalinista que luego recibiría la Legión de Honor. Era un verdadero cobarde. Gritando, lamentándose u quejándose de dolor. Tenía algunas manchas de sangre, porque lo habían golpeado. Su triste figura significó un marcado contraste con los trotskistas que fueron llevados a los campos de concentración y exterminio de la URSS, donde fueron asesinados. Este era el supuesto héroe estalinista, en oposición a los presos políticos trotskistas en los campos de Vorkuta, de Kolyma, que murieron sin claudicar y proclamando vivas a la revolución, a Lenin y a Trotsky”. (84)

En 1952, estando aún en prisión, Ramón Mercader hizo una declaración a La Nuova Stampa (18 de noviembre) sobre el crimen: “Se abrió la puerta y encontré a Trotsky en el patio, ocupado en alimentar a los conejos. Le dije que tenía un artículo estadístico muy interesante sobre Francia y me invitó a la oficina, tal como lo había previsto. Me paré a su izquierda. Dejé mi impermeable sobre el escritorio para sacar la púa de escalador de mi bolsillo. Decidí no desaprovechar la excelente oportunidad que se me había presentado, y en el preciso momento en que Trotsky comenzaba a leer el artículo que me había servido de pretexto, saqué el pico de la gabardina, lo sujeté con fuerza y le di un fuerte golpe en la cabeza. Trotsky se arrojó sobre mí, me mordió la mano y me obligó a soltar el pico. Peleamos, entró gente a la oficina y me golpearon. Le rogué a los secretarios de Trotsky que me mataran, pero no quisieron hacerlo”. De hecho, fue Trotsky quien les impidió hacerlo.

El único rasgo de personalidad de Mercader que se hizo visible durante su encarcelamiento fue una especie de esquizofrenia teatral: “Se volvió teatral y, al principio, exageradamente encantador para la gente que venía a verlo; luego, ante las preguntas difíciles, volvió a quedarse inmóvil, con los ojos fijos y las manos temblorosas; o hurgaba en cigarrillos y esparcía cenizas y chispas por la ropa. De repente empezó a hablar sin parar, de nuevo incoherente, antes de escapar y fingir que era sordo. Mostraba cierto desprecio por los psiquiatras. Se reía y les contaba historias de campesinos sureños que ‘no veían más allá de la punta de la nariz’. De vez en cuando hacía una especie de pantomima, interpretando varios papeles distintos, haciendo distintas voces”.(85)

Otros agentes de la NKVD cercanos a Trotsky manifestaron trastornos de conducta, como el mencionado Sobolevicius (“Soblen”), que se convirtió en psiquiatra en Estados Unidos y que, encarcelado, intentó suicidarse en 1957 tragándose casi “medio kilo de clavos y tornillos”(!) en la Penitenciaría de Lewisburg (finalmente se suicidó en 1962). Según Sudoplátov, "Mercader estaba preparado para tres alternativas: disparar a Trotsky, apuñalarlo o matarlo a golpes". Cuando Mercader, ya libre, se encontró con Sudoplátov en Moscú en 1969, confesó: "Yo, que había apuñalado a un guardia en la guerra civil española, quedé paralizado por el grito de Trotsky". Como resultado, "cuando apareció la esposa de Trotsky con los guardaespaldas, Mercader quedó paralizado y no pudo usar el revólver". (86) El último grito y la última resistencia de Trotsky permitieron arrestar a su asesino, lo que ayudaría a desentrañar el crimen y su complot (si Mercader no hubiera sido arrestado, es probable que persistiese la tergiversación sobre su asesinato).

La fama de “hombre de acero”, por otro lado, parece haber existido sólo entre los “compañeros de ruta” de los PC, y no entre los profesionales del aparato de “seguridad”. Poco se sabe de la vida posterior de Mercader, libre y condecorado en Moscú, salvo que fue "infeliz" (aunque recibió, como muestran los archivos, "una pensión equivalente a la de un general de división retirado"), quizás por el motivo señalado por Jorge Semprún en una novela autobiográfica, relatando una conversación entre dos “agentes” sobre su célebre colega: “-Este invierno, en Moscú, me lo mostraron [Mercader]. En el Bolshoi, dijo Walter. Un desamparo abyecto: así se podía calificar la expresión de este hombre. ¿Y qué hace ahí?, preguntó Herbert. Nada, dijo Walter. Tiene un datcha, una pensión de vejez. Nadie le habla. Walter rió. Actualmente, no se muere. A veces me pregunto si eso es mejor” (énfasis agregado).(87) En 1977, Mercader pidió a Santiago Carrillo (líder principal del PC español y figura destacada del "eurocomunismo") en Moscú que interviniera con el gobierno español para pasar los últimos años de su vida en su Cataluña natal. Carrillo puso como condición que Mercader escribiera sus memorias contando quién había ordenado el asesinato de Trotsky. Se dice que Mercader rechazó la solicitud, diciendo: "A los míos nunca los voy a traicionar".

El asesinato de Trotsky no fue el "episodio final" de la caza antitrotskista. En vísperas del asesinato, los periódicos estadounidenses advirtieron del peligro de la "instalación de un gobierno revolucionario en el hemisferio norte" debido a la presencia del líder bolchevique en México. ¿Podría el Servicio Secreto Americano (FBI) desconocer los planes de asesinato, en un país que forma parte de su "área de seguridad", y donde sus agentes deambulaban libremente? La burguesía estadounidense odiaba explícitamente a Trotsky. El Departamento de Estado le negó el asilo político en 1933; la prensa estadounidense acosaba a México por haberle dado refugio; en 1938, la cancillería estadounidense rechazó su entrada temporal, incluso invitado por una comisión parlamentaria (la Comisión Dies). Tras la muerte de Trotsky, el Departamento de Estado prohibió la entrada de sus cenizas, solicitado por los trotskistas norteamericanos para realizar un acto público de homenaje.

Dmitri Volkogonov, que realizó investigaciones de la parte cerrada de los archivos de la KGB escribió: "Poco tiempo después de la noticia de la muerte de Trotsky, fue dada la orden de liquidar a los trotskistas activos en los campos. Y, en víspera de la guerra, hubo una nueva ola silenciosa, que barrió a las últimas personas condenadas portrotskismo activo`. [Los campos de] Petchura, Vorkuta, kolyma, fueron los testigos mudos de una venganza que entonó el réquiem de la lucha contra el dirigente asesinado de la IV Internacional. Stalin no quería comprender que matar a alguien era un modo ineficaz de combatir sus ideas" (sic). (88) En el plano internacional, "penetrar en los grupos trotskistas continuó siendo la máxima prioridad para el servicio secreto soviético en 1940. Cómo sabríamos lo que pasaba en el movimiento trotskista después de matar a Trotsky? Continuarían los trotskistas siendo un peligro para Stalin después de haber perdido a su líder? Stalin leía regularmente los informes del agente que habíamos infiltrado en el periódico trotskista de New York... leía a menudo artículos y documentos trotskistas que eran publicados".

Según la misma declaración, "después del asesinato de Trotsky, varios miembros de la red de los Estados Unidos y México fueron incorporados a otras redes de la región. Esa red ampliada tendría un valor incalculable a la hora de obtener los secretos de la primera bomba atómica. (89) Cómo explicar el papel de los gobiernos del "mundo libre" en la persecución a los antiestalinistas de la URSS, y a Trotsky en particular? Esos gobiernos, como vimos, legitimaron los "Procesos de Moscú" a través del envío de observadores oficiales de los poderes judiciales. Ya vimos la complicidad stalino-nazi en Noruega, en relación a Trotsky, mucho antes del "pacto germano-soviético" de 1939. "El atentado [contra Trotsky] fue evidentemente obra de Stalin, pero ello no excluye que haya sido realizado en alianza secreta con Hitler, y no se puede dudar que Churchill, de ser consultado, habría dado su aval. La eliminación de Trotsky era una necesidad absoluta, en el momento en que la guerra explotaba, abriendo el riesgo de una revolución que la concluyera. Con el primer atentado fallido, los asesinatos hicieron funcionar la máquina de intoxicar destinada a debilitar la defensa, y a crear condiciones más favorables para un segundo intento que no demoraría." (90)

En los años posteriores al asesinato, la viuda de Trotsky, Natalia Sedova, que seguía viviendo en México, recibió amenazas de muerte (91), y se vio obligado a negar un supuesto “testamento” -falsificado- de Trotsky, en el que renunciaba a (y denunciaba a) la revolución socialista, resultando ser una nueva falsificación de la NKVD. (92) Cuando la publicación de las memorias del exlíder del PC estadounidense y ex agente de la GPU, Louis Budenz, arrojó algo de luz sobre el complot de la conspiración para matar a su esposo, solicitó un nuevo interrogatorio de Mercader -todavía llamado “Mornard”- y publicó un artículo en el que concluía: “La responsabilidad del crimen de Coyoacán -y de tantos otros- recae directamente, mucho más que en miserables agentes secretos, sobre Stalin, quien los concibió, ordenó y pagó. Una investigación exhaustiva requeriría la extradición de Stalin y su puesta a disposición de los tribunales mexicanos. En cualquier caso, será Stalin quien responderá a la opinión del mundo, al futuro, a la historia”. (93) Un silencio ensordecedor acompañó la lucha de su (físicamente) pequeña mujer, que perdió a su marido y dos hijos asesinados por el estalinismo.

La historia "oficial" nunca respondió: el régimen de Gorbachov se negó a rehabilitar a Trotsky, por no hablar del régimen "poscomunista" (la furia literaria contra Trotsky fue, en el régimen ruso posterior a la URSS, comparable a la del período estalinista).(94) El asesinato de Trotsky no fue un episodio marginal, sino un evento en el ojo del huracán que arrasaría con el mundo en años sucesivos, los de la Segunda Guerra Mundial; en el centro mismo, por lo tanto, de la crisis histórica del siglo XX. La burocracia estalinista concluyó, a través de él, la destrucción física de la generación marxista que lideró la Revolución de octubre de 1917. Su aniquilación continuó durante la Segunda Guerra: los líderes de la organización trotskista belga (Abraham León y el líder sindical Leon Lesoil) fueron asesinados por los nazis; el exlíder del PC italiano, Pietro Tresso, “Blasco”, comprometido con el maquis francés, fue asesinado por sus “camaradas” del PC francés, lo que fue denunciado por el historiador Marc Bloch, un resistente fusilado en 1943 por los nazis.(95). Stalin sobrevivió a su principal adversario político por trece años, tiempo durante el cual continuó persiguiendo a sus seguidores. Una batalla política que aún continua.

Notas

(48) Leon Trotsky. Lettre à Pagenel (24 de outubro 1938). Oeuvres. Vol. 18, Paris, p. 251. (49) Margaret Hooks. Op. Cit., p. 263. (50) Cf. Pierre Broué. Ljova, le “fiston”. Cahiers Leon Trotsky n 13, Paris, março 1983. (51) A. e P. Sudoplátov. Op. Cit., p. 103. (52) Gérard Rosenthal. Op. Cit., p. 103. (53)Dos médicos franceses, realizando una "autopsia retroactiva", llegaron a la conclusión de que Sedov podría, de hecho, haber muerto por complicaciones postoperatorias (Jean Michel Krivine y Marcel-Francis Kahn. La sed de Leon Sedov. Cahiers Leon Trotsky n  13, París, marzo de 1983). (54) P. e A. Sudoplátov. Op. Cit., p. 121. (55) Gérard Rosenthal. Op. Cit., p. 263. (56) A. e P. Sudoplátov. Op. Cit., p.78. (57) Alexander Orlov. The Secret History of Stalin’s Crimes. Nova York, 1953. (58) Boris Nicolaievski era, entonces, el autor de una biografía de Karl Marx, publicado por pingüino Books, que por años fue considerada la más completa información sobre la vida del revolucionario alemán. (59) Cf. Michel Lequenne. Les demi-aveux de Zborowski. Cahiers leon Trotsky n°13, París, marzo 1983. (60) Cf., Por ejemplo: John J. Dziak. Chekisty. A history of the KGB. Lexington, DC Heath, 1988; John Barron. KGB Today. The hidden hand. Londres, Hodder & Soughton, 1985; Christopher Andrew y Oleg Gordievskij. La Storia Secreta del KGB. Milán, Rizzoli, 1996. (61) Alexander Orlov. op.Cit. (62) Este "círculo" habría inspirado la novela de Graham Greene, El tercer hombre, de la cual fue tomada del homónimo de la película , Michael Curtiz, con Orson Welles y Joseph Cotten en los papeles clave. (63) Walter G. Krivitsky. In Stalin’s Secret Service. Nova York, 1939. Krivitsky (1899-1942) fue un alto funcionario de los servicios secretos soviéticos; rompió con Moscú en 1937, tras el asesinato de su superior Ignace Reiss (Reiss había roto con la NKVD durante el primer "Proceso" de Moscú). Después de publicar su libro, se unió a los mencheviques en el exilio en Estados Unidos; fue asesinado misteriosamente en una habitación de hotel en Nueva York en 1942. (64) Pierre Broué. Ljova, le fiston, cit. (65) Gérard Rosenthal. Op. Cit., p. 280-1. (66) P. e A. Sudoplátov. Op. Cit., p. 78. Esta contradicción, entre otras, arroja luz sobre el método de confesión-ocultación que impregna todo el libro de Sudoplátov, que al igual que los de otros ex agentes (también de la CIA) busca resolver el problema de confesar los delitos, defendiendo al mismo tiempo tiempo la inocencia del autor. (67) Olivia Gall. Trotsky en México y la Vida Política en el Periodo de Cárdenas 1937-1940. México, ERA, 1991. La autora confunde Codevilla con Codovilla. (68) P. e A. Sudoplátov. Op. Cit., p. 103 e 108. (69) Valentin Campa. Mi Testimonio. México, Cultura Popular, 1985, p. 161-166. (70) Cf. Alain Dugrand. Trotsky in Mexico 1937-1940. Manchester, Carcanet, 1992. (71) Pablo Neruda. Confieso que he Vivido. Buenos Aires, Círculo de Lectores, 1976, p. 168-9. El descuido con el que Neruda se refiere a Trotsky y el atentado contra su vida, el tono de "pillaje irresponsable" con el que se refiere a la participación de su amigo Siqueiros, revelan quizás algo más que la imagen de bon vivant "comunista" de su autobiografía. La NKVD parece haber trabajado con tres círculos concéntricos: a) El “núcleo político”, compuesto por miembros del aparato soviético; b) “Ejecutores”, de diferentes nacionalidades, si es posible no rusos; c) La “periferia”, en la que tenían su lugar los “compañeros de camino”, que eventualmente podrían realizar importantes tareas. (72) José Ramón Garmabella. Operação Trotsky. Rio de Janeiro, Record, 1972, p. 60. (73) Leon Trotsky. Oeuvres. Maio-agosto 1940. Vol. 24, Paris, ILT, 1987, p. 313. (74) Isaac Deutscher. Trotsky. El profeta desterrado (1929-1940). México, ERA, 1969, p. 434. (75) Pierre Broué. Op. Cit., p. 52. (76) Cf. Is a Shameless Frame-up! Una declaración sobre las calumnias distribuidas por el Grupo Healy contra Hansen, Novack y el SWP, 1976. En un informe interno del FBI, Hoover acusó a Joseph Hansen y otros líderes del SWP de haber asesinado a "George Mink " ( nombre en clave del lituano Dimitri Utnik , según Albert Balcells), “ albacea ” de la GPU-NKVD residente en Estados Unidos ( responsable del asesinato de los libertarios italianos Camillo Berneri y Francesco Barbieri) arrojando su cadáver al cráter de un volcán . " Mink " fue en México en el plazo -hasta que de Trotsky asesinato. (77) Toda la “responsabilidad” de Harte parece haber sido reunirse con un agente, Ióssif Grigúlevitch, a quien Sudoplátov le da el nombre en clave de “Padre”, supuestamente también conocido por otros trotskistas como “políticamente neutral”, quien fue el responsable de abrir desde las puertas de la casa de Coyoacán en el atentado del 24 de mayo de 1940 (que también desmiente la versión de que Mercader habría engañado a Harte en esa ocasión). Harte, según Sudoplátov, fue asesinado para que no revelara la verdadera condición de agente de Grigulevitch. (78) Esteban Volkov-Trotsky. Leon Trotsky: recuerdos y significado. En: Osvaldo Coggiola. Trotsky hoy. São Paulo, Ensaio, 1992, pág. 315. Este texto es la transcripción del testimonio que el nieto de Trotsky, como un sobreviviente de los acontecimientos de agosto de 1940 en el simposio internacional organizado en el Departamento de Historia de la USP, en septiembre de 1990, en el 50 Aniversario El asesinato de Trotsky. (79) Nicholas Mosley. The Assassination of Trotsky. Nova York, Josef Schaftel, 1972, p. 148. (80) Leon Trotsky. Op. Cit., p. 376. (81) Los registros policiales completos, tanto del atentado del 24 de mayo como del homicidio del 20 al 21 de agosto, se encuentran en el Archivo de la Generalitat de Catalunya. (82) El relato detallado de la investigación policial se encuentra en el libro del general Leandro A. Sánchez Salazar. (83) Era duro y severo / Grave tenía la voz / Y era de acero su apostasía / (No era. Es, que todavía hoy en día / Está el hombre entero) / Es. De acero. De acero es. Acero! Eso es!( Nicolás Guillén, bajo el cielo de Lecumberri-Elegía a Jacques <mornard). (84) Esteban Volkov-Trotsky. Leon Trotsky: lembranças e significado, cit., p. 317. (85) Nicholas Mosley. Op. Cit., p. 153. (86) P. e A. Sudoplátov. Op. Cit., p. 115-116. (87) Jorge Semprún. La Segunda Muerte de Ramón Mercader. Caracas, Tiempo Nuevo, 1970, p. 117. (88) Pravda, Moscú, 9 de septiembre de 1988 (89) P. y A. Sudoplátov. Op. Cit, P.113 y 121 (90) Pierre Broué. Présentation. In: leon Trotsky. Oeuvres. Vol.24, París, ITL, 1987, P.19. (91) Victor Alba. Trotsky visto por Natalia Sedova, manuscrito inédito, Arquivo da Generalitat de Catalunya. (92) Demanda de Natalia Sedova contra “France-Dimanche”. Excelsior, México, 8 de maio de 1948. (93) Natalia Sedova Trotsky. La culpabilidad de Stalin en el asesinato de Leon D. Trotsky. Novedades, México, 21 de abril de 1947. (94) Boris Kagarlitsky. A Desintegração do Monolito. São Paulo, Edunesp, 1997. (95) Un relato detallado de este hecho, incluida la identidad de los militantes del PCF que asesinaron a Pietro Tresso, se puede encontrar en: Pierre Broué e Raymond Vacheron. Meurtres au Maquis. Paris, Grasset & Frasquelle, 1997.

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