EE.UU.: fin de época

Escribe Norberto Malaj

Tiempo de lectura: 2 minutos

Aunque la pandemia expuso agudamente el hundimiento de lo que alguna vez supo llamarse el “estado de bienestar” yanki, la marcha hacia los comicios presidenciales de noviembre indica un cambio de época.

Las elecciones tendrán lugar en medio de una ola de huelgas y manifestaciones de masas sin precedentes, que no sólo tienen que ver con la rebelión negra que desató el asesinato policial de George Floyd. Estos comicios se desenvuelven de espaldas a este proceso. Ambos partidos del gran capital financiero, y especialmente el partido Demócrata, se esmeran en evitar que las tendencias de las masas trasvasen el corsé electoral. En esta tarea es particularmente nefasta la tarea de los llamados “socialistas democráticos” de EE.UU., reunidos en torno a la publicación Jacobin. El editor de esa publicación, David Sirota, quien bancó la campaña de Sanders y ahora llama a votar por Biden, acaba de reconocer que un gobierno de Biden “no augura nada bueno para el futuro”, y hasta podría ser sólo una versión mucho más inteligente de Trump ganando la presidencia”. Más de un analista ha llamado la atención de que la elección de Biden como vice tuvo el propósito de evitar ‘giros izquierdistas’ de Obama.

Aunque todas las encuestas lo dan como perdedor, Trump ha transformado al partido republicano en una vaquería de cowboys derechistas, supremacistas blancos y evangelistas, plagado de grupos filonazis y lobbistas de la Asociación del Rifle. Esta gente, y especialmente el propio Trump, han advertido que se resistirán a entregar el poder. Trump está dispuesto a recurrir a todo tipo de triquiñuelas para torcer la voluntad popular. La más alevosa: el desconocimiento del voto postal que este año tendrá una gran incidencia por la pandemia. Trump poco tiempo atrás impuso un cambio en las autoridades del Correo; sugirió, además, que se podría "retrasar la elección hasta que la gente pueda votar de manera adecuada y segura". Cada estado está regido por normas propias, que permiten la manipulación de los comicios (el voto no es universal; requiere un proceso de inscripción previo). Ni hablar de la existencia de un sistema de Colegio electoral que adultera en forma grosera la voluntad popular (en los últimos 20 años ocurrió en dos oportunidades que el más votado pierde en el Colegio). Si una victoria de Biden no tiene características de aluvión a favor de Biden (lo cual ni éste quiere), el escenario más probable es que se marche a uno de conflicto, como ya se vivió en 1876, en el período de la Reconstrucción de la guerra civil.

Trump “rechazará cualquier elección que resulte en su derrota, alegando que está amañada. Por alarmante que esto pueda parecer … una inusual constelación de fuerzas: la necesidad de depender en gran medida de las papeletas de votación por correo debido a la pandemia de Covid-19; las divisiones políticas en los estados cambiantes clave de Michigan, Wisconsin y Pensilvania; y un Congreso híper polarizado; todos trabajan juntos para convertir el desafío de Trump en una crisis de proporciones históricas” (Lawrence Douglas, The Guardian, 27/7).

Suscribite a Política Obrera