Chile: y después del plebiscito, ¿qué?

Escribe Tito Fuente - Prensa Obrera Talcahuano

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En la conmemoración de un nuevo aniversario del golpe de Estado, Piñera se refirió al plebiscito del 25 de octubre: “estamos convencidos que la inmensa mayoría de los chilenos queremos perfeccionar, modernizar o cambiar nuestra constitución, para que ella sea ese gran marco de unidad, estabilidad y proyección que los países necesitamos para resolver nuestras diferencias y recorrer los caminos del futuro”. Piñera requiere con urgencia ese gran marco de unidad para darle estabilidad a su gobierno y una proyección a la economía del país, pues, la bancarrota que sufre el sistema capitalista deja bajos salarios, la falta de trabajo y la pobreza que aqueja a la gran masa de explotados. La burguesía se sostiene gracias a la liquidación de las conquistas obreras, no tiene iniciativa política que favorezcan a las masas. Solo recurre a la represión policial para someterlas. Por lo tanto, los empresarios y un sector del “progresismo” levantan el plebiscito como un acto democrático, para avalar al parlamento corrupto y blindar al gobierno de Piñera y a su programa anti obrero de la fuerte presión que ejercen las reivindicaciones levantadas por la gran rebelión popular de octubre.

La crisis capitalista, el plebiscito y las reivindicaciones del pueblo

La pandemia del Covid 19 ha acelerado la destrucción de la industria y el comercio. La entrega del 10 % de los fondos previsionales a los trabajadores ha sido un “Veranito de San Juan” para el comercio y los bancos. Ante la crisis de la producción industrial, por supuesto que aumenta la especulación financiera, pero, así también aumentan el no pago de las deudas en el retail (a junio de 2020, había 5 millones de personas deudoras y la cifra sigue en aumento). Las grandes tiendas se desprenden de algunos locales de venta y el quiebre de los pequeños negocios se ha generalizado en las ciudades de todo el país. En la VIII región el 60% de los departamentos construidos no se han podido vender. Por diferentes áreas de la economía, la crisis capitalista continúa su marcha por la pendiente.

Frente a este escenario, Prensa Obrera denuncia que, cualquiera sea el resultado del plebiscito, no se van a crear más puestos de trabajo, tampoco se enfrentará la pandemia en mejores condiciones ni se terminarán las necesidades básicas del pueblo, porque la burguesía no tiene una solución para levantar la economía ni menos desarrollar la industria nacional. Todo lo contrario, solo puede atacar los bolsillos de los trabajadores y el bienestar de la población.

El plebiscito fue diseñado para que el pueblo sea un mero espectador de un largo proceso de discusión de proyectos elaborados por los partidos políticos; allí aparecerá el hábito de las maniobras políticas y los acuerdos “bajo cuerdas” entre las diferentes bancadas. Es un operativo político para dejar fuera toda participación de la clase obrera y el pueblo en los cambios que requiere el país. Igual que las reivindicaciones de los “pingüinos”, los proyectos terminaran en el parlamento en discusiones de legisladores que solo les interesa sostener al estado capitalista. Lo que es seguro, entonces, que las reivindicaciones levantadas en la rebelión popular no estarán en la mesa de discusión.

Frente al engaño capitalista, levantar un programa clasista

Una de las razones porqué la rebelión popular pasó por encima de la izquierda y de algunos grupos de revolucionarios, fue porque no analizaron la crisis que sufría el sistema capitalista. No comprendieron su profundidad y, por lo tanto, no vieron la necesidad de armarse de un programa de lucha reivindicativa y salir a los frentes de masas para enfrentar la crisis junto a los explotados. El activismo y el centrismo pequeñoburgués se presenta ante las masas sin programa reivindicativo. Se caracterizan por levantar estructuras políticas de acuerdo a la exigencia del momento y siempre corren desesperadamente detrás de los acontecimientos. No han comprendido la experiencia recorrida por el movimiento obrero y las masas explotadas en los diferentes períodos políticos que ha vivido el país: en la dura lucha contra la dictadura y la salida del dictador Pinochet; la llegada de la democracia y los frustrantes gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría, y el impacto que produjo en la economía nacional con la caída del banco Lehman Brothers y el derrumbe financiero mundial, el año 2008, crisis que continúa en picada.

Aquí reivindicamos nuestra caracterización cuando Prensa Obrera analizó que el aumento del voto nulo fue un síntoma de la radicalización política de las masas. En el año 2010 dijimos que la tarea de los revolucionarios era luchar por la independencia política del movimiento obrero, denunciando el papel traidor de los partidos de la izquierda tradicional, y levantando un programa con las urgentes necesidades de las masas. El voto nulo demostraba que la desilusión de las masas hacia los partidos de izquierda se estaba realizando en forma casi natural por el avance de la lucha de clases. Ahora, la rebelión popular de Octubre es la condensación de todas esas luchas, y fue una demostración del aprendizaje que las masas han logrado en su larga lucha por sacudirse de la explotación capitalista.

Hacemos un llamado a los compañeros de vanguardia a participar en el debate de las masas y analizar juntos la solución de los problemas que afectan a los hogares de los trabajadores. El plebiscito nos otorga la oportunidad para levantar un programa clasista ante las masas, alternativo al programa burgués de los ajustes anti obreros y de represión al pueblo y los trabajadores.

-Para enfrentar la pandemia exigimos aumento inmediato del presupuesto hospitalario, mayor contratación de personal especializado en salud, atención gratuita a todos los trabajadores, cesantes y jubilados. La militarización del país no es la solución para combatir la pandemia.

-No al GOPE de carabineros, no más compras en armamento para reprimir al pueblo. No a la militarización de la Araucanía. Libertad a todos los luchadores sociales.

-Fuera las AFP. Por un nuevo sistema previsional Estatal, financiado por los empresarios y bajo el control de los trabajadores. No más robos ni pensiones miserables.

-Ante el cierre progresivo de departamentos productivos y de industrias, el llamado a los compañeros es defender las fuentes de trabajo, exigiendo la apertura de los libros de contabilidad para que demuestren su insolvencia económica; nivelación de sueldos y salarios, un gerente no debe ganar 15 ó 20 millones y un obrero un sueldo mínimo. Control Obrero a la administración, producción y comercialización de los productos.

-Por una Asamblea Constituyente Soberana que analice y determine el funcionamiento del Estado con una nueva Constitución elaborada por una Comisión de honorables, sometidas a votación popular.

¡Fuera Piñera! ¡Por un gobierno de los trabajadores!

20 de septiembre de 2020

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