Banderazo y ´desobediencia civil´

Escribe Antonella Ricardi

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La Nación acaba de publicar un texto de Elisa Goyenechea, Doctora en Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina y docente en el Instituto Hannah Arendt de la Coalición Cívica, para justificar la desobediencia civil contra el gobierno, bajo el pretexto de la inconstitucionalidad de la cuarentena.

En un supuesto homenaje a 50 años de la sanción de la famosa Shea Act por la legislatura de Massachusetts, que desafió la legalidad de la participación norteamericana en la guerra de Vietnam, debido a la ausencia de una declaración de guerra formal por parte del Congreso, Goyenechea sostiene ahora que “los seis banderazos de junio a la fecha fueron manifestaciones masivas de disentimiento que, en el marco de la cuarentena obligatoria, podrían interpretarse como expresiones de desobediencia civil”.

La analogía no podría ser más forzada. Los sectores sociales que han predominado en los ´banderazos´, muy escuálidos, por supuesto, no estuvieron representados hace medio siglo por la legislatura instalada en Boston, sino por aquellos que, en Estados Unidos, apoyaban a Nixon y a la guerra. ¡A quien se le ocurriría alinear a Macri y a Patricia Bullrich con los adversarios de la guerra contra Vietnam! Los jóvenes que rehusaban alistarse al ejército norteamericano ponían en juego su libertad la romper en forma pública sus libretas de enrolamiento. Si Goyenechea hubiera encuestado a los ´banderantes´ acerca de la decisión de la legislatura de Massachusetts, le habrían respondido con el repudio. Más cerca del tiempo, se habrían identificado con Trump y Bolsonaro en la cuestión de la pandemia, no con la rebelión que sacude hoy a Estados Unidos debido a la brutalidad policial, el racismo y el manejo criminal de la pandemia.

Ciertamente la cuarentena ha sido establecida por medio de decretos y ulteriores convalidaciones legislativas, como ocurre con todo lo demás, por ejemplo, el reconocimiento de la deuda pública usurera – incluso al ciento por ciento de su valor. O como se pretende hacer ahora en Guernica, desalojando familias sin techo. Que la orden provenga de un juez no quita un ápice al carácter coactivo de la medida, que además sería llevada adelante por la policía. Pero Goyenechea no convoca en Guernica a la ´desobediencia civil´. Goyenechea, a pesar de pertenecer a un Instituto de una perseguida por el nazismo, Hanna Arendt, no distingue la ´desobediencia civil´ de las SA, que llevaron a Hitler al poder por medio de la violencia, de la ´desobediencia civil´ que representa una huelga u ocupación de fábrica, que deciden los trabajadores contra los patrones y el propio estado. Una manifestación sin barbijos es un acto fascista porque supone una agresión mortal contra la salud de los demás.

Goyenechea llega a conclusiones sorprendentes. Dice que “cuando transgreden una ley (como ocurrió en 1970 en Massachusetts), su propósito no es delinquir, sino poner a prueba su constitucionalidad … su mayor preocupación es el progresivo deterioro institucional, su ánimo no es revolucionario, sino restaurador”. Nadie ha pedido, sin embargo, al menos hasta ahora, la inconstitucionalidad del ´aislamiento obligatorio´, ni tampoco Goyeneche. Lo que Goyenechea está cuestionando es la ´constitucionalidad´ del mismo gobierno, algo que no se hace en un tribunal sino en la calle. Goyenechea invoca a la cuna de la independencia norteamericana, para alentar el golpismo en Argentina.

¿Goyenechea consideraría a la desobediencia civil contra una dictadura un acto “terrorista”, como sostenía la Carrió desde su lugar en un juzgado chaqueño bajo los años de plomo? Desconocemos la opinión de Goyenechea acerca de la constitucionalidad de la dictadura militar; de la validez de las decisiones judiciales bajo la dictadura y de toda su legislación. La Nación se va convirtiendo, paso a paso en una tribuna de planteos golpistas.

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