Acerca de una polémica entre el PTS y el PO (oficial)

Escribe Marcelo Ramal

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Guillo Pistonesi, dirigente del PTS, acaba de publicar un texto que atribuye una importancia monumental a la política de señalar la “contradicción entre el relato y lo que termina finalmente haciendo el gobierno” - contrastar con hechos sus palabras. Reivindica, entre otros ejemplos, denunciar que Fernández “recul(ó) con Vicentín” y que también dio marcha atrás con una prometida “centralización de la salud”. No echar mano de esta astucia táctica, nos dice Pistonesi, “es no luchar para que un sector de las masas que lo votaron para sacarse de encima a Macri termine de hacer la experiencia con el gobierno”. Al correr del teclado Pistonesi delata su preocupación electoral “por los votantes”, o sea que, a través de “la experiencia”, voten dentro de doce meses de un modo diferente.

Cuando Lenin, en su conocido folleto contra el ´infantilismo´ en la izquierda, señaló que el partido bolchevique se había fortalecido como consecuencia de que las masas reconocieron, por medio de su propia experiencia, el acierto de la política del partido, no tenía ´in mente´ a las elecciones, sino un campo más vasto: la política frente a la guerra, la política frente a la lucha agraria del campesinado, la política de oposición estratégica a toda forma de régimen o gobierno burgués.

Para aplicarlo a nuestras pampas, en el caso de Vicentín, el método de Lenin hubiera sido advertir con anticipación que los Fernández nunca nacionalizarían realmente al pulpo, y que el proyecto inicial de nacionalización por utilidad pública, por medio del Congreso, implicaba una suma enorme de dinero en concepto de indemnizaciones y la asunción de una deuda corporativa de dos mil millones de dólares. Pistonesi no hizo esa advertencia, sino que se sumó al hecho consumado del ´recule´ de Fernández, de modo que los trabajadores no podían desarrollar una experiencia de ninguna clase entre la izquierda y el kirchnerismo. Por otro lado, los trabajadores no son incapaces intelectuales que no puedan advertir por sí solos cuando hay o no un recule – lo que está en juego es la comprensión política de la razón de ese recule, algo que Pistonesi no ofrece. La tesis del recule es, asimismo, el apoyo a una nacionalización burguesa, en total oposición al Manifiesto Político del Frente de Izquierda en las elecciones de 2013.

El voto es una forma de capitalización política a condición de que no sea ocasional; por ejemplo, obtener el 14% en una elección y el 2.5% en la siguiente o posterior. Para llegar al voto la capitalización debe manifestarse con precedencia y ser sostenida. La crisis de Vicentin planteaba una lucha general, no el voto un año y medio más tarde – la huelga de aceiteros, demostraciones callejeras, ocupaciones de fábrica, formación de comités de lucha o conversión en comités de lucha a los cuerpos de delegados. Es lo que se plantea con la “centralización de la salud”, que el gobierno colocó en términos administrativos – de ningún modo en los de dirección o financiación. Primero es necesario denunciar la limitación del planteo administrativo, que incluso puede convertirse en un subsidio especial a la salud privada. Luego contraponerle el control de la gestión por el personal de salud, la jornada de seis horas, la supervisión de protocolos, la incorporación de trabajadores por convenio colectivo. El planteo habría servido a la experiencia de trabajadores y pacientes (y el país todo), apenas se puso en evidencia el agotamiento del personal, las arbitrariedades patronales o gerenciales y la escasez mortal de trabajadores de la salud.

Lo interesante de esta cuestión política de método de la “experiencia de las masas”, es que Pistonesi desoyó la sistemática exhortación de “Altamira y Ramal” para aplicarlo al período de derrumbe del macrismo, incluso antes de que CFK, AF y Massa armaran un acuerdo precario para señalizar una transición electoral. Dejó vacante en la agenda política la tarea de poner fin al macrismo por medio de la acción directa, y advertir que la agenda electoral servía a los intereses del capital financiero, que Macri había premiado y luego arruinado, y que a eso apuntaba el armado pejotista. De ahí que sacara de la agitación política la consigna Fuera Macri, Constituyente soberana, gobierno de trabajadores. La capitalización electoral de la experiencia de las masas no puede producirse por medio de la publicidad electoral y los ´spots´ - tiene que haber avanzado en profundidad mucho antes, por medio de la confrontación política en la lucha de clases.

Pistonesi está seguro de que la conciencia política de las masas se manifiesta en los episodios electorales – y que eso ha ocurrido en las últimas elecciones con el voto a los Fernández. Con esta vara, ¿qué debería decir de las tres elecciones previas, en las que el kirchnerismo perdió al hilo? Quizás que son ´massistas´, porque lo votaron en 2013, contra CFK; se sumaron a Macri en el ballotage de 2015; se dispersaron en 2017; y lo volvieron a votar en 2019, no contra su enemiga de antaño, sino en alianza con ella. Mientras las masas se sacuden, al menos en las elecciones, por las variantes que improvisa la burguesía, sumergida en su propio naufragio político, sólo un sector de grupos de izquierda la sigue inmovilizando en ´el peronismo´. Si, como creemos haber entendido, Pistonesi llama a esta política suya una “guerra de posición”, que vaya sacando un seguro porque no resiste un ataque enemigo. En etapas de crisis políticas y sociales gigantescas, así como los virajes políticos asumen características más bruscas y violentas, lo mismo ocurre con la conciencia de las masas – el que las fije en un molde preconcebido está perdido.

Derecha e “izquierda”

Pistonesi vincula este asunto de la experiencia de las masas y la pedagogía de la izquierda, a la necesidad de distinguir en la burguesía a la derecha y la izquierda (y, claro, viceversa). ´Mauricio´ derecha, ´Alberto´ izquierda, ´Cristina´ ultraizquierda. Bien por la visión óptica del compañero, aunque Berni, Massa, Perotti o Insfrán militen en el campo de la ´izquierda´ y hasta la ´ultraizquierda´. Esta distinción, convengamos, sin embargo, la hace cualquier periodista. Pero tiene sus complejidades, porque si bien la Unión Democrática de 1945 estaba a la izquierda y Perón a la derecha, desde el punto de vista del contenido social – la primera era pro-imperialista y el segundo iniciaba, después de Rosas e Yrigoyen, una tentativa nacionalista popular.

Para desarrollar distinciones en el campo de la burguesía que sean clarificadoras, antes hay que caracterizar la situación social y política de conjunto. La política de un partido revolucionario parte de ahí – no de la diferencia entre capitalistas. Por otro lado, el carácter de cualquier fuerza politica está determinado por su vínculo o relación con esa situación de conjunto, ni qué decir en períodos de crisis prerrevolucionarias. La actitud frente a los distintos problemas y a los partidos políticos en presencia es parte de una estrategia – no es la estrategia, no es lo que determina tampoco la táctica o el abordaje de situaciones concretas o particulares. El FIT-U, por ejemplo, dio quórum a la reforma del sistema previsional de la Justicia con el argumento de que era más correcto alinearse con lo que reclamaba el FMI que con lo que entendía eran privilegios de la “casta judicial”. Aunque temas diferentes, lo mismo se puede decir del acompañamiento al frente parlamentario patronal en los casos del voto a la ley sobre el antisemitismo o a la expulsión de representantes electos por parte del parlamento.

Lo que caracteriza la situación histórica presente es el derrumbe de las relaciones sociales y políticas de base capitalista y del mismo Estado. Es necesaria una política frente a esta situación, no frente a los Fernández. Ese derrumbe condicionó al gobierno macrista precedente, que muy rápido pasó de la tentativa de un régimen de ofensiva a manotazos defensivos determinados por la crisis financiera y enseguida económica, y por el temor a una rebelión popular. El gobierno de los FF es una tentativa precaria de reunificar a la burguesía detrás de una salida que desarrolla a tientas y que ha sido pulverizada por la pandemia. Un ala de la ´derecha´ y un ala de la ´izquierda´ intentan rescatar una suerte de ´unión nacional´ porque temen una rebelión popular. Las otras tendencias de esos mismos sectores entienden que esa rebelión es inevitable como consecuencia del impasse presente, y preparan salidas golpistas de signo y características diferentes. Ambas son fuerzas políticas agotadas.

Lo que importa, en primer lugar, no es entonces medir el grado de recule del gobierno con Vicentin, sino ofrecer un programa a las masas frente a esta crisis de conjunto sin precedentes, y un plan de agitación política. Lo que tenemos en lugar de esto son reyertas sin principios entre los partidos del FIT-U, en función de intereses de aparatos y de acomodos electorales. Todo en plural. El leitmotiv del aparato del PO es que las masas están planchadas, la etapa es de gobiernos y regímenes de ofensiva del capital y el método es denunciar sin tregua a todos y todas, con vistas a octubre de 2021. Repetimos: mucha distinción entre derecha burguesa e izquierda burguesa, pero todo el FIT avaló la violencia estatal que significa la expulsión de un diputado, por podrido que sea, por la institución parlamentaria, en conjunto con el FdT izquierdista y JxC derechista.

El reduccionismo que supone encarar la política por el prisma derecha-izquierda de la burguesía, nace de su enfoque ideológico. Se reduce a repetir lo que dicen los comentaristas del momento y los propios protagonistas. Tanta distinción daltónica entre izquierda y derechas, pero el único que advirtió de los ´tufillos golpistas´ fue nuestra Tendencia, desde antes de la pandemia, y sigue señalando la quiebra del gobierno y del régimen político. No es casual, fuimos los únicos que también advertimos, o sea con anticipación, acertadamente, los golpes de estado en Brasil, Paraguay, rechazando la ingenuidad interesada de clasificarlos como parlamentarios. Recientemente, fracasó en Perú lo que nuestros adversarios llaman, precisamente, golpe parlamentario, cuando el jefe del Ejército rechazó la invitación de uno de los bloques a apoyarlo. Estos golpes son inevitables, porque la tendencia de conjunto es a la fractura política y a la polarización.

Al final, “son lo mismo”

Pistonesi hace alarde, en esta nota, de su finura para establecer los matices y “diferencias políticas”, pero cuando se mira bien no encuentra ninguna entre el macrismo y el kirchnerismo. Pistonesi no ofrece ningún ejemplo de la ´lucha´ de los k contra el macrismo-derecha – sólo llama a contraponer “el relato y lo que termina finalmente haciendo” el gobierno mismo. En otras palabras: los gatos siguen siendo pardos, sólo es diferente el relato. A Pistonesi se le infiltró el relato que afirma que la historia no es objetivo sino puro cuento (relato). En definitiva, el crítico es igual a sus criticados, PO e Izquierda Socialista. A contrapelo de semejante superficialidad, la Tendencia del Partido Obrero sí caracterizó a la emergencia del gobierno kirchnerista como episodio de una enorme crisis política, nacional y continental. Esa crisis se origina en el fracaso de la más ambiciosa (y superficial) tentativa de reestructuración social antiobrera en la Argentina, el macrismo. Esa implosión, a su turno, tuvo lugar en un escenario continental signado por el impasse manifiesto de otras tentativas derechistas, por la agudización de los antagonismos entre Estados Unidos y China, por las rebeliones populares y procesos revolucionarios como el que está en desarrollo en Chile.

Recomendamos a Pistonesi que lea con atención el siguiente párrafo de nuestra “crítica al Informe Político del PO”: “El gobierno de los F-F representa, en el contexto latinoamericano, una forma de resistencia a la preponderancia que habían recompuesto Norteamérica y la UE bajo el gobierno de Macri. Esto sin infringir la línea entreguista que han tenido los gobiernos bolivarianos con los acreedores internacionales. No ha reconocido al venezolano Guaidó, sin salir del Grupo de Lima, donde Macri metió a Argentina, ni tampoco al golpismo boliviano; en este caso se encuentra apoyando la votación a favor del MAS del numeroso exilio en Argentina. Ha buscado recomponer la alianza con movimientos políticos afines, que en su ostracismo intentan organizar Frente de Todos en sus países, como ocurre con Lula (¡y el PSOL!), en Brasil. El ´informe´ del aparato oficial decidió ignorar este aspecto de la situación nacional, para no perturbar un denuncismo que sustituye la comprensión política de los acontecimientos. Los Fernández siguen una vieja política de la burguesía latinoamericana, que busca ampliar la autonomía política del país por la vía de la diplomacia, porque no pretende hacerlo con golpes al capital internacional que opera en el país. Es una obligación de los luchadores que realmente se empeñan en lograr el avance político de la clase obrera, distinguir a estos gobiernos impotentes y cobardes, de aquellos que operan como filial local del imperialismo mundial. El aparato oficial ignora esto, para mejor disfrazar el conservadorismo con una dosis fuerte de infantilismo”. Compárese esta ca-rac-te-ri-za-ción con la distorsiva que ofrece el dirigente del PTS.

La disputa entre Pistonesi y el aparato del PO es puramente cosmética: para los dos, el kirchnerismo encarna a una variante política sólida (que ahora no confirman ni las encuestas). El enfoque de Pistonesi es “cultural”; ya en 2010, Cristian Castillo describía una “Argentina Kirchnerista”, es decir, una fuerza que “haría época” en el timón político del país. Poco después, los K perdían, como vimos, tres elecciones consecutivas. El “diferenciador de matices”, en plena debacle del gobierno derechista, rehusó la consigna “Fuera Macri”, para no ser, dijeron el PTS y el PO, “funcionales al kirchnerismo”, que ahora propicia. En definitiva, la izquierda debe presentar esta perspectiva ante la vanguardia obrera, y no el festival de chicanas que propone Pistonesi y sus partenaires polémicos.

El ´análisis´ de Pistonesi, por lo tanto, no analiza nada. No caracteriza a los bloques en pugna; no coloca a la Argentina en el escenario de la crisis continental y mundial –es una reedición, con matices, del pobre “informe político” al Congreso del PO. Distingue a kirchnerismo de macrismo en función de especulaciones electorales, no de una caracterización de conjunto. Pero en este punto, también es necesario ser concreto: los bloques capitalistas no operan en base a los “discursos”, sino al lugar que ocupan en el régimen político. El Frente de Todos asume hoy el poder político del Estado, es la coalición de gobierno que está a cargo. El gobierno FF metió el puntapié inicial a la liquidación de los regímenes jubilatorios especiales, a cuenta del FMI, bajo la cáscara de un ataque a “la camarilla judicial”. El PTS y el PO se comieron “la cáscara”, y habilitaron a la ley fondomonetarista. Según nos dice el propio Pistonesi, piensan habilitar la votación de la postergada reforma judicial con los mismos argumentos. En ocasión de la expulsión del diputado de la teta, los campeones del “salario del diputado igual a la maestra” se olvidaron de reivindicar el derecho de revocatoria popular sobre los cargos electivos, y terminaron detrás de Massa.

Si la izquierda quiere discutir en serio, lo que sería fundamental, organicemos la discusión con una agenda y planteos introductorios, y saquemos un boletín colectivo, de lectura para toda la clase obrera, la mujer y la juventud, con las opiniones y posiciones de todos los militantes.

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