El voto contra Venezuela

Escribe Marcelo Ramal

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En su columna semanal, el periodista Marcelo Bonelli confirma –con una anécdota- la conclusión política que colocamos en estas páginas, a saber, que el voto argentino al “informe de derechos humanos en Venezuela fue emitido en el afán de tramitar el apoyo norteamericano a un acuerdo con el FMI.

Para los “nacionales y populares”, ese acuerdo (o incluso su anuncio) debería servir para frenar la escalada arrasadora contra el peso y las reservas internacionales. Según el periodista citado, el origen del voto en la ONU tuvo lugar un mes antes de la asunción de Fernández, y en ocasión de su visita a México. Allí, Claver Carone, actual presidente del BID por indicación de Trump, le habría indicado al tándem Fernández –Solá que la buena disposición del gobierno yanqui en el directorio del Fondo se encontraba condicionada a la conducta de FF respecto de Venezuela. Si en aquel momento los “nacionales y populares” avizoraban en el acuerdo con el Fondo un salvoconducto para sobrevivir, qué decir ahora, después que el Covid –pero principalmente la gestión capitalista de la pandemia- han agravado al extremo las condiciones de la bancarrota económica y social de la Argentina.

En medio de una fuga de capitales que no cesa; de una recesión agravada y de una crisis social que supera al 2001/2002, el gobierno F F se aferra al FMI como recurso último para evitar su desintegración, y obtener un respiro frente a un derrotero que puede tener a una crisis de gabinete como punto de partida, pero como estación terminal a un colapso del gobierno y, luego, una rebelión popular. En el libreto de F F, la “resistencia” a los agentes directos y vernáculos del capital financiero debe tener lugar apaciguando a sus mandantes en los salones de los foros internacionales. Para quien quiera profundizar en nuestra caracterización sobre esto, les recomendamos nuestra “Crítica al informe politico al Congreso del PO”, donde señalamos que “Los Fernández siguen una vieja política de la burguesía latinoamericana, que busca ampliar la autonomía política del país por la vía de la diplomacia, porque no pretende hacerlo con golpes al capital internacional que opera en el país”. Ahora los Fernández también se han quedado sin cintura diplomática

El voto contra Venezuela expresa, en un plano más general, los límites insuperables del bloque de gobiernos continentales, algunos de los cuales -como ocurre con FF y podría pasar con el boliviano Arce- han emergido del derrumbe o la impasse de las experiencias derechistas de Macri, Piñera, los golpistas bolivianos y -en proceso- Bolsonaro. En el caso del gobierno argentino, emerge el carácter precario y conservador de la coalición que se improvisó para encauzar a un régimen político y social tambaleante, después del derrumbe y la fuga de capitales que comenzó en abril de 2018. Los kirchneristas que intentan justificar la tragada de sapo del voto en la ONU ya se los habían tragado a todos en 2015, después del pago serial de la deuda, la confiscación impositiva a los salarios y a los jubilados. Otra cosa son las masas de Argentina, para las cuales el FdT pasa a ser un episodio, en un derrotero que está signado por los giros bruscos y la volatilidad política.

Con el voto contra Venezuela en la ONU, el gobierno F F ha alcanzado su techo como pretendida referencia popular. Ha anticipado también la mediocridad de los “Alberto Fernández” continentales, como se revela en Bolivia y ¿porqué no? en los enjuagues preelectorales de la “izquierda” en Brasil. Los nacionales, populares o izquierdistas que se topan con el poder en este período son el espectro del nacionalismo continental que emergió hace dos décadas atrás. Su retorno apresurado al gobierno es una manifestación, no de sus méritos o pretendida vitalidad política, sino del hundimiento fulminante de los agentes directos del imperialismo, en medio de rebeliones populares y de un salto cualitativo de la crisis capitalista mundial. Los AF, Arce o Correa no tienen otro programa que un nuevo socorro del capital internacional, cuyas condiciones, en medio de la catástrofe social que deja el Covid, sólo puede parir situaciones revolucionarias. En el plano interior, la movida en la ONU ha generado un cimbronazo al interior de la coalición oficial, pero no ha servido para frenar la corrida contra el peso, la caída de reservas y los reclamos del gran capital por un viraje integral del régimen económico. El voto en la ONU, en definitiva, ha sido otro episodio de la desintegración del gobierno FF.

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