Entre el FMI y la toma de Guernica

Escribe Marcelo Ramal

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La despedida de los técnicos del FMI estuvo rodeada de frases de circunstancia. Por caso, la invocación a que el gobierno implemente “un conjunto completo de políticas para reestablecer la confianza”. Con diez meses de vida se debería suponer que la ‘confianza’ al gobierno se la dio una mayoría de votantes, que aunque se encuentre en declinación aun supera a sus opositores tradicionales, quienes por otro lado se encuentran divididos. La confianza que reclama el FMI es la que sus mandantes no le tendrían al gobierno, o sea la desconfianza del capital financiero internacional, a pesar del enorme servicio que le brindó la coalición oficial al rescatarlos, con los recursos que disponía, del ‘vacío de poder’ con la que otra misión del FMI, hace catorce meses, alarmó a Argentina a diestra y siniestra. El gobierno de los Fernández ni siquiera advirtió que el FMI se despidió con la exigencia de que cumpla con un plan que desconozca la soberanía popular. Para colmo de desatinos, los mismos consejeros que lograron quebrar al país de la mano de Macri, ahora aconsejan a los Fernández a que no se quede en la puerta del cementerio. Las ocho palabras de despedida temporal del FMI, con aviso de retorno, ilustran la magnitud del impasse tanto del FMI como del gobierno que asumió la responsabilidad de defender a un régimen que se desploma.

Después de un mes largo del acuerdo con los acreedores de deuda pública del país y del exterior, el drenaje de la reserva de dólares sigue sin pausa, acompañado de una sistemática devaluación del peso. El mismo gobierno le da manija al llevar el llamado ‘dólar ahorro’ primero a cien y después a 145 pesos. Ha consagrado de este modo un mercado paralelo oficial, al lado de otros dos que operan por medio del Bolsa. Ahora busca acercar el dólar comercial, que cotiza a casi 90 pesos, a los tres ya mencionados, lo cual constituye una política devaluatoria. Que esto ocurra con tarifas congeladas de distintos servicios, anuncia una presión hiperinflacionaria que va tomando cuerpo. El ‘vació de poder’ que llenaron los Fernández reaparece ahora a sus costas.

La caída de reservas no sólo involucra a las de libre disponibilidad, sino también a los depósitos en dólares. Para frenar esa caída, el gobierno estudia una generalización de las operaciones cambiarias con la intermediación de títulos, en otras palabras, que los ahorristas pueden vender dólares a 140 o 150 pesos, transfiriendo el depósito en dólares a pesos. La medida tiene los aires de un ‘corralito’. Sin perjuicio de ello, oficializa un dólar financiero, sin contar con la certeza de que van a ingresar dólares del exterior. En su columna dominical, el oficialista Alfredo Zaiat alertó contra el peligro de una devaluación “fuerte (sic)” –una sinuosa indicación de que al menos una parte del gobierno echaría lastre para llevar el dólar comercial a 100 pesos. Con ello, intentarían arrimar dólares del campo, a las reservas, y pesos al Tesoro, por las retenciones. Una fórmula que ha cumplido sesenta años en Argentina. De nuevo, el impacto en el sistema de precios y tarifas sería enorme, en especial cuando su liberación es una de las exigencias principales del FMI. Sin esa liberación, los proyectos mineros y petroleros que favorece el Fondo no tienen destino.

Lo singular de todo este relato es que todos quienes está envueltos en el manejo del Estado creen que la llamada reapertura de las actividades significa que la pandemia se convirtió en inocua – que no perturbará esa reapertura ni ocasionará los gastos estatales y la emisión de moneda que tuvo lugar hasta ahora. La desorientación de la burguesía internacional no podría ser mayor. El lunes 12 la Bolsa neoyorquina se vino abajo ante la noticia de que demócratas y republicanos no se pusieron de acuerdo en una nueva tanda de subsidios que está evaluada en un billón de dólares adicionales.

A la luz de la crisis política que la pandemia ya ha desatado, no importa lo que Alberto Fernández le cuente a Verbitsky, el plan de desalojar la toma de Guernica tiene un alcance político indudable. En las alturas del poder hay ‘planes de contingencia’ para enfrentar una rebelión popular. Si el FMI ‘recupera’ la ‘confianza’ en Argentina, como ocurrió con Macri, los nacionales y populares se tendrán que enfrentar a una creciente desconfianza popular.

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