Santiago arde

Escribe Javiera Sarraz

Desde Chile

Tiempo de lectura: 3 minutos

Te cuento Jorge que Santiago arde, y con eso no me refiero sólo a los infernales treinta y pico C° que hay todos los días, sino que también a la energía que nuestra clase emana en las discusiones diarias durante el almuerzo familiar, en las Asambleas Populares, en sus puestos de trabajos y en las barricadas. Es fenomenal ver cómo los acontecimientos de los últimos 78 días han cambiado la manera en que todos actúan y piensan. Los vecinos se conversan, toman té juntos, colaboran si hay alguien enfermo, se organizan y turnan para cuidar los hijos pequeños para poder ir a trabajar o a marchar, se prestan antiparras y mascarillas, se defienden arriba del colectivo cuando de manera excepcional algún chofer quiere bajar a un pasajero que no quiso pagar el boleto (y digo excepcional porque los choferes ya no obligan a nadie a pagar el transporte). Y no podría ser de otro modo porque han sido tantas las batallas ideológicas y militares que han tenido que dar contra el enemigo que no hay forma de entrar al río y ser el mismo.

Fascinante es poco. En 78 días y con la brutal represión de Piñera, los manifestante concluyeron que tenían que encapucharse masivamente para proteger su identidad, concluyeron que precisaban de la Primera Línea para marcar trinchera y pasar a la ofensiva, que precisaban de una Segunda Línea que se dedicara a recibir los proyectiles de las lacrimógenas para garantizar una relativa respirabilidad del aire, que necesitaban Punto y Brigadas de Salud dónde estudiantes y profesionales de sanidad por una parte dieran primeros auxilios a los heridos de perdigones, y por otra, se introdujeran al interior de la masa para repartir insumos que neutralizaran los efectos de los gases tóxicos. Entre la Primera y Segunda línea, se mueven los compañeros cargados con sus propias herramientas para atacar a la yuta. Hay tanto elementos que se llevan desde las casas, como elementos que se obtienen de romper las obras públicas, como adoquines y paradas de colectivo.

Ocurre también algo muy increíble: si los manifestantes rompen el cerco de seguridad de la yuta, todos se lanzan contra los pacos y sus vehículos (el "guanaco", que es el lanza agua, y el "zorrillo" lanza gases) y hay quiénes heroicamente se suben arriba de ellos para romper los tubos de lanzamiento. Pero si es la yuta la que rompe el cerco de los manifestantes, hay una cantidad importante de compañeros que no repliegan y aguantan para enfrentarse cuerpo a cuerpo a los pacos y romper también sus vehículos. Como sea que se den las cosas, la consigna es no retroceder y pasar al frente. Esta valentía y voluntad de combate de los manifestantes y de los encapuchados de la Primera Línea ha conmocionado e inspirado una legitimidad entre la población nunca antes vista en mis 27 años de vida, jajajaja. Hasta esos vecinos que antes eran amarillos y tibios y nos criticaban en las marchas estudiantiles por encapucharnos y agarrarnos a piedrazos con los pacos, ahora predican amor y admiración a ese grupo de compañeros que pelean hasta dar la vida. Creo que esta valentía y voluntad de combate de los compañeros de la Primera Línea inspira y presionan moralmente a todos esos sectores de la población y generaciones que antes tenían miedo de salir a la calle. Nadie que se perdió la marcha del centro de Santiago o de la esquina del barrio duerme tranquilo de noche.

Los enfrentamientos se organizan tanto en el centro de Santiago como en los barrios. En el primero, se extienden desde la zona 0 (la renombrada Plaza Dignidad, ex Plaza Italia) a lo largo de toda Av. Alameda (cerca de 40 cuadras), mientras que en los barrios la tendencia es levantar las barricadas en las principales avenidas o en las entradas de los barrios para que la yuta no se pueda meter al interior y todos puedan replegar con más seguridad a sus casas. La cuestión de las Asambleas Populares da para largo, porque las cualidades y actividades de estas Asambleas varían según la extracción de clase de los organizadores de cada territorio, según la tradición o ausencia de lucha que hayan tenido, y qué organizaciones estén interviniendo desde afuera. Pero sin duda desde los '70 que no se había planteado tan conscientemente la necesidad de organizar los territorios y ejercer gobernabilidad en ellos y discutir las bases de la sociedad que se desea.

Así que puedo concluir con absoluta seguridad que los pensadores de la “Teoría de desgaste” son unos come caca, porque aquí las manifestaciones si bien han sido menos masivas que el millón y medio de hace un tiempo, se mantienen unos cientos de miles en las calles de Santiago Centro y se proyecta ahora que las próximas movilizaciones sean al interior de las comunas dirigidas y promovidas por las Asambleas.

Y bueno, la simpatía aquí por nuestra Tendencia es pura verdad, jajajaja, y ha habido un rechazo rotundo a cómo se ha movido aquí el oficialismo. Además, quiénes no nos conocen son muy receptivos a nuestras caracterizaciones y planteamientos. Ya te contaré más.

Un abrazo a la distancia y nos vemos pronto. ¡Lucha y Victoria para este año!

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