Villas, asentamientos e inquilinatos

Escribe Gustavo Guida

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El problema de la vivienda en Argentina viene profundizándose en los últimos 40 años. La pandemia ha dejado al desnudo una crisis humanitaria derivada de una situación de hacinamiento y pobreza precedente.

El Registro Nacional de Barrios Populares tiene registradas 4.416 villas y asentamientos en todo el país, de los cuales una cuarta parte son posteriores al 2010. Un relevamiento de este organismo refleja que en estas villas y asentamientos viven más de 3 millones de personas; uno de cada tres hogares tiene problemas de vivienda.

Se calcula que existe un déficit de 1,5 millones de viviendas y que hay 2,5 millones de viviendas con problemas estructurales, como falta de cloacas, agua potable, gas, hacinamiento, etc.

El hacinamiento se ha transformado en una realidad alarmante que, según el INDEC, alcanza un estado crítico en 232.000 hogares en los que habitan 1.409.000 personas.

¿Se viene la “Huelga de los Inquilinos”?

A finales de marzo, previendo una situación crítica, el gobierno extendió prórrogas y congeló los precios de los contratos de alquiler por decreto. Según informes del Ministerio de Hábitat de la Nación, existen 9 millones de inquilinos (hogares).

En los casos de vencimientos a partir del 20 de marzo se dispuso la suspensión de los desalojos por falta de pago hasta el 31 de enero de 2021, pero las deudas acumuladas de quienes no puedan pagar deberán ser saldadas a partir de febrero de 2021. La acumulación de deuda por parte de los inquilinos los pone en el centro de la próxima crisis por tierra y vivienda. En agosto, la Federación Nacional de Inquilinos estimó que aproximadamente un millón de familias estaban en condiciones de ser desalojados a partir de octubre por las deudas acumuladas.

La pandemia del Covid ha golpeado de forma brutal las condiciones de vida de millones de trabajadores. Con la pérdida del trabajo, y con casi un 50% de la población en la pobreza, los alquileres se transforman en una fuerza expulsiva de miles de hogares.

Necesitamos un congreso de delegados de los barrios y el movimiento obrero para impulsarlo.

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