El derecho a la salud y los intereses de la clase trabajadora

Escribe Prospettiva Operaia

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En las últimas semanas asistimos a un repunte impetuoso de las infecciones en toda Europa y en muchas zonas del mundo. Es un ascenso sin verdaderos "focos" aunque los mayores aumentos se registran en las áreas metropolitanas, donde la densidad de población es alta y donde llegan cada día muchos trabajadores de las zonas más dispares. Asistimos desde hace tiempo a un circo mediático que ataca nuestros comportamientos “desconsiderados”, “irresponsables”, que “favorecen la propagación del virus”, los que adoptamos en nuestro tiempo libre. La hipocresía es obvia, ante los ojos de todos. De acuerdo con esta visión que atribuye la culpa de la pandemia a los particulares, debemos pensar que los habitantes de las regiones rojas (contagio más grave), decididos por el último DPCM (decreto del presidente del consejo de ministros) del 4 de noviembre, habrían asumido un comportamiento menos virtuoso en el último mes que los de las regiones naranjas (nivel intermedio de infección) y amarillo. Pero sabemos que la realidad es otra.

Más allá de las diversas certificaciones obtenidas, muchos lugares de trabajo no son seguros ni desde el punto de vista sanitario ni desde cualquier otro punto de vista (entre enero y julio de 2020 hubo 719 muertes en el trabajo, un 19,5% más en comparación con el mismo período del año pasado, a pesar de ser el año del falso "lockdown" (cuarentena)). Nos hemos encontrado ante el problema de la movilidad, con el transporte público abarrotado de trabajadores y estudiantes, a quienes por la coche se les prohibió la entrada al bar y a cenar fuera, pero que tenían que ir al trabajo y a la escuela de todos modos por amor a la patria y a los patrones. Recordamos que la escuela no es solo un lugar de aprendizaje, sino también de trabajo para muchos y muchas, y asume una función fundamental para el desarrollo productivo del país ya que los padres pueden “quedar liberados para trabajar", dejando a sus hijos en la escuela. Esta última es la única razón real por la que todavía está abierta. El nuevo DPCM busca dar respuesta al hacinamiento del transporte público reduciendo la capacidad máxima al 50% e introduciendo el "aprendizaje a distancia" al 100% (estaba en el 75%) para el último ciclo del secundario (3ro, 4to y 5to año), y a partir de segundo año del secundario para las áreas rojas. Sin embargo, sabemos bien cómo estas limitaciones no sirven para nada. Aunque ya existía un límite del 80% para la capacidad del transporte público, estos se llenaban diariamente incluso por encima del 100% de su capacidad para permitir que las personas pudieran ir a trabajar. Una medida, por lo tanto, que quizás solo se pueda implementar en las zonas rojas, donde el cierre de comercios y otras actividades debería, en parte, limitar el número de personas en circulación, pero totalmente impracticable en las zonas amarillas o naranjas.

Las limitaciones dirigidas solamente a restaurantes, bares y pizzerías fueron entonces algo ridículo, como lo fueron las dirigidas al "tiempo libre" en general, porque eran inconsistentes, dado que el virus no tiene horarios y lugares favoritos, y por lo tanto ineficaces en cuanto a la propagación de los contagios. Es la señal clara de cuánto dominan los intereses del gran capital. Se puede arriesgar la vida, pero solo por la producción. Las ganancias deben salvaguardarse evitando cualquier limitación a las actividades de producción que tienen el mayor impacto en el PBI, en una carrera contra la recesión, inevitable e imparable. Durante la primera ola de la pandemia, el estado hinchó el pecho: les dijo a los ciudadanos que se preocupaba por su salud y seguridad económica. Decretó el congelamiento de los despidos, extendió la ‘cassa integrazione’ (un programa tipo el ATP) a las microempresas, permitió los permisos parentales, ha proporcionado un abundante crédito fiscal y entregado dinero a los empresarios que demostraban tener una pérdida en la facturación en comparación con el año anterior. Estas medidas, de por sí insuficientes (y lo estamos viendo ahora), retomadas en parte este otoño, tenían el objetivo de contener la bomba social que podría estallar en cualquier momento, impetuosa, y afectar fuertemente las relaciones de clase actuales. Los administradores del capitalismo italiano (los políticos), tratando de apaciguar la ira antes de que estallara, prometieron dinero que el Estado italiano no tenía y nunca tendrá, dada la enorme deuda que pesa como una piedra sobre las finanzas públicas y para la cual se realizan malabarismos cada año solo para pagar los crecientes intereses. Ahora la ira, que nunca ha desaparecido, está estallando. Es la rabia de todos aquellos a los que les han renovado el contrato vencido, que nunca han visto llegar su contrato de temporada, que no encuentran trabajo, que aún no han recibido la ‘cassa integrazione’ (ATP), que no pueden seguirle el paso a las facturas a pagar, que todos los días se ven obligados a agotadores turnos de trabajo pero que luego ven limitadas todas las posibles actividades recreativas. La ira explota en Nápoles, donde la renta media anual es de 16.000 euros, entre las más bajas de Italia, y donde hay mucho trabajo en negro y, por tanto, ningún acceso a ‘cassa integrazione’ y otras formas de apoyo económico. Todas las contradicciones del sistema emergen poderosas: los intereses de los grandes capitalistas son más importantes que los de los microempresarios, comerciantes y, por supuesto, de los trabajadores de todos los sectores. Ante las pérdidas del sector industrial y del gran capital, las quiebras en las actividades de ocio son un riesgo calculado y un sacrificio sin mayores consecuencias sobre el PBI.

Por si fuera poco, ni las medidas de octubre ni las del nuevo DPCM, que mantienen la producción sin cambios incluso en las regiones rojas, pueden tener un impacto significativo en la propagación de los contagios. A lo sumo podrán ayudar a contener más la curva, pero tenemos fuertes dudas de que se pueda registrar una inversión de la tendencia real, capaz de superar con seguridad las restricciones actuales en los próximos meses. Entonces, ¿por cuánto tiempo más miles de actividades permanecerán cerradas? ¿Por cuánto tiempo más permanecerán millones de trabajadores desempleados y sin salario? ¿Por cuánto tiempo más los trabajadores de la salud estarán sujetos a cargas de trabajo agotadoras? ¿Por cuánto tiempo más se supone que vamos a seguir viviendo este infierno? El capitalismo es incapaz de ofrecer respuestas y nunca como ahora se ha manifestado lo poco que valen nuestras vidas frente a él.

El énfasis puesto en la necesidad de distanciamiento social y cluster (siempre contactos entre las mismas personas) no puede ser válido solo en lo que respecta al tiempo libre. Tomar un medio de transporte público para las necesidades laborales con la actual frecuencia de recorridos no permite la distancia social y baraja las cartas favoreciendo los encuentros casuales entre personas de diferentes cluster, creando efectivamente la existencia de un solo gran cluster, que incluye áreas metropolitanas y provincias y cuya composición cambia día a día. Incluso el rastreo de contactos a través de la app ha fallado miserablemente, dado que el problema es de fondo, es decir, el problema está en los continuos recortes que han destruido la salud pública a lo largo de las décadas. Razón por la cual hoy, entre la solicitud de un hisopado, la ejecución real, la llegada de los resultados y el informe hasta que se alcanza la aplicación, puede tomar una semana o más, pero cuando la multiplicación está en curso, incluso un día perdido marca una gran diferencia.

De hecho, está claro que la guerra contra el coronavirus se libra sin armas. El desmantelamiento de la salud pública (con la consiguiente pérdida de miles de camas y profesionales) y la favorecimiento de la salud privada han generado una situación insostenible, que obliga al personal de salud a realizar turnos extenuantes, incluso en Lombardía, Véneto y Emilia-Romaña (cuyos servicios regionales de salud son considerados los mejores de Italia). La propaganda grandilocuente con tono belicista choca fuertemente con la falta de medios con los que lidiar con el virus enemigo. En marzo, se ha evidenciado toda la falta de preparación de la burguesía para gestionar una situación de crisis de este tipo. Véase, por ejemplo, la ausencia de mascarillas y geles hidroalcohólicos. Tales dispositivos de protección han desaparecido inmediatamente porque, como todo en el capitalismo, se producen sobre la base de la posibilidad de lucro y no sobre la base de necesidades reales, presentes o futuras. Incluso hoy en día, se producen en grandes cantidades no por un acto de bondad sino porque se venden en grandes cantidades, lo que representa un negocio de miles de millones de dólares.

Lo cierto es que el Coronavirus llega en un momento de enorme dificultad para la economía mundial y especialmente para la italiana. Los bancos centrales se ven obligados a inyectar gran cantidad de liquidez en el sistema bancario para respaldar la economía; pero al hacerlo, no hacen más que inflar aún más la gigantesca burbuja especulativa, conduciendo a crisis cada vez mayores y más convulsivas, peores que la de 2007/2008. El entrelazamiento de la crisis pandémica y una caída vertiginosa del precio del petróleo (35%) está provocando una nueva recesión mundial, que durante mucho tiempo ha sido temida incluso por los economistas del establishment, pero peor de lo esperado. A la guerra comercial, el Brexit, las tensiones entre Estados Unidos e Irán y el default argentino (los cuatro probables "detonantes" de una nueva recesión mundial descrita por el economista Roubini), se agrega la pandemia del Coronavirus. Las ayudas económicas de varios gobiernos no pueden salvar a ningún Estado de la crisis mundial y los probables defaults nacionales. Esta es la razón por la que se pospone todo lo posible un nuevo lockdown: reducir al máximo el efecto recesivo. Ya durante la primera ola no hubo una intención real de detener la producción y puso en grave peligro la salud y la vida de los trabajadores y trabajadoras. Fue y sigue siendo una elección dictada por Confindustria y los banqueros, y es la demostración de que para la sociedad capitalista los proletarios son carne de cañón, sacrificable en el altar del lucro. Incluso el llamado retorno a la normalidad fue prueba de ello. No se han producido mejoras significativas en salud, transporte público, seguridad en el trabajo (en general, no solo en lo sanitario), en la escuela (falta de profesores, espacio insuficiente, pupitres inexistentes y gimnasios transformados en aulas...) y en el welfare state en general, como para poder detener, o al menos contener, la segunda ola. En Italia, como en Europa, como en todo el mundo. A lo que habíamos regresado era a la normalidad que garantiza ganancias a unos pocos y miseria a millones de personas: éramos, y somos todavía hoy, carne de cañón, sacrificable. El virus es el amplificador de una crisis económica que obligaba a millones de personas en nuestro país a vivir al borde de la supervivencia, tanto desocupados como trabajadores pobres. Las instituciones burguesas fueron, son y serán incapaces de proporcionar respuestas adecuadas. Todas las soluciones económicas propuestas y aprobadas hasta ahora, todas las "ayudas" basadas en las finanzas públicas, por tanto sobre los hombros de los trabajadores (¡y no de los patrones!), irán a aumentar la deuda pública e inevitablemente seguirán pesando sobre los grupos más débiles de la sociedad. Habrá una nueva temporada de recortes del gasto público y de austeridad pero al mismo tiempo tendremos un aumento de la desocupación fruto también de la emergencia sanitaria.

En un contexto tan dramático, el arma principal que tenemos es la de una huelga general de todas las categorías para luchar y destruir un sistema enfermo y luchar por construir un gobierno de trabajadores, que ponga en el centro de su programa la reorganización de la economía y de la sociedad sobre la base de las necesidades reales de las masas y no de los beneficios de una minoría. Si los patrones y el gobierno pretenden reiniciar en el nombre de las ganancias, es necesario que los trabajadores recuperen la capacidad política y de lucha para oponerse enérgicamente a las malas decisiones tomadas por las clases dominantes. Creemos que es fundamental, ahora más que nunca, elevar el conflicto de clases a un nivel superior, justo ahora que el capitalismo se prepara para apretar el nudo de la crisis alrededor del cuello del proletariado, y crear una oposición de clases capaz de enfrentar y reaccionar enérgicamente a los constantes ataques provenientes del gobierno y Confindustria.

Es urgente la lucha por un programa que unifique las necesidades materiales de las masas con el derecho a la salud y la lucha por el gobierno obrero. No es posible salir de la emergencia si no se toman medidas de ruptura con la austeridad capitalista y las necesidades de los patrones. La única respuesta al Coronavirus y al virus del capitalismo es obrera y revolucionaria.

Por esto reclamamos:

  • Sí a los cierres y lockdown en toda Europa para contener la propagación del virus pero sin consecuencias económicas para los trabajadores.
  • A los trabajadores que desarrollen sus tareas en modo de trabajo ágil ("Smart working"), que las empresas proporcionen todos los medios necesarios: ordenadores, servicios públicos necesarios (gas, electricidad, teléfono, etc.); todos los demás trabajadores que permanezcan es la casa con salario completo.
  • Duplicación del presupuesto sanitario y plan de recuperación inmediata de las camas perdidas en los últimos treinta años; expropiación de clínicas privadas colocándolas en el SSN (Servicio Sanitario Nacional); gratuidad de todos los servicios de salud
  • Contratación inmediata, con salario pleno y por tiempo indeterminado, de todo el personal necesario. ¡NO a las horas extras! Control obrero sobre las condiciones laborales del personal de estos sectores.
  • Una jornada laboral de hasta 6 horas y una semana laboral de hasta 30 horas para los trabajadores del sector sanitario, el sector farmacéutico y la industria biomédica.
  • Nacionalización bajo el control obrero de la industria farmacéutica y la industria de equipos sanitarios y biomédicos; distribución gratuita de mascarillas y gel desinfectante.
  • Si todo el mundo tiene que quedarse en casa, es necesario dar una casa a quien no la tiene: requisa de casas desocupadas y expropiación de inmuebles en manos del #Vaticano y de los grandes grupos.
  • ¡NO a las vacaciones forzadas! ¡NO a la prohibición de huelga! ¡Detener la producción de todas las ramas de la industria que no sean necesarias para enfrentar la epidemia!
  • Indulto / amnistía para los presos.
  • Regularización inmediata para todos los migrantes irregulares; plan de salud urgente en los barrios populares de países avanzados y atrasados ​​(banlieu, favelas, villas miserias o tugurios), bajo el control de los trabajadores y habitantes del barrio.
  • Para financiar estas medidas: ¡NO al pago de la deuda pública! ¡Nacionalización del sistema bancario y grandes activos bajo control obrero!
  • Unidad internacional de la clase obrera.

¡HUELGA GENERAL HASTA LA VICTORIA! ¡GOBIERNO DE TRABAJADORES!

Traducción: Iván M. y Olga Stutz

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