Octava perpetua para Etchecolatz

Escribe Ana Belinco

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El Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata condenó a prisión perpetua al represor Miguel Etchecolatz, quien de este modo recibe la octava condena perpetua por delitos de lesa humanidad.

La nueva condena contra Etchecolatz se dio en el marco del juicio en el cual se investigaba las privaciones ilegítimas de la libertad, agravada por torturas, homicidio y abuso sexual sobre 84 víctimas que permanecieron en cautiverio en la Brigada San Justo. De esas 84 personas víctimas de la dictadura genocida, 13 continúan desaparecidas.

Junto a Etchecolatz, también fueron juzgados otros efectivos del Ejército, de la Policía bonaerense y civiles que fueron parte del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires durante los años del terrorismo de Estado. El tribunal platense dictaminó en total dieciséis condenas, de las cuales diez fueron cadenas perpetuas (Jaime Lamont Smart, Emilio Alberto Herrero Anzorena, Carlos del Señor Hidalgo Garzón, Carlos María Romero Pavón, Ricardo Armando Fernández, Miguel Osvaldo Etchecolatz, Leopoldo Luis Baume, Raúl Carballo, Héctor Horacio Carrera y Jorge Héctor Vidal) y seis condenas a 25 años de prisión (Alejandro Alberto Menichini, Roberto Armando Balmaceda, Jorge Héctor Di Pasquale, Rubén Alfredo Boan, Rodolfo Enrique Godoy y Ricardo Juan García). Roberto Armando Félix fue absuelto y Juan María Torino murió impune.

La mayoría ya cargaba con condenas previas, pero están detenidos en sus casas cumpliento “prisión domiciliaria”. Solo Di Pasquale y Etchecolatz cumplen prisión efectiva, pero no común, ya que están detenidos en la unidad 34 de Campo de Mayo. El fallo no hace mención respecto de la modalidad de cumplimiento de las condenas ni tampoco se expidió sobre la solicitud de revocación de las jubilaciones de los procesados.

Etchecolatz, al momento de que la lectura del veredicto condenatorio, se puso de pie con un cartel colgado del cuello que decía: “Señor Jesús, si me condenan es por seguir tu causa”.

Pese al negacionismo místico del genocida Etchecolatz, afuera del Tribunal, sobrevivientes, familiares, organizaciones de derechos humanos, sociales y políticas, pudieron, tras décadas de lucha contra la impunidad, arrancar un pedazo de justicia.

Ni olvido, ni perdón, ni reconciliación. Cárcel común, perpetua y efectiva. Fueron 30 mil.

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