Trump completa mandato

Escribe Jorge Altamira

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La expectativa que promovieron los líderes del partido Demócrata de destituir a Trump se ha desvanecido como un suspiro. El vicepresidente Mike Pence les avisó con tiempo que no acompañaría la propuesta de aplicar la enmienda 25 de la Constitución, que habilita a una mayoría del gabinete a declarar la “incapacidad” del Presidente y sustituirlo en sus funciones. Antes que recurrir a este procedimiento, varios secretarios de Estado prefirieron la vía menos confrontativa de abandonar el gobierno. El jefe del Senado, un republicano, Mitch McConnell, se declaró reconfortado con el inicio de un juicio político (impeachment) a Trump, pero no dijo que votaría a favor y anunció, de paso, que no piensa convocar a esa Cámara antes del 19 de enero – un día antes de la asunción de Biden. La idea de esta gente es destituir a Trump, si es que fuera a ocurrir, a partir de 2024, para inhabilitarlo en las presidenciales de ese año. La realización del juicio político y la destitución eventual del Presidente depende constitucionalmente del Senado, como también ocurre en Argentina, donde los republicanos tienen la mayoría hasta el recambio parlamentario de la semana que viene. Se estima, hasta ahora, que siete republicanos votarían a favor de echar a Trump, sobre el total de 52 senadores de la bancada. La posibilidad de que el ‘impeachment’ continúe después de que Trump deje la Presidencia, no es vista con buenos ojos por Biden, quien teme que de ese modo el Senado no se pueda ocupar de su agenda de subsidios aún mayores a las grandes firmas y a la Bolsa, ni de mover la campaña de vacunación, que no ha logrado arrancar, y que enfrenta problemas de suministros, de logística, de desorganización federal y de una crisis hospitalaria nunca vista. Las autoridades de California han dado la orden de no trasladar a los centros de salud a aquellas personas con evidencia de pocas posibilidades de sobrevivir. Implementa una eutanasia forzada, sin proveer la certeza jurídica de que el personal de salud que proceda en consecuencia no ha cometido un delito criminal. En resumen, el régimen político ha encontrado la forma de unificarse en el propósito de que Trump complete el mandato y el golpe del 6 de enero quede políticamente impune.

Liz Cheney, republicana, hija del ex vice de Bush padre, líder de la bancada trumpista, denunció que el asalto al Congreso fue propiciado por Trump, y por eso ha votado a favor del juicio político en Diputados; declaró, textualmente, que el ataque al Congreso fue “convocado” por Trump, y que Trump “reunió” a la turba y “encendió el fuego”. Kevin McCarthy, trumpista furiosa, dijo lo mismo, aunque votará en contra del impeachment, porque rechaza responder a un golpe contra otro golpe – un argumento singular. No es cierto, entonces, de que la caracterización de que el asalto al Capitolio haya sido un golpe de estado es patrimonio exclusivo de los liberales que pretenderían unir a la burguesía detrás de Biden. Es la caracterización de la mayoría de los trumpistas y de los republicanos en general. El asalto tuvo el objetivo de retrasar la certificación del triunfo electoral de Biden, por parte de la Asamblea Legislativa, lo cual habría suscitado una crisis de poder, como buscaba Trump. En coordinación con Trump, 140 diputados y 12 senadores acompañaron la embestida. La advertencia de los servicios de inteligencia fueron desoídos, como lo revela ahora, tardíamente, el FBI. El mismo Trump había convocado a la asonada en un acto público en Georgia, dos días antes. Las investigaciones del atropello se limitan hasta ahora a quienes fueron registrados en esa acción – nada indica que se quiera revelar la trama entera del complot., que demostraría una gigantesca red golpista. Pondría en evidencia la complicidad activa de diversas Guardias Nacional, de las policías de la capital y del Congreso, y de numeroso personal militar. La advertencia de los jefes del Estado Mayor Conjunto, a los militares que incurran en acciones anti-constitucionales, muestra que el alto mando sabe muy bien lo que ocurre en sus filas.

Ahora hay un estado de alerta para lo que pudiera ocurrir el miércoles 20, cuando Biden debe jurar en la Casa Blanca, asistir al gran acto público habitual en esta ceremonia y luego presentarse ante la Asamblea Legislativa. Donald Trump, por de pronto, no se hará presente, porque mantiene la impugnación constitucional contra Biden, por fraude electoral. El trumpismo tiene al respecto una idea muy clara, lejos de la charlatanería que le atribuyen sus rivales ‘democráticos’ – pretende restringir el derecho del voto, de modo de asegurar un padrón de mayoría blanca. Es lo que se desprende de un artículo en el Financial Times, que denuncia una parálisis en el censo de población de 2020 debido a la orden dada a los censistas de registrar los nombres de los censados e informarse acerca de las relaciones de familias con inmigrantes, documentados o no. Hay en la cabeza el diseño de un estado policial. Dicho esto, la jornada del próximo 20 se replicará en todos los estados, de modo que las milicias golpistas pueden elegir el blanco a discreción. No hay que olvidar que ha habido un intento, comprobado, de secuestrar y eventualmente asesinar, a la gobernadora de Michigan – una mujer que se distingue, dicen, por sus agallas.

En todo este desarrollo se destaca la ausencia de la izquierda y de las direcciones de los movimientos contra el racismo y la brutalidad policial. Una parte de la izquierda, en la que figuran al menos los seguidores de Izquierda Socialista y el PTS de Argentina, dice que no hubo golpe y que quien sostiene lo contrario hace el juego de Biden. Algo así como “el que no salta es del Ciclón”. Esta izquierda no llama a manifestar ni a la huelga – prefiere el distanciamiento social y político. Confunde independencia política con neutralidad política. Quien lucha contra el fascismo sin arriar la bandera del gobierno de los trabajadores y el socialismo es mucho más independiente políticamente, que quien se declara neutral en nombre de la “alternativa de izquierda”. Como el fascismo es la declaración de guerra civil contra la clase obrera, los socialistas deben ocupar “la primera línea”, no solamente contra el fascismo, sino contra todo el movimiento político que lo precede. La izquierda pasiva, lamentablemente, ha llevado su ‘combate’ contra lo que denomina ‘catastrofismo’ hasta el extremo de la auto liquidación política. La ‘nueva generación’ que reivindica, ha nacido prematuramente ‘sabia’ y ‘vieja’. A medida que la crisis entra en nuevas etapas, se pone más de manifiesto la colusión entre todas las tendencias de la burguesía imperialista norteamericana. Hay otra izquierda, que con la misma premisa, saca la conclusión inversa. Los seguidistas de izquierda del partido demócrata convocan a no salir a la calle, para “no hacerle el juego a Trump”. ‘Matemos al fascismo o al golpe de estado con la indiferencia’, ¡no les demos pretextos para provocar! Con una izquierda de este tipo la derecha tiene más de medio trabajo hecho – inmovilizar a la democracia y a los explotados. A quienes se consideran aún trotskistas, recomendamos la lectura de la posición de Trotsky ante el golpe militar del general Sanjurjo, contra la flamante República española, donde denuncia la pasividad de la izquierda, amparada en que el gobierno de Azaña era burgués, y que reprimía a obreros y campesinos.

Cualquier observador de afuera de EEUU debe suponer que la clase obrera y los sindicatos norteamericanos están dibujados, o por lo menos que tienen la vista en la nuca. Esta caracterización queda desmentida por el comunicado que acaba de emitir la central AFL-CIO, que amenaza con la expulsión a los sindicatos que anuncian huelgas regionales contra el golpe, y reclaman al secretario general nacional, Trumka, una huelga general. Es lo que cuenta un boletín PayDay.

La prensa capitalista del mundo entero, aunque de Europa en particular, ha recibido el asalto al Capitolio como una suerte de golpe de estado internacional. Está ansiosa para que Biden restablezca el status quo anterior, incluso cuando está convencida de que pide peras al olmo y de que se trata de algo imposible. Un socialista que no lucha contra el golpe trumpista está renunciando a su compromiso internacionalista. Se ha desenvuelto un golpe de estado en el país que por supuesto es la principal potencia capitalista, pero que por sobre todo está en el tope de la crisis de la pandemia; o sea una crisis política sin antecedentes de esta envergadura, que está rodeada de centenares de miles de muertos. Como descubrió Lenin, en 1915, un cambio de época.

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