Amazonas, el pulmón del mundo, se queda sin oxígeno

Escribe Hernán Gurian

Bolsonaro es el responsable

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Brasil atraviesa una de las peores situaciones provocadas por la pandemia del covid-19, que ya llevó a la muerte a 210 mil personas.

En un cuadro de catástrofe sanitaria y social, el gobierno de Bolsonaro aún no presentó el Plan Nacional de Inmunización, no autorizó el uso de ninguna de las vacunas certificadas, y ni siquiera puede garantizar el abastecimiento nacional de jeringas y agujas necesarias para la inmunización en todas las ciudades y poblados de la federación. Esto sin mencionar el boicot permanente del propio presidente a todas las medidas de prevención, control y combate al coronavirus recomendadas por las diferentes organizaciones mundiales y nacionales de salud y científicas (uso de máscaras, cuarentenas, aislamiento social, etc.).

En este cuadro, justamente, se desarrolla en los últimos días, en el estado norteño de Amazonas, una atroz crisis humanitaria, debido al aumento exponencial y descontrolado de los contagios, internaciones y muertes por covid-19, que provocó el agotamiento del oxígeno en los hospitales, incluso la falta de espacio en las cámaras frigoríficas para mantener los cadáveres. Según la empresa White Martins, proveedora de tubos de oxígeno, la demanda aumentó cinco veces en las últimas dos semanas, superando ampliamente la capacidad de producción de la empresa. Esto pone en riesgo de muerte no solo a los pacientes en estado graves por covid, sino a otros internados en UTIs, incluyendo a más de 60 bebés nacidos prematuramente, los cuales deberán ser trasladados con urgencia al estado de San Pablo, a casi 4 mil kilómetros de distancia.

El gobernador de Amazonas, Wilson Lira (del derechista PSC, fuerza aliada de Bolsonaro en el Congreso) decretó el estado de sitio entre las 19 y 6 horas para evitar la circulación de personas y propagación del virus. Por su parte, el Ministerio de Salud comenzará a transferir pacientes a hospitales de otros seis estados.

Las personas están muriendo en sus hogares asfixiadas ante la desesperación de sus familias que no encuentran internación. Hospitales como el Nilton Lins de la capital están con sus 400 camas completas y con el personal médico al borde del colapso físico y mental: "Nuestros equipos están enfermando, sobrecargados y cansados", declaró, entre lágrimas, a la prensa la estudiante de enfermería Hanna Gomes, de 21 años, quien trabaja en tres hospitales.

Ya el mundo entero había visto las terribles imágenes transmitidas de familias enteras diezmadas por el virus y los entierros colectivos en fosas comunes en los cementerios de Manaos durante la primera ola del covid-19, en abril/mayo del año pasado. En ese entonces, la gestión del gobernador Wilson Lima fue denunciada por el Sindicato de los Médicos de Amazonas que lo acusaban de improbidad administrativa y crímenes de responsabilidad con relación a los recursos destinados al combate del coronavirus. La legislatura archivó el pedido de impeachment en base a un informe presentado por una comisión parlamentaria encabezada por un diputado del mismo partido del gobernador. Adriano Medina Matos, presidente de la Sociedad Amazonense de Terapia Intensiva, atribuye la catástrofe sanitaria a la "falta de planificación y responsabilidades de los gestores, que no se prepararon con camas, insumos, recursos humanos para una posible segunda ola" (O Globo, 15/1).

La responsabilidad política de la crisis humanitaria recae, en primer lugar, en el presidente Bolsonaro, en su desprecio por la vida, el menosprecio por la pandemia y su política de “inmunidad de rebaño”, que, en Amazonas, con un 70% de la población infectada, mostró crudamente su carácter criminal. Bolsonaro, luego de declarar que el gobierno nacional no tiene ninguna responsabilidad en Amazonas, la peor catástrofe humanitaria del país, envió a su ministro de Salud, el general Pazuello, a promover el uso de la cloroquina como tratamiento de la enfermedad, un antipalúdico desaconsejado para el coronavirus por la Organización Mundial de la Salud. La Fiscalía de Manaos acusó al Gobierno de Bolsonaro de ser el responsable último en proveer tubos de oxígeno, ya que posee los aviones militares para llevarlos desde otros estados, a raíz de que la ciudad carece de rutas terrestres hacia el sur del país y depende del transporte fluvial por el Río Negro y el Río Solimoes, afluentes del Amazonas. "Jair Bolsonaro, a fin de año advirtió que no iba a permitir una nueva cuarentena en la capital que tiene la mayor zona franca de productos electrónicos de Brasil" (Ámbito, 15/1). Durante toda la pandemia todas las empresas del polo industrial de Manaos nunca interrumpieron sus actividades, transformándose en uno de los grandes focos de infección, con miles de trabajadores contagiados.

El otro responsable político es el gobernador de Amazonas, quien tomó la decisión política de levantar todas las medidas de restricción de actividades y de aislamiento social antes de fin de año por presiones patronales, del comercio fundamentalmente. "El 23 de diciembre, el gobernador de Amazonas firmó un decreto restringiendo una serie de actividades económicas para contener el avance de la enfermedad. Después por presión de empresarios, volvió para atrás y determinó la reapertura" (O Globo, 15/1). Ahora, en un acto de desesperación decretó el toque de queda, al mismo tiempo en que públicamente manifestó en no sentir ningún arrepentimiento de haber derogado las medidas de lockdown a pedido del capital. Varios especímenes de la fauna bolsonarista, como legisladores y funcionarios, festejaron por las redes sociales el levantamiento de las medidas de distanciamiento social y la apertura de las actividades económicas, fuente del recrudecimiento de la pandemia, presentándola como "un triunfo del pueblo" y de la "libertad".

El gobernador Wilson Lima agradeció anoche al canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, por haber entrado en contacto para el envío de tubos de oxígeno que la proveedora multinacional White Martins, que se quedó sin stock a gran escala en Manaos, está buscando en las ciudades venezolanas.

En tanto, Brasil espera enviar un avión desde Recife de la aerolínea privada Azul a Mumbai, en India, para buscar en un laboratorio indio 2 millones de dosis de la vacuna AstraZeneca y sumarlas al plan de inmunización para la próxima semana, con otras 6 millones de dosis de la china Coronavac.

La posibilidad de usar ambas vacunas depende de la autorización de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria, que se espera ocurra el domingo.

En medio de la crisis humanitaria, la Abogacia General de la Unión, organismo con rasgo ministerial, exigió, en un acto criminal, que se desarrolle normalmente este domingo 17 los exámenes de ingreso para la universidad, suspendidos provisoriamente por orden judicial. Este organismo del gobierno bolsonarista pretende llevar al matadero a 160 mil estudiantes inscriptos para dichas pruebas. La intendencia de Manaos ya informó que no abrirá las escuelas municipales para la realización del examen.

Fuera Bolsonaro

Durante la noche del viernes, y luego de varios meses, se volvieron a registrar cacerolazos en muchas ciudades y capitales del país al grito de "Fuera Bolsonaro". Se trató de una reacción popular frente a la situación de calamidad sufrida por el pueblo de Amazonas y que se puede extender a otras regiones del país en poco tiempo, según declaraciones por los medios de parte de muchos especialistas. Rio de Janeiro está con un 95% de su disponibilidad hospitalaria cubierta y el gobernador de San Pablo se vio obligado a tomar medidas de cuarentena en todo el interior del estado más populoso del país frente al desmadre del virus.

La continuidad del bolsonarismo en el poder es un factor de agravamiento de las calamidades sanitarias y sociales que la población brasileña deberá todavía sufrir irremediablemente si esta no se plantea, con carácter de urgencia, la necesidad de sacárselo de encima. La consigna Fuera Bolsonaro deberá pasar a ser parte de las medidas políticas impulsadas por la población trabajadora brasileña para enfrentar y derrotar la pandemia, poniendo un final a este ciclo de barbarie que el capitalismo y su régimen político y social provocan en nuestra humanidad.

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