Davos y el inviable “Gran Reinicio”

Escribe Marcelo Ramal

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Los promotores del Foro financiero-empresarial de Davos 2021 resolvieron bautizarlo con el pomposo lema del “Gran Reinicio”. El mensaje inconfundible de la reunión que comienza hoy es que la economía mundial dará vuelta la página del coronavirus, y retomará la acumulación de capital a como sea. A despecho de estas expectativas, Davos se desarrollará cuando el virus retoma sus bríos y muta a nuevas cepas, con Estados Unidos arrimando al medio millón de muertos y a Europa en las vísperas de lo que algunos llaman la “tercera ola”. El “gran reinicio”, en estas condiciones, es sólo un mensaje dirigido a las bolsas y fondos internacionales, que necesitan imperiosamente fabricar las expectativas de una recuperación económica. En cambio, para la humanidad toda, el lema de Davos es una sentencia letal.

Un “informe” revelador

El Foro ha recibido a sus invitados con un informe estadístico que pretende relacionar a los gastos fiscales dirigidos a la emergencia pandémica con la evolución de la “economía” (PBI), de un lado, y los resultados sanitarios, del otro. En términos globales, el documento informa que se cayeron 495 millones de puestos de trabajo durante la pandemia. Con una población mundial ocupada de 3200 millones de personas, ello significa que la pandemia dejó en la calle a uno de cada cinco trabajadores –un impacto social catastrófico. En cambio, el “producto bruto” (el valor agregado por la economía mundial en el período, que incluye a los beneficios) registró una caída, sí, pero que no superaría al 4%. La caída vertical en el empleo no sólo quintuplica a la del producto, sino que tuvo lugar cuando los estados capitalistas destinaron más de 6 bi-llo-nes de dólares a “paquetes fiscales” de asistencia económica. El informe de Davos señala, por ejemplo, que Estados Unidos destinó hasta el 18% del PBI, Japón el 33% y países como Francia e Italia, entre el 22 y 32%, en todos los casos, con caídas en el producto de entre el 5 y el 10% para el año que pasó. Los analistas de Davos manipularán estos resultados para fundamentar que el “gran reinicio” debe estar acompañado de una reducción de las asistencias fiscales.

Pero lo que el informe no “informa”, en cambio, es la composición de esa asistencia, que estuvo prioritariamente dirigida a rescatar la acumulación capitalista. Mientras la desocupación alcanzaba a 43 millones de personas en Estados Unidos, Wall Street “volaba”, bajo la inyección de los fondos que las grandes corporaciones capitalistas destinaron a la recompra de sus propias acciones. En todo el mundo, la gestión capitalista de la pandemia acentuó hasta la exasperación el desequilibrio entre la producción y la especulación. Los rescates estatales salvaron los beneficios, mientras 500 millones de personas eran empujadas a la desocupación –y otros 2000 millones a la enfermedad y a la muerte, por la insuficiencia de asistencia sanitaria.

El informe de Davos también intenta vincular al desempeño económico –en términos del producto bruto- y a la “salud”, medida en el número de muertes cada 100.000 habitantes. Los derrumbes económicos en los países con mayor número de muertes revelan hasta qué punto el capital depende de la fuerza laboral, que ha sido la gran afectada por la pandemia.

Y por casa

Los datos del informe de Davos, por último, reservan un garrotazo para Argentina. Resulta que el gobierno que “privilegió la salud” presenta uno de los niveles relativos más bajos de gasto fiscal, y con los resultados conocidos –una caída en el PBI superior al 10% y un elevadísimo registro de muertes en relación a su población. Los lenguaraces oficialistas se salen de la vaina para salir a atacar al “informe tendencioso de los centros financieros”, sino fuera que el propio Alberto le rendirá pleitesía a Davos, vía zoom, en las próximas horas. Bien mirados, sin embargo, los resultados argentinos siguen la tendencia global del derrumbe pandémico, en términos de orientación social. En materia de paquete fiscal, los 2 billones de pesos que el gobierno argentino destinó a la crisis fueron destinados, en sus dos terceras partes, a asistencias al capital, las cuales –según confesó el propio gobierno- terminaron alimentando la compra de dólares baratos. Esa fuga de capitales tuvo como contrapartida a una desocupación real del 30% y un nivel de pobreza que orilla el 50%. En Argentina y en el mundo, el “Gran Reinicio” choca con dos obstáculos fundamentales. De un lado, la prolongación y agravamiento del Covid, que la vacuna –bajo el monopolio privado del conocimiento- no alcanza a mitigar. Del otro, la “normalidad” que exige el capital sólo puede conducir a un derrumbe social agravado, y, por lo tanto, a una escala superior a las rebeliones populares que recorrieron al mundo en 2020.

La crisis mundial ha colocado a los adjetivos en su lugar. El “gran reinicio” capitalista es la utopía, y la revolución social, una necesidad histórica.

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