Capitalismo, pandemia y vacunas

Escribe Silvia Carranza

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que “el mundo está al borde de un modelo moral catastrófico y el precio se pagará con la muerte y el sustento de los más pobres” (BBC, 19/01); esta aseveración tiene que ver con la enorme desigualdad en la distribución de vacunas. Los estudios de seroprevalencia sugieren que en la mayoría de los países el Covid19 ha infectado al menos el 10% de la población mundial. Las dificultades para cerrar acuerdos directos con las farmacéuticas, junto a los problemas logísticos para la aplicación de las vacunas y el resquebrajamiento detrás del programa COVAX (Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid), da un panorama sombrío al futuro próximo de la vacunación ya que la finalización de la pandemia estaría asegurada por el acceso equitativo a las vacunas en todo el mundo.

Forman parte del COVAX nueve vacunas apoyadas por la CEPI y otras nueve que están en proceso de evaluación. Los 80 países interesados, que se pueden autofinanciar, se suman a los 92 países de ingreso bajo y mediano que van a recibir el compromiso anticipado del mercado. COVAX está codirigido por la coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante la Epidemia (CEPI), la Alianza para las Vacunas (Gavi) y la OMS, en colaboración con fabricantes de vacunas de países pobres. Dicho organismo asegura que “el acceso en pie de igualdad a una vacuna es la clave para vencer el virus y allanar el camino hacia la recuperación de la pandemia”.

Para el sarampión -cuyo desarrollo de la vacuna duró 20 años- se necesita que el 95% de la población esté vacunada; para la polio, el 80%; para este nuevo virus, con un 60% sería suficiente, aunque no está demostrado si una persona puede reinfectarse aún recibiendo la vacuna ni está clara su eficacia ante eventuales mutaciones del virus. Todo esto imposibilita hacer un pronóstico adecuado sobre la eficacia de la vacunación ante el Covid19 (El País, 16/11/20).

Guerra comercial y vacunas

En la historia contemporánea, la lucha por obtener vacunas con el objetivo de prevenir las enfermedades infectocontagiosas desecha totalmente la teoría de “la inmunidad de rebaño” que países desarrollados como Suecia y Gran Bretaña promocionaban, claramente, en defensa de sus “economías”. La Declaración de Barrington pide un regreso a la vida normal para las personas con menor riesgo para contraer la enfermedad y lograr la inmunidad colectiva. The Lancet calificó este enfoque como “peligrosa falacia no respaldada por evidencia científica”. La ONU expresó que son algunos de los obstáculos que enfrentan las naciones de la región (FRANCE 24).

Los estudios de seroprevalencia sugieren que en la mayoría de los países el Covid19 ha infectado al menos el 10% de la población. Según el CDC, Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, se producen en escala las siguientes vacunas de primera línea disponibles: Moderna (podría ser efectiva para cepa sudafricana) con una inmunidad del 94,5%; Pfizer/BioNTetch inmunidad del 95%; Oxford/Astra Zeneca (Gran Bretaña) 62% y Sputnik V (Rusia), 95%.

La vacuna Sputnik V fue desarrollada por el Instituto Gamaleya. En Argentina, los estudios de la Sputnik enviados por el Fondo de Inversión Rusa, fueron analizados por la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología), para poder ser aplicados también en mayores de 60 años.

Según The Lancet la vacuna contra el Covid de la farmacéutica China Sinovac tiene una efectividad del 50% que no supera el mínimo de eficacia global exigido por la OMS, (BBC News, 14/01/2021). Las vacunas ARNm (Pfizer, Moderna) contienen material del virus que causa Covid 19 generando en nuestro organismo una proteína inocua pero que a su vez el sistema inmunitario no reconoce como propia, y así genera anticuerpos, entre ellos células inmunitarias que tienen memoria, y reaccionan ante una infección por dicho virus. Oxford /AstraZeneca utiliza virus atenuados que causan resfrío en los chimpancés.

Pfizer acumula retardos en la entrega de la vacuna, porque, argumenta, producir el ARN mensajero en cantidades industriales no es sencillo, y no previeron que deben ampliar su fábrica en Bélgica. Mientras tanto, Sanofi anunció su acuerdo con Pfizer, pero sin abandonar la producción de su propia vacuna que compite con la de Pfizer. En Alemania, con gran cantidad de contagios, Pfizer no entregó las vacunas prometidas y no están vacunando según lo que se había prometido, y afrontan cierre de comercios y escuelas. “Berlín es una ciudad desértica” comentó una periodista para A24.

AstraZeneca anunció el 22 de enero que no podrá cumplir con la entrega de 31 millones de dosis de las 80 prometidas para el primer trimestre de 2021 para la UE. En agosto había recibido 336 millones de euros de compra de las vacunas. UE compró 400 millones de dosis pero no llegaron. Por eso la UE presiona a AstraZeneca cuyas principales fábricas están en Bélgica, para que no le vendan más a Gran Bretaña, pionera por ahora en la aplicación de la vacuna, a esta altura con más de 1.000 muertos por día. Gran Bretaña es el país de Europa que vacuna a mayor velocidad y cantidad, mientras que la UE amenaza con retener las dosis. Las vacunas no son bienes sociales sino mercancías. Las empresas defienden sus secretos comerciales, científicos y patentes.

La revista The Science, en su editorial, Jon Cohen, titulado “Inyecciones de esperanza”, destaca que el desarrollo de estas vacunas ha sentado un precedente histórico en la humanidad” (17/12/2020). El desarrollo de vacunas costó varias décadas a la ciencia y ahora en un año se desarrollan vacunas para un virus nuevo. El impedimento a que se llegue a la protección de la totalidad de la población reside en el sistema capitalista. Ningún país realizó una cuarentena estricta en pos de conservar las economías en diferentes países. La gestión capitalista de la crisis sanitaria y de la vacunación está costando millones de muertes y profundiza la crisis sanitaria más importante de la historia reciente de la humanidad.

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