Alberto Fernández se aleja de un cadáver político

Escribe Jorge Altamira

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El gobierno de los Fernández se tomó un año y medio para alejarse del “grupo de Lima” – una coalición de gobiernos latinoamericanos cuyo propósito es el derrocamiento del gobierno de Venezuela. En ese lapso de tiempo, Trump fue eyectado de la Casa Blanca y Jeaninne Áñez del Palacio Quemado, y cuando se anuncia el retorno del “correísmo” al gobierno de Ecuador y se oyen voces que reclaman la salida de Bolsonaro del Planalto. No se puede, entonces, atribuir esa partida a ninguna decisión radical. El ´grupo´ en cuestión es un cadáver político; en la elección constitucional en Chile y luego en las presidenciales, la coalición de Piñera figura en la parte de abajo de la tabla de competidores. El “sistema interamericano” se encuentra razonablemente en ruinas – el kirchnerismo se esfuerza en esquivar los cascotazos.

Por otro lado, los sectores recalcitrantes, como el que encabeza Luis Almagro, secretario general de la OEA, e Iván Duque, el jefe del gobierno paramilitar de Colombia, se está jugando los últimos cartuchos. Al boicot comercial contra Venezuela han añadido el humanitario – las vacunas llegarán solamente por medio de Juan Guaidó, el presidente fantasma que sobró del gobierno de Trump. Dadas las pésimas condiciones del sistema de salud del “madurismo”, esta extorsión es una sentencia de muerte para centenares de miles de venezolanos. Por otra parte, ha crecido la militarización de la frontera colombo-venezolana como consecuencia de la acción del paramilitarismo, de un lado, y de los remanentes de las Farc, del otro. “Fuentes oficiales del gobierno argentino”, según La Nación, “denostaron al grupo de Lima por la falta de avances”. Indiscutiblemente.

Los ´avances´ en cuestión siguen siendo una salida intermediada por las potencias imperialistas. Los Fernández siguen atando a Argentina “al grupo de contacto”, piloteado por la Unión Europea. Esto no es menor, porque la llamada salida para Venezuela entraña la privatización sin precedentes de los recursos mineros. Exxon y Chevron han retornado con ofertas, pero también están la francesa Total y la española Repsol; China necesita asegurar, con inversiones propias, su abastecimiento internacional de petróleo. Putin busca inversiones en Venezuela para aumentar el radio de influencia de las petroleras rusas, en particular Rosneft. En este mismo momento se libra una lucha feroz entre Biden y Merkel en torno al gasoducto que atraviesa el Báltico para aprovisionar a Alemania con el fluido de Moscú. De acuerdo a funcionarios argentinos y también del FMI, la posibilidad de extender un acuerdo de repago de la deuda con el Fondo a veinte años, depende de una intervención política de la UE ante el gobierno de Biden. No hay, en todo esto, ni una pizca de la Patria Grande, ni que la consigna mejore en algo la capacidad de negociación con el imperialismo.

El nacionalismo burgués se ufana de su sentido del tiempo. Como en este caso, toma medidas ´antiimperialistas´ cuando son inocuas, porque se cuida de hacerlo cuando entrañan cambios sociales profundos en las relaciones internacionales.

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