Premios Oscar 2021: a la academia de Hollywood la corren las rebeliones populares

Escribe Matias Melta

Tiempo de lectura: 4 minutos

¿Qué sucede con el relativo aumento de la diversidad que puede notarse en las nominaciones a los Premios Oscar 2021, que celebrarán su ceremonia el 25 de abril? ¿Acaso la Academia de artes y ciencias cinematográficas de Hollywood, ente que entrega los premios y que ha sido acusado desde hace años por estar formada en su mayoría por hombres blancos que dan mayormente sus votos para que ganen las ternas hombres blancos, cambió por elección y un nuevo grado de concientización inspiró a sus miembros? Para nada. Son las distintas rebeliones, nacidas algunas desde el seno de Hollywood, las que han obligado a la academia a cambiar sus estándares a la hora de nominar y entregar premios.

Nominaciones y temáticas

Veamos: este año, por primera vez en la historia de los Oscar, hay dos mujeres (Chloé Zhao y Emerald Fennell) candidatas a mejor dirección, en este rubro además hay nominado un norteamericano descendiente de coreanos (Lee Isac Chung) y un danés (Thomas Vinterberg). Por primera vez hay tres afroamericanos nominados a mejor actor de reparto (Leslie Odom Jr., Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield.). Steve Yeun es el primer asiático americano en ser nominado a mejor actor, aunque todo indica que el premio será para el difunto afroamericano y activista Chadwick Boseman. Zhao es además la primera mujer de descendencia asiática nominada.

#OscarsSoWhite - #BlackLivesMatter

El puntapié inicial del comienzo del cambio lo dio el boicot a la entrega de premios Oscar del 2016 llamado Oscars So White (en castellano “Oscars Demasiado Blancos”). Encabezado por el director y militante Spike Lee y apoyado por, entre otros, por figuras archiconocidas como el actor Will Smith, el boicot se realizó porque no había afroamericanos nominados ni a mejor director ni a mejor actor por segundo año consecutivo. En la ceremonia de premiación la academia esbozó un penoso mea culpa y Chis Rock, actor afroamericano, desenvolvió un tristemente célebre papel como presentador, intentando con chistes supuestamente irónicos lavarle la cara a los Premios.

El boicot y las innumerables críticas, que pusieron el dedo en la llaga sobre el machismo y el racismo en la academia, pegaron duro. Los jurados, presionados, tuvieron que montar la puesta en escena de que hacían lo “políticamente correcto” y comenzaron a verse algunos cambios.

En mayo de 2020, tras el asesinato de George Floyd en manos de la policía, Estados Unidos vivió la rebelión popular multirracial más importante de su historia. Hastiados del racismo sistémico que sigue enquistado como un virus y abanderados por la consigna Black Lives Matter (las vidas negras importan), cientos de miles de personas de todo el país salieron a las calles a decir basta, enfrentando heroicamente el peligro de contagio de Covid 19 y la represión.

Desde Hollywood se alzaron múltiples voces, nuevamente con Spike Lee al frente, denunciando una vez más el racismo implícito en la industria cinematográfica.

El resultado fue que en septiembre de ese año la Academia estableció un nuevo reglamento por el que, a partir del 2024, los filmes que compitan en la terna de mejor película deben tener nuevos cánones de “diversidad, inclusión y representación”. Los mismos se basan en cupos mínimos de temáticas y personal relacionados con las diferencias raciales, sexuales y étnicas, siendo beneficiados latinos, indígenas, afroamericanos, asiáticos, mujeres, miembros del colectivo LGBTQ+, entre otros.

Es decir: la rebelión popular del pueblo estadounidense sentó las bases para que la Academia obligue a los grandes estudios a cambiar sus estándares si pretenden que sus películas sean nominadas.

#MeToo

En octubre de 2017 una denuncia por acoso sexual contra el poderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein abrió una caja de Pandora llena de porquería: Hollywood estaba atravesado totalmente por la misoginia, el abuso sexual e incluso la violación. Eso dio un empuje descomunal al movimiento Me Too (“Yo también”), a partir del cual cientos de actrices, directoras y trabajadoras de la industria se agruparon y denunciaron los montones de penurias que las mujeres sufren, no solo en su medio sino en el país entero. El movimiento se propagó a otros sectores de la sociedad estadounidense (ciencias, música, política, etc.) e incluso a mujeres de todo tipo de estratos sociales, para convertirse en un fenómeno de alcance mundial, replicado de distintas formas en muchos países.

La rebelión del Me Too golpeó también a la academia y la obligó a dar un poco más de espacio a las mujeres en los Oscars, sin embargo el mismo sigue siendo limitado.

Conclusiones

Dentro de Hollywood tanto el Black Lives Matter como el Me Too han sido importantes en los avances de conquistas históricas. Pero tienen un límite: más allá de los cambios dentro del sistema, ninguno ha avanzado en denunciar al capitalismo como el perpetuador de la opresión, el racismo y la misoginia. Por ejemplo, nada se ha planteado sobre modificar el sistema monopólico de las majors o grandes estudios en beneficio del cine independiente, que suele alejarse de los “films-tanques” pochocleros y que vive sojuzgado por los primeros, teniendo que pelear por cada espacio, cada sala, cada streaming. Esta problemática no hizo más que aumentar en este primer año transcurrido de pandemia.

Por parte de actores, directores, guionistas (no olvidemos la gran huelga que estos llevaron adelante en 2007-2008 y que tuvo como resultado la victoria de la misma) y diversos trabajadores de la industria de Hollywood es necesario un salto de calidad político en el que se denuncie al lucro capitalista como enemigo no solamente de los derechos de afroamericanos, latinos, mujeres, etc.; sino como enemigo de la vida, porque es el mismo que ha producido millones de muertes con el COVID 19, mientras una guerra infame de distintas potencias mundiales por las vacunas se desarrolla en vez de brindar soluciones a la catástrofe.

Para cambiar los cimientos de cómo crear, producir, mostrar y distribuir libremente películas; para que impere verdaderamente la diversidad; sin duda, para eso también es necesario el socialismo.

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