Cine: Bong Joon Ho y su alegoría a la lucha de clases

Escribe Laura Kohn

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“Los pobres huelen distinto, tienen olor a subte”, comenta a su mujer el protagonista burgués de la última película del director sur coreano Bong Joon Ho: “Parasite”. Se trata en realidad de un olor cloacal, pues los oprimidos de Bong viven cerca de las alcantarillas, en Parasite (2019), y también en The Host (2006), insinuando el subsuelo en la escala social del capitalismo, los de abajo, y los de arriba.

En un reportaje el director relataba: “Las relaciones humanas fundadas en la simbiosis van a menos. Las clases sociales son cada vez más parasitarias”. Parasite es una metáfora de la decadencia del régimen, donde conviven la precarización laboral con la desocupación crónica, la sin salida para la juventud aun accediendo a la universidad, la falta de vivienda y el desarrollo de una imaginación “parasita” para sobrevivir en un mundo dominado por parásitos más poderosos.

Los Park viven arriba, sobre una montaña en una casa de lujo. Los Kim en cambio junto a las cucarachas, y cuando llueve bastante desbordan la barriada de aguas servidas. Parasite trasmite en cada imagen una metáfora de clase, y cada fotografía, -hay que decirlo-, es una magnífica obra de arte. Pero el cuadro más hondo del film es la que representa, no la lucha de clases como anuncian las reseñas periodísticas, sino el odio de clase, cuando el padre de los Park decide acabar con el desprecio y la humillación de su patrón.

En realidad, no hay lucha de clases alguna en “Parasite”, sino una puja por sobrevivir entre pobres. Imágenes cotidianas que vivimos en un simple vagón de tren de nuestro conurbano, donde un pibe rapea desafinando, o el Guaymallen se derrite entre las manos de una mujer de 30 que aparenta 50. Bong describe aquella Corea del Sur no desarrollada y pujante, sino su realidad de desigualdad exacerbada. “Junto a la riqueza más evidente siempre aparece una pobreza igual de desmedida” sentencia Bong Joon.

Ante la pregunta ¿quién parasita a quién?, Bong fue claro: “Nunca he pretendido proponer una metáfora elaborada. Está claro que la familia pobre parasita a la rica. Viven escondidos en su casa y se aprovechan de ello. Pero, obviamente, la idea es llegar a la idea contraria. Es la familia rica la que hace valer sus privilegios de parásitos de todo un sistema construido por ellos para ellos.”

Lo que hará que finalmente Hollywood otorgue a Bong su primer Oscar de oro como mejor película extranjera, no es su trama sino la capacidad del director-guionista en atraparte tensamente cada minuto del rodeo.

“The Host” del mismo director, describe la asfixia irracional burocrática de un régimen contaminante, “Okja” ataca a la industria cárnica, sin dejar de señalar irónicamente y con sorna a los grupos ambientalistas-veganos como un tanto pueriles.

Como dice este fenomenal director: “Sin diferencia no hay capitalismo. Cuanto más extremo es el capitalismo, más extrema la diferencia”. Parasite no es un panfleto político, es la descripción creativa de un régimen social pestilente, que cruje por ser abolido.

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