Las astronómicas ganancias de los laboratorios farmacéuticos

Escribe Mauri Colón

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Las grandes farmacéuticas han hecho, durante la pandemia, un negocio fabuloso. Entre otras razones, debido a los subsidios que recibieron del estado, al aporte de las instituciones de investigación del sector público y, finalmente, a la compra adelantada, o sea la garantía de un mercado cautivo.

Con anterioridad a la pandemia, los laboratorios farmacéuticos habían recortado la investigación y el desarrollo de vacunas en beneficio del desarrollo de medicamentos para tratar afecciones poco comunes. Incluso después de que la Organización Mundial de la Salud, declarara al COVID-19 como una pandemia, tres de las corporaciones más grandes -GSK, Sanofi y Merck-, que dominaban el mercado de vacunas, se mostraron reacias a involucrarse, debido a que "la creación de vacunas, especialmente en caso de una emergencia sanitaria aguda, no ha demostrado ser muy rentable en el pasado". Por eso, la investigación y el desarrollo llegaron sólo después de que la Unión Europea, el Reino Unido y los Estados Unidos, ofrecieran financiamiento, incluido el costo principal de ejecutar las pruebas de la "Fase 3", asumiendo la mayor parte del riesgo. Sólo después de esto, la industria comenzó a trabajar en el desarrollo de vacunas, progresando rápidamente.

Estados Unidos invirtió $14 mil millones de dólares a través de Operation Warp Speed, a pesar de que seis de las grandes farmacéuticas -excluyendo Moderna- habían cosechado ingresos el año anterior por $266 mil millones y ganancias declaradas por $46 mil millones. Moderna recibió 2.500 millones de dólares del gobierno de Donald Trump. El grupo de campaña Public Citizen advierte que “los contribuyentes están pagando el 100% del desarrollo de la vacuna de Moderna”.

En el caso de la vacuna de BioNTech/Pfizer, la compañía recibió un préstamo de 100 millones de euros del Banco Europeo de Desarrollo, así como una subvención de 365 millones de euros del gobierno alemán, para sufragar costos.

Las universidades y los laboratorios públicos sufragaron también gran parte de la investigación que sustenta las vacunas.

Privatización

Mientras los estados nacionales solventaron gran parte de los costos, las ganancias y las vacunas son propiedad privada de los laboratorios. Estos no tuvieron que hacer mucho lobby para garantizar que la Organización Mundial del Comercio rechazara el llamado de India y Sudáfrica para levantar la protección privada de patentes para las vacunas y permitir que se produjeran versiones genéricas.

Asimismo, obtuvieron garantías legales de los gobiernos para los casos de perjuicio a la salud de las vacunas, y que sus contratos permanecieran secretos.

Todo esto se traduce en ganancias siderales para las corporaciones farmacéuticas. Se espera que BioNTech/Pfizer obtenga, a razón de 19 dólares la dosis, un margen de beneficio de casi el 30%, según el Financial Times. Se proyecta que Moderna obtenga ganancias por $8 mil millones, con 700 millones de vacunas pre-ordenadas en 2021 -Estados Unidos encargó 500.000-, a un precio de entre $25 y $37 dólares por dosis. La compañía dice que los costos de producción son solo el 20% de los ingresos por ventas.

También, los quince principales laboratorios alcanzaron en la Bolsa de Nueva York $121,224 millones de valor de mercado, con Novavax y Moderna a la cabeza: el precio de sus acciones subieron 921,86% y 233,23% respectivamente, logrando ganancias de $17,678 millones de capitalización para Moderna y $2.229,33 millones para Novavax. Otras empresas del sector que también se han visto beneficiadas han sido la alemana BioNTech y Jonhson & Jonhson, sus acciones han subido 88,40% y 1,03%, respectivamente, según El Economista (21/3).

El impulso desenfrenado de ganancias y la lucha intestina de los Estados imperialistas ha puesto las vacunas fuera del alcance de la mayor parte de la población mundial.

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