Amazon, South Park y la voracidad capitalista

Escribe Matias Melta

Tiempo de lectura: 3 minutos

La noticia corrió como reguero de pólvora por el mundo: los trabajadores del almacén de Amazon situado en Bessemer, Alabama votaron 738 a favor y 1.798 en contra de la creación del que podría haber sido el primer sindicato de la empresa, la segunda con más empleados de EE. UU. Una visión derrotista de lo sucedido es totalmente equivocada: la continua lucha de trabajadores de Amazon que comenzó hace años en el país del norte no solo no se detiene sino que se está replicando incluso en Europa, con las huelgas que se dieron en plantas de Italia y Alemania al mismo tiempo que se votaba en Alabama.

De las peligrosas condiciones laborales y las huelgas en Amazon se encargó de retratar, a modo de sátira, la serie animada estadounidense más políticamente incorrecta de la historia: South Park. Al mismo tiempo realizó, una vez más, una mordaz denuncia al capitalismo.

El capítulo 9 de la temporada 22, emitido el 5 de noviembre de 2018, comienza cuando a Stephen, el papá de Butters, se lo ve angustiado por la falta de dinero que necesita para mantener a su familia. Tiene un nuevo empleo en un centro de distribución de Amazon.

La maquinaria monopólica que maneja Amazon en EE. UU. es retratada sarcásticamente: Stephen va a trabajar a la planta donde empacan los artículos que él mismo y su familia compran vía web por Amazon, como así también consumen su servicio de streaming Prime Video y el sistema de música digital. Esto se repite día a día, mostrando esta enajenación tan propia del capitalismo en una escena musical que de tan ácidamente certera hace llorar los ojos.

Luego vemos cómo varios de los viejos personajes de la serie están trabajando en el almacén: es que la voracidad de Amazon hizo que muchos de los lugares donde trabajaban se fundieran.

En una jornada laboral, uno de los trabajadores, Josh Carter, es prácticamente atrapado por los distintos robots que trasladan paquetes y es, literalmente, procesado y envasado como un producto más. South Park pone el dedo en la llaga: en 2020 se hizo público un documento interno de la empresa que explicaba cómo los almacenes que tienen robots, que públicamente habían sido publicitados por Amazon como seguros, registran una media de accidentes laborales un 50% mayor que los que no los tienen. Lo único que importa en la lógica capitalista es el lucro: la actividad frenética de los robots ha hecho cuadruplicar la productividad, pero la vida y la salud del trabajador quedan en último plano. La alegoría que usa la serie para mostrar el accidente laboral de Josh no puede ser más brutal: luego de sufrirlo es convertido en una caja, como las que se producen y envían desde la planta.

Cuando los trabajadores del centro de distribución se enteran que Amazon dijo que el accidente laboral fue un “error humano” inmediatamente deciden comenzar la huelga.

Entra en escena siniestramente Jeff Bezos, CEO de Amazon, satirizado con un enorme cerebro con el que se comunica sin tener que hablar: va a ver a la alcaldesa de South Park para apretarla y que frene la medida de fuerza, amenazándola con quitarle su membresía de Prime, lo que la desespera. Todos los ciudadanos de South Park están tristes e “insatisfechos” por la huelga, ninguno recibe los paquetes que compraron. Queda asentado, de modo para nada inocente, que la necesidad la crea el mercado, no el individuo.

Los cuatro niños protagonistas de la serie, buscando la forma de comprar lo que necesitan, van al shopping de la ciudad: el mismo es tierra arrasada, habitada por semi zombies ex empleados que no ven clientes hace mucho tiempo porque todos compran por Amazon. Los niños encuentran en ellos a la famosa mano de obra desocupada o al “ejército industrial de reserva” como lo nombró Marx y le ofrecen a Bezos llevarlos a trabajar para romper la huelga con la condición de que les entreguen los productos que necesitan para su desfile de bicicletas.

La mordacidad disparatada no para: Josh es acusado por un cliente que quiere que los trabajadores vuelvan a trabajar de “caja marxista” porque plantea que la solución a la explotación es el socialismo, al mismo tiempo que se erige como dirigente de la huelga.

Bezos, mostrado definitivamente como el malvado que desarrolla un plan macabro para que la gente tenga “satisfacción” (mercancía), se mantiene en la ciudad utilizando los equipos Alexa para espiar lo que sucede en las casas y plantea que el principal enemigo es el marxista Josh, mientras Stephen se hace rompe huelgas, es ascendido a gerente y premiado con productos por el CEO de Amazon.

Josh finalmente es enviado a “asesinar” por Bezos. En el capítulo 10 este finalmente pierde, con una resolución del conflicto tan bizarra y socarrona, pero que al mismo tiempo continúa con la crítica a la necesidad imperiosa de consumo que el sistema impone, como solo a los creadores de South Park se les puede ocurrir y que no vale la pena contar, porque merece ser visto.

Más de dos años después de emitidos los capítulos, cualquier parecido con la realidad (no) es pura coincidencia, sino que la denuncia al régimen cobra día a día más sentido.

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