Pablo Avelluto: el lobo de nuestros desaparecidos

Escribe Eugenia Cabral

Tiempo de lectura: 2 minutos

El ex ministro de cultura de Mauricio Macri, Pablo Avelluto, acaba de declarar una vez más la guerra a los desaparecidos por el terrorismo de Estado 1974-1983. Con respecto al cierre temporal de la escolaridad presencial en el AMBA decretada por el presidente Alberto Fernández, ha enviado un tweet amenazante (“no te tenemos miedo, se acabó la paciencia de los mansos”), que concluye con la frase de los movimientos de derechos humanos “Ni olvido ni perdón”. Si recordamos que el señorito Avelluto contradijo en su momento la cifra de 30.000, para así despreciar la importancia del genocidio contra militantes y activistas -lanzado en los años 70 por Perón y después por la dictadura militar-, no podemos oír esta frase como un torpe exabrupto.

Avelluto se burla nuevamente de los desaparecidos, parodiando una de las consignas que identifica al movimiento popular que hace más de 40 años lucha por el esclarecimiento de esos crímenes políticos, con el pretexto de que el cierre de la presencialidad escolar sería una medida “dictatorial”. El pequeño detalle es que los que se oponen, incluso con la huelga, a la masacre de docentes, no docentes y alumnos ¡son los trabajadores de la educación!, es decir, los herederos históricos de aquellos trabajadores cuya militancia y activismo fue reprimido con cárcel y muerte por el terrorismo de Estado en los 70. En consecuencia, la amenaza de Avelluto no es contra Alberto Fernández ni el Frente de Todos, es contra los trabajadores de la educación.

Avelluto es un lobo represor que se disfraza con la piel del cordero de los desaparecidos. Avelluto quiere que los trabajadores de la educación y los alumnos mueran, si tienen que morir, ahora por la peste de la COVID-19, pero que la maquinaria capitalista siga funcionando. Avelluto apoyaría la represión del Estado contra los docentes en huelga, de la misma manera que apoya el genocidio contra la militancia política de los años 70 y por eso pretendió minimizar la cifra de los 30.000.

La “cultura” comienza por la transmisión de valores sociales y políticos, transmisión que se realiza en su mayor medida mediante el sistema educativo. Desde la cultura griega para acá eso no ha cambiado. La burla de Avelluto se dirige contra el derecho de los trabajadores de la educación a prevenirse del contagio con el coronavirus, pero como buen fascista disimula los hechos y se burla de la opinión pública. Los artistas y escritores ya fuimos víctimas de su pésima gestión al frente del Ministerio de Cultura durante la presidencia de Macri. Ahora nos toca repudiar las burlas estilo Gral. Videla (“no están, están desaparecidos”) de Avelluto, su fascismo disfrazado de democratismo, sus dientes de lobo represor de trabajadores y militantes bajo la piel del cordero de nuestros militantes asesinados.

Suscribite a Política Obrera