Bariloche en alto riesgo

Escribe Elena Florín

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Un informe del Centro de Estudios Patagonia expone un cuadro extremo de la situación en la ciudad de Bariloche frente a la pandemia.

Allí se señala, de entrada, que “el nivel de riesgo epidemiológico alto, sumado a un nivel cercano a la saturación de camas UTI, obligan a prestar particular atención a la situación de Bariloche”.

Del informe surge que la tendencia de aumento de casos se encuentra en crecimiento exponencial, esto quiere decir que día a día los contagios crecen con mayor velocidad. El día 19 de marzo, la media de casos diarios era de 34. Un mes más tarde, al 20 de abril, el promedio supera los 120 casos diarios. Los casos prácticamente se han duplicado cada 15 días en las últimas cuatro semanas. Al 21 de abril, Bariloche ha acumulado un total de 17.339 contagios, de los cuales 15.682 se recuperaron, 1.396 casos están activos y han ocurrido 261 muertes. Solo en el día de ayer (21/4) se registraron cuatro nuevos fallecimientos.

El nivel de ocupación de camas UTI, durante las últimas dos semanas, ha oscilado entre el 90% y el 95%. Si analizamos la trayectoria durante toda la pandemia, a diferencia de lo ocurrido a nivel país y a nivel provincia, Bariloche ha mantenido un número relativamente alto de contagios de forma casi constante, con eventos intermitentes de mayor incidencia. El más marcado de esos eventos comenzó a fines de diciembre de 2020 y se desarrolló durante el mes de enero de 2021, señalan los investigadores, acicateado por las reuniones de fin de año y, posteriormente, la afluencia turística durante el verano. En ese momento se vivieron situaciones de saturación del sistema sanitario local, asociadas a un marcado incremento en la mortalidad por Covid 19 registrada en la ciudad. De acuerdo a declaraciones públicas de personal sanitario, se llegó a la situación de seleccionar a las personas que accederían a una cama UTI. Esta situación realmente irreparable y desgarradora, debe ser evitada en el futuro a toda costa.

Estamos al límite la capacidad del sistema sanitario y con el personal de salud ya agotado, al cabo de más de un año de pandemia. La situación específica de Bariloche -la ciudad más populosa de la provincia de Rio Negro- es muy preocupante y enciende las luces de alarma. Los indicadores epidemiológicos muestran que nos encontramos en una situación de alto riesgo.

“La medida de protección adoptada (limitar la circulación nocturna) no parece suficiente para modificar de manera sustancial la dinámica de propagación de la enfermedad en Bariloche”, concluyen los investigadores.

El constante aumento de casos desde la reapertura de clases presenciales es una señal de alerta que debe atenderse rápidamente. Han detonado contagios entre docentes y alumnos. Los protocolos son incumplibles en nuestra ciudad. Ya tenemos temperaturas de 2 grados por la mañana, por lo que la ventilación recomendada es imposible en aulas sin calefacción, como denuncian los docentes. También reclaman la provisión de los elementos sanitizantes ya que no se los proveen, la falta de nombramientos de suplentes, recargando de tareas a los otros docentes. Son pérfidas las autoridades al decir que lo que importa es la salud emocional de los niños, cuando cierran las escuelas hogar de Línea Sur y los chicos son enviados a Bariloche a casas de familias sustitutas o familiares que ni conocen.

El otro enorme factor que determina el aumento de los contagios es la afluencia del turismo. En Semana Santa tuvo lugar la Fiesta del Chocolate. Por cuatro días, miles de personas ingresaron a la ciudad sin ningún tipo de control y se aglomeraron en el centro de la ciudad. Días después, hubo 190 contagiados y se ocuparon todas las camas de terapia intensiva. La única medida adoptada por el gobierno ha sido restringir el horario de circulación nocturna. El estado de la vacunación es la misma que en el resto del país, es decir, ínfimo todavía.

Una ciudad turística con gran poder empresarial que tiene a su servicio al gobierno local presiona por la “nueva normalidad”, la apertura de los hoteles, cervecerías y comercios y, por lo tanto, de las escuelas para que los padres vayan a trabajar. Todo lo contrario de lo que reclaman los docentes y el exhausto personal de salud. La pulseada no podría ser mayor.

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