Chile: a Piñera le han bajado el pulgar

Escribe Jorge Altamira

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Sebastián Piñera, el presidente de Chile, se ha convertido en un gobernante ´cojo´. Su permanencia en el cargo ha pasado a depender de la ´buena voluntad´ de la oposición de centro-izquierda y del partido comunista en el Congreso. Eventualmente, su destino podría ser decidido por la Convención Constituyente, cuya elección tendrá lugar la semana que viene.

La señal política de que a Piñera le han bajado el pulgar la burguesía y el aparato del Estado, es la decisión del Tribunal Constitucional de rechazar, el martes 27, el recurso que presentó el Presidente para que declare inconstitucional la habilitación, por parte de una mayoría del Congreso, para que los aportistas a los Fondos de Pensión de Chile retiren una tercera cuota de sus cuentas en las AFP. El reclamo para poder ejercer esta posibilidad ha desatado numerosas movilizaciones y cacerolazos en la nación trasandina y la convocatoria a una huelga general para el miércoles 28. El Tribunal Constitucional es una institución del pinochetismo y un nido de la derecha chilena. La decisión de legitimar ese tercer retiro de fondos no podría ser un golpe más duro para el gobierno. El recurso de inconstitucionalidad a ese Tribunal había sido objetado por numerosos parlamentarios de la coalición oficial “Vamos Chile”.

La noticia del rechazo derrumbó enseguida a la Bolsa de Santiago, y desatará seguramente una corrida contra el peso. De modo que un gobierno que goza del beneficio de una aumento exponencial del precio internacional del cobre, y por eso mismo de una valorización de la moneda nacional y del incremento de la recaudación de impuestos, se enfrenta a una debacle política y también financiera. El reclamo a favor de un tercer retiro de las cuentas de las AFP obedece a la miseria implacable que se ha abatido sobre los trabajadores de Chile, sin que el gobierno hubiera suplido las consecuencias económicas de los confinamientos debidos a la pandemia, con una ayuda social adecuada. Además de ese retiro de dinero, quienes convocan a la huelga de mañana agregan la necesidad de un fuerte subsidio a los trabajadores sin empleo y a todos aquellos perjudicados por la gestión capitalista de la pandemia. Como ocurre en Argentina con los Fernández y en Brasil con Bolsonaro, los subsidios del Estado se han retraído a menos de la mitad de lo que habían sido en la llamada ´primera ola´.

El derrumbe de la Bolsa tiene, por sobre todo, una causa política, pero la financiera no es menor. Las AFP constituyen, en Chile, el “mercado de capitales local” con el que sueña el argentino nacionalista Martín Guzmán. El ´top´ de la prensa financiera internacional, The Wall Street Journal, ha advertido, en varias ocasiones, contra los retiros de fondos de las AFP, como un retroceso sin retorno para el capitalismo chileno. Es lo que piensa, como se ve, el mismo Piñera y su “comité político”, que ahora no sabe hacia qué lado disparar, pues hay quienes recomiendan que vete la ley del tercer retiro – un derecho constitucional que tiene, que no es afectado por la decisión del Tribunal Constitucional. Si siguiera este consejo, Piñera debería tener listo un avión en el aeropuerto internacional de Santiago.

El ímpetu que han cobrado los acontecimientos políticos en Chile, dejan en evidencia la cortedad de miras de quienes, en la derecha y en la izquierda, caracterizaban que la Convención Constitucional en ciernes era un dique de contención de la crisis de régimen político, de un lado, y de la rebelión popular, del otro. Ni unos ni otros han advertido la envergadura que ha alcanzado la crisis mundial capitalista, ni menos todavía la crisis histórica que ha desatado la pandemia – la cual confronta en grado extremo a la sociedad capitalista con la salud y la vida del género humano. La crisis humanitaria que ha desatado el capitalismo, no la pandemia, como consecuencia de los desafíos históricos que ha planteado la pandemia, se encuentra en la base de todos los procesos de disolución política, arriba, y rebelión popular, abajo.

La promulgación de la ley del tercer retiro no detiene la crisis abierta, en primer lugar porque no alcanza para paliar el hambre popular. La desautorización política del fallo del Tribunal Constitucional, mina el último reducto del gobierno. La caída de Piñera sería una catástrofe para el centroizquierda y el partido comunista, que tendrían que asumir responsabilidades de gobierno sin ninguna condición para ello, y bajo el acecho de una crisis social enorme. Tampoco les interesaría transferir el poder a la Convención constitucional, para que elija un gobierno provisorio, porque esto implicaría la disolución del Congreso en funciones y del Tribunal Constitucional. Asistiremos a un despliegue de esfuerzos gigantescos para hacerle el ´aguante´ a Piñera hasta las elecciones presidenciales que deben tener lugar dentro del año. Es un terreno excepcional para desarrollar la fuerza de una corriente revolucionaria socialista, que primero debe ser constituida.

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