La Jornada del Salario Ínfimo

Escribe Jacyn

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El “Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil”, ente tripartito que integran funcionarios del gobierno, empresarios y representantes de la burocracia sindical -y ahora, también, la “piquetera”- acordó un incremento del 35% en 7 tramos. Esto significa que de los $21.600 actuales, el “piso” de indigencia alcanzará $29.160 recién en febrero del año próximo, con una cláusula de “revisión” en septiembre.

El acuerdo fue alcanzado con la condescedencia de toda la burocracia que apoya al gobierno. La CGT había “reclamado” una mejor del 35-40% en dos cuotas; a Yasky se le ocurrió que era mejor liquidarlo en una. El único que se abstuvo -es decir, tampoco votó en contra- fue Peidró, el representante de la CTA de “Cachorro” Godoy. La pata “combativa” de la CTA reclamaba un salario mínimo de pobreza, $60.800. La izquierda y los “movimientos sociales” que le responden hicieron una acción callejera -“simbólica”, anunciaron- con ese mismo reclamo.

El monto aprobado por el ente burocrático-sindical-empresario fija un verdadero subsuelo salarial para un conjunto de prestaciones asistenciales, entre ellas la AUH y la jubilación mínima, que abarcan a varios millones de personas. El “salario mínimo”, que no tiene nada de vital, no es, por lo tanto, simplemente una referencia testimonial. En términos políticos, el “Consejo del Salario” aprobó la desindexación de salarios y jubilaciones que el gobierno ofrenda al FMI para suscribir un acuerdo – cuyos términos serán más draconianos aún. Esto demuestra que el “Consejo” de marras es un ariete del empobrecimiento generalizado de la clase trabajadora.

Según un estudio publicado por El Economista (27/4), el “salario mínimo” debería aumentar el 70/%, solamente para recuperar lo perdido en los últimos cinco años. Para alcanzar, en cambio, el costo de la canasta familiar, el incremento debería ascender al 600%. El reclamo de un salario mínimo equivalente al costo de la canasta familiar es irrenunciable, pues es la única manera de asegurarle a cada trabajador o trabajadora la posibilidad de sostener a una familia, realizar su propio proyecto y garantizar su relativa independencia. La única forma de lograrlo es mediante la lucha, la organización y la huelga general. La presencia “simbólica” de la izquierda frente al Ministerio de Trabajo para reclamar por un salario mínimo equivalente a la “canasta básica” de 60 mil pesos -cuando el alquiler de un monoambiente en la Ciudad de Buenos Aires no baja de 25-30 mil pesos- es una expresión extrema de su degradación política y programática.

Mientras que el aparato del PO “oficial” e Izquierda Socialista reflotaron el Plenario del Sindicalismo Combativo para esta ocasión, el PTS y el MST hicieron rancho aparte con sus respectivos agrupamientos, luego de un encuentro en Madygraf diez días atrás. Las delegaciones sindicales no se hicieron casi ver. El Polo Obrero oficialista y otros grupos del Frente de Lucha aportaron a la jornada con un corte en el Obelisco. La fractura al interior del FIT-U se hizo evidente, sin que nadie se esmere por explicarla y definirla. La reivindicación de un salario mínimo de 60 mil pesos, consagra un reconocimiento a la canasta de pobreza, ya que la familiar es más del doble. No se trata de una táctica de regateo, porque el gobierno rechaza tanto un monto como el otro, pero significa el abandono de un principio fundamental: cobrar como mínimo, bajo el capitalismo, el equivalente al costo de mantenimiento de una familia. Ninguna de las corrientes presentes reclamó contra la presencialidad en escuelas y lugares de trabajo no esenciales, esto cuando los contagios en uno y otro lado crecen en forma “exponencial” – en palabras de Carla Vizzotti.

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