Confirmado: la presencialidad en pandemia enferma y mata

Escribe Ana Belinco

Según un estudio de investigadores del CONICET.

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Grupos de investigación del Instituto de Cálculo e Instituto de Ciencias de la Computación, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y CONICET, y colaboradores de diversas instituciones universitarias y científicas de Argentina han publicado un “Informe sobre el Impacto de la presencialidad escolar en los casos confirmados de COVID-19”, dividido en tres capítulos.

CABA, conurbano e interior bonaerense

En un estudio comparativo entre las jurisdicciones, según los datos relevados por los autores del informe, estos concluyen que “en un contexto de alta cantidad de casos, la suspensión temporal de la educación presencial en el Conurbano a partir del DNU presidencial disminuyó la circulación viral comunitaria y produjo una disminución más veloz y pronunciada de la cantidad de casos confirmados en comparación con CABA y el resto de la Provincia de Buenos Aires, donde se mantuvieron las clases presenciales”.

En el conurbano, donde hubo clases virtuales, luego de las últimas restricciones, la disminución de casos fue del 22%; en el resto de la provincia de Buenos Aires, donde se mantuvo la presencialidad, la reducción fue de sólo el 11,4% y en CABA, se redujo apenas el 13,2%. “Tomando en cuenta todas las líneas de evidencia presentadas, la virtualidad no sólo parece haber reducido notablemente los contagios en la franja etaria 5-11, sino que también redujo los casos en la población general, evidenciado por una pendiente negativa mayor, observada a partir del 22/04 en el Conurbano. Este efecto es aún más notable cuando se tiene en cuenta que la presencialidad en CABA y en el resto de la Provincia de Buenos Aires (Interior PBA) fue muy reducida durante la semana del 19/04 al 23/04”.

El análisis estima que, si en el conurbano no hubieran existido las medidas restrictivas en materia de presencialidad escolar, la consecuencia hubiera sido una media de 2.500 nuevos contagios, mayor presión sobre las unidades de terapia intensiva y, finalmente, el incremento de los fallecimientos semanas después. Es importante agregar, por otra parte, que durante el periodo analizado, especialmente en CABA, la presencialidad escolar se vio reducida por la huelgas docentes, que contaron con el apoyo de las familias que no enviaron a los chicos a las escuelas, resguardo de la salud y de la vida, mientras los gobiernos montaban un show de enfrentamientos verbales y judiciales y la Corte Suprema de Justicia le daba rienda suelta a la política bolsonarista de Larreta en nombre de la ´autonomía porteña´, al que AF -un presencialista asustado- se mostró incapaz de poner en caja a pesar del desmadre sanitario.

Otro señalamiento relevante del informe atiende a la cuestión del AMBA como una unidad urbana. “Asimismo, es necesario aclarar que es esperable que dicha disminución de la circulación viral en el Conurbano tienda a desaparecer con el tiempo, dada la constante circulación de personas (y generación de contactos) entre el Conurbano y CABA. La mezcla de dos poblaciones con incidencias diferentes siempre tiende a la homogeneización de las mismas”.

Como resumen de este punto, los científicos concluyen que:

Uno, en un contexto de alta incidencia viral y con circulación comunitaria de variantes más contagiosas (Reino Unido, Manaos, variante Andina), la escolaridad presencial conlleva mayor riesgo de contagio para niños, niñas, adolescentes y docentes en comparación con la escolaridad virtual.

Dos, la suspensión temporal de la educación presencial disminuye la circulación viral comunitaria y, aún en un contexto de casos a la baja, produjo una disminución más veloz y pronunciada de la cantidad de casos confirmados en el Conurbano. Este efecto fue claramente distinguible a pesar de que CABA y el resto de la Provincia de Buenos Aires, que no pasaron a educación virtual, no tuvieron un alto porcentaje de presencialidad durante la semana del 19 al 23 de abril.

Semáforos epidemiológicos: administrar la enfermedad y la muerte

En otro apartado, el informe señala que el Center for Disease Control and Prevention (CDC), en Estados Unidos, propuso un semáforo donde considera “Alta Transmisión Comunitaria” (y donde se sugiere la suspensión de la presencialidad) con más de 100 casos semanales por cada 100 mil habitantes.

Cuando la provincia de Buenos Aires suspendió las clases en el Conurbano, se registraban 475 semanales cada 100 mil habitantes. En ese mismo momento, CABA -cuando Larreta decide desconocer el decreto presidencial- registraba 610. Asimismo, en casi todo el interior de la PBA (región no afectada por el decreto presidencial), la incidencia de casos era de 350 cada 100 mil habitantes.

“En el momento del decreto presidencial que determinó la suspensión temporal de la presencialidad en CABA y el Conurbano, la incidencia se encontraba muy por encima de los niveles máximos sugeridos para escolaridad presencial en los países analizados”.

Si llevamos hasta el final las conclusiones, nunca se deberían haber retomado las clases presenciales, porque motivó que los casos se dispararan, mientras que, cuando se cerraron las escuelas, disminuyeron. Los “semáforos epidemiológicos” para garantizar la presencialidad -promocionados por todos los gobiernos y algunos izquierdistas- son la “muerte administrada”.

La evidencia internacional

A la hora de reseñar otras evidencias científicas internacionales, los investigadores concluyen que “la suspensión de la presencialidad escolar puede ser una herramienta efectiva para disminuir la circulación comunitaria del virus, en particular cuando es combinada con medidas complementarias de intervención no farmacológica”. Se remiten a numerosas investigaciones que apuntan en ese sentido.

Entre los estudios citados, se encuentra el de investigadores austríacos, publicado en la revista científica The Lancet, quienes observaron que con los cierres, la contagiosidad se reduce y con las aperturas, aumenta. Según estos investigadores, “el cierre de instituciones educativas es la segunda medida más efectiva para reducir la circulación viral (luego de la cancelación de reuniones sociales)”. Asimismo, un reporte del CDC, principal ente de control epidemiológico de Estados Unidos, reconoce que la probabilidad de introducir COVID en las escuelas y generar transmisiones dentro de las mismas (tanto en alumnos/as como en el personal educativo) es mayor cuando los niveles de transmisión comunitaria son elevados. “Un estudio poblacional conducido entre marzo y mayo de 2020 en Estados Unidos que concluye que existió una asociación entre el cierre de escuelas y un declive significativo tanto en la incidencia de COVID-19 como en la mortalidad”. Como antecedente, un informe que estudió la transmisión de SARS-CoV-2 en 130 países y territorios concluyen que si bien el cierre de escuelas no puede considerarse como una herramienta suficiente por sí misma para suprimir un brote de circulación del virus, “es en general efectiva para reducir la transmisión”.

También se hace mención a un trabajo sobre el impacto de la apertura de clases presenciales y semipresenciales en Estados Unidos, en el que se analizan los casos detectados en contactos estrechos (convivientes). “En el caso de familias de estudiantes que asisten jornada escolar completa y semi completa se observó en la mayoría de las escuelas, un marcado aumento de casos detectados, y en el caso de docentes trabajando fuera del hogar se observa un incremento de casos positivos”. También refiere al caso de Israel, donde cada apertura del sistema escolar traía aparejada una suba significativa de los contagios.

Otro estudio analiza y pone en perspectiva múltiples ejemplos de transmisiones asociadas a clases presenciales en Italia, Israel, Chile, Suecia, Australia y Estados Unidos, concluyendo el rol de transmisores comunitarios del virus de los niños en tanto en su mayoría son portadores asintomáticos del mismo. Por último, hace mención a un artículo en la revista Science donde un grupo de autores estimó el efecto de intervenciones no farmacológicas sobre la transmisión de COVID-19 en 41 países durante la primera ola de la pandemia, poniendo de relieve que el cierre de escuelas y de universidades sobresalen como medidas con efectividad consistentemente alta en reducir la transmisión del virus.

No sólo se impone seguir organizándonos y coordinando a los diferentes sectores de trabajadores para imponer el cierre de esta presencialidad escolar criminal en pandemia y sin vacunas, que ya se cobró miles de infectados y la vida de 75 trabajadores de la educación a nivel nacional. La única herramienta efectiva para contener la difusión del virus es la interrupción de la circulación, por lo tanto, el cierre de todas las actividades no esenciales. Eso implica un financiamiento que debe ser cargado a la cuenta de los capitalistas y especuladores internacionales. La contradicción entre el virus y la vida humana implica remover a este régimen basado en la explotación del trabajo ajeno.

A los gobiernos y las burocracias sindicales que lo sustentan, tenemos que oponer la autoorganización de la clase en la defensa de la salud y de la vida.

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