Qué celebran Del Plá-López-Pitrola

Escribe Marcelo Ramal

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Claudio Del Plá, Pablo López y Cristina Foffani han calificado como “contundente” al fallo judicial de primera instancia que ordena al Partido Obrero de Salta ´cesar en el uso´ de este nombre, por pedido del aparato nacional del PO. La celebración es curiosa, porque ellos mismos no han recuperado nada: no se les ha ´devuelto´ el partido mismo, porque esto no se obtiene en estrados judiciales, ni tampoco la etiqueta electoral, porque para ello tendrán que lograr el reconocimiento que exige la ley. El fallo tampoco es “contundente”, porque, en lo judicial, no es una sentencia definitiva, y en lo político ha provocado la sorna de varios medios de la provincia, que destacan que tres mosqueteros de la revolución buscan recuperar su personalidad política con el auxilio de la Justicia burguesa. Estos tres jinetes del Apocalipsis se inscriben en una historia vergonzosa, porque no es la primera vez que recibimos impugnaciones “contundentes”. El mismo 24 de marzo de 1976, el primer decreto de la Junta Militar nos eliminó de la ´legalidad´ como Política Obrera, lo cual nos obligó a presentarnos a las elecciones de 1983 como Partido Obrero. Si ahora debiéramos cumplir, en segunda instancia, con el abandono del nombre de Partido Obrero, saldaríamos cuentas definitivas con Videla, Massera y Agosti, volviendo a Política Obrera. La arbitrariedad de un juez habría logrado nuestra absolución histórica. El aparato del PO deberá obtener recursos de mayor altura para lidiar con nuestra Tendencia.

El saludo al fallo judicial es significativo también por otro motivo. Adentro y afuera, la Justicia en Salta es conocida por el ensañamiento con niñas y mujeres abusadas, y por la falta de contemplación por los niños desnutridos; los medios de comunicación señalan, en diversos casos, conexiones con el narcotráfico. Celebrar la “contundencia” de un fallo en estas condiciones, cuando tampoco se ajusta a la realidad política de la provincia, que es el nudo del litigio, constituye un acto de complicidad con el aparato del estado capitalista. Estos festejos sin principios son acompañados también por dirigentes del aparato, como Néstor Pitrola, que considera una “usurpación” que el PO de Salta se encuentre en manos de la mayoría de quienes lo construyeron y de quienes conquistaron la legalidad electoral con su esfuerzo militante. La abundancia de calificativos impúdicos de parte de este aparato revela su falta de altura política, lo que prueba que es un aparato. El reclamo del derecho de Tendencia, que los estatutos del Partido Obrero obligan acatar, fue, por el contrario, acompañado, de nuestra parte, con fundados documentos políticos que abordaban una crisis en el partido. Hemos dado tratamiento político a una crisis política. Los tres mosqueteros de la capital de Salta saben muy bien que la “autoridad” que les permite recurrir a los estrados judiciales, fue establecida a espaldas del PO, y de su propio comité nacional electo.

Para colmo de infortunios, el terceto celebra al Poder Judicial cuando el gobernador y la Legislatura de la provincia han convocado a una Asamblea Constituyente para otorgar inamovilidad a los jueces de la provincia. Mientras los Fernández se empeñan en quitársela al Procurador General, Gustavo Sáenz quiere restaurarla en la provincia. El tránsito al sistema vitalicio será usado por el Gobernador, para seleccionar jueces a su capricho. A Del Plá y cía. no se le ha ocurrido nada mejor que arrancar la campaña electoral mediante la celebración de la “contundencia” de ese Poder Judicial. Estos son los que dicen reclamar la “elección popular de los jueces”, mientras celebran los fallos de una Justicia que no tiene el aval de los votos de la ciudadanía.

Los mencionados celebran un fallo que ratifica una legislación curiosa. Porque los llamados partidos nacionales que gozan del derecho de intervenir distritos y a cambiar y recuperar nombres, no tienen afiliados; sólo los tienen los partidos de distrito. Del Pla y cia renunciaron a ese nombre cuando se apartaron del PO salteño e iniciaron la legalización del Frente Unidad Trabajadora. Por otra parte, si el Partido Obrero de Salta es forzado a cambiar de nombre estaría faltando a la voluntad de quienes se afiliaron bajo esa denominación. En resumen, los tres jinetes apelan a la arbitrariedad de una ley, no a los principios elementales de la democracia. Han aprendido a rosquear, lo cual los descalifica como militantes obreros y socialistas. La militancia del PO de Salta -que adhiere mayoritariamente a la Tendencia- deberá dejar de usar ese nombre, no por una decisión soberana de sus afiliados y militantes, sino por un fallo judicial.

Los medios de Salta han advertido al instante lo que ha ocurrido; “Del Plá recurrió al escritorio para quedarse con el sello del Partido Obrero” – señala el periódico Voces Críticas, en alusión a los equipos que se anotan los tres puntos por sanciones o medidas administrativas ocurridas fuera del juego o “fuera de la cancha”. Cuando tuvo lugar la crisis del Partido Obrero, Del Plá y Lopez, en minoría, renunciaron a continuar actuando dentro del PO salteño, incluso como una tendencia. No podían reclamar la vigencia de la democracia interna, porque ellos mismos se asociaron a la expulsión sumaria de mil doscientos militantes que reclamaron ese derecho a nivel nacional. En el colmo de la provocación, la presentación judicial del aparato denuncia al PO salteño por “no haberse integrado” a la personería nacional del partido, cuando aquellos que ya se encontraban en esa condición (Tucumán, Jujuy) fueron intervenidos. El partido que se opone a la intervención federal de las provincias, que autoriza la Constitución nacional, en cabeza del aparato la aplica en su organización interna. La intervención a una organización del partido sólo puede justificarse por la comisión de hechos aberrantes o en una situación de guerra civil – cuando se practica como norma es liquidacionismo de aparato. Los estatutos del PO obligan a integrar a las Tendencias que se constituyen en un cuadro de crisis política, a los organismos y a su dirección en proporción a sus fuerzas, respetando la mayoría con que cuentan en un conjunto de distritos. El aparato, en cambio, expulsó a los adherentes a la Tendencia, y en las regionales donde no logró hacerlo, por carecer de la más mínima adhesión, echó mano del Estado y de su legislación para intervenirlas.

Liquidacionismo

Otro medio de prensa de Salta advirtió: “Del Plá no come ni deja comer”. Es que la privación eventual del nombre al PO de Salta, no significa que lo pueda utilizar Del Plá. Del Plá no tiene partido ni personería – concurre a las elecciones en las listas de una alianza armada entre el PTS y el MST. Si el fallo prosperara, Del Plá-López habrían logrado borrar al Partido Obrero de este proceso electoral. No “comen ni dejan comer”, o sea, son liquidacionistas. Esto no comenzó ahora: en la elección de 2019, con el PO integrado al FIT-U, Del Plá y sus aliados de lista boicotearon la publicidad de la candidatura de Violeta Gil. En el interior de la provincia, donde sólo el PO llevaba candidatos (una decena de municipios), Del Plá y el FIT-U no llamaron a votarlos. El aparato actúa por encima del interés de las masas y del propio partido. Más allá de la capital, en Rosario de Lerma, Orán, Metán, Tartagal, Aguaray, Colonia Santa Rosa y varios otros distritos cruciales, estará sólo, de nuevo el Partido Obrero, en la lista Partido Obrero-Nuevo MAS.

Nombres y programas

Del Plá y compañía saben muy bien lo que celebran cuando acarician la posibilidad de lograr, mediante un juez, quedarse con el nombre “Partido Obrero”. Es una euforia proporcional al repudio que ha generado entre los militantes del PO salteño, a la escala de toda la provincia. Pero la euforia exagerada -“asunto terminado”, “fallo contundente”- delata a una clique vaciada de ideas políticas, que ha puesto sus intereses arriba de todo. Del Plá-Foffani-López han avalado sin reservas la política parlamentaria que otorgó quórums a presupuestos de ajuste, caucionó la “emergencia alimentaria” trucha pactada entre Fernández y Macri, avaló la ratificación de un tratado internacional acerca del sionismo urdido por Trump y Netanyahu, y ahora está embarcado en respaldar las operaciones inmobiliaras de Lammens y Tinelli. De nuestro lado, las cosas son diferentes: Política Obrera-Partido Obrero, una única historia inescindible.

Las crisis de los partidos no pueden ser caracterizadas o evaluados por la razón o falta de ella en la pelea interna. La crisis del PO ocurre cuando el electoralismo al que se han aferrado el FIT-U y el PO, como método de construcción de un partido revolucionario, es cuestionado por una crisis capitalista que se ha convertido en humanitaria y es atravesada por rebeliones populares a escala internacional. El PTS, primero, preguntando polémicamente contra nuestra Tendencia, dónde está la crisis, y luego, dónde están las rebeliones populares, seguido al paso por el aparato oficial, que descubrió una invencible “iniciativa estratégica” de la burguesía en medio del derrumbe (Ver polémica de Altamira en “En Defensa del Marxismo”, diciembre 2018); no hablemos del MST, aliado en su momento de la Sociedad Rural y de Luís Juez; toda esta divergencia es testimonio del enfoque irreversiblemente conservador de nuestros oponentes y su continua preocupación por la llamada ´opinión pública´. Es lo que los llevó a ser camaradas de ruta de la patronal de la educación privada en la reivindicación de la “presencialidad segura”.

La crisis política en la izquierda, como por otra parte en todas las organizaciones, partidos y estados, es la expresión de una gigantesca transición histórica de carácter revolucionario.

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