La pobreza tiene cara de mujer: los hogares con niños a cargo

Escribe Ana Belinco

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Según un documento de Unicef y la Dirección de Economía y Género del ministerio de Economía, 7 de cada 10 chicos, chicas y adolescentes menores de 18 años que viven en hogares a cargo exclusivamente de mujeres son pobres.

El estudio sostiene que “en los hogares monomarentales, con jefatura femenina, la pobreza alcanzó al 59% de los hogares y al 68,3% de los niños, niñas y adolescentes”. y la indigencia al 23,6%, y que dichos hogares son los que “enfrentaron el mayor impacto negativo de la crisis por COVID-19 y son los más alcanzados por la pobreza y por la crisis de los cuidados”.

A nivel nacional este escenario marca que de poco más de 13 millones de menores de 18 años, 7,5 millones viven en hogares pobres, y de ese total 1,2 millones viven en hogares a cargo exclusivamente de mujeres. Los menores de 18 años en hogares monomarentales son 1,7 millones (Clarín, 25/5).

El documento destaca que la pérdida de empleo durante la crisis del COVID-19 se concentró en los trabajos informales, mientras que las madres “que están a cargo de hogares con niños, niñas y adolescentes son quienes enfrentan los mayores obstáculos para reincorporarse a la vida laboral y mantener sus puestos o buscar un nuevo empleo”.

Además del servicio doméstico en casas particulares, las mujeres son la mayor parte de los trabajadores en actividades como los servicios sanitarios y sociales que, al ser considerados esenciales durante la pandemia, no redujeron su actividad, quedando desproporcionadamente expuestas a riesgos de contagio y a la extensión de las jornadas laborales. Estas jornadas flexibilizadas en el mercado laboral se vieron superpuestas con el trabajo no remunerado en el hogar y del cuidado de los hijos.

Esta situación se vio profundizada porque se discontinuaron los servicios educativos, sin que se dieran licencias ni asistencias sociales sistemáticas y suficientes para las trabajadoras a cargo de menores mientras tampoco se garantizó el acceso a la educación virtual por medio de dispositivos y conectividad a cargo del Estado. La falta de inversión en garantizar subsidios que permitan llevar adelante el aislamiento en defensa de la vida, así como para garantizar la educación remota en contexto de pandemia, implican mayores desigualdades en el futuro acceso al trabajo y, por ende, también mayor pobreza.

Como se trata de un informe oficial, el estudio concluye que “el aumento de los niveles de pobreza fue amortiguado por diversas medidas de protección de ingresos que tomó el Estado para cubrir a los hogares más vulnerables. La “La amortiguación de la pobreza” es una frase hecha, que no solamente revela ignorancia e insensibilidad. Su propósito es exculpar al gobierno, al estado y al capital, que se presentan como “amortiguadores” de una crisis humanitaria que es enteramente la responsabilidad de un régimen social históricamente en decadencia.

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