Salta: suspender elecciones, suspender movilizaciones

Escribe Julio Quintana

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El aparato del PO oficial decidió ir atrás del gobernador de Salta y apoyar la suspensión de las elecciones adelantadas, con el argumento de que bajo el actual cuadro sanitario de la provincia, “resultó insostenible la fecha de las elecciones”. Es lo que sostienen también los macristas y kirchneristas locales, que calificaron de “sensata” la suspensión. Gustavo Sáenz no hizo más que obedecer a la curia católica que se la exigió. Suena curioso, pero los defensores del ausentismo electoral son todos ‘fans’ de la presencialidad escolar. Al revés también: nuestra Tendencia, que se opone a la presencialidad escolar y en labores no esenciales, ha denunciado la suspensión de esos comicios. Defendemos la salud, nos oponemos a atropellos políticos. En este laberinto hay una lógica – sólo se trata de conectar los hilos.

Contagiarse de Covid sí, votar no

El aplazamiento electoral fue presentado por Sáenz, bien lo saben Del Pla y López, como una medida para resguardar la salud de los salteños. En Salta, el virus tiene domicilio propio, gracias a la política de apertura generalizada y presencialidad. Incluso en los nueve días de confinamiento mentiroso de los Fernández y los Larreta, sólo aplicó restricciones (no cese de la circulación) en 9 de los 24 departamentos de la provincia. Es decir que mientras siguen creciendo los contagios y los hospitales del sur provincial ya han colapsado, el pueblo trabajador salteño debe seguir volcándose a las calles y amontonarse en colectivos y lugares de trabajo, no en un domingo electoral, sino todos los días. Lo mismo quienes no tienen un empleo fijo o estable, porque el gobierno del Banco Macro no ha soltado un mango de subsidio social, ni aliviado en nada la presión psíquica y económica del personal de salud, o sea largas horas y salarios bajos.

La pandemia y el Estado

Claudio Del Plá tuiteó que “al anuncio de postergación de la elección, Sáenz debería agregar qué medidas va a tomar para subsidiar a los que están obligados a dejar de trabajar por la cuarentena... y cuales para garantizar los profesionales que están faltando en los hospitales del interior”. Del Plá se ha convertido en consejero de Sáenz en lugar de denunciar que no ha tomado ni tomará las medidas que estén al servicio del interés de las mayorías. Si esto ya es un volantazo vergonzante de la historia del Partido Obrero, más grave, incluso, es que se ponga de consejero luego de apoyar una decisión eminentemente política; es como prohibir manifestaciones contra el hambre. El propósito del gobierno con esta postergación es que no se vote en el momento en que, por el pico de contagios y la falta de vacunas, son más claras las acciones y omisiones de los gobiernos patronales en contra de la salud y la vida de los trabajadores. El gobierno que posterga las elecciones, mantiene ese desamparo, para que El Tabacal (Seaboard E.R) siga ganando plata con el azúcar, el bioetanol y otros sub-productos. Necesita evitar que la ciudadanía vote en el peor momento de la crisis y que la campaña electoral pueda ser una caja de resonancia de los agravios que sufren los trabajadores. Como dice nuestra reciente declaración, la pandemia es, por sobre todo, una cuestión política, que maneja el estado en función de sus intereses de clase. Ha tenido lugar una “unión provincial’, con clero incluido, detrás de la suspensión de un derecho político. Quien repase lo que ha escrito el FIT-U, verá que al comienzo de la pandemia se opuso a toda forma de cuarentena con el argumento de que se violaban derechos y se instauraba un régimen de facto.

Electoralismo

Pablo López, un aspirante a jubilarse como legislador, propone que la suspensión de las elecciones sea acompañada de un cronograma electoral completamente nuevo. No obstante esto, nos acusa de electoralistas por oponernos a un abuso de poder del gobernador y la Legislatura, que altera el cronograma electoral dos veces: uno adelantando las elecciones, ahora postergándolas. Para López “una campaña electoral en medio de este cuadro sanitario, con limitaciones a la presencia militante en las calles, solo puede favorecer al régimen gobernante que maneja el aparato y el presupuesto mayoritario para la publicidad electoral. Esto, obviamente, no tiene sentido: Sáenz habría “manipulado” la elección en favor del FIT-U y en contra de sus propios intereses; lo mismo estaría haciendo la Iglesia. López quiere elecciones en ‘tiempos normales’, con todo el mundo vacunado, cuando la memoria de la crisis social, sanitaria y política se haya disipado. Para López, la crisis sanitaria suprime “las calles”, contrariando a todas las luchas y movilizaciones que ha habido hasta ahora. Con el pico de contagios encima se ha votado en EEUU, Chile, Perú, contra la voluntad del gobierno en funciones – y derrotas de las derechas. En Colombia, con más contagios y muertes que en Argentina, por habitantes, tiene lugar una gigantesca rebelión popular – naturalmente, “en las calles” que, según López, “los militantes” no podrían transitar.

De acuerdo a López, “algunas” encuestas dan cuenta del rechazo de la población a votar el 4 de Julio próximo. La abstención es una de las manifestaciones de repudio de la población al régimen político y sus partidos. López la interpreta como un entusiasmo por votar en el verano. Esto sí que es electoralismo estructural. Las elecciones por las elecciones mismas, como una tómbola que sortea legisladores. No se trata, sin embargo, de querer elecciones, sino de denunciar las razones de clase de un gobierno patronal para postergarlas. Esto es, obviamente, el punto de partida de una campaña electoral que soliviante a los trabajadores contra el régimen dominante, y abra más allá de ellas mismas un horizonte de acciones directas.

Es probable que un necio vea en esta polémica un nuevo ‘round’ de disputas en la izquierda. Pero está claro que expone dos concepciones de la lucha de clases y dos métodos políticos. De la claridad en estos puntos depende una victoria histórica de los trabajadores.

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