Una “gran coalición” inviable en versión sionista islámica

Escribe Emiliano Monge

La fragilidad irremediable de un estado históricamente artificial.

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La oposición llegó a un acuerdo “contrarreloj” para formar gobierno desplazando a Netanyahu que estuvo 12 años en el poder. Es una coalición entre 8 partidos de derecha, izquierda y centro, junto a un partido árabe islámico, ligada a los Hermanos Musulmanes y a Erdogan. De no haberse conformado un nuevo gobierno, se hubiera ido a nuevas elecciones, en medio de una enorme crisis política nacional e internacional. Sin embargo, la coalición de “salvación nacional” es tan inestable que muchos se preguntan si durará algunos meses (NYT, 2/6). Otros imaginan que no conseguirá la ratificación parlamentaria debido a deserciones súbitas.

La coalición que desplazó a Netanyahu cuenta con 61 diputados de extrema derecha, dos de ‘centro’ y dos de centroizquierda. El partido árabe apoya con sus cuatro votos decisivos. “Las enconadas disputas sobre el reparto de ministerios han forzado la prolongación de las negociaciones al límite” (El País, 2/6). Lapid informó que el futuro de Cisjordania quedó “fuera del acuerdo“, en vista de que la derecha de la coaiición representa los intereses de los colonos. Bennett y Lapid rotarán la jefatura de gobierno desde el segundo año. Antiguo aliado de Netanyahu, Bennett “es descrito como más de derecha que el primer ministro” (NYT, 2/6).

La demanda que debe enfrentar el nuevo gobierno de coalición es la ‘reconstrucción’ de Gaza, que el gobierno de Biden ha planteado como imprescindible para desalojar a Hamas y levantar el bajo perfil de la Autoridad Palestina. Esta ‘reconstrucción’, junto a la del acuerdo nuclear con Irán, sería usada para organizar una coalición internacional con la Unión Europea, para contener un flanco de crisis frente a Rusia y a China.

La incorporación del partido islámico al Gobierno fue precisamente promovida por Netanyahu en las pasadas elecciones, al alentar al partido de Mansur a romper con la Lista Conjunta (una coalición de fuerzas de la minoría de origen palestino) y prometerle ayudas para su comunidad a cambio de su apoyo en la Kneset (ídem).

La caída de Netanyahu y la emergencia de una coalición inviable, refleja el impasse histórico de un Estado que se funda en el arsenal militar y el respaldo del imperialismo mundial. La crisis mundial desatada hace década y media, agravada por la crisis humanitaria que ha producido la pandemia, ha servido al estallido de todas las contradicciones de ese estado, incluídas nuevas rebeliones populares, pero esta vez de carácter internacional y al interior de Israel. No es por accidente que Netanyahu caracterizara esta combinación explosiva como el principio de una guerra civil, dentro de un estado que suponía asentarse en la unidad monolítica de la ‘etnia’. Estamos ante otro episodio en que la reivindicación identitaria cubre los embates de la decadencia del capitalismo y la agudización internacional de la lucha de clases.

El desarrollo de la crisis del estado sionista reivindica las consignas históricas de la IV Internacional, a favor del derecho al retorno del pueblo palestino desplazado, la formación de una República Palestina única, laica y socialista para todos sus habitantes y la constitución de una Federación de estados socialistas del Medio Oriente.

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