Femicidio en Merlo: en la semana del #3J otro crimen de todo el régimen social capitalista

Escriben Agustina Llanes, Julio G. y Patricia Urones

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El día martes, en un potrero ubicado dentro del predio de El Remanso, perteneciente al club Deportivo Merlo, un grupo de chicas que se encontraban jugando al fútbol se topó con el cadáver semidesnudo de una mujer. La víctima, era Sandra Marilín Carriberri, de 43 años. Según los peritajes policiales preliminares del día martes en el lugar del hecho, la muerte podría haber sido el resultado de una grave herida en el cráneo “producto de un golpe con un objeto contundente” (filo.news.com, 3/06). El informe inicial de la autopsia desarrollada el día jueves agrego que el cuerpo presentaba signos de abuso sexual (perfil.com, 03/06).

El caso se encuentra en manos de la fiscal Adriana Suárez Corripio a cargo de la UFI 8 del Departamento Judicial de Morón, en conjunto con la Comisaría Tercera de Merlo. Ante la identificación de la víctima, el día miércoles, los agentes se dirigieron al domicilio de su pareja, Sandro Fabián Zárate, de 45 años, a escasas cuadras del lugar en donde fuera hallado el cuerpo, en el barrio El Pericón. En el medio de la indagatoria, Sandro se quebró y “confesó haber sido el autor del femicidio” (pagina12.com, 2/06). Ayer se procedió, en base a los datos que habrían arrojado las declaraciones y el peritaje del cuerpo y los objetos, a la detención de un presunto coautor, Marcelo Alejandro Zarate, de 32 años, cuñado de la víctima y hermano del agresor.

¿Cómo vivía Sandra?

Enfocados en la descripción de los hechos, los cuáles aún deben aclararse, ninguno de los medios observó un elemento importante, nadie reclamó por la ausencia de Sandra. Según los peritajes iniciales, el cuerpo se hallaba sin vida desde hacía 10 horas. Fue encontrado de casualidad.

Los periodistas que arribaron a la casa de la víctima entre los días martes y jueves, no dedicaron ni un minuto siquiera a observar el estado de precariedad en el cual vivía la familia. La casilla, una estructura de ladrillos, chapas y cartón, con un pozo ciego a cielo abierto y piso de tierra, alojaba a cuatro personas: Sandra, su marido (el presunto agresor) y dos hijas mellizas. El jefe de hogar es changarín y vivían de la venta de metales recolectados en la calle. Hablamos de un núcleo familiar viviendo en condiciones de indigencia. Sandra, ya había sido asesinada por el régimen social.

El Pericón es un barrio periférico perteneciente a la localidad de San Martín del distrito de Merlo, cuya población está compuesta por clase obrera ocupada y desocupada. Las obras de cloacas, agua, gas y pavimento son inexistentes. Las calles se transforman en verdaderos basurales a cielo abierto producto del casi nulo servicio de limpieza. En estas condiciones materiales desenvuelve su vida una población que se halla golpeada por la desocupación masiva y los salarios de pobreza. Hace varios meses, las avenidas y calles interiores del distrito son la radiografía de la miseria social con carros de cartoneros cada vez más jóvenes, vendedores ambulantes y familias que sacan una parrilla a la vereda para vender todo tipo de comidas. No podemos entender la violencia exponencial que se procesa en el sector de los trabajadores más excluidos si no comprendemos las condiciones de miseria y desmoralización a los cuales los expone el régimen social capitalista. A todo el sector de funcionarias feministas que vociferan acerca de los derechos de la mujer, hay que recordarles que la violencia es la última parada de todo un proceso de degradación y vulneración que el Estado les ha propinado.

La punta del ovillo del problema de los femicidios

Mientras la dirección de políticas de género dependiente de la secretaría de Desarrollo e integración social, a cargo de Karina Menéndez, solo se limita a poner a disposición el teléfono de atención a las compañeras en situación de violencia, condena a las trabajadoras municipales a salarios de indigencia, presionados más abajo aún por el uso que la municipalidad hace de las “contraprestaciones” de los planes sociales. No puede ser de otro modo, puesto que la degradación de los salarios y su gemela, la desocupación masiva, es la solución que proponen los Fernández, adhiriendo a los consejos del FMI. La violencia que supone decirle a los trabajadores ocupados y desocupados que no hay plata para aumentos mientras, de otro lado se le paga religiosamente las cuotas a PIMCO, BlackRock y compañía, es la madre de todas las violencias. El Estado municipal, y Nacional, que reproduce la pobreza y se mantiene indiferente ante el deterioro de las condiciones de vida de la población del distrito, luego se exculpa de las consecuencias que esta produce hacia el interior de las relaciones familiares difundiendo una línea telefónica de asesoramiento y acompañamiento.

En una semana que ha sido objeto de numerosas iniciativas de lucha contra la violencia hacia las mujeres, el femicidio de Sandra vino a recordarnos quién es nuestro enemigo, el régimen social capitalista. Pongamos en pie en todos los barrios comisiones de mujeres que tomen en sus manos la tarea de la defensa de las compañeras frente a cada caso de violencia. A su vez, esta organización debe estructurarse en el entendimiento de que es imposible separar este problema del problema más general de la lucha por el aumento de los salarios y las jubilaciones y el restablecimiento del IFE, para lo cual nuestros aliados indiscutidos son nuestros compañeros. La lucha contra la violencia de género está indisolublemente ligada a la lucha contra el capital y por una sociedad socialista en donde la igualdad económica y social sea la base material de la igualdad entre los sexos.

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