A 50 años de Black Sabbath, un grito de rebeldía

Escribe Mauro Abasto

Tiempo de lectura: 2 minutos

La edición del primer disco de Black Sabbath, que el pasado 13 de febrero cumplió exactamente 50 años, fue un acontecimiento que marcó a generaciones enteras, fundó un género musical (el heavy metal), unos cuantos subgéneros y pateó el tablero del mundillo del rock de aquellos años. Es por eso que hoy se le rinde homenaje alrededor del mundo en un aniversario tan significativo como lo es el medio siglo.

Oriundos de la obrera ciudad de Birmingham en Inglaterra y formados en 1968 llamándose “Earth”, tocaban en lugares pequeños haciendo principalmente covers de viejas bandas de blues. Geezer Butler, bajista y principal letrista de la banda, sugirió cambiar el nombre por “Black Sabbath” debido a una película italiana que le había gustado de Mario Bava estrenada en 1963 que constaba de 3 historias de terror. Decía que era un buen nombre porque sonaba “doomy” (sombrío). Este elemento fue importante sumado al hecho de que su guitarrista y a la postre principal compositor, Tony Iommi, había perdido parte de sus dedos de la mano derecha (es zurdo) con una máquina en un accidente laboral trabajando en una fábrica metalúrgica, con lo cual para alcanzar las cuerdas no solo debía tocar con prótesis, sino que además debió aflojar la tensión de las mismas a la altura de los trastes para poder apretarlas. De esta manera consiguió un tono mucho más grave al afinar su guitarra en Do para poder tocar y terminó definiendo la tonalidad característica del heavy metal.

Con este nombre y sonido se propusieron hacer según sus propias palabras “scary music”. El propósito era “asustar”, conmover al público con este enfoque artístico y ahí tenemos al primer track del disco también llamado “Black Sabbath” que arranca con unas campanas, lluvia y un riff de guitarra lentísimo con notas eternas que dejan que entre la voz que narra la historia de una víctima de un ritual satánico en primera persona.

Mas pesados que Deep Purple y menos sofisticados que Led Zeppelin, llevaron la densidad sonora y oscuridad musical a otro nivel con líricas que se acercaban al ocultismo (“NIB” o el mencionado tema homónimo), que contenían una fuerte crítica social como la canción “Wicked World” y que intentaban crear atmósferas e imágenes oscuras acompañadas por la música como en “Behind The Wall of Sleep”, “The Wizard” o “Sleeping Village”.

En pleno auge del movimiento hippie, a pocos meses de Woodstock y el verano del amor, se editaba en la tierra de los Beatles y los Rolling Stones un disco de rock directo, pesado, sin vueltas ni complicaciones, sin adornos ni arreglos rebuscados ni edulcorados que le daba a la juventud la posibilidad de expresarse y disfrutar del arte de otra manera en plena guerra de Vietnam y con revueltas y levantamientos en diversos países del mundo como la otra cara de la moneda.

Las críticas sin piedad que recibió el disco a su salida por parte de los críticos de las revistas de música mainstream de esos años no hacen más que evidenciar con 50 años de vigencia que la edición de “Black Sabbath” fue un grito y un acto de rebeldía.

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