La deuda externa y la ideología

Escribe Jorge Altamira

Tiempo de lectura: 6 minutos

¿”El repudio de la deuda no es una cuestión ideológica”?

¿Se trata solamente “de que el dinero que se destina al pago es dinero que no se invierte en salud, en educación”?

Una cuestión de principios

Esta des-ideologización de la deuda externa fue desarrollada por Nicolás del Caño en C5N y enseguida difundida por La Izquierda Diario (8/2), lo cual supone un planteo con sólido asiento en el PTS. En estos términos, el repudio de la deuda es un asunto presupuestario y tiene que ver con “una redistribución de ingresos” alternativa a la del gobierno y a la de todos aquellos que pretenden honrarla. Aunque estamos, por supuesto, ante los mismos conceptos que se repiten desde los 80, contra “el pago la deuda externa”, hay, esta vez, un salto en calidad que en el pasado no se hacía explícita: a saber, que la cuestión no sería “ideológica”. O sea, que no confronta posiciones históricas antagónicas.

El capital financiero no aceptaría para nada la caracterización de Del Caño. Para el capital financiero es, sí, una cuestión ideológica –una seria cuestión de principios. Entiende el ‘no pago de la deuda’ impuesto por la coacción de una lucha popular como un atentado a la propiedad privada de los medios de producción. Es lo que rechaza LID, para quien no sería un cuestionamiento a la propiedad privada y no implicaría un ataque al capital financiero. Este planteo des-ideologizado caracteriza a todas las presentaciones de la izquierda en torno a la actual crisis de la deuda. La denuncia de la irregularidad de la deuda, de su contratación fraudulenta, del anatocismo (que califica de usura a la deuda que resulta de la acumulación de intereses impagos ); todo esto deja de ser una forma de atizar la oposición popular a los fondos de inversiones y al FMI, para transformarse en otra cosa: en la admisión de que no se pretende atacar el derecho burgués como regulador de las relaciones sociales, sino de enmarcarlo dentro de ese derecho, como un conflicto de partes. No es un ataque al capital sino a un ‘modus operandi’ del capital; es una declaración explícita de que no se trata de un ataque a la propiedad capitalista ni tiene el propósito de trascender las fronteras de la dominación capitalista. No se reconoce a la crisis del endeudamiento como una crisis capitalista, para justificar una ‘salida’ redistribucionista (más gasto social), en oposición a una salida socialista.

Derecho de propiedad

La “ideología” no es solamente un discurso: es una super-estructura política. Es ideológico todo el régimen constitucional y el jurídico vigente, en el sentido de que regula las relaciones y conflictos sociales, sobre el principio del derecho de propiedad. Este derecho de propiedad no es la consecuencia de un contrato, o sea voluntario, sino de un desarrollo histórico concreto, o sea impuesto. La deuda externa forma parte de ese régimen, pues representa un sistema de contratos entre privados y con el estado (deuda pública), que se encuentra regulado por ley y con jurisdicciones establecidas. La cesación de pagos, la quita del monto de una deuda o la prórroga para saldarla debe ser determinada en una sede judicial. La violación de los contratos y de la propiedad solo es admitida en los marcos del mismo derecho de propiedad (quiebras y concursos). Esta super-estructura constituye la “ideología dominante”, porque condiciona la vida social cotidiana y la representación que se desarrolla sobre ella. Es “la ideología de la clase dominante”. Decir “no pagaremos esa deuda odiosa, injusta, prepotente e ilegítima”, significa, si se le otorga un carácter ideológico, postular la quiebra de esa super-estructura y de todos los fundamentos constitucionales, jurídicos, económicos e históricos sobre los que ella se asienta. Presentarlo de otro modo, ajeno a la ideología, es convalidar el régimen social vigente y la superestructura montada sobre él, con la ideología de la clase dominante incluida. En este caso, es un litigio entre partes por una parcela del ingreso nacional, que finalmente deberá ser resuelto en los tribunales. La “ideología” que LID rechaza en forma expresa es la que aborda la crisis de deuda desde el punto de vista de la lucha de clases, o sea como un ataque profundo a la propiedad del capital, con las consecuencias que se desprenden de ello.

Macro-economía

El “no pago” sin ideología se convierte en un economicismo vulgar. Este ‘no pago’ sería lo mismo que una declaración unilateral de default, o sea, una imposición forzada de renegociación de la deuda. Nada indica que, bajo un régimen capitalista, esto beneficie a los trabajadores. Sin otro régimen ‘ideológico’, si vale esta expresión, o sea sin un gobierno obrero, la beneficiaria de esa redistribución sería la burguesía instalada en el país, los arribistas, los burócratas y los oligarcas. El beneficiario, en los nueve defaults internacionales precedentes, fue la burguesía nacional e incluso las inversiones internacionales que no podían seguir pagando su deuda extranjera.

Una frase del ministro Guzmán, en su última comparecencia en el Congreso, cuando advirtió que no permitiría que los fondos internacionales determinen la “política macro-económica” del gobierno, ilustra bien el punto. La ‘macro-economía’ se refiere la política del sector público, no interfiere en las relaciones capital-trabajo, por el contrario tiene el objetivo de consolidarlas. LID y Del Caño se plantan en esa posición “macro-económica”, o sea el manejo del presupuesto, el crédito, en suma, el ingreso nacional; no intervienen en el ámbito de la relación de explotación. Es claro que sin un cuestionamiento de esta relación de explotación no se puede construir una salida socialista, ni desarrollar una clase obrera como rival político de la clase capitalista, su estado y su ideología, o sea como rival toda la super-estructura arbitraria que impone la dominación de una clase por otra.

Lucha de clases

La deuda externa opera como un derecho de propiedad de los acreedores sobre el estado, y por lo tanto sobre la recaudación de ingresos del estado, o sea los contribuyentes. Esta presión agudiza las contradicciones de clase, porque el capital busca que la mayor carga tributaria recaiga sobre los trabajadores. Estamos ante un conflicto ‘ideológico’ – capital versus trabajo, lo que descubre el carácter clasista de la ‘macro-economía’. Por otra parte, el crédito que originó esa deuda se ha esfumado, por ejemplo, en cuentas en el exterior.

El ‘pago o no pago’ se convierte, de este modo, en el destino que se dará a la riqueza a crearse de aquí en más, la cual tendrá lugar sobre la base de la explotación de la fuerza de trabajo por parte del capital. Esa riqueza eventual, antes de que pueda ser distribuida en mayor salud y en mayor educación, como quiere la corriente ‘des-ideologizada’, se producirá en las condiciones de la producción capitalista, que determina, ya desde el lugar de trabajo, antes de que ingrese al mercado, el reparto de esa riqueza entre obreros y capitalistas, de acuerdo a lo establecen los contratos salariales o laborales. El no pago no cambia esta relación de explotación; solamente la puede cambiar la lucha por mejoras salariales, laborales y sociales, y naturalmente la lucha socialista. La salud y la educación dependen de “políticas públicas”: es una discusión del Presupuesto, que no interfiere en la relación de explotación del capital sobre la fuerza de trabajo. A diferencia del reformismo decimonónico, que luchó por cambiar las relaciones de trabajo, el reformismo actual se limita a ‘políticas públicas’, políticas de gastos y políticas de impuestos, cuyos límites son evidentes y cuyo destino no lo es menos: una bancarrota, con o sin hiperinflación. La crisis capitalista y el elevado endeudamiento internacional han puesto en bancarrota a los Tesoros de todos los países.

Crisis de deuda, crisis capitalista

En los términos anti-ideológicos planteados por LID, la cuestión de la deuda externa se ha convertido en una vuelta de la noria de una parte de la izquierda. Se repite a si misma con el paso del tiempo; se reduce al discurso; no atisba una salida a este encierro. Desde la dictadura a hoy todas las crisis de deuda desembocaron en crisis política y rebeliones populares. Es lo que ocurrirá con la actual, en una escala bastante mayor, y no circunscripta a Argentina. La denuncia de la deuda y el planteo del repudio de ella tiene que ser, entonces, recontra ideológico, pues debe preparar a los trabajadores, en su sentido más amplio, para una lucha por el poder. Debe desarrollarse como una lucha de clases contra el capital y como una lucha de clase internacional.

La deuda externa no es solamente una disputa por el ingreso nacional entre acreedores y deudores. Se trata de una sujeción colonial, que condiciona al conjunto de relaciones sociales, de la cual participa la burguesía nativa – de un lado, porque es dueña de gran parte de esa deuda y, del otro, porque explota la presión extranjera, e incluso la extorsión, para atacar las relaciones laborales, con vistas a precarizar y a reducir salarios.

Si la izquierda ‘des-ideologiza’ la cuestión de la deuda externa, ¿qué otra función le asigna a la ideología socialista y los principios de la lucha de clases y el gobierno de trabajadores?

Lo de LID no es solamente un traspié – ideológico.

Suscribite a Política Obrera