Perú: "rodear" a Pedro Castillo

Escribe Jorge Altamira

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Han pasado dos semanas largas desde los comicios de segunda vuelta en Perú, sin que se haya proclamado al Presidente electo. El recuento de votos no sufrió obstáculos, ni mayores ni menores, sin embargo hay quienes aventuran que la Junta Electoral se abstendría de oficializar al ganador hasta el 28 de julio próximo, cuando corresponde la transmisión del mando y la reunión del nuevo Congreso. Para cargar al asunto de una tensión mayor, es cuando se celebra el aniversario 200 de la independencia de Perú. En esta variante, el cuerpo legislativo, que es unicameral, podría convocar a nuevas elecciones. Sería la única hoja de ruta de la derecha fujimorista, el capital minero y la oligarquía peruana para impedir la asunción de Pedro Castillo, el ganador indiscutible de las elecciones. El ministerio de Defensa hizo el pronunciamiento de costumbre a favor del ‘orden constitucional’, no se sabe si para llevar leña al fuego o para apagar la combustión; ya han habido varios pronunciamientos de “militares en retiro”. Es precisamente esta Junta la que tiene arbitraje del conflicto, a pesar de que carece de esa capacidad porque no es un poder político. El fujimorista tardío, Vargas Llosa, en esa línea, pidió que se reserve el derecho a hablar de fraude contra Keiko Fujimori a la Junta Electoral. Un maestro en el uso de la palabra, el escritor no explica cómo pudo haber habido fraude, si no lo perpetraron los organismos electorales. Perú Libre, el partido de Castillo, no pudo haberlo perpetrado porque no es gobierno. Los grandes estudios jurídicos de Perú se han volcado a ensuciar el proceso electoral con demandas viciosas. Como el actual presidente en funciones no llegó al cargo por la vía electoral, sino por el derrocamiento parlamentario de sus antecesores, en las seis semanas que median hasta el 28 de Julio habría, por un lado, un presidente provisional no electo y, por el otro, un presidente debidamente electo, pero no reconocido. Para agravar el impasse, ninguna corriente política tiene mayoría en el próximo Congreso nacional, que se encuentra desmembrado entre más de una decena de fracciones.

Perú ingresa a la cadena de grandes crisis políticas, acompañadas en la mayor parte de los casos de una fuerte movilización popular, con características propias. Chile, Colombia, Haiti, pican en punta; Bolivia entró en breve receso. La burguesía debe navegar, en América Latina, un impasse excepcional de su régimen político. La moneda peruana, el sol, se devalúa por la salida de dinero, y hay también retiros de depósitos bancarios y una caída sostenida de la Bolsa de Lima. El alargamiento de la transición plantea, en el límite, un golpe, apoyado por la pequeña burguesía de derecha, y por otro lado una rebelión popular con protagonismo campesino. Aunque todavía con una mecha más distante del detonador, Brasil, México y Argentina acompañan. Es en estas condiciones que se ha puesto en marcha en Perú una negociación activa de características y alcances internacionales. La política mundial es, cada vez más, un tablero único.

La ‘gran Lula’

Hace menos de diez días, Pedro Castillo se destapó con una ‘gran Lula’, al anunciar que no removería al presidente del Banco Central de Perú, que ajusta los flujos monetarios del país al ciclo de la producción y exportación mineras. Con más de una década en el cargo, ha servido bajo todos los des-gobiernos del período. Lula da Silva, al jurar en enero de 2003, ya tenía en el bolsillo el nombramiento en ese cargo al ex presidente del Banco de Boston.

Un informe de la agencia Bloomberg, que re-publica Perfil, designa como la gran operadora de esta conversión política a Veronika Mendoza, una diputada fogueada, que salió sexta en las elecciones primarias. Veronika Mendoza había sido la candidata deseada de Alberto Fernández y Evo Morales, que la presentaron en sociedad en un acto en la frontera argentino-boliviana. Bloomberg ubica al vocero económico de Pedro Castillo, Pedro Francke, como un asesor de Veronika. Francke es un ex funcionario del Banco Mundial, que en los últimos días se dedicó a que Castillo se desdiga acerca de nacionalizar la minería, cuestionar la propiedad privada e incluso dictar una Constitución, por medio de una Asamblea Constituyente, para reemplazar a la que dictó Fujimori en los moldes de la pinochetista de Chile. “Francke, cuenta Bloomberg, ha pedido prudencia fiscal y metas de inflación y se opone a la nacionalización de empresas”; un Sturzenegger piloso. Cuando Fernández saludó a Castillo como “presidente electo” de Perú, sin que aun estuviera proclamado, simplemente envió la contraseña de que estaba a cargo, con Evo Morales, de la operación política ‘contengamos a Castillo’; fue acompañado enseguida por el uruguayo Mujica y por Lula. En menos de lo que canta un gallo, el macrismo y sus secuaces del “grupo de Lima” salieron a denunciar a los Fernández. Bloomberg observa también que Mendoza, con experiencia parlamentaria, ayudaría a reunir los ‘consensos’ del caso en el Congreso. Lo que no le pasó por alto a Bloomberg no es desconocido por Biden, que es la llave de esta operación política. La OEA, presidida por el ‘gusano’ Raúl Almagro, ha negado que haya habido fraude en Perú; la directora de Derechos Humanos de la ONU, Michele Bachelet, ya ha dicho que todo lo que ocurre en Perú, incluida la victoria de Castillo, es “legítimo”. Massa se acaba de reunir con el encargado latinoamericano de Biden por tres horas, sin que el cubano-norteamericano pusiera la espina de Pedro Castillo en la mesa.

El tema es que Perú es un volcán social más que geológico. El pos fujimorismo fue más compacto en el tiempo en Perú que el pos pinochetismo en Chile, y la secuela de miseria más intensa. El gobierno ha revisado el número de muertos por coronavirus al doble. En el referéndum constitucional de Chile, sólo tres comunas de Santiago rechazaron el acuerdo; en las elecciones peruanas tanto Keiko F. como Pedro Castillo obtuvieron registros del 85% - la primera en los barrios Miraflores y San Isidro, en Lima, el segundo en el pobrerío de todo el país – la sierra y la selva. Perú quedó ‘deconstruido’ en las urnas, aunque no en la representación consecuente de sus intereses. La prensa anti-comunista presenta al fundador de Perú Libre, el partido de Castillo, Vladimir Carrión, como un monje negro del castrismo, pero no dice que Carrión fue gobernador regional sin conmover a nadie y, lo más importante, no hay nada que indique que el gobierno de Cuba se encuentre molesto por la operación de los Fernández.

No hay retorno

Ni Perú ni tampoco América Latina volverán al estadio anterior de cosas, como si la crisis humanitaria de estos dos años y la agudización de la crisis social que la precedió fueran ‘accidentes’ históricos. La estructura política se sacude por los poros y también en los cimientos. ‘Neoliberales’ y ‘populistas’ pretenden confinar sus enfrentamientos en un terreno común; es la señal que les envió la derrota de Trump. Los límites de esta tentativa se pondrán en evidencia en la agudización de la lucha de clases, incluidas las rebeliones populares. Estas son las premisas históricas actuales de una política socialista revolucionaria.

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