El ultraderecha José Kast gana la primera vuelta presidenciales en Chile

Escribe Javiera Sarraz

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De acuerdo a los resultados de las primarias del domingo 21, el fascista José Antonio Kast del Partido Republicano, tendría asegurada la presidencia de Chile, cuando se vuelva a votar el 19 de diciembre próximo. Al 27,9% de los votos de su lista -el Frente Social Cristiano- deberían sumarse el 13% del derechista "liberal" Franco Parisis y el 12,6% del otro candidato de la derecha oficial, Sebatián Sichel (pinochetista): cerca de un 54 por ciento. Este recuento "alegró" a los mercados: el peso registró la mayor suba en 13 años, en tanto que la Bolsa de Santiago anotó una suba del 8 por ciento. Por su parte, el cobre cerró con un alza de un 1,14% en la Bolsa de Metales de Londres.

Gabriel Boric, en cambio, podría no reunir la votación completa de la centroizquierda –la demócrata cristiana Yasna Provoste y el bolivariano Enríquez-Ominami. Provoste espera “un discurso convocante” de Boric, lo que podría costar a éste, en ese caso, una deserción relativa del electorado de izquierda. Sichel, en cambio, dio su apoyo inmediato a Kast, con la reserva de “conversar con él” lo que llamó “diferencias programáticas”.

La incógnita es qué hará el 53% de los electores que se abstuvo de votar. Este nivel de abstención reduce a la mitad el porcentaje de votos que obtuvo cada candidato. En abril pasado, un 85% del electorado había votado por una Convención Constituyente que debía derogar la Constitución pinochetista. Ahora se pone en duda que se plebiscite favorablemente el texto constitucional que apruebe la Convención. La derecha ha ganado un amplio espacio de extorsión para que el documento final termine siendo un compromiso con la Constitución pinochetista.

La derrota de la centroizquierda se produce en el momento de mayor debilidad del gobierno derechista de Piñera. El corresponsal de La Nación atribuye esa derrota a la incapacidad de Boric de aprovechar esa circunstancia. Es una observación demasiado condescendiente, porque esa falta de oportunismo de Boric alude a la complicidad de la centroizquierda para movilizar al pueblo contra la militarización de la Araucanía, votada dos veces por Diputados, y acogida con silencio por la Convención Constitucional. Lo mismo se puede decir de la oposición de palabra que desarrolló contra la posibilidad de que Piñera fue destituído por estafa.

La certeza de los números en cuanto a una victoria de la derecha en la segunda vuelta, puede no coincidir con la política. Los planteamientos fascistizantes de Kast no son necesariamente bien recibidos por la derecha, que teme que ello produzca una reacción popular de mayor alcance que en el pasado reciente. Kast, por otro lado, es una minoría en el Congreso, donde el pinochetismo alcanza el 50% entre todas las coaliciones, y donde la centroizquierda que incluye al partido comunista, ha ganado una representación donde no tenía ninguna. El fascismo de Kast está todavía fuera de época; la derecha "orgánica" esperaba, al comienzo de la campaña, hace tres meses, otra clase de salida para estos comicios. Kast, exagerando un poco, llegaría a la presidencia como un Pedro Castillo de la vereda contraria. Las épocas como las actuales se caracterizan, por sobre todo, por los giros violentos a repetición. El programa económico de Kast -superávit fiscal con reducción de impuestos- podría llevar a Chile a la bancarrota. Kast no está alineado con los intereses de la camarilla de Piñera ni, para el caso, de Sichel.

Durante la noche del domingo, Kast apareció en los medios "ratificando su compromiso de reducir los impuestos para aliviar a las PYMES y derrotar el terrorismo del sur del país", y afirmando que en el balotaje "se definirá si Chile será un país con democracia o comunismo". Tendrá que bajar del escenario a la calle para lidiar con este propósito.

Por su parte, Boric en su primer discurso post elección, aseguró que en esta segunda parte de la campaña electoral está dispuesto a revisar su programa "todo lo que sea necesario’" dirigiéndose especialmente al electorado de Provoste, en primer lugar. Ofrecerse de preservativo no es un planteo "muy convocante".

Rafael Bielsa, el embajador de Argentina, caracterizó el triunfo de Kast como “alarmante”, y lo comparó con Bolsonaro o Trump. Olvidó que los Fernández delegaron a Anibal Fernández, hace unas semanas, coordinar la represión contra los mapuches con los ministros militaristas de Piñera.

Respecto del Senado y sus 50 bancadas, la coalición oficialista Chile Podemos+ (de Piñera) sacó la primera mayoría con 24 senadores; junto al Frente Social Cristiano de Kast, que consiguió una bancada más, obtuvieron el 50% del total de las bancadas. La segunda mayoría la encabeza el pacto de la ex Concertación con 18 bancadas, y luego la coalición de Boric con 7. Dos independientes también llegaron al Senado, entre ellos Fabiola Campillai, ex Lista del Pueblo.

En la Cámara de Diputados, donde se disputaban 155 bancadas, el oficialismo también obtuvo la mayoría (aunque perdió algunas bancadas), seguido por la coalición de la ex Concertación, Apruebo Dignidad de Boric, el Partido de la Gente de Parisi. Kast sólo arrancó una banca. Los llamados independientes conquistaron dos puestos en el Senado y siete en Diputados.

Como también era de esperar, el "Congreso amable para la Convención Constitucional", que pedían progresistas e izquierdistas, no salió del mundo de la fantasía. Ni el sistema binominal, que sólo permite ingresar al Congreso a las grandes coaliciones, ni la implacable Constitución de Pinochet pueden hacer nada amigable por los cada vez más entreguistas y reaccionarios constituyentes de la Convención.

Ejemplo de ello es que, sin ninguna perspectiva y entregándolo todo, la presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncón, proveniente del movimiento mapuche, señaló que el futuro presidente debe ser quien "permita avanzar hacia una nueva Constitución", guiñándole un ojo a Boric. La sesión de la Convención de este lunes comenzó sin referirse a los resultados del día de ayer.

Pero Boric no logra convocar en masa al electorado chileno ni siquiera sumando al Partido Comunista. Apruebo Dignidad le habla a la clase media, que es la que eventualmente no se abstiene de votar. El PC no le habla a la inmensa clase trabajadora chilena de la rebelión. Suponer que eso ocurriría con un PC que abandonó su intervención en las masas desde los ‘70, era francamente ingenuo. Por lo demás, el PC no demoró en mostrar su infantilismo y alinearse discursivamente con Kast sobre ‘el demonio marxista’.

La inflación, la pobreza, el desempleo y una Constituyente muerta en vida anuncian un futuro estallido popular.