Cortes de luz: no son sólo Edenor y Edesur

Escribe Valentina Viglieca

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Se apagó la luz. Un corte de suministro de la energía eléctrica afectó a 700 mil hogares. La mayoría de los barrios con cortes, en esta oportunidad, los abastece Edenor que lo dejó todo oscuro en medio del día. Edesur también fue parte del apagón, pero en menor medida que la semana anterior, cuando dejó a 146 mil familias sin luz para las Fiestas.

Con el diario del lunes las empresas y el gobierno volvieron a cruzarse explicaciones, mientras pasadas más de 12 horas del apagón quedaban cerca de 40 mil familias que seguían sin energía eléctrica. Los cortes dejaron sin funcionar semáforos y hasta plantas potabilizadoras de agua de Aysa. Se sabía que las temperaturas de la segunda semana de enero iban a superar a las de fines de diciembre y se preveía que hubiera cortes –aunque no tantos.

Entre las empresas privadas, el Ente Regulador de Energía Eléctrica (ENRE) y los Municipios terminaron por encontrar dos responsables: las villas miseria y la falta de tarifazo.

Según el Servicio Meteorológico Nacional la del 11 de enero fue la cuarta temperatura más alta registrada desde 1906. En algunos puntos de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano la temperatura superó los 41 grados y el consumo de energía fue de unos doscientos megavatios más que los que originaron los cortes del 29 de diciembre último.

Jugando al huevo podrido

El jefe de Gabinete Juan Manzur y el ministro de Seguridad Aníbal Fernández se reunieron el lunes 10, en la Casa Rosada, con gobernadores e intendentes para prever las consecuencias de las altas temperaturas; entre las recomendaciones figuraba “garantizar equipos electrógenos en las terapias intensivas y de neonatología”, así como asegurar que las vacunas para el Covid 19 contaran con los grupos electrógenos necesarios para no cortar la cadena de frío: esa sola reunión dejaba claro que habría cortes de luz. Sin embargo, Edenor adjudicó el corte masivo a un incendio en una casa en Villa Costa Esperanza, la localidad bonaerense de San Martín.

Según Edenor la casilla se incendió y el calor llegó a un cable de alta tensión, que “desenganchó” la estación transformadora Morón y otra denominada Malaver. Estas afectaron distintas subestaciones incluidas dos de Edesur y eso fue todo. Nada de equipos que se queman por la sobrecarga y la falta de mantenimiento. Para el ENRE era previsible que se repitieran los cortes debido a las altas temperaturas y las mismas condiciones estructurales que dos semanas atrás. Por su parte la municipalidad negó que hubiera habido un incendio, que los bomberos o la Guardia Civil hubieran intervenido. El incendio existió y una familia perdió absolutamente todo en cuestión de minutos.

Las empresas que no dejan pasar oportunidad para recordar que las tarifas están retrasadas respecto de la inflación aprovecharon para salir a cruzar a los trabajadores que viven en las villas de emergencia como responsables de la situación y de futuros accidentes. “Desde Edenor (y también Edesur) apuntan a las construcciones ilegales que 'la política no se anima a resolver' como un factor asociado a las interrupciones del servicio”, (Clarín ,11/01). Se refieren a las viviendas precarias que proliferan ante la falta de soluciones habitacionales.

El incendio de Costa Esperanza no se llevó la vida de ninguno de los habitantes porque no estaban en la habitación donde empezó a quemarse todo. En la casilla vivían tres adultos y un niño, durante 2020 y 2021 fueron más de 7 los chiquitos que murieron en accidentes domésticos a causa de incendios por instalaciones precarias de electricidad, empezando por los hijos de nuestra compañera Yolanda Vargas en el norte salteño. Las condiciones en las que los trabajadores y trabajadoras tienen que garantizarse el suministro de luz son completamente inseguras. Por si fuera poco, algunos vecinos dijeron que el incendio empezó en el cable de alta tensión e ingresó a la vivienda.

Paga Dios

Edesur y Edenor, las dos distribuidoras principales de electricidad del AMBA, pertenecen a capitales diferentes; mientras Edesur es de la empresa italiana Enel, Edenor fue adquirida a precio de ganga en diciembre del 2020, a meses de iniciada la Aspo y la Dispo que según ambas empresas perjudicaron largamente sus balances financieros. “Desde el 30 de septiembre de 2021 -Edenor tiene- un saldo de capital vencido de $ 21.461 millones, más $ 11.890 millones en concepto de intereses y recargos”, (LN, 11/1). La deuda es con la empresa mayorista de electricidad Cammesa.

Edenor fue comprada por 2.000 millones de dólares y con una deuda de 33 mil millones. Los acreedores son una empresa estatal, el mismo Estado que subsidia regularmente las empresas de electricidad para evitar el aumento de las tarifas, en el contexto de una crisis económica que tiene al 50% de los y las trabajadoras por debajo de la línea de pobreza y más de 30% de desocupación, es a quien se le adeudan todos esos millones.

Según la consultora Economía y Energía, el Estado subsidió a las empresas de energía con el equivalente a un 2.4% del PBI en 2021 (10.910 millones de dólares). Montos que habían aumentado un “75% respecto a 2020 y un 130% respecto a 2019”. Sin embargo, las tarifas aumentaron un 9% en las boletas de los trabajadores y se espera que se pongan en práctica los aumentos segmentados en 2022. El cruce entre los K y los voceros de las empresas respecto de la situación de pérdida acumulada por falta de aumentos y la denuncia a la desinversión no es otra cosa que una bomba de humo al desvío continuo de millones de dólares de las arcas del Estado hacia las empresas privatizadas de servicio.

Discutir la nacionalización con ese nivel de inversión estatal es una farsa, las empresas son largamente estatales y los empresarios -nacionales o italianos- ladrones de guantes blancos asociados al gobierno de turno.

Organicémonos para terminar con los cortes de luz, por generadores a cargo del Estado y las empresas en todos los barrios donde hay faltante de energía. Por la entrega de agua potable y camiones cisterna en las barriadas. Por un plan de obras públicas y viviendas sociales con mano de obra calificada desocupada que termine con el flagelo del faltante de luz y de las viviendas inseguras.