El cambalache del PTS ante la guerra de la Otan y Putin

Escribe Julián Asiner

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Una exposición de Matías Maiello en La Izquierda Diario (6/3) muestra el desconcierto de las organizaciones del Frente de Izquierda frente a la guerra. El articulista señala a un sector del FITU envuelto en una política “pro-OTAN” (IS-MST), que apoya la "resistencia ucraniana" comandada por las potencias imperialistas, mientras que ubica al PO oficial dentro de un ala “pro-rusa”, que no le da importancia al problema de la "independencia de Ucrania". Esta última cuestión es, para Maiello, el “elemento central de la guerra actual”. Es, también, la bandera que esgrime la Otan para cercar las fronteras de Rusia, como lo ha venido haciendo en forma sistemática desde la disolución de la Unión Soviética. Colocado del "lado ucraniano" no se observa entonces ninguna diferencia fundamental entre las posiciones de su partido, el PTS, y el bloque que denuncia, IS-MST.

Ninguna guerra debe ser caracterizada bajo el lente pequeño de qué fuerza o país inició las hostilidades. Podríamos ilustrar una infinidad de casos en que ha ocurrido lo contrario –que el interesado en la guerra se las arregló para aparecer como la parte agredida. La guerra franco-prusiana, por ejemplo, que inició Luis Napoleón pero que sólo buscaba el alemán Bismarck, o la invasión de Kuwait, por parte de Irak, inducida por Bush padre, o la guerra Irak-Irán, promovida por Estados Unidos, en apoyo a Irak, e Israel, en apoyo a Irán. Fue una guerra del imperialismo para estrangular la flamante revolución iraní. Lo que importa siempre es el carácter del conflicto en su conjunto y el de las fuerzas que protagonizan la contienda. Es una guerra imperialista. La Otan no es sólo el protagonista fundamental en la guerra actual: es el imperialismo mundial, sin rivales a su altura.

La eliminación de Rusia del sistema internacional de mensajería y pagos es un misil nuclear a su bajo vientre, que de paso pierde la mitad de sus reservas internacionales –el arsenal financiero de guerra de Putin. La resistencia oficial de Ucrania a la invasión rusa declara abiertamente que su propósito es incorporar a Ucrania a la UE y a la Otan, es decir servir de una base más, política y militar, del imperialismo mundial. El objetivo de la expansión de la Otan es la recolonización de Rusia, por medio de un cambio violento de régimen en Moscú. Si el tema o eje de esta guerra fuera la independencia nacional, deberíamos agregar a la de Ucrania la de la propia Rusia. Pero la "independencia" de Rusia es el derecho de su oligarquía parasitaria y agente del capital internacional, para seguir usufructuando de la restauración del capitalismo, bajo la tutela de una feroz burocracia policíaco-militar, con derecho a supervisar sus fronteras territoriales inmediatas. La independencia auténtica de Ucrania depende de la derrota de la Otan y de Putin a manos de la clase obrera de sus países y la clase obrera internacional.

El artículo de marras nos critica -a Política Obrera- por suponer una “guerra mundial no declarada” (que está a la vista de todo el mundo), cuando se trataría de algo considerablemente menor: un conflicto focalizado por la independencia de un país semicolonial. El autor no advierte su torpeza, porque si Ucrania es o fuera un "país semicolonial", su tutor no es Rusia sino el FMI, los acreedores internacionales y la Otan. “No es aún el caso”, se queja Maiello de la “guerra mundial no declarada”, “esto no es aún una realidad” (sic). La crítica, en primer lugar, carece de sentido: ¿por qué podría devenir en “mundial” una guerra focalizada, si esa guerra focalizada no tiene ya en su desarrollo un carácter mundial? El PTS parece haber olvidado las lecciones de Clausewitz, para quien la guerra era el estadio final de una acción político-militar de socavamiento de las bases sociales y políticas del régimen del enemigo, y por lo tanto de sus fuerzas armadas, por todos los medios al alcance.

El rearme alemán, la entrega de armas a Ucrania por billones de dólares, por parte de la Otan, la bomba nuclear que corta todo acceso de Rusia a la economía internacional, las amenazas a China para que se alinee con esas sanciones, el envío constante de tropas norteamericanas a los países fronterizos con Rusia, no tienen el aspecto de un conflicto local; tampoco es local la invasión rusa ni el propósito, fuera de cualquier alcance, de anexar a Ucrania. Se trata de una guerra mundial no declarada porque las contradicciones que han llevado a este extremo tienen un largo recorrido de desarrollo. En los textos de nuestra prensa hemos señalado que una derrota de Rusia y el derrocamiento de la autocracia bonapartista de Putin, lejos de poner fin a la guerra abrirán una guerra mayor por la recolonización del país o su desmembramiento.

Autodeterminación

Tirando del hilo de la “independencia de Ucrania”, el PTS se refugia en la consigna de la “autodeterminación de los pueblos” invocando a Lenin y los bolcheviques. Es increíble que Maiello omita que esa autodeterminación se impuso luego de que el Ejército Rojo derrotara a la contrarrevolución interna y la invasión de catorce estados extranjeros, incluido EEUU. Fue una prolongación de la primera guerra mundial. No fue obtenida con afiches acerca de una “tercera fuerza” electoral. En Ucrania misma fue el resultado de la lucha entre los soviets ucranianos y rusos contra la Rada (parlamento) burgués y pequeño burgués. El combate por derrotar esta guerra mundial imperialista actual, debe hacerse también por la independencia socialista de todos los pueblos sometidos.

En esta guerra "focalizada", la "independencia de Ucrania" es la consigna del imperialismo mundial, o sea el derecho de Ucrania a someterse al FMI y a la Otan. El balance de fuerzas que determinará el destino próximo de Ucrania, si no interviene la clase obrera internacional, depende del desenlace de esta guerra, que no es local sino mundial. El imperialismo mundial no necesita ocupar a Ucrania para subordinarla; a Putin no le alcanza con la invasión para dominarla. Rusia es la octava potencia del planeta; tiene una burguesía que especula en Londres; es una dependencia del mercado mundial. El mote de "imperialista" le cabe por las acciones políticas de un aparato en extinción; no es la expresión del capital financiero. La invasión de Rusia, a la que algunos bautizan como "un ejército con bombas nucleares y estaciones de servicio" (por su configuración como exportadora de gas), tiene toda la intención reaccionaria de romper el hilo histórico entre la clase obrera de Rusia y de Ucrania, y de convertir a la región en un desierto reaccionario.

La única vía para una "independencia socialista de Ucrania" es la derrota del imperialismo mundial y del imperialismo periférico, que representa Putin. Una lucha revolucionaria significa unir a los trabajadores de Ucrania y de Rusia para echar al invasor ruso y expulsar a la OTAN, mediante una intensificación de la lucha de clases en todos los países en guerra.

Pacifismo

En su afán clasificatorio, “esto todavía no es una guerra mundial”, “hoy no, mañana sí”, el PTS se pasa por alto las diferentes fases, la dinámica y el alcance del conflicto. De lo que se trata es de integrar estas fases y los saltos en su movimiento, a través de un método de análisis dialéctico. Maiello acierta al traer el ejemplo de la Primera Guerra Mundial, recordando que los socialistas serbios se opusieron a la guerra al percibir que detrás de su causa nacional se encontraban los intereses del imperialismo inglés, francés y ruso. Aplicado a este caso, aquellos intereses imperialistas hoy están representados por la Otan.

Un esfuerzo similar por "bajarle el precio" a los acontecimientos históricos se pudo apreciar en torno a la toma del Capitolio por parte de los partidarios de Trump. Para el PTS, no fue un golpe; la comisión investigadora del Congreso está probando, a pesar de ella, lo contrario. Detrás de esta metodología, que no logra captar la dirección de los hechos, se descubre una perspectiva conservadora. Los portavoces del FITU no quieren advertir que la guerra iniciada en Europa tiende a expandirse y ya no tiene vuelta atrás. Conduce a la caída de Putin o a la ocupación total de Ucrania, los cuales solo serían episodios de guerras mayores, por el reparto del conjunto del ex espacio soviético.

La izquierda amoldada al parlamento y su rutina se abraza el pacifismo cuando siente que las bases de su desarrollo comienzan a tambalear. Si el aparato del PO evitó polemizar con el PTS, es porque ha perdido una tradición teórica que nunca entendió.

Maiello concluye esgrimiendo una salida "original" a la guerra, que pasaría por una "independencia de Ucrania" que incluya también “el derecho a la autodeterminación de Donetsk y Lugansk y la población rusoparlante”. Hay que invitar a Maiello a las negociaciones de alto el fuego que desarrolla Erdogan en Ankara. Recupera los acuerdos de Minsk, de Macron y de Merkel: el Oeste bajo la dependencia de la Otan, el Este bajo Rusia. La "independencia de Ucrania" que venía reivindicando Maiello la hizo mierda. Esta salida se agotó hace mucho; es la posición del imperialismo europeo-occidental (lo rechazan los países del Este). Ahora está muerta, precisamente, porque ha arrancado una guerra mundial todavía no declarada. El pacifismo diplomático en épocas de guerra es menos que una ilusión.

No es casual que sobre el final de su artículo, Maiello reivindique la Conferencia de Zimmerwald (1915), cuando podría haber traído a colación la política de la Cuarta Internacional. En Zimmerwald, Lenin y los bolcheviques quedaron en minoría frente a una posición que rechazaba el "derrotismo revolucionario" (la lucha por el derrocamiento del propio gobierno) y la formación de una nueva internacional obrera y socialista. En Zimmerwald, primó una línea de compromiso con las disidencias pacifistas de los viejos partidos oportunistas. El poder de los soviets, en el Octubre ruso, mostró el acierto de la política leninista para poner fin a la guerra imperialista.

Los analgésicos deben consumirse bajo prescripción médica, no sirven para interpretar el presente escenario político.