La compra de terrenos del Iberá por Central Puerto

Escribe Patricia Urones

Un capítulo mas en la historia de degradación de los humedales de la Cuenca del Plata.

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Hace poco tomó estado público la compra por parte de Central Puerto de 88.000 hectáreas pertenecientes a EVASA. El monto de la operación fue escrupulosamente ocultado. EVASA era una firma del fondo de inversión de la Universidad de Harvard y administraba tres sociedades: Empresas Verdes Argentinas, Las Misiones y Estancia Celina SA, cuyos predios se ubican en el centro de los esteros del Iberá, uno de los humedales más importantes del mundo. Las mismas se dedicaban a la producción forestal por medio de la plantación en gran escala de pino y eucaliptos. Los departamentos donde se hallan emplazadas varias de estas hectáreas, linderos con los parques nacional y provincial del Iberá, fueron los más castigados por los incendios de febrero del año pasado. Muchas de estas actividades económicas fueron perjudicadas. La compra de estas tierras supone un capítulo más en la larga trayectoria de degradación de la Cuenca del Plata, sometida, por ahora, al dictamen del capital y la renta.

Tompkins y Harvard

La compra fue abordada por la prensa local de un modo curioso. Es que de la misma surgió que la Universidad de Harvard había comprado parte de estas hectáreas al “filántropo” norteamericano Douglas Tompkins en 2007. El naturalista pensó con el bolsillo. La burguesía correntina hace rato que envidia las grandes posesiones que el matrimonio Tompkins, ahora gestionadas por Kristine Mac Divitt, adquirió en Corrientes por medio de un fideicomiso, Conservation Land Trust, creado en la década del ´90. Por medio de un esquema escalonado, la fundación donó varias decenas de hectáreas para la conformación del parques provincial y nacional del Iberá. El gobierno de Corrientes estima, entre donaciones efectivas y comprometidas, 360.000 hectáreas (republicadecorrientes.com, 14/3/22). La donación reserva en última instancia la potestad al propietario primero. El Estado nacional solo posee la jurisdicción ambiental.

La fundación CLT compra tierras en diferentes países con el fin de conservar ecosistemas y remediarlos, fundamentalmente por medio de acuerdos público-privados concretados en la formación de Parques Nacionales. Respecto de los métodos de conservación de flora y fauna autóctonas, llevan a adelante una estrategia llamada “rewilding” que consiste en reintroducir especies en extinción. Este ha sido el caso del yaguareté en el Iberá, por poner un ejemplo. Algo no tan discutido, y más importante, es la concepción global que implica esta estrategia, la de desarrollar el “turismo de naturaleza”. Todo un sector de la “industria sin chimeneas” ha venido desarrollando largamente esta línea de negocios. Los lujosos hoteles localizados en el corazón de selvas, arrecifes, esteros y montañas, son un nicho nada despreciable de negocios cuyos consumidores son la gran burguesía que puede pagar precios dolarizados. Pero justamente porque, en el capitalismo, todo lo que importa es la producción en escala, un desarrollo turístico implica la invasión de personas en zonas donde lo que debe primar es el estado natural.

La Universidad de Harvard ha hecho lo propio durante su gestión de las tierras vendidas por Tompkins. Según el diario El Litoral, EVASA adquirió más estancias, además de las compradas al filántropo, para poder “obtener los beneficios impositivos que ofrece a las madereras la Secretaría de Agricultura” (4/5). La venta por parte de la prestigiosa academia a Central Puerto habría obedecido a la protesta de un grupo de estudiantes y profesores, acerca del daño que provoca la plantación forestal industrial. Decenas y decenas de árboles implantados provocan la succión desmedida de agua en una zona que no solo es un humedal de gran importancia, sino que se encuentra sobre el acuífero mas importante del planeta, el “Acuífero Guaraní”.

¿Qué busca Central Puerto?

La compra de las tierras de Harvard se suma a una serie de adquisiciones que Central Puerto, la empresa del macrista Carlos Miguens Bemberg y de Guillermo Reca, hizo en estos últimos meses: 72 mil hectáreas de la forestal Masisa Argentina en Entre Ríos y Corrientes y en el Generación Costanera, en marzo de este año. Las compras de activos a precio dólar oficial ha beneficiado bastante, al parecer, a la burguesía nacional que ha aprovechado el río revuelto para expandirse. La empresa ha incursionado en el rubro forestal con el objetivo de diversificar su cartera: “puede ser fuente de oportunidades de negocio futuras, ligadas al procesamiento e industrialización de la madera, bonos de carbono y generación de energía con biomasa” (centralpuerto.com). La producción forestal goza en Argentina de ventajas comparativas porque se estima que los árboles crecen diez veces más rápido que en el hemisferio norte. En Argentina, aunque su producción es ínfima, existen 15 plantas generadoras de electricidad sobre la base de biomasa. Las más potentes se hallan en Misiones y Corrientes, donde utilizan los desechos de la industria maderera.

La producción de energía con biomasa es parte de lo que se categoriza como “energías renovables” y que ha sido cuidadosamente subvencionada por el Estado nacional por medio de programas como el GENREN, impulsado por el gobierno de Cristina o RENOVAR, del gobierno de Macri. Recientemente, en una resolución de la Secretaría de Energía, se extendieron los beneficios a este rubro y se permitió la inversión de los mismos en transporte eléctrico. El desarrollo de energías renovables es, sin embargo, tanto en nuestro país como en el mundo, muy lento en comparación con el aumento exponencial de la capacidad de producción energética en torno de combustibles fósiles. La industria petrolera, que avanza no solo en Vaca Muerta sino también en la extracción offshore, en la costa atlántica, responsable por la mayoría de las emisiones de CO2, no es gravada para desarrollar tecnológica y materialmente la producción de energía renovable. Por el contrario, es subvencionada con precios internacionales.

De otro lado, la producción de biomasa en la que piensa Central Puerto es nociva. A diferencia de la biomasa devenida de los desechos de la producción manicera en Córdoba, o lo que podría ser la producción de biometano en La Pampa, la utilización de una “ventaja comparativa” como la de los esteros del Iberá para generar energía no es más que el drenaje de los humedales. Lo paradójico de esta situación es que la empresa podría emitir créditos de carbono a cambio de este daño ambiental. Los Bemberg y Reca han encontrado una interesante forma de financiarse en épocas de default.

Propiedad privada y ecosistema

La suerte de las tierras del Iberá ha estado atada desde sus inicios al dictamen de la propiedad privada, cuyo fin primero en el régimen social capitalista es convertirse en renta. Su utilización para el Turismo de Naturaleza o para la actividad forestal son formas diferentes, en mayor o menor grado, de degradar el ecosistema. Lo mismo sucede con el resto de las unidades productivas de la zona: la actividad arrocera, citrícola, ganadera y forestal de las haciendas aledañas contaminan y dañan con agroquímicos, con el drenaje de aguas o con la competencia entre ganado y fauna y flora autóctona por los espacios. Con este estado de cosas, la formación de Parques Provinciales y Nacionales, con predios donados o fiscales, no ha garantizado la conservación del mismo. Por el contrario, implicó la legitimación de la propiedad privada en el resto del humedal, mucho más amplio en extensión, con todos los derechos que la “constitución” garantiza al capital. Se ha reforzado, en realidad, al mayor enemigo del Iberá.

El capital no es menos dictador en el ejercicio de su poder de propietario frente a la naturaleza de lo que lo es en una fábrica, cuando despedaza la fuerza de trabajo con ritmos y jornadas agobiantes, que descartan al trabajador en 10 años o incluso menos. En el fondo, esto pone de manifiesto la incompatibilidad entre el régimen social capitalista, asentado en el derecho de propiedad y la salud del medio ambiente en su conjunto, incluyéndonos a los trabajadores.

La “gestión” por parte de Central Puerto de estas valiosas tierras será otro capítulo, agravado, de degradación de uno de los ecosistemas mas valiosos del mundo.

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