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Informe sobre situación política nacional para el Congreso de Política Obrera

Exposición realizada por Jacyn por Zoom el 3 de abril de 2026.

Tiempo de lectura: 22 minutos

Vamos a arrancar con esta tercera charla que teníamos prevista como parte del debate precongresal, para desarrollar el documento que estamos discutiendo y que, entre este fin de semana y el próximo, se va a votar en plenarios, ya en la recta final de la celebración del Congreso, a mediados de mes.

Hasta ahora hicimos tres charlas. En primer lugar, el escenario histórico de la crisis, que fue una charla que dio Marcelo Ramal. En segundo lugar, una charla focalizada en el tema de la guerra, como uno de los grandes temas de la discusión, a cargo de Jorge Altamira. Y en esta charla, el aspecto que vamos a tocar del documento es lo que tiene que ver con la parte, digamos, nacional y el gobierno de Millet.

En primer lugar, quiero llamar la atención sobre las características de este texto. Presentamos un documento donde lo nacional y lo internacional están articulados y presentados en una misma propuesta de resolución. Generalmente, siempre hay un informe nacional, un informe internacional, En cambio, este enfoque es particularmente adecuado, ahora, por las características de la crisis mundial, por el hecho de que está en desarrollo una guerra donde Argentina tiene además una determinada inserción. Ha dejado de lado cualquier cobertura, digamos, de neutralidad, por llamarlo de algún modo, y en este caso, el gobierno argentino tiene una participación decidida, alineada con el eje político establecido entre el imperialismo y el sionismo.

Deliberadamente, el gobierno de Milei ha buscado en este sentido una estrategia de proyección internacional detrás de este bloque político, económico y militar por varios factores. El primero, y si se quiere, evidente, tiene que ver con una afinidad política, ideológica, entre Milei y Trump, digamos, en el sentido de que son dos sujetos de la misma calaña. Dos gobiernos que, a partir de recorridos diferentes, porque han llegado al máximo estamento del Estado, reuniendo detrás de sí a lo peor de la sociedad política de cada una de sus naciones. En el caso de Milei, estos entreveros de la cuestión de Manuel Adorni, del afano al presupuesto de discapacidad, el caso de $Libra, donde uno ve este vínculo laboral y comercial que mantenía Milei con este hombre Novelli. Si uno escucha los audios de Novelli, los compara con los discursos de Milei, se da cuenta de que son realmente dos sátrapas que parecen sacados de la película tipo Nueve Reinas. Entonces, obviamente, hay una afinidad. Milei está inserto en una corriente internacional encabezada por Trump, que tiene este tinte o estas características, mayor o menor grado, una corriente política derechista de características fascistizantes. Y que son el emergente de la crisis y del agotamiento del régimen capitalista y de su superestructura política. En Estados Unidos esta tendencia tiene un largo recorrido, un largo proceso de gestación, con idas y vueltas, desde el Tea Party a principios de siglo, hasta que finalmente Trump logra capturar al Partido Republicano. Y en el caso de Milei, no tiene ese recorrido. Pasó prácticamente de los paneles de los programas televisivos a la Cámara de Diputados, por un breve periodo, y de la Cámara de Diputados a la Casa Rosada, desplazando en un lapso breve a los dos principales bloques políticos contendientes que habían dominado la política argentina durante los últimos veinte años, nada menos. El gobierno de Milei es el resultado de este proceso de desmoronamiento económico, de desmoronamiento del capitalismo, del deterioro de la situación internacional, de su degeneración, y del deterioro de la superestructura política. El gobierno de Milei es un gobierno con una base política muy estrecha, o casi nula, que se tuvo que ir formando casi en el mismo proceso de su ascenso político. Esto lo diferencia de dos experiencias relativamente comparables hasta cierto punto, porque fueron dos tentativas muy agudas de gobiernos antiobreros, de gobiernos que tenían planteado programas de una reestructuración reaccionaria contra los trabajadores, con mayor o menor suerte, que fueron los de Menem y los de Macri. Pero en el caso de Menem, a partir de la interna que tuvo con Cafiero, él tenía encolumnado detrás de sí nada menos que al Partido Justicialista. Desde la CGT hasta el último concejal, incluyendo el matrimonio Kirchner, que empezaba su carrera política en ese momento en la provincia de Santa Cruz. Y el gobierno Macri había capturado para sí, a través de una alianza, al otro partido histórico de la burguesía argentina, la Unión Cívica Radical, y ya llevaba unos años gobernando la ciudad de Buenos Aires, donde hasta cierto punto se había hecho de una cierta base política, nada menos que en uno de los distritos electorales más importantes del país, una vidriera política muy importante. El gobierno Milei, justamente por estas características, digo, además de la empatía ideológica con la pandilla de Trump, ha buscado también superar esa debilidad de origen proyectándose internacionalmente, insertándose detrás del eje del imperialismo y del sionismo. Lo ha hecho sin ningún tipo de ambajes, es un alineamiento, diríamos, incondicional. Incluso en comparación con otros gobiernos de derecha, el gobierno de Milei ha llevado al extremo el vínculo con el eje imperialista y sionista. Se proclamó hace poco como el gobierno más sionista de la historia, ha viajado cerca de 20 veces a Estados Unidos por distintas actividades; se ha autoproclamado un propagandista de esta corriente política, interviniendo en foros y debates internacionales, defendiendo lineamientos que están inscriptos en la doctrina de seguridad nacional de Trump, que trae una serie de definiciones en torno a la defensa de lo que él entiende que sería la civilización occidental, y que ha encontrado un apoyo sin atenuantes por parte de Milei.

Bueno, el gobierno argentino reúne esta característica particular. Entonces me parece que este enfoque de unir, articular, en un mismo informe los aspectos nacionales e internacionales de la situación tomada en su conjunto creo que es muy adecuado.

Este alineamiento le ha valido al gobierno de Milei un punto de apoyo sin el cual hubiera colapsado probablemente en septiembre del año pasado, luego de las elecciones bonaerenses y de una nueva corrida cambiaria. Porque Milei no tiene condiciones para superar el quebranto del Estado argentino ni las contradicciones y problemas y desequilibrios que entraña la economía. Su programa económico ha mostrado limitaciones insalvables y reúne contradicciones explosivas. No hubiera llegado a las elecciones legislativas nacionales sin la intervención muy decidida del imperialismo y en particular del secretario del Tesoro norteamericano. Algo similar acaba de ocurrir hace poco con un fallo extraordinario, que alguno calificó de histórico, pero en todo caso inédito de la justicia norteamericana, que anuló una sentencia que ordenaba al gobierno argentino a pagar una indemnización de 16.000 millones de dólares por la nacionalización de YPF operada por el kirchnerismo en 2012. Es inédito porque es la primera vez que que la justicia norteamericana falla en este sentido dándole preeminencia a la legislación local -en este caso referida la ley de expropiaciones- por sobre el estatuto interno de una empresa que cotiza en Wall Street y que establecía este mecanismo donde obligaba al oferente, en caso de que quisiera comprar más del 15 % de las de las acciones, a hacer una oferta por la totalidad de la empresa. Esto solo puede ser interpretado con un nuevo rescate al gobierno de Milei, cuando enfrenta dificultades crecientes que tienen que ver con el grado de insolvencia del Estado argentino frente a los vencimientos de deuda que tiene planteados este año. Se estima que Argentina tiene que pagar este año entre 15.000 y 20.000 millones de dólares y la estrategia económica del gobierno de Milei está agotada. ¿En qué consiste? Por un lado, en mantener artificialmente un tipo de cambio muy bajo para que, con los pesos que obtiene con la recaudación, poder comprar la mayor cantidad de dólares para pagar los vencimientos de la deuda; y del otro lado, llevar adelante lo que se conoce habitualmente como un ajuste contra las masas, contra los trabajadores, contra los jubilados, recortando al máximo todas las prestaciones que ofrece el Estado, para exhibir una fuerte determinación política de que el gobierno está decidido a cumplir con el pago de la deuda pública a como dé lugar, así se tengan que morir de inanición los jubilados o tengan que desaparecer toda la asistencia del Estado a los discapacitados o matar de hambre a los profesores universitarios. El gobierno exhibe un equilibrio fiscal que es puramente contable, porque viene acumulando una enorme deuda con los bancos. Y, sin embargo, todo este sacrificio impuesto al pueblo argentino no ha servido para sacar adelante el programa económico del gobierno. El riesgo país no baja, Argentina tiene vedado el acceso a los mercados internacionales, paga tasas de interés altísimas por deuda a muy corto plazo; la acumulación de reservas no supera los 3.500, 4.000 millones de dólares y hay en carpeta una serie de privatizaciones que no suman más que unas monedas. El rescate de YPF tiene que ver con esto, con el gobierno de Trump tratando de darle una mano a su aliado, aunque todavía falta mucho para que se dirima la cuestión de fondo, que es la situación de insolvencia del Estado argentino. A cambio de estos rescates, el gobierno de Milei ofrece su apoyo incondicional a la política del imperialismo. Ha suscripto un tratado de libre comercio que entrega todas las prerrogativas reclamadas por el imperialismo, que tiene que ver con su política de asegurar su cadena de suministros de Canadá a Ushuaia, en los preparativos de una guerra o de una ofensiva sobre China, que el imperialismo ha designado como su enemigo estratégico y un reto estructural, como dice en algunos documentos. Milei le ha ofrecido al imperialismo un apoyo militar dentro, claro, de las posibilidades que tiene Argentina, que no son muchas en términos de equipamiento, pero sí geopolíticas. Puede ofrecer algunas operaciones de retaguardia, llamémoslo de alguna manera, por ejemplo cuando se habilitó el juicio en ausencia en el caso AMIA contra los funcionarios iraníes implicados por la CIA y el Mossad, la prosecución del juicio por la firma del memorándum del gobierno de Cristina Fernández y ahora se suma la expulsión del agregado comercial de Irán en Argentina. Milei la proclamado a Irán como enemigo. Hubo una crisis con la armada porque los Milei querían dejar un barco que había participado de una serie de ejercicios programados y querían que se quedara para participar del asedio sobre Venezuela en el mar Caribe. También ha sido gestor de la instalación de una base militar de la IV flota norteamericana en Tierra del Fuego; la intervención del puerto de Ushuaia, muy sorpresiva, luego de una visita de una delegación de legisladores norteamericanos a la isla, muestra la importancia geopolítica, como se dice ahora, por el control del estrecho de Magallanes, que es una ruta comercial fundamental; por el acceso a la Antártida, por el tema de la base de la OTAN en las Islas Malvinas. Esto es lo que ha ofrecido Milei a cambio someterse al protectorado del imperialismo. Milei ha militarizado el gabinete nacional, eso es algo que lo distingue, una novedad en el régimen político. Ha establecido un gobierno cívico militar. Otros gobiernos acariciaron la idea de ordenar a las fuerzas armadas detrás de su proyecto político. Desde Alfonsín. El kirchnerismo lo intentó con Milani, que había dicho que quería fundar un un ejército nacional y popular. En este caso, Milei ha nombrado como ministro de Defensa al jefe del Estado Mayor del Ejército, Carlos Presti, y éste a su vez ha nombrado a una serie de militares en actividad como parte de su gabinete. Ya no es el Ejército de la Nación, es el ejército que está detrás del proyecto político de Milei y compañía. La función de Presti es actuar justamente como una especie de enlace entre el gobierno y el Pentágono. Participa regularmente de las reuniones que organiza el Pentágono a los fines de establecer un bloque militar políticamente orientado por el imperialismo. Milei también ha establecido una fracción propia dentro del aparato de inteligencia del Estado, donde opera este Santiago Caputo, que ha establecido vínculos con el submundo de la ultraderecha norteamericana y con la CIA. Son dos patas del aparato represivo del estado que Milei busca activamente cooptar políticamente, hasta ahora con determinados resultados. Otro aspecto que tiene que ver con esto y, nuevamente, que vincula la cuestión política nacional con la internacional, es que Argentina, bajo la dirección de Milei-Presti, ha adscripto al llamado Escudo de las Américas, que es un bloque político y militar de la derecha latinoamericana, orientado por Trump. Los documentos fundacionales de este Escudo de las Américas no tienen ninguna pretensión horizontal digamos; se refieren en todo momento a Estados Unidos y sus aliados, para dejar en claro dónde se ubica la jefatura política de este bloque. Este bloque de gobiernos derechistas ha habilitado en términos políticos y superestructurales la intervención militar y el golpismo en todo el continente. De hecho, no participan de este Escudo de las Américas tres países que, con sus matices, se ubican fuera de esta onda trumpista. Me refiero a México, Brasil y Colombia. No son gobiernos antiimperialistas ni mucho menos, pero tienen gobiernos de otro signo político. Trump los tiene en la mira junto a Cuba, por supuesto. Cuba es un propósito estratégico.

De este ordenamiento político continental de características guerreristas se desprende otro elemento que hay que mencionar, que tiene que ver con otras características políticas compartidas entre el gobierno Trump y el de Milei. Son dos gobiernos que han abandonado en forma expresa cualquier demagogia democrática. Era muy común en el imperialismo en la etapa anterior. La demagogia democratizante fue enarbolada por el imperialismo en la II Guerra y medio siglo después tuvo su traducción de algún modo en lo que se llamó la cultura woke. El imperialismo no abandonaba sus pretensiones estratégicas pero recubría su discurso bajo la tesitura de que encarnaba una fuerza democratizadora contra el nazismo, contra el estalinismo. Trump ha abandonado este rasgo. Ha creado una entelequia, el narcoterrorismo, como el enemigo a combatir y ya no tiene nada que ver con la democracia. El narcoterrorismo es una entelequia, a la cual el imperialismo le asigna propósitos políticos generales. El narcotráfico ya no sería un negocio en los márgenes de la legalidad capitalista. Obviamente se entrelaza con el Estado, con los bancos, etcétera, pero el trumpismo le asigna propósitos de orden general. Con esta excusa invadió y bombardeó Venezuela, secuestró a su presidente en funciones y se lo llevó a Estados Unidos para juzgarlo, aunque ahí ya no pudieron sostener el cargo por narcotráfico. No se ha producido en Venezuela ningún cambio de régimen, ninguna apertura. La democracia era el discurso habitual de los opositores de derecha al chavismo. Trump ha designado al reemplazo de Maduro, Delcy Rodríguez, una mujer del núcleo duro de los gobiernos chavistas. Ahora ha ascendido como ministro de Defensa a quien ha sido caracterizado como el torturador en jefe de Chávez, en reemplazo de Padrino López. En cuanto a Corina Machado, que se atribuye -no a ella misma sino a su coalición política- el triunfo en las últimas elecciones, ha sido descartada como variable de recambio en forma expresa. El imperialismo le ha dicho que no tiene condiciones para gobernar. Trump ha declarado que Delcy Rodríguez es una persona fantástica y ya no se habla de democracia en el caso de Venezuela. El imperialismo ha establecido un protectorado, manteniendo a la misma camarilla que ha gobernado el país los últimos 25 años, menos Maduro y su señora. Venezuela es de alguna manera el paradigma político que Trump intenta ahora trasladar a toda su política internacional, con suerte dispar, digámoslo porque en el caso de caso de Irán no ha encontrado a una fracción del régimen dispuesta a jugar ese papel. Lo está explorando en el caso de Cuba. En el caso de Argentina, también ha establecido un protectorado. Milei es de alguna forma la Delcy Rodríguez criolla. Este es el tipo de vínculo de tutelaje que Trump, por un medio u otro, busca establecer con todo el mundo. Los gobiernos de Trump y Milei comparten este tipo de pretensiones totalitarias, aunque no han logrado hasta ahora encontrarle todavía una forma definida a la tendencia fascistizante que está presente en ambos movimientos, en tanto en el movimiento de Trump como en el movimiento de Milei. Tienen que lidiar todavía con límites legales, constitucionales, con la división de poderes. Ningun ha podido cerrar el congreso de su país. Trump avanzó mucho más, pero Milei no han podido digitar a su paladar la Corte Suprema de Justicia ni moldear a su parecer el poder judicial. En el caso de Trump, que llegó muy lejos en esto, incluso la mayoría derechista de la Corte norteamericana ha establecido fallos contrarios a Trump, por ejemplo, en el tema de los aranceles, donde ha establecido ciertos límites. Milei tampoco ha podido llevar a fondo esta tendencia a establecer un régimen de excepción, aunque tiene esa pretensión, como lo demuestra el recurso sistemático a los decretos de necesidad de urgencia y a los vetos, y llegado el caso, también el hecho de ignorar una ley de financiamiento universitario que fue aprobada y reaprobada por el Congreso y luego revalidada por una orden del Poder Judicial. Ha establecido un protocolo contra la protesta, el llamado protocolo antipiquete, que en los hechos tiene la intención de cercenar o erradicar el derecho democrático más elemental que es el de la protesta. Ha establecido e institucionalizado mecanismos estatales de persecución contra opositores y críticos de su gobierno, por ejemplo, que la SIDE los espíe por razones políticas o haga detenciones sin necesidad de órdenes judiciales. Ha inaugurado un organismo, que se llama Secretaría de la Verdad o algo por el estilo, dedicado a refutar y denostar por medios oficiales a todos los comentarios políticos o periodísticos que critiquen al gobierno. Además, financia a una horda de agentes digitales en las redes sociales que tienen el mismo propósito de atacar y destruir y desmoralizar a los críticos y crear un clima de intimidación en las redes.

Milei ha proclamado en su discurso de apertura de sesiones ordinarias del primero de marzo la pretensión de avanzar en lo que llamó un rediseño institucional. Estableció su horizonte estratégico en este sentido. Entre otras cosas, tiene en carpeta una reforma electoral con la que pretende asegurarse mejores y mayores recursos y ventajas para el oficialismo de cara a las elecciones de 2027. En esto también se copia -ya uno no sabe a veces quién se copia de quién- de Trump, que quiere meter la mano en el ordenamiento electoral de Estados Unidos.

Las contradicciones del programa económico del gobierno son explosivas: un peso sobrevaluado externamente y devaluado internamente; salarios deprimidos, el consumo está en caída libre; índices de inflación del 3 % mensual y paritarias que, en el mejor de los casos, alcanzan el 2 % y en la mayoría de los casos ni siquiera eso. Esto tiene que llevar indefectiblemente a un deterioro político del gobierno y eventualmente a una rebelión popular o estallido. Este es el camino que está planteado. El gobierno de Trump, hay que señalar, no es un rescatista infalible, porque el propio gobierno de Trump está haciendo aguas en este mismo momento. El pronóstico sobre las elecciones de medio término de Trump es muy negativo. Eso explica la desesperación de Trump por impedir que se pueda votar por correo, por rediseñar los circuitos electorales en Estados Unidos, por evitar que voten los hijos de los inmigrantes. Viene de sufrir un revés electoral detrás del otro, incluso en estados que son bastiones tradicionales del partido republicano. La aprobación de su gobierno está en el punto más bajo de la historia de todos los gobiernos norteamericanos desde Nixon a esta parte. Esto repercute en la propia base del partido republicano, que desaprueba en forma mayoritaria el ataque sobre Irán. Tengan en cuenta que buena parte de la demagogia electoral de Trump se basaba en "hacer grande a América de nuevo", con establecer la prioridad de los asuntos internos y de la economía norteamericana por sobre la política internacional, pero en cambio es el que más lejos ha llevado en términos políticos y militares la línea belicista.

Hemos descripto el escenario de una crisis mundial de características históricas, que tiene que ver con la declinación del imperialismo norteamericano, que es la forma más desarrollada de imperialismo, última etapa del capitalismo, como vimos en las charlas con Marcelo y Jorge.

En este escenario, Milei se vale de otro punto de apoyo: el peronismo, en el Congreso y en las gobernaciones. Es una oposición que no tiene un programa alternativo al de Milei. A las últimas elecciones concurrió con eslóganes vacíos, como ponerle límites a Milei y frases por el estilo, pero no tiene un programa alternativo. Han empezado a desarrollarse reuniones, intercambios y conclaves políticos que marchan en dirección a un frente anti Milei pero no ha decantado en un planteo alternativo. Miguel Ángel Pichetto ha resumido una fórmula política que es armar un frente tipo Lula en Brasil. Le llevó esa propuesta a Cristina Fernández. Un frente tipo Lula en Brasil, hacer un frente de los izquierdistas, los nacionales y populares, con la derecha. Se está discutiendo, pero hay una coincidencia en dejar que Milei haga el trabajo sucio y en preservar, llamémoslo, su legado -el llamado equilibrio fiscal, buena parte del andamiaje legislativo, como la reforma laboral y las modificaciones en la ley de glaciares-. Ahora hay una gran agitación por la ley de glaciares. A la audiencia pública se anotaron 100.000 personas. Pero a nadie se le ocurre que una coalición anti Milei vaya a revertir estos cambios, cuando la primera en hacer cambios en la ley de glaciares fue Cristina Fernández. Esto le valió la denuncia y la ruptura con Miguel Bonasso, que incluso escribió un libro con una denuncia política muy fuerte contra el kirchnerismo por este motivo. Cristina Fernández fue una fanática de las mineras, como lo son hoy los gobernadores peronistas. Son activos agentes de la modificación de la de la ley de glaciares. Tienen intereses muy fuertes allí. Los gobernadores pasaron del Pacto de Mayo e integrarse al Consejo de Mayo, donde colaboraron con Milei y suscribieron todo un programa con él, a competir contra él en las provincias luego de la derrota de Milei en las elecciones de la provincia de Buenos Aires; retornaron al carro de Unión por la Patria, de Fuerza Patria, con la bendición de Cristina Fernández quien se encargó de escenificarlo, sacándose fotos con ellos en su departamento y alguna declaración política mostrando que eran bienvenidos al redil. Luego de los resultados de las elecciones legislativas nacionales, rescate de Bessent mediante, los gobernadores peronistas volvieron a la colaboración con el gobierno. Pusieron los votos de sus diputados para que saliera la contrarreforma laboral, que tiene un alcance tremendo. El peronismo ha sido otro punto de apoyo del sostenimiento del gobierno de Milei y su andamiaje político y legislativo. Ese ha sido el rol de la CGT también. La burocracia sindical, de entrada, adoptó la iniciativa frente al gobierno de Milei con el llamado a dos paros nacionales, parciales, separados en el tiempo que algunos interpretaron como inicios tibios de una lucha para enfrentar al gobierno. La burocracia rápidamente se encargó de desmentir esto, no tenía ninguna pretensión de enfrentar al gobierno sino de buscar cobijo y encontrar su lugar dentro del esquema que el propio gobierno planteaba. Hoy acata la pauta salarial que plantea el gobierno, con aumentos por debajo de la inflación. Esto vale para Hugo Moyano y la pretendida pata combativa de la CGT, hasta Armando Cavalieri que de combativo no tiene nada, pero se arroga la representación de un millón y medio de trabajadores. El papel de la CGT en la aprobación de la contrarreforma laboral ha sido fundamental, una vez que puso salvaguarda a sus propios intereses de camarilla, como los aportes solidarios. Dejó pasar la contrarreforma laboral sin pena ni gloria. Hizo una farsa de paro y una farsa de movilización. Hicieron lo contrario a lo que las compañeras hicieron por el aborto legal en su momento. Cuando se trató la ley de aborto legal, la movilización comenzaba cuando empezaba la sesión. Ocuparon la Plaza del Congreso y no abandonaron hasta que no se votó, a la mañana del día siguiente. Bueno, la CGT hizo al revés: convocó a una concentración en Congreso y la levantó en el mismo momento en que se empezaba a tratar la contrarreforma laboral, dejando en claro su pseudooposición a la destrucción de conquistas laborales fundamentales. Este es el papel que ha jugado la oposición o la pseudooposición peronista a Milei. Otro ejemplo es el de la ley universitaria, una ley que se votó, el gobierno vetó, se volvió a votar, se judicializó, la justicia la validó y le dio la razón a los paros universitarios. Es una ley que tendría un impacto salarial importante e inmediato. Sin embargo, los rectores han abierto un canal de de negociación con el gobierno, en lugar de conminarlo a cumplir el fallo de la justicia con el propósito de enmendar o sacar una nueva ley, que pase a pérdida digamos la gran confiscación salarial con la que debutó el gobierno y se establezca, partir de ahora, una pauta salarial en línea con las paritarias que sufrimos el resto de los trabajadores. Mientras tanto, los rectores están atacando abiertamente a los paros de los docentes universitarios. Hace dos años, fueron convocantes de lo que probablemente haya sido la mayor movilización educativa de toda la historia argentina. Pero fueron claros al despojar a la marcha de consignas contra el gobierno, dejando abierta la puerta a este tipo de contubernios.

Algo similar, en un sentido, ocurrió con el kirchnerismo con relación a las movilizaciones del 24 de marzo. Otro acto de características multitudinarias. El 24 de marzo siempre fue una marcha muy importante, pero que este año las masas se volcaron a la calle como nunca, pero el kirchnerismo se ocupó de despojar su convocatoria de cualquier consigna contra el gobierno, lo limitó a una conmemoración por los 30.000 desaparecidos y por los derechos humanos. Fue una operación política muy clara, porque es claro que los que estábamos ahí marchábamos contra el gobierno. El gobierno hace una reivindicación muy clara del golpe, lo subrayó con el documental miserable que publicó el mismo 24, presentando a los apropiadores de chicos como buenos samaritanos y a los organismos de derechos humanos como sus verdugos. El acto del 24 de marzo estuvo desprovisto de consignas en ese sentido. Se presentaron algunas críticas dentro de un documento que tuvo la función, en realidad, de salvaguardar a la burocracia sindical y a Cristina Fernández. El gobierno kirchnerista no era objeto de ninguna crítica. El documento este también incluía alguna denuncia sobre el genocidio en Gaza, para lavarle la cara a organizaciones que durante estos últimos dos años no se movilizaron en ningún momento ni por esto ni por la guerra internacional que el gobierno argentino apoya, y tampoco se van a movilizar en lo sucesivo.

En este escenario se ha insertado el FITU, como un apéndice del kirchnerismo. El 24 de marzo fue una escuela en este sentido, aleccionador por decirlo de algún modo. El año pasado se discutió la posibilidad de un acto unitario del Encuentro Memoria Verdad y Justicia, cuyo centro de gravedad se ha desplazado hacia los partidos del FITU muy claramente, algo que no era tan acentuado en el pasado reciente incluso. El año pasado, un sector quería hacer un acto unitario y otro sector también quería un acto unitario con el kirchnerismo, bajo la coartada de enfrentar a Milei, el mal mayor, pero poníendo como condición la lectura de dos documentos, es decir uno K que celebrara el kirchnerismo y otro criticándolo. Como conclusión de la crisis que se armó el año pasado, por la negativa del kirchnerismo a que se leyera un documento alternativo, la mayoría de las organizaciones del Encuentro -con un fuerte protagonismo del MST e Izquierda Socialista, haciéndose portavoces de esta posición- fue que fue un error haber insistido en que se leyeran dos documentos y que, esta vez, había que avenirse un acto unitario con un solo documento. Se terminó la historia. Con la excusa de que Milei es un gobierno de ultraderecha, había que hacer un frente único entre comillas con el kirchnerismo. Entre comillas, porque no es un frente único, es una farsa. Un frente único no consiste en hacer un acto una vez al año. En el FITU se produjo una trifulca, porque no podemos decir que haya sido un debate político propiamente dicho. Quienes se oponían al acto común con documento único simplemente reclamaban que se leyeran dos textos. El PTS tenía esta posición, que apunta a apropiarse de la iniciativa unitaria, obviamente, no a delimitarse de los K, porque compartir el palco significa que nos separa una cuestión de grado, no de clase. Me parece que esto sirve para ilustrar el papel del FITU en este escenario. El FITU se ha incorporado a la derechización del escenario político, así como el kirchnerismo ahora quiere un frente con la derecha como alternativa a Milei, el FITU le hace seguidismo al kirchnerismo.

En esta línea se encuentra el reclamo reiterado, rutinario, a la CGT para que encabece un plan de lucha contra el gobierno de Milei hasta derrotarlo, una formulación que acuñó el aparato del Partido Obrero. Le reclaman a la CGT ponerse políticamente a la cabeza de la resistencia de la clase obrera al gobierno de Milei, cuando la CGT está dominada por una burocracia contrarrevolucionaria de pies a cabeza. Es una línea de subordinación política de la izquierda a estos aparatos de características contrarrevolucionarias. A la luz de la trayectoria que ha desarrollado el aparato del PO y la evolución política del FITU tomado de conjunto, se entiende con mayor claridad las características de la crisis que tuvo lugar en el PO y la expulsión de lo que hoy es Política Obrera, de quienes, en su momento, tratamos de constituir en una tendencia del Partido Obrero. Era necesario desembarazarse de los cuadros dirigentes y militantes y con ellos, de una trayectoria política revolucionaria, para embarcarse en esta orientación oportunista, del reclamo a la burocracia de planes de acción y de subordinación al kirchnerismo, que recorre a todo el FITU. El aparato del PO adoptó el programa de redistribución de la riqueza, de defensa de las retenciones, de la llamada industria nacional. Es el ángulo que presentaron en la lucha de FATE, y nosotros criticamos. Para ellos, Madanes Quintanilla y los trabajadores de FATE tienen un enemigo común, que es el modelo económico de Milei, Recurren al lenguaje propio de la centroizquierda en los años 90. No es un exabrupto sino una línea política, una orientación definida. Está muy presente en toda la línea parlamentarista que cultiva el FITU, incluso para la lucha de FATE, cuando lo que corresponde es reforzar la la ocupación y la convocatoria al movimiento obrero de la zona norte en apoyo a la ocupación. Esas son las verdaderas fuerzas vivas genuinamente interesadas en en apoyar a los a los compañeros. La línea de subordinación del FITU a la burocracia sindical se manifiesta en su hostilidad a las autoconvocatorias. Esto tiene que ver también con debates que estamos en vísperas de este congreso de Política Obrera.

En la lucha contra el gobierno de Milei uno de sus ejes fundamentales es el problema de la huelga general, entendido como una huelga política que aglutina todas las reivindicaciones elementales, perentorias, de los trabajadores y que conducen inevitablemente a un choque de fondo con el gobierno, y también con la burocracia y el imperialismo. La autoconvocatoria es el método, y es una tendencia que está presente en el desarrollo de las luchas que estamos viendo y que se están desenvolviendo de un tiempo a esta parte. Es el resultado de un divorcio definitivo de la burocracia sindical con respecto a su propia base social, con respecto al propio movimiento obrero. La burocracia sindical se ha constituido en una camarilla empresaria, con intereses propios, completamente definidos, y no ha tenido ningún empacho en entregar a los trabajadores en forma abierta. Es bastante elocuente lo que ocurre en Suteba. Los docentes bonaerenses cargan sobre sus espaldas no sólo el derrumbe salarial y el de su obra social, que es un aspecto muy importante, sino con todo el derrumbe social que transita la provincia de Buenos Aires. La docencia ocupa un lugar central en todo el metabolismo de la clase trabajadora, por sus vínculos con el conjunto de la sociedad, con las familias, con la situación general de la población y el Estado. Pero aún así, a las asambleas convocadas por Suteba no concurre nadie. Son asambleas vaciadas por los trabajadores, que les dan la espalda abiertamente. En contraste con esto, o al mismo tiempo, los paros convocados por tres seccionales opositoras de Suteba, que le otorgan una pátina de legalidad a una medida de conjunto, se traducen en autoconvocatorias masivas, porque son acatados por muchos más docentes que los que componen el padrón de esas seccionales. Se valen de su respaldo legal para hacerlo y la disconformidad y los reclamos que tienen los docentes se manifiestan en esos paros masivos. Hay una disociación. Los docentes entienden que no deben esperar nada de las asambleas de Suteba, que son amañadas. Cuando las convoca, la lista de oradores se cierra prácticamente antes de que termine de entrar la gente al salón; a los críticos, les dan un minuto y medio para expresarse, seguido de una catarata de voces oficialistas. Se manipulan las votaciones y se desconocen los mandatos, etcétera. Tenemos entonces paros autoconvocados que son cumplidos masivamente y, del otro lado, una burocracia sindical que actúa cada vez más de espaldas a los trabajadores, en medio de este derrumbe que atraviesa al gremio docente. La autoconvocatoria es una expresión profunda de esta situación. En plena pandemia tuvimos huelgas autoconvocadas muy importantes, como la de la salud en Neuquén; más recientemente, tuvimos una autoconvocatoria muy importante de los trabajadores de las tercerizadas en industrias siderúrgicas, en las que la UOM intervino para sofocarlas, no para encabezar los planes de lucha hasta derrotar a Milei, sino para desactivar la tendencia a una huelga general. La UOM tiene congelada la paritaria siderúrgica desde hace dos años. en vez de unificar la lucha de los tercerizados que reclamaban igualdad de condiciones con los de planta con los trabajadores de planta que reclaman un aumento de salario, se empeñó en desactivar esa huelga. Ahora tenemos luchas docentes autoconvocadas muy importantes en las provincias, es el caso de Catamarca, de Santa Fe. Es una tendencia resultante de esta disociación entre la burocracia sindical y las aspiraciones y necesidades que recorren a los trabajadores. El gobierno explota una vacancia política que envuelve al peronismo y, como resultado de la subordinación del FITU, también a la izquierda democratizante.

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