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Buenas tardes. El informe de hoy es parte de una exposición integral con vistas al próximo Congreso de Política Obrera. Ha sido precedido por uno de Marcelo Ramal y seguirá con otro de Jacyn y un siguiente sobre informe de actividades.
La guerra imperialista tiene un carácter internacional; ha penetrado en todos los países. El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán ha dislocado prácticamente los mercados de materias primas, petróleo, gas, fertilizantes de todo tipo. Como consecuencia de esto, también ha afectado todo el mercado de la alimentación. En la India hay graves problemas de acceso a los alimentos por el problema de los fertilizantes y, si examinamos la situación argentina, vemos algo similar, porque incluso los rescates del Tesoro norteamericano a Milei y este último fallo en favor de Argentina en el pleito con Petersen y con Burford, etcétera, ha sido determinado por Trump y por Bessent en función de un aliado en esta guerra. Si quieren algo más sobre esto, fíjense que gente tan apegada a hacer declaraciones a cada instante, tanto Trump como Bessent, no han hecho ninguna referencia a este fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York, porque detrás de ese fallo está la mano de Trump y del gobierno norteamericano. En cuanto a América Latina, la penetración esta guerra internacional se manifiesta en el llamado Escudo de las Américas, que convierte a todos los países firmantes en protectorados de Estados Unidos, porque admiten el ingreso territorial de tropas norteamericanas con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico. Esto, más allá de lo que ocurre con Venezuela y más allá de lo que ocurre con Cuba, donde el problema del protectorado, del colonialismo directo y hasta de una intervención directa está definitivamente planteado. Ahora, nosotros como marxistas no podemos limitarnos a describir los distintos incidentes de la guerra y los intereses que llevan a una u otra potencia a participar de la guerra, a iniciarla, a resistirla, según el enfoque de cada uno. La guerra es un fenómeno extraordinario que tiene que ver con la sociedad, la organización social del mundo actual.
Por eso, el punto fundamental, que es el único que nos permite adoptar una posición marxista sobre la guerra, es caracterizarla como el estallido de todas las contradicciones sociales de la organización capitalista, en el relativamente largo período de su decadencia histórica. Aquellos fenómenos de la lucha de clases que se desarrollan de una forma más o menos “pacífica”, entre comillas, adquieren de golpe una dimensión histórica extraordinaria, porque todas las contradicciones que se manejan y que se violentan en forma “pacífica”, entre comillas, estallan en su conjunto; la propia revolución, por otro lado, constituye un estallido de todas las contradicciones sociales. Las revoluciones que va a precipitar esta guerra mundial van a ser el producto de las contradicciones que ya han estallado y que han llevado a la guerra, y de todas las contradicciones de la guerra misma. Un enfoque unilateral del proceso histórico actual tiene como consecuencia una desorientación general. Hay, por caso, una tendencia a ver a la guerra imperialista como la única forma de guerra que ha conocido la humanidad, cuando en realidad la historia del mundo hasta ahora, una historia de apropiación privada de la riqueza por parte de unos pocos, mediante la explotación de una mayoría enorme y creciente, ha visto innumerables formas de guerras. Y no todas las guerras tienen el mismo carácter, aunque sean el producto del estallido de las contradicciones sociales.
Hay, por ejemplo, un periodo histórico muy importante, que es el periodo de las guerras nacionales. Las guerras nacionales formaron parte de todo un escenario de disolución del viejo mundo feudal y del viejo mundo colonial, y de la formación de los estados modernos. Las guerras que fue librando Alemania contra Dinamarca, contra Austria, etc., no fueron juzgadas como guerras imperiales, sino como guerras nacionales, porque estaban al servicio de la formación del Estado alemán y de un mercado interno, que hasta entonces estaba completamente fracturado, y por lo tanto constituía un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas. Lo mismo vale con la unidad italiana. La unidad italiana es una guerra contra varias potencias que dominaban a una Italia fragmentada, por un lado Austria, por otro lado Francia y España, y eran guerras históricamente progresivas. Eran guerras que abrían el campo del desarrollo capitalista. Lo mismo ocurre con las guerras en América, en el periodo colonial, empezando por la guerra de Estados Unidos contra Inglaterra, etc. Es decir, no podemos confundir o no podemos transformar al concepto de guerra en una categoría vacía de contenido. La tenemos que juzgar por la época histórica en que se desarrollan y por las fuerzas motrices que entran en confrontación. Las guerras nacionales son progresivas. La guerra nacional de China contra el Japón fue una guerra extraordinariamente progresiva, intervino parte de la burguesía nacional, fundamentalmente el campesinado, desembocó en la revolución de octubre de 1949, pero toda ella fue de parte de Japón una guerra colonial de apoderamiento de China, de masacres, y de parte de China una guerra nacional. Las guerras nacionales contra las guerras de colonización, ya en un período imperialista,son una expresión del estallido de las contradicciones de esta forma de dominación; constituyen un paso para la liberación de las fuerzas productivas de las naciones sometidas, un paso adelante en la unificación de la economía mundial y un principio de revolución permanente sujeta a la intervención de la clase obrera como clase histórica independiente.
De otra parte, han habido guerras imperialistas de distinto orden que no tuvieron el carácter de una guerra mundial. Por ejemplo, la conquista de Puerto Rico, la política de anexión en el Caribe por parte de Estados Unidos, inclusive de Cuba, que aunque emergió como estado formalmente independiente, quedó anexada a Estados Unidos por una cláusula constitucional que autorizaba a Estados Unidos a intervenir en Cuba. La conquista de la India por parte de Gran Bretaña, lo mismo que la conquista de Egipto, y las del imperialismo francés en el norte de África, eran guerras imperialistas, pero no era una guerra mundial, aunque eran el inicio de una disputa por el acaparamiento de las colonias entre los distintos países imperialistas que se desarrollaban según la fuerza de unos y otros. Los países capitalistas que entraron más tarde en esta guerra, como es el caso de Alemania e Italia, recibieron, antes de la Primera Guerra Mundial, una porción muy pequeña de la explotación mundial. Esto llevó a una guerra imperialista mundial, la primer, y a una segunda guerra imperialista mundial. Lo que tenemos ahora es una guerra mundial. Algunos entienden que no es una guerra mundial porque las grandes potencias imperialistas no se enfrentan en esta guerra de un modo directo, es decir, lo hacen por medio de intermediarios. Por ejemplo, la Unión Europea procura la anexión de Ucrania por medio del armamento del ejército de Zelensky. Entonces, para algunos esto todavía no es una guerra mundial entre Rusia y la OTAN, sino que es una guerra por delegación -pelean entre ellos por medio de fuerzas intermedias, incluso con la intención de evitar una guerra mundial-. Dialécticamente tendríamos que decir lo contrario. Sin intención de iniciar una guerra mundial, aunque también con esa misma intención, objetivamente es el desencadenamiento de una guerra mundial por la naturaleza histórica de las fuerzas en presencia. Porque las guerras no se disuelven pacíficamente; es necesario trazar su desarrollo o su dinámica. Por eso, la guerra en Ucrania se dilata y sigue siendo una guerra de la OTAN, digamos, contra Rusia. Esa fue nuestra caracterización. Cuando en 2022 Rusia invade Ucrania, nosotros entendemos que es una medida defensiva de la oligarquía restauracionista rusa contra los intentos de la OTAN de anexar a Ucrania {y eventualmente iniciar una guerra por el reparto de Rusia entre sus integrantes}, pero por eso mismo caracterizamos que si se ha llegado una guerra por Ucrania entre la OTAN y Rusia, es el comienzo de una guerra mundial. Las ideas fundamentales acerca de esta guerra requieren un método dialéctico.
En este caso, lo que tenemos delante de nosotros es una crisis de la dominación mundial del capitalismo. Todas las guerras mundiales han sido una crisis de la dominación mundial. En general no se saca esta conclusión. Se habla de la guerra por intereses económicos de un bando y otro, pero no se ve que la ruptura de la organización internacional significa una quiebra, una crisis, una quiebra de esa dominación mundial, que deberá ser reconstruida a través de esa misma guerra o a través de una revolución socialista, como ocurrió en la Primera Guerra Mundial, cuando los movimientos revolucionarios marcaron toda una época, o creando un nuevo impasse, como el que llevó a la segunda guerra mundial. El periodo revolucionario en Alemania se inició con el derrocamiento del imperio o del emperador en 1918 y se cerró en 1923 con lo que podríamos llamar la derrota del último intento de revolución proletaria en Alemania.
En el momento actual tenemos, de nuevo, una crisis o una quiebra de la dominación mundial del capitalismo, con características propias, por supuesto, y a una escala histórica nunca vista. La crisis que se ha abierto entre Estados Unidos, o sea el imperialismo norteamericano, por un lado, y la Unión Europea, por el otro, con relación a Groenlandia y a Canadá, o con relación a la misma guerra por la anexión alternativa de Ucrania, nos lleva a la caracterización de un quiebre de la dominación mundial del capitalismo, que sus apologistas encubren como una crisis del “orden internacional basado en reglas”. Esta quiebra de dominación política tiene lugar luego de la restauración capitalista en Rusia, en China, que había reforzado la dominación mundial del capitalismo, como último modo de organización histórico. El único propósito de negar esta caracterización, todo este desarrollo marca una crisis y una quiebra de la dominación mundial del capitalismo el único objetivo, la única función que puede tener es, en especial por parte de la izquierda democratizante, considerar prematura cualquier estrategia de revolución proletaria, como si, además, esa estrategia dependiera de coyunturas y no del antagonismo irreconciliable de clase bajo el capitalismo. Esta quiebra de la dominación mundial está sacudiendo a las bolsas del mundo. provocando quiebras, desatando una inflación incontenible, principios de hambruna en la India o Egipto (el fenómeno que llevó a las revoluciones árabes de 2011).
El estadio de la decadencia del capitalismo (una caracterización que el centrismo de izquierda esconde bajo la alfombra) se refiere al agotamiento del capitalismo en su función histórica ¿Cuál es esa función histórica? Esa función es el desarrollo internacional de las fuerzas productivas y la conversión del planeta en una unidad, no solamente del movimiento de mercancías sino también de capitales. De aquí en más, el capitalismo ingresa en un periodo histórico esencialmente parasitario. Las nuevas tecnologías, que se desarrollan para enfrentar la creciente desvalorización de la producción mercantil en general, mediante un aumento de la tasa de explotación de la fuerza de trabajo, chocan con una evidente sobreproducción mundial sin precedentes. Es lo que se anuncia para el desarrollo de la Inteligencia Artificial, una desocupación en masa. La Inteligencia Artificial no rinde aún los beneficios que corresponden a la enorme inversión de capital que se ha producido, que es la prueba ácida para el capitalismo. Esta circunstancia amenaza con producir enormes bancarrotas en el sistema bancario y el llamado crédito privado, muy endeudado y con una tasa de insolvencia en aumento en cuanto a préstamos u obligaciones negociables.
Las guerras, expresión del estallido de todas las contradicciones sociales, ponen de manifiesto la contradicción entre la internacionalización (enorme) de las fuerzas productivas, de un lado, y la envoltura nacional del capital en la forma de estados nacionales, por el otro. Esta contradicción es una expresión del desarrollo combinado del movimiento histórico. La formación de los estados nacionales, en algunos casos precede en otros casos acompaña y en otros casos completa, un desenvolvimiento nacional de las fuerzas productivas. Ahora la internacionalización de las fuerzas productivas ha llegado a un punto en que Volkswagen va a producir todos sus autos eléctricos en China, para venderlos en China y para exportarlos a Alemania. La pregunta es ¿esto transforma a Volkswagen en una empresa china? ¿deja de ser una empresa alemana? VW produce este gran desplazamiento hacia China, porque el ecosistema en China es más rendidor (fuerza de trabajo, provisiones industriales), aunque la tasa de ganancia es golpeada por una competencia feroz. Volkswagen sigue siendo una empresa alemana jurídicamente, y sus accionistas, su capital está estructurado en torno al Estado alemán. Tenemos el caso ya no de una contradicción entre el Estado Nacional y el desarrollo internacional de las fuerzas productivas sino el caso de una empresa que es extranacional sin dejar de ser nacional. Esto produce una cantidad de contradicciones fenomenales como el perjuicio que causaría al complejo industrial de Alemania; Alemania ha elevado los aranceles aduaneros a la importación de autos de China incluido los de Volkswagen. La contradicción entre el estado nacional de un lado y el desarrollo de las fuerzas productivas internacionales, del otro lado, no es sino otra expresión del carácter privado de la apropiación de la riqueza y el carácter social de la producción. La competencia capitalista asume la forma de un competencia (“geopolítica”) entre estados –y la guerra mundial-. La guerra produce además la expropiación del proletariado de cada estado, además de una crisis humanitaria, por medio del régimen impositivo y la deuda pública, etcétera, que son necesarios para sustentar la guerra de ese estado contra los otros estados por la dominación del mercado mundial. Este enfoque es la base de un análisis históricamente determinado de la sociedad en guerra, que en eso consiste digamos el marxismo. Nos referimos a la raíz de las contradicciones y y su estallido en cada etapa de la historia. Estas contradicciones han sustentado el desarrollo capitalista mundial progresivo, la internacionalización de las fuerzas productivas, o sea la extensión mundial de la explotación de la fuerza de trabajo.
La masa de mercancías no es otra cosa que la objetivación del trabajo gastado en su producción, y el capital obtiene una plusvalía explotando la contradicción entre el valor del trabajo producido y el valor de la fuerza de trabajo. ¿Qué es lo que está pasando ahora?. Con el desarrollo de la inversión de capitales en gran escala para profundizar la productividad de la fuerza de trabajo empieza a producirse un fenómeno que desde el punto de vista de la decadencia capitalista es fundamental, que es una extinción, bajo la forma de tendencia, de la ley del valor. Cuando el rendimiento de la fuerza de trabajo es inferior a la escala del capital invertido, se produce una crisis del sistema de explotación. Ocurre de otra forma cuando aumenta la tasa de plusvalía pero no la tasa de beneficio, por que la realización de la producción (venta) se encuentra por debajo de esa inversión. La sobreproducción crea una abundancia de mercancías que se negocian por debajo del valor incorporado en ellas y la única forma de restablecer la vigencia de su valor o la vigencia de la ley del valor, son las crisis y las guerras. La guerra que es la destrucción del capital invertido en la forma de la violencia extrema. Se entrelazan la guerra comercial, la guerra financiera y, digamos, y la guerra mundial.
Otra característica importante de la decadencia capitalista, que una crítica ‘populista’ a los liberticidas ha distorsionado, tiene que ver que con la hipertrofia del estado. Con la decadencia del capitalismo, es decir con las dificultades crecientes que enfrenta la reproducción del capital (extinción de la ley del valor, sobreproducción) el estado empieza a cumplir un rol económico que nunca había ocupado en el pasado. Desde hace mucho más de un siglo, el estado actúa como poder económico, y por lo tanto representa una carga inmensa para la organización social. Se ha convertido en una monstruosidad burocrática no solamente ‘civil’ sino militar. A través del aparato militar el presupuesto de los Estados Unidos de un billón de dólares al año es una gigantesca expresión de parasitismo, que las corrientes ‘progres’ embellecen mediante la promoción de políticas públicas. En los países de desarrollo retrasado las políticas públicas arrancan como un mecanismo para levantar la capacidad de acumulación de la débil burguesía nacional, pero el método es parasitario, aunque en algunos ocasiones afecta a oligarquías perpetuadas. La crítica a la monstruosidad del Estado viene del marxismo revolucionario. La tendencia al parasitismo del sistema económico lo contrario de una función histórica es una característica histórica reaccionaria. Además del aparato militar se encuentra el crecimiento, también monstruoso de la deuda pública, (que ha convertido al gran capital en una oligarquía financiera y en un crecimiento igualmente monstruoso de la desigualdad social). Crece el capital rentista A determinado nivel amenaza con la quiebra del propio Estado. Los bancos centrales, la deuda pública, los recates financieros son una expresión del parasitismo que ha alcanzado el desarrollo capitalista en esta época de concentración, de monopolio de agotamiento de su función histórica.
Esto nos plantea un problema teórico interesante, propio de una etapa de “restauraciones capitalistas” en los estados en que el capital había sido expropiado. Si la decadencia del capital es histórica, es decir, un todo mundial, la restauración capitalista debiera representar también un aspecto de esa decadencia histórica. Muchos lo ven de un modo diferente, y citan el desarrollo económico de China. El ascenso de China representaría un eslabón histórico progresivo en la cadena internacional del capitalismo en declinación: sería una poderosa tendencia contrarrestante a la decadencia. (Pero China reingresa a la economía mundial mediante la asimilación recientemente de las tendencias parasitarias del capitalismo decadente: Inversión extranjera de monopolios, reproducción a mayor escala una sobreproducción). Para cumplir esta función, el hipertrofiado estado burocrático caracterizado como estado obrero, se convirtió en un hipertrofiado estado burocrático del régimen capitalista. La clase obrera está completamente estatizada.
En una época se decía que la intervención del estado en la economía era progresiva porque permitía “el arranque” de las economías atrasadas que, con un débil capital privado acumulado no podían arrancar o mejor dicho, no le daba un arranque al conjunto de la economía. Naturalmente no es lo mismo el parasitismo en un país imperialista que el parasitismo en un país restauracionista o en un país atrasado, pero responden al mismo fenómeno global y concluyen en la misma situación, Trotsky había advertido que allí donde el estado asume esa función capitalista especial porque no lo puede hacer la burguesía nativa, llegado a cierto nivel de acumulación empieza a privatizar, porque para que haya un sistema capitalista real tiene que haber una clase capitalista. No puede depender de un Estado que, sin base capitalista privada, lidiar, sin intermediarios, con la clase obrera. Entonces a la pregunta si podemos hablar de la decadencia histórica del capital al integrar a los países que han entrado en la restauración capitalista, la respuesta es sí . Esos paîses han ‘madurado’, otra vez, para la revolución social, sólo han alargado la vida del capitalismo por un tiempo, para enseguida acortarlo y poner el escenario de una nueva guerra mundial, para redividir el planeta.
Los países que han entrado en esa restauración capitalista en una etapa ultra madura del capitalismo, lo han hecho en una etapa imperialista, donde las fuerzas motrices del capital han llegado a su máximo estado de madurez. La historia ha hecho esta jugarreta de dar una oportunidad de mercado a los grandes monopolios decadentes mediante una contrarrevolución dentro de los países que habían hecho una revolución proletaria o una revolución anticapitalista. La historia no sigue una línea recta, se caracteriza por los ‘desvíos’, al menos en cuanto a los esquemas previos de las fuerzas políticas en presencia. Algunos, con su propio esquema en la cabeza, imaginan una próxima hegemonía internacional de China, sin pasar por una guerra, y otros atisban un condominio internacional entre el imperialismo norteamericano y la burocracia de Pekin, sin ningún estallido en la estructura social y política de Estados Unidos y de China.
Una cosa importante –incluso decisiva- en este desarrollo de conjunto es el lugar histórico del imperialismo norteamericano. El imperialismo es un resumen o remate de todo el desarrollo imperialista. Por un lado, no es regional, sino planetario; por el otro, el estado norteamericano depende de esa hegemonía internacional, La economía norteamericana no puede ser separada de la explotación del resto del mundo cuando se ha desarrollado en estrecha relación con la conquista de esa dominación internacional excluyente. Una pérdida de esta condición dominante llevaría a Estados Unidos al centro de la revolución mundial, la novedad de esta etapa de la historia. [Estados Unidos ha ido perdiendo esa posición internacional, especialmente en un momento excepcional, cuando había impuesto el capitalismo en China, la disolución de la URSS y la recolonización de Europa oriental.] y la está perdiendo no por las contradicciones de todo este desarrollo. Como lo dice Trump reiteradamente, pero no entiende bien lo que dice o procura sacar conclusiones reaccionarias de lo que dice, el imperialismo norteamericano financió la restauración capitalista en China, financió la reconstrucción de Japón en la posguerra, financió la reconstrucción de Europa, y lo hizo porque necesitaba mercados fuertes, poderosos, con mucha demanda, {para colocar la producción norteamericana excedente y organizar una nueva división del trabajo y de la economía mundiales}. De esta manera, el imperialismo norteamericano fue asumiendo una hipoteca y un caudal de deuda insostenible; [relegando su desarrollo industrial por el financiero; y agudizando la competencia internacional]. Hoy, EEUU tiene una deuda pública del 140 % del PBI, casi 40 billones de dólares. Es un Estado que no está en condiciones de subsidiar a la burguesía de su país en la competencia con el exterior. Al haberse convertido en el mercado de capitales más importante del mundo por todo su desarrollo precedente está forzado a seguir financiando a sus rivales. [China, en cambio no tiene un Wall Street; tampoco tiene una moneda internacional ni un camino para reconciliar la alternativa de una moneda internacional sin mercado mundial de capitales, o un mercado de capitales donde el capital externo a China vaya a recaudar los ahorros de China] Es interesante que tanto Biden como Trump hayan lanzado planes de reindustrialización, aunque módicos, para reindustrializar a EEUU. Para ello han planteado destruir la internacionalización de las fuerzas productivas que compiten con la producción norteamericana y reconstruir el capitalismo en un solo país, Esta fantasía ha desatado una guerra arancelaria; en todo caso implicaría pasar por guerras fenomenales, para el alineamiento de los capitales mundiales en cadenas internacionales de producción controladas por Estados Unidos. Eso, por otra parte, bajo el capitalismo no existe; cada capital sigue su ruta en función de la tasa de beneficio. Que se la quiera imponer un estado que cuenta con un fenomenal déficit comercial, déficit financiero etcétera, etcétera, revela la inviabilidad y los choques políticos y militares que supone. La bancarrota histórica del imperialismo norteamericano, que es un imperialismo planetario, y que si dejara de ser un imperialismo planetario como lo está dejando de ser objetivamente, las consecuencias serían la guerra civil en los Estados Unidos, es el punto central de la guerra mundial. El desarrollo combinado que se manifiesta en la contradicción entre el estado nacional y el desarrollo de la fuerzas productivas es insuperable bajo el capitalismo.
Hay muchas cosas para investigar en este desarrollo: cómo se da este tipo de desarrollo y cómo impacta en nuestra política socialista. Las guerras mundiales anteriores en un mundo repartido entre distintos imperialismos fueron guerras por un nuevo reparto del mundo; es decir, quienes tenían pocas colonias e influencia económica en desacuerdo con su potencial querían, mediante la guerra, arrebatarle colonias e influencia económica a sus rivales La guerra actual ya no es una guerra por un reparto del mundo del viejo tipo. Por un lado, ningún estado puede disputarle a Estados Unidos un nuevo reparto del mundo mediante la guerra; sólo pueden aspirar a quedarse con algún despojo como lugarteniente del imperialismo norteamericano; quienes toman la iniciativa de ir a la guerra son fundamentalmente Estados Unidos, incluso en la guerra en Ucrania. El mayor reparto del mundo a favor del imperialismo ha sido la disolución de la URSS y la subordinación de China al mercado mundial. El botín de la presente guerra es ir más a fondo en ese reparto –el Asia Central y el Cáucaso sur exsoviético y el ‘cambio de régimen’ en China-; China no interviene en ninguna guerra, no tiene fuerzas militares en ningún país, no tiene bases (salvo una importante en Djibouti, en el cuerno de África). China explota la minería con la fuerza de trabajo local, barata, como lo han hecho los imperialismos hasta ahora, sin sus trabajadores chinos, que son remunerados por debajo del valor de la fuerza de trabajo. Una derrota política decisiva del imperialismo norteamericano, en una guerra, desataría una crisis revolucionaria en Estados Unidos y en todos los países imperialistas. Estados Unidos ha desatado una guerra por una recolonización mundial, con el propósito de revertir la pérdida de su hegemonía histórica. el único pilar de carácter mundial.
Otra peculiaridad de esta guerra es el impacto que tiene en la economía mundial, diferente al de las otras guerras, cuando la depresión económica precedió al conflicto, en especial en la segunda guerra. La guerra actual está haciendo estallar bolsas. mercados, producciones, inflación, y por lo tanto la quiebra de los negocios capitalistas; (es, en cierto modo disfuncional, y ofrece una resistencia de un arco grande de la burguesía contra las acciones de Trump y de Netanyahu. Debe superar estas contradicciones para hacer “funcional” en las siguientes etapas.) Hay una liquidación de bonos, por parte de los estados capitalistas rivales en forma cuotificada o gradual, para evitar un derrumbe de todos los mercados de valores. (China busca desempeñar un rol mediador en la guerra imperialista contra Irán, como lo ha venido haciendo en el pasado cuando concertó el acuerdo que sellaron Arabia Saudita e Irán). Esto explica que no haya vetado (Rusia tampoco) en las Naciones Unidas una resolución que condenaba a Irán por sus ataques a los países del Golfo que hospedan bases norteamericanas o que son aliados de Israel. Avaló, además, la Junta de Paz de Trump para Gaza. Lo mismo hizo Rusia. Trump sacó de los puertos del canal de Panamá a una corporación internacional china, que China no ha podido enfrentar con eficacia. El canal de Panamá, junto a Bab el Mandeb y el estrecho de Ormuz forman las grandes arterias estratégicas navales. En definitiva, China se repliega en esta guerra con el propósito de negociar con Trump los restos de su eventual fracaso: la reafirmación del control de numeroso puertos e infraestructuras y rutas. Lejos de avanzar una política imperialista en esta guerra, China ha renunciado a participar de ella y ha dejado en evidencia que no tiene armada una logística imperialista internacional. El capital financiero es la base histórica del imperialismo moderno, pero debe tener una periferia de subordinación politica para ser calificado como imperialista. Una anexión forzada de Taiwan, marcaría un gran paso en esa dirección
En esta guerra, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) no aparecen ni pintados como bloque; la heterogeneidad es manifiesta. Gran Bretaña y la Unión Europea intervienen como rival político de Trump y Netanyahu, con quienes los unen vínculos económicos y políticos, Como bloque no tienen siquiera una deuda pública común. Los países de la Unión Europea se endeudan en forma relativamente autónoma y por lo tanto el valor de su deuda varía con la importancia, la calidad de las cuentas y los rendimientos que ofrece cada país. Sin una deuda común no pueden financiar, por ejemplo, una gran política armamentista para intervenir en una guerra por medio de un frente común. Francia tiene una deuda pública relativamente mayor que la de Estados Unidos. Adelantando un poquito algunas conclusiones, Trump tiene por delante no una desescalada de la guerra contra Irán, que se caracteriza por el fracaso, sino una escalada geométrica, para conseguir el propósito estratégico de esta guerra, que no es otro que bloquear el retroceso histórico del imperialismo norteamericano y reforzar una hegemonía política en retroceso. Hemos llegado a este punto de la crisis: un fracaso voltea a Trump, que se ve forzado a impulsar la ampliación de la guerra e ir a un estado de excepción en Estados Unidos. En ningún momento hemos aceptado la tesis de una salida ‘pacífica’ a esta guerra. que Estados Unidos e Israel están obligados a escalar, en este caso con un agravante y es que Israel está anexando la Cisjordania, el sur del Líbano, bombardeando Beirut y anexando el sur de Siria. Estas anexiones de Israel no figuran en el paquete de negociación con Irán y sí son rechazados por parte Irán. La contrapropuesta es interesante: el estrecho de Ormuz queda bajo el control de Irán, todos los daños sufridos por Irán tienen que ser indemnizados por Israel y Estados Unidos y ponen en el paquete la cuestión palestina, libanesa y siria, o sea que la guerra se decidirá en el terreno.
Bien, este informe, repito, procura desarrollar un nexo dialéctico entre la guerra mundial imperialista y los métodos genocidas del imperialismo con la decadencia y la crisis del imperialismo. El imperialismo es responsable de la guerra imperialista, sí, pero lo es relativamente, incluso Trump Netanyahu. Pero la voluntad de impulsar la dominación política del imperialismo y la misma guerra, está determinada y dominada por la fuerza ciega de la crisis; ellos no dominan el escenario político, ellos son dominados por la fuerza imponente de la crisis capitalista y el estallido de las contradicciones, que asumen subjetivamente a la cabeza de una clase que advierte su derrumbe histórico. La criminalidad de la guerra no es subjetiva sino que es la expresión subjetiva de la criminalidad del imperialismo. Apenas nos apartamos de esto el análisis deja de ser histórico y deja de ser objetivo, para transformarse, digamos, en psicológico. Trump es un descendiente histórico de Abraham Lincoln, los dos republicanos; el primero un adorador de la esclavitud; el segundo, el máximo dirigente de la guerra contra la secesión y la esclavitud, que transformó por completo a Estados Unidos.
Ahora se entiende la envergadura histórica que ha tenido la cuestión palestina. El asalto de Hamas al sur de Israel el 7 de octubre, que detonó la secuencia de la presente guerra (adelantada por la de la OTAN y Rusia en Ucrania) fue un intento desesperado para que la causa palestina no muriera por inanición cobardía y vergüenza. En los meses previos a este asalto hubieron ataques brutales del sionismo al sur de Gaza. La guerra genocida contra Gaza ya estaba siendo ejecutada por Netanyahu cuando se produce el asalto de Hamas. Este detonante y la guerra subsiguiente de Israel contra Irán, Hezbollah, etcétera, y el asalto del estado sionista a Siria aleja o hace retroceder de escenario geopolítico a Rusia a China, y no han salido de ese corral hasta el día de hoy. El otro día, sin embargo, una declaración escrita del jefe de la oposición de centro izquierda de Israel, Yair Lapid, un belicista de la calaña de Netanyahu, señala que el ejército israelí se está desangrando, que hay sectores que hace tres años que siguen en combate sin o con escasa rotación, que la reserva se encuentra agotada y que lo único que funciona son los cuerpos de elite. No solamente hay una crisis de municiones y misiles, sino una crisis de tropas. Esto es francamente impresionante, porque así como el imperialismo norteamericano necesita mantener su protagonismo dominante mundial, Israel no podría existir ni un minuto si no es con el apoyo de este imperialismo y con todo el armamento y toda la militarización que define al estado sionista. Lapid dice que la cosa se está pudriendo por adentro.
Que la guerra es mundial y que por lo tanto penetra en todos los países lo prueba Cuba, tan lejos del Medio Oriente. Estados Unidos quiere liquidar no la revolución cubana, que no existe más, sino su memoria histórica; y quiere transformar el derrocamiento del régimen cubano en una victoria ideológica como lo ha hecho con la restauración del capitalismo en Rusia. El castrismo negocia con Trump como los stalinistas de Rusia lo hicieron con Clinton, a través de una diplomacia secreta. Nl informa al pueblo lo que está negociando; el pueblo cubano no tiene arte ni parte en los reclamos o concesiones que está haciendo Cuba o el castrismo. Tampoco acerca de la unilateralidad de una negociación con Estados Unidos cuando frente a la crisis humanitaria que tiene Cuba el gobierno de Cuba debería plantear eso a todos a los gobiernos y a los trabajadores de todos los países del mundo Acá vemos algo pedagógico desde el punto de vista de la acción política, en un cuadro de crisis humanitaria como en Cuba, Denunciar que el gobierno no moviliza revolucionariamente a las masas, bueno por respeto a quienes puedan pensar eso no voy a decir que es una tontería pero sí que es muy ingenua, primero porque el castrismo ha perdido arrastre de las masas en Cuba, tampoco tiene algún interés en movilizarlas, por el contrario las ha reprimido, y además porque las masas lo que quieren en Cuba es luz, medicamentos y alimentos; entonces, con la consigna de queremos saber que están negociando y queremos que se conozca lo que nosotros queremos, se abre el camino para hacer asambleas y se plantean reivindicaciones populares contra las imposiciones del imperialismo. De este modo podemos desarrollar un método muy importante para una organización de la Cuarta Internacional, que es mostrar una vía de salida a una situación que parece sin salida. Esto es fundamental.
Bien hay que destacar el acuerdo del Escudo de las Américas, que es prácticamente la conversión de América Latina en un protectorado, incluso diferente a lo que ocurría en la época de la doctrina Monroe o a finales del siglo XIX ¿En qué consiste la diferencia? En que a principios del siglo XIX, con las invasiones y dominación, tempranamente de México, y décadas más tarde, de los países del Caribe, se formó el imperialismo norteamericano, ese fue su primer terreno al espacio exterior próximo. Hoy, en cambio, no estamos en un periodo de formación de un imperialismo, sino de decadencia de ese imperialismo. Esto quiere decir que las fuerzas poderosas que impulsaron a la expansión de Estados Unidos para entrar en el mercado mundial, para entrar en la economía mundial, hoy son fuerzas completamente contrarrevolucionarias en declinación o agonía. Frente a este período decadente, tenemos al chavismo, al kirchnerismo y al castrismo cumpliendo un penoso papel típico de la pequeña burguesía nacionalista. Ha compartido con el propio Trump la recolonización servil de Venezuela. El kirchnerismo que no abre la boca con el genocidio de Palestina, ni acerca de la guerra imperialista mundial, ni aunque le pongan una brasa de carbón debajo de los pies.
Dos puntos finales. El eslabón crucial de esta guerra mundial (América, Europa, gran parte de Asia), con todos los elementos en juego, lo va a representar la cuestión de la invasión terrestre contra Irán, porque desataría una mayor crisis política, en especial en Estados Unidos y el impacto sobre el estado sionista. Nuestro partido tiene que estar alerta y movilizado. Hay que ver todo el panorama ¿Pera cuál es la posición de la izquierda democratizane frente a la guerra?
En Ucrania, ya vimos, dijo que era una cuestión local y que era una lucha emancipatoria de Zelensky y de la derecha ucraniana contra el llamado imperialismo ruso. Es decir que en esta guerra mundial todos los partidos del FITU, con variantes, asumieron una posición proimperialista y fundamentalmente no comprendieron el fenómeno histórico de este cambio dd época para el imperialismo norteamericano. En el caso del 7 de octubre, lo denunciaron en nombre de los derechos humanos del estado sionista. Acá hay un problema de método: no se puede o debe condenar ninguna acción que proceda de un pueblo desesperado, desde la poltrona de una Facultad. Inclusive si una acción desesperada es inconveniente, como habría que suponer, lo último sería condenar la acción inconveniente de un oprimido desesperado. Con respecto al tema de Irán, el aparato del Partido Obrero, con este Social Workers Party británico (que cultiva una base musulmana en el Reino Unido hostil a los Ayatollahs), ya ha dejado bien en claro que coloca en el mismo plano histórico al imperialismo norteamericano y a Irán, una nación oprimida.
Ha salido un artículo del compañero Camilo Márquez del PT de Uruguay sobre la posición del PTS. Para el PTS no hay una guerra mundial, no hay una guerra imperialista en Ucrania, no hay una quiebra de la dominación capitalista mundial, sino que hay un “caos histórico y un desorden global”. Este planteo vacío de contenido lleva el propósito de sustentar una posición centrista que dice más o menos lo siguiente: bueno, ‘qué puede pasar de aquí en más’; ‘puede pasar de todo’. Pero lo que no está a la orden del día es la transformación, como decía Lenin, de la guerra imperialista en guerra civil contra el imperialismo, porque ‘ni siquiera sabemos si hay el desarrollo de una guerra imperialista mundial’. Esto tipifica a una organización centrista, para lo cual hay esto por un lado y esto otro por el otro lado. No hay una crisis de la humanidad impuesta por la declinación de la dominación del capital, no hay una relación entre la guerra y la revolución -ambas expresión del estallido de todas las contradicciones sociales y políticas y al mismo tiempo actuando reactivamente la una sobre la otra-.
¿A qué nos lleva todo esto? A que necesitamos una campaña de partido, y el Congreso tiene que resolver una campaña de partido. Campaña de partido quiere decir no hacer solamente caracterizaciones actualizadas a la luz de lo que va ocurriendo (rechazo del impresionismo) sino una agitación sistemática en torno a lo que caracterizamos que ocurre y en torno a los planteos que entendemos que hay que desarrollar a nivel mundial. El partido tiene que tomar esa responsabilidad. Como va a haber plenarios, todos los militantes que están presentes hoy y quieran aportar a la luz de todo el debate a la campaña del partido, pido que lo hagan, porque donde piensan centenares de cabezas se piensa mejor si se confrontan en el debate político.
Compañeros les agradezco mucho Espero que esto ayude al desarrollo de un congreso creativo, formativo. Viva Política Obrera.
Argentina, 28 de marzo, 2026
