La devaluación, en medio de una bancarrota política y una conmoción popular

Escribe Marcelo Ramal

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El gobierno puso un pie en el período post PASO con una devaluación del 22% en la paridad del dólar oficial, y una suba astronómica de la tasa de interés. De este modo, los “Unidos por la Patria” salieron a buscar afanosamente el rescate del FMI, que luego anunció una reunión de directorio para dentro de diez días. Allí deberían aprobarse los desembolsos para que Argentina le pague al propio Fondo de aquí a noviembre. Para que no quepan dudas, el ministro-candidato anticipó un “déficit cero” para 2024, mientras los voceros oficiales y oficiosos del gobierno se subían al carro de una “necesaria discusión” (sic) sobre el régimen laboral. En nombre de “parar a la derecha”, los Massa y Fernández han abrazado la agenda de Milei y Bullrich. En la agenda del acuerdo, el Fondo colocó el compromiso de una contrarrevolución social, y el gobierno ha salido a dar poderosas señales en esa línea.

Gobierno y desgobierno

En los planes del gobierno, el cimbronazo de la devaluación -que desde estas páginas anticipamos- era el precio a pagar para recibir los dólares del Fondo, ingresar exportaciones y apostar a una relativa estabilidad financiera y cambiaria para el último mes de campaña. Este esquema contaba con la complacencia silenciosa de los Larreta. En el medio, sin embargo, “pasaron cosas”: el derrumbe electoral del domingo ha dejado al gobierno y a sus eventuales sucesores cambiemitas en estado catatónico. El 'reordenamiento' económico posterior a una devaluación exige una autoridad política que el gobierno y el régimen han perdido por completo. Lo reveló la penosa tentativa de prohibir la exportación de carne, que apenas duró un par de horas: junto al recule oficial, el ganado en pie completó un aumento del 20% en 24 horas y del 40% en dos semanas. Lo mismo ocurre con los límites impuestos a la compra de dólares a través de las operaciones con bonos y acciones –la posterior 'rebelión' de los brokers financieros ha llevado la divisa paralela a 720 pesos.

De conjunto, las remarcaciones de precios de alimentos se han disparado en torno del 20% en el término de dos días. El 6,3% de inflación de julio, anunciado en la tarde del martes, ha pasado a ser un recuerdo, porque se anticipa un 13-15% para agosto y para setiembre. El giro comercial e industrial transita entre las remarcaciones y la suspensión de operaciones, por “falta de precios”.

La devaluación 'reordenadora', por lo tanto, no ha 'ordenado' nada, sino todo lo contrario. Los exportadores agrarios la denuncian como tardía, y los beneficiarios del dólar maíz reclaman un nuevo salto devaluatorio “especial” para seguir exportando. La suba brutal de la tasa de interés anticipa la quiebra de las economías familiares apalancadas en el endeudamiento con tarjetas. El cimbronazo devaluatorio de Massa, por lo tanto, inaugura un período de devaluaciones y remarcaciones sucesivas. La disolución política del régimen, que las PASO pusieron de manifiesto, se traduce ahora en una desorganización económica manifiesta y, principalmente, en un golpe devastador para todos los que viven de su salario o jubilación.

Extorsión

La disgregación económica en marcha devuelve la crisis política a un punto mayor: el Financial Times, caracterizando la situación post PASO en Argentina, aventura una “bancarrota del gobierno”. El escenario de la Asamblea Legislativa o de las elecciones adelantadas vuelve a instalarse. Una hiperinflación -“comandada” por el gobierno en derrumbe- ejecutaría el trabajo sucio contra las masas y prepararía las condiciones para la liquidación del peso y la contrarrevolución laboral prometida para después de diciembre. En este cuadro, el massa-kirchnerismo y sus agentes en los sindicatos están sometiendo a los trabajadores a una singular extorsión: mientras agitan el fantasma de “Milei y la derecha”, miran para otro lado frente a la demolición de los salarios, que está ocurriendo en cuestión de días y horas. El colapso económico y político del gobierno plantea una urgente deliberación en las organizaciones obreras, en los barrios y en los lugares de estudio. Para que sus consecuencias no se abatan sobre los trabajadores. Por sobre todas las cosas, el “voto” que importa es el de las asambleas obreras, plenarios y autoconvocatorias: preparemos la huelga general por un salario que cubra el costo de la canasta familiar; indexación de los salarios de acuerdo a la inflación de la quincena pasada, urgente retracción de los precios a sesenta días atrás y control obrero de la producción. Organicemos asambleas obreras, plenarios y autoconvocatorias .discutamos la preparación de la huelga general por estas urgentes reivindicaciones.

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