Luchemos por una salida obrera a la crisis terminal del sistema de salud

Por una huelga general autoconvocada en defensa del salario y del derecho a la salud.

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El sistema de salud argentino está en desintegración. El éxodo de profesionales abarca tanto al sistema público como a las obras sociales y privados. Aquellos que pueden, se recluyen en sus consultorios para resguardarse de los salarios miserables que paga el Estado o del precio por consulta también miserable que ofrecen prestadoras y prepagas. Centenares de cargos de residencia en especialidades críticas quedan sin cubrir, amenazando la formación profesional.

La contracara es la suspensión de controles y tratamientos, como en el peor momento de la pandemia; la exigencia de copagos exorbitantes y los turnos a 4 o 6 meses, es decir, la negación efectiva del derecho a la salud. Las consecuencias ya se observan con el agravamiento sin respuesta de toda clase de patologías, desde el rebrotado Covid a las viejas enfermedades como la tuberculosis y la agudización de todas las problemáticas en salud mental. La población peregrina de un efector al otro sin encontrar atención.

El hospital público recibe toda esta sobrecarga en un cuadro de vaciamiento sistemático. Los quirófanos funcionan “cuando se puede”, por la carencia de insumos y la desidia en infraestructura que se arrastra desde hace años. El Hospital del Niño de San Justo, en La Matanza, el único de la zona oeste del conurbano, es un ejemplo de esta crisis final: la guardia está cerrada hace más de 5 meses, 60 médicos renunciaron y sus salas funcionan con un 30% del personal. La liquidación del hospital pediátrico es un crimen contra la clase obrera.

Del otro lado, las obras sociales fueron convertidas en cascarones vacíos. Son víctimas del desmantelamiento ruinoso operado por las burocracias sindicales, que hacen un negociado de la tercerización de servicios en manos de prestadoras y clínicas privadas, muchas veces ligadas a ellas mismas. Al mismo tiempo, se ven afectadas por el derrumbe de los salarios gracias a las paritarias pactadas por ese mismo aparato sindical, del cual se derivan aportes esquilmados por la inflación.

Este cuadro nutre el vampirismo de las empresas prepagas, que hacen un negocio financiero intermediando entre laboratorios, farmacéuticas y los grandes capitales que invierten en aparatología y equipamiento médico. Este lucro se abastece del propio Estado, con clínicas y sanatorios que son “PAMI o IOMA dependientes” y un festival de subsidios y exenciones impositivas que convive con la precarización laboral extrema de sus trabajadores y las cuotas imposibles que demandan a los afiliados.

Todo este entramado llegó a un límite y entró en un proceso de disolución. La quiebra del sistema de salud es parte de una quiebra sistémica general del país. Avanzamos hacia un default y una hiperinflación, con una megadevaluación que cuenta con el aval del FMI y los principales candidatos, que se disputan el voto evadiendo la catástrofe que preparan. Mucho antes que una dolarización tendrá lugar el colapso de la actual estructura económica y social.

Esto incluirá la licuación final de salarios y jubilaciones y del conjunto de los derechos laborales. Para el sistema de salud, ya la última devaluación implicó un salto en su desquicio, del cual la clase capitalista pretende salir con un arancelamiento generalizado. Lo que se viene en la Argentina es una gran prueba de fuerzas, que encontrará de un lado al régimen político regenteado por los derruidos partidos patronales y el FMI, y del otro a las masas que vivimos de nuestro trabajo.

La clase obrera no tiene otros métodos para enfrentar esta situación terminal que la huelga general y la autoorganización de su propia capacidad de lucha. Llamamos a preparar esta respuesta debatiendo la situación en nuestros lugares de trabajo, poniendo en pie asambleas, coordinadoras y un congreso de trabajadores autoconvocado. Rechazamos la línea estéril que espera de la burocracia sindical paros o planes de lucha, justo cuando ella se vende como una camisa de fuerzas para los trabajadores al servicio del que venga, sea Massa o Milei.

Una salida obrera a la crisis de la salud pasa por reconstruir el salario con un mínimo que asegure una canasta familiar para todos los trabajadores y su indexación mensual; aumentar las dotaciones para asegurar la atención con una jornada laboral de 6 horas; el reconocimiento profesional a través de un convenio único, que termine con las divisiones por especialidad y forma de contratación; la apertura de los libros de todos los establecimientos públicos y privados bajo el control de comisiones electas por trabajadores y usuarios; la nacionalización de los laboratorios y de la gran industria sanitaria por parte de un gobierno de trabajadores.

Como demostró la experiencia de las grandes luchas de la salud en este último período, la vía para imponer éstas y todas nuestras reivindicaciones es la movilización autoconvocada y la huelga general. ¡Pongamos manos a la obra! La vida de nuestras familias y de nuestros pacientes está en juego.

Plenario de trabajadores de la salud convocado por Política Obrera, 16/09/23.

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