Los ´presidenciables´ frente al segundo round

Escribe Federico Fernández

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“Marcar el paso” supone detener la marcha y simularla, moviendo las piernas sin avanzar. Es lo que hicieron los cinco candidatos a la presidencia frente al segundo -y último- debate de cara a las elecciones generales. A 15 días de la elección, el desempeño de los presidenciables en la discusión de ayer ha aumentado la confusión acerca de los planteos de unos y otros.

El planteo de "unidad nacional" de Massa quedó deslucido cuando Bregman le señaló que era una convocatoria a la derecha. Milei no aportó nada nuevo salvó una teoría de los ciclos climáticos anterior al antropoceno. Insistió con su propuesta de “unidad nacional”. La hiperinflación, con el dólar paralelo trepando a los mil pesos, no fue objeto de debate. Implicaba admitir unas fiestas calientes y una crisis temprana del nuevo gobierno. Solo por esta omisión le cabe un bochazo al quinteto de postulantes. Nadie denunció el carácter desestabilizador de la "corrida". Entretanto, Patricia Bullrich intentó levantar su pobre desempeño anterior a fuerza de gritos contra “la corrupción”, sin admitir que en el 'affaire' Insaurralde están involucrados gestores del Juego que pertenecen a su propia fuerza.

Myriam Bregman convocó a impulsar una “nueva fuerza política de izquierda y de los trabajadores", sin aclarar si daba por agotado al FIT-U. El aparato del PO ha anunciado algo parecido -"un movimiento popular con banderas socialistas"-. Schiaretti volvió a querer ubicarse como la representación “de las provincias”. De conjunto se ha vuelto a confirmar el desconcierto que rodea a los partidos del régimen sobre la salida a la monumental crisis social, política y económica.

Todos los candidatos hicieron referencia a la guerra declarada por el Estado de Israel contra el pueblo palestino, los primeros cuatro para apoyarla y la representante del FIT-U para señalar que el conflicto tiene como base una política de apartheid por parte del Estado de Israel.

“Seguridad”

La pelea por la “mano dura” atravesó a los principales candidatos. Sergio Massa propuso crear un “FBI argentino”. Contra la portación privada de armas, Bullrich defendió el monopolio estatal de la violencia y prometió incorporar a las FFAA a la represión del narcotráfico. Bregman, cuya corriente impulsa el consumo recreativo de drogas y un sistema de salud para tratar a adictos, propuso la nacionalización de los puertos para cortar el narcotráfico, las "leyes" que favorecen el lavado de dinero y denunció la complicidad de la policía. Milei acusó a Bullrich de querer una dictadura, en referencia a la creación de un sistema de espionaje de presos. Estuvo ausente el llamado a la juventud para organizar la lucha contra la brutalización del consumo de drogas.

“Trabajo y producción”

Milei, Bullrich y Schiaretti convocaron a una desregulación laboral bajo varias formas - “eliminar la industria del juicio”, “reducir las penalidades” y otras formulaciones-. Bullrich le añade la denuncia y la promesa de cárcel a los “dirigentes sindicales”. El candidato del gobierno reivindicó la devolución parcial del IVA o eliminación del impuesto al salario, pero ocultó la confiscación extraordinaria propinada a los trabajadores. Bregman planteó la reducción de la jornada laboral en las grandes empresas, para habilitar la incorporación de los trabajadores desocupados, lo cual dio pie a una respuesta estúpida de Milei.

Cruces y cierres

Las preguntas entre candidatos buscaron golpear sobre el prontuario de unos y otros y darse "carpetazos" de diversa índole. Massa volvió a la carga cuestionando si “eran lo mismo" él y Milei, para sacarle a Bregman un apoyo en el ballotage y hasta privarla de votos en primera vuelta. Bregman lo acusó de “irresponsable”. “Agitan con la derecha, dijo, y le arman las listas y los llaman a la unidad nacional. Si querés enfrentar a la derecha, votá a la izquierda”. En otro de los cruces Javier Milei le pidió la lista de nacionalizaciones que impulsa el FIT-U. El derrotado Gabriel Solano la chicaneó en un tuit y ofreció la lista que pedía Milei. Bregman, en cambio, planteó, dentro de los límites del tiempo, una cuestión de poder: "gobierno de trabajadores", aunque envuelto en retórica democrática y destinado al futuro indeterminado de "las futuras generaciones".

Los cierres repitieron las frases de cada uno. El desenlace violento de la crisis actual estuvo fuera del escenario de todos y todas.

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