La ocupación de Bed Time: una lucha estratégica contra los ataques patronales

Escribe Nelson Pacheco

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La ocupación de la fábrica de colchones Bed Time, ubicada en Tigre, ha sido la respuesta de sus trabajadores a la extorsión patronal.

La patronal condiciona el pago de salarios adeudados a la firma de una propuesta extorsiva: 50% de rebaja salarial o 50% de despidos con 50% de indemnización. La ocupación de Bed Time es una certera respuesta de lucha contra esta extorsión, por la defensa de las condiciones laborales y de una organización obrera que, a lo largo de 12 años, atravesando importantes experiencias de lucha, arrancó conquistas que, antes y después del cambio de firma (antes se llamaba Tempur -Sealy), las patronales han intentado liquidar.

La línea dura de la patronal expresa en esencia los objetivos del conjunto del capital: llevar a cabo un ajuste de cuentas contra la clase obrera que no ha logrado imponer. La pretendida reforma laboral quedó fulminada tras la rebelión contra la reforma jubilatoria a fines de 2017. Desde entonces, las patronales han tenido que avanzar convenio por convenio, lo cual ha sido posible gracias a la complicidad de la burocracia sindical. Bed Time concentra todas las cuestiones fundamentales que importan al conjunto de la clase obrera en la situación actual. Esto la convierte en una lucha estratégica, cuyo desenlace tendrá implicancias para el conjunto del gremio plástico y otros sectores del movimiento obrero.

El gobierno de Fernández colocó en su agenda este reclamo de las cámaras empresarias, condicionado por el fracaso de Macri: una reforma laboral a la carta, al gusto de cada cámara patronal y con la firma de los sindicatos, lo que colocaba a la burocracia en posición de negociar prebendas. La pandemia aceleró los tiempos y ahora las patronales quieren ir por todo. La postura extorsiva e intransigente de la patronal de Bed Time expresa esta cuestión fundamental que abre una lucha de fondo entre el capital y la fuerza de trabajo. La respuesta de los trabajadores ha llegado justo a tiempo: no solo enfrentaron las provocaciones preparando a la asamblea con medidas progresivas, sino que, frente al primer indicio, votaron la ocupación para evitar el vaciamiento.

Luego de presionar para conseguir la habilitación y la reapertura de la planta en medio de la cuarentena, utilizando como pretexto la fabricación de colchones de línea económica para abastecer a hospitales y municipios para asistencia social, inmediatamente pusieron a los trabajadores a producir colchones premium para stockear. Ante las excusas, y en oposición a esto, la propuesta obrera fue la de redireccionar la producción hacia el sistema sanitario, cuestión que ni siquiera fue puesto en consideración. La miseria del patrón se muestra por partida doble; les importa un bledo la salud del prójimo, incluidos los trabajadores de su propia planta.

La insolvencia ha sido la excusa de la patronal para no pagar los salarios. Sin embargo, de solo evaluar las ganancias fabulosas que obtuvieron años anteriores, que rondaban los 300 millones por año, es evidente que pretenden un el reordenamiento a favor suyo de las relaciones laborales a costa de las condiciones de trabajo. Intentan financiar con salarios una futura reactivación que ni ellos creen posible.

Los ataques a las condiciones de trabajo se dan en prácticamente todos los gremios, con la complicidad u omisión de la burocracia y el gobierno. La ley “anti-despidos” de Fernández les sirvió en bandeja la puerta de emergencia por donde evadirse de la mentada prohibición a través de acuerdo con la burocracia (Art 223 ley 20.744). Es lo que sucedió en Techint y tantas otras empresas.

En el gremio plástico la burocracia se desdijo luego de firmar acuerdo de rebaja salarial al 70% para sus afiliados porque la bronca no paraba de crecer entre trabajadores, comisiones internas y hasta sindicatos provinciales. Esta situación está sacando a la luz a un activismo que despunta una potencial oposición a la burocracia. Es preciso establecer una política agrupamiento sobre la base de reuniones y plenarios con los activistas que se reagrupen a partir de la solidaridad con la ocupación. La lucha de Bed Time debe ser el eje de ese reagrupamiento y una referencia para el conjunto de las luchas en curso y las que ya vienen.

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