Sobre los escombros del peronismo, emerge un semi-bonapartismo de derecha

Escribe Marcelo Ramal

Después de Alberto y CFK, también Massa se toma licencia de las funciones de gobierno.

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La situación política planteada después de este domingo no está determinada solamente por su consecuencia -la victoria de Milei-, sino, principalmente, por la contundencia del resultado electoral.

Los balotajes suelen terminar en victorias estrechas y resultados divididos. No ha sido el caso: Milei alcanzó casi el 57 % de los votos, contra el candidato del gobierno y el aparato estatal. Se impuso por igual en las gobernaciones pejotistas como en aquellas gobernadas por Juntos por el Cambio. En las excepciones -como Buenos Aires- ganó en varios municipios del conurbano y quedó a sólo un punto porcentual de Massa. En el ajuste de cuentas que la Unión por la Patria le pasa en estas horas a varios intendentes del conurbano, se pone de manifiesto que, pasada la elección general, los caciques municipales se declararon en libertad de acción, anticipando un proceso de acelerada disgregación del pejotismo y el kirchnerismo. Milei derrotó al peronismo en las provincias del norte, golpeando por igual a los Jaldo-Manzur, de un lado, y a los Gerardo Morales, del otro.

La derrota del oficialismo fue la expresión de una crisis social galopante, que se llevó puesto al 25 % de los salarios formales y al 40 % de los informales desde los tres últimos años del último gobierno de CFK; los del macrismo, en especial a partir de principios de 2018; hasta los del dúo de los Fernández y de Massa. El retroceso del desempleo estadístico, luego de la cuarentena, fue acompañado de una precarización laboral sin precedentes y de los salarios más bajos de los últimos diez años. A la par de ello, se ha operado un salvataje al capital -financiero, industrial, agrario- también inédito, no sólo en la cuarentena, que la población ha pagado con una inflación del 150 % anual, en ascenso. Del 54 % de CFK, en 2011, aunque sin necesidad de segunda vuelta, se ha pasado al 57 % de Milei ayer, una suma de anteriores votos kirchneristas y anteriores votos macristas. El deseo de las masas de votar a Massa para parar a Milei, sólo lo detectó el deteriorado oído de los dirigentes del FIT-U. Desde un lejano principio reiteramos nuestra caracterización de que el peronismo no constituía, en esta elección, ningún canal de las masas.

“Mandato”

Milei ha advertido que el 57 % de votos que obtuvo el domingo representa, para él, un problema político. La ratificación del propósito de aplicar una política de “shock” tiene que ver con el acoso que el macrismo y una parte del llamado círculo rojo ha iniciado para coparle el gabinete. En sus primeras declaraciones, descartó el “gradualismo” y abrió la puerta a la privatización de los medios públicos, YPF y Aerolíneas. Ello no es viable, a corto plazo, en medio de una tendencia hiperinflacionaria. A un plazo superior es otra cosa, pero como dijo alguien “a largo plazo estamos todos muertos”. Lo más seguro es que nombre a los suyos en la TV Pública y Radio Nacional, lo que no deja de ser un ataque de fondo, dependiendo de su amplitud; que libere el tráfico de cabotaje y que lleve los combustibles a precios internaciionales. LLA depende políticamente del cheque a plazo fijo que le dio el electorado. Milei debe enfrentar la contradicción entre la masividad del voto popular, de un lado, y el anarcocapitalismo que afirma profesar, del otro. El arbitraje político que debe desempeñar un Presidente no es una elección libre, sino una imposición de las condiciones políticas en su conjunto. Un arbitraje entre las distintas “castas” que lo acompañan también exige establecer una base popular amplia, para neutralizar esas presiones.

Transición y trabajo sucio

La “transición” entre los dos gobiernos, apenas veinte días, ya desató una crisis en los términos expuestos. Massa se otorgó a sí mismo “una licencia”, que Milei repudió enseguida como la creación de un vacío político, capaz de desatar una fuga de capitales y una hiperinflación. Milei rechaza ahora aquello que siempre presentó como una condición para la dolarización monetaria. El “Frente de Todos”, por su lado, terminaría sus días de un modo curioso: con el abandono de las funciones de gobierno de sus tres fundadores –Alberto, Cristina y Massa-.

Milei prepara a los apuros un viaje a Estados Unidos e Israel, para tramitar un socorro financiero. Antes deberá renegociar el acuerdo con el FMI. Se ha comprometido a respetar los depósitos bancarios, algo que repudió durante la larga campaña electoral. Luis Caputo, el responsable del primer acuerdo, está gestionando un nuevo acuerdo, que contemple un préstamo adicional de 15.000 millones de dólares. Argentina pasaría a deberle al FMI 70.000 millones de dólares, al 9 % de interés anual.

La situación de las masas

El peronismo y el kirchnerismo político y sindical llamaron a votar a Massa; ahora deberían rebobinar. Gerardo Martínez ya había coincidido acerca de la necesidad de una reforma laboral. La burocracia de la CGT ya busca intermediarios para ‘acompañar’ a Milei. Lo mismo ocurrirá con los burócatas de los planes sociales, como Pérsico, Navarro y Grabois, que ya habían coincidido con Massa y Grobocopatel para transformarlos en planes de empleo, con salarios del mínimo de la escala, subsidiados por el Estado. Como ha ocurrido, si no desde la época de Alberdi, sí desde la dictadura fascista del general Uriburu, la burocracia sindical se apresta a colaborar con el gobierno de turno.

El fracaso político del FIT-U es épico: llamó a votar a Massa o a evitar el voto en blanco para no herir la susceptibilidad del electorado peronista. El electorado popular que repudiaba al massismo y al peronismo, a quienes responsabilizaba por una miseria feroz, les importaba menos. El FIT-U no buscó capturar el interés de uno y otro electorado ni en primera ni en segunda vuelta. Atendió a las preocupaciones de la intelectualidad de medio pelo, que ha resuelto sus problemas sociales bajo el manto de las “instituciones democráticas”.

El cuadro poselectoral nos confirma en la caracterización de que Argentina y el mundo no atraviesan un período reaccionario de derrotas obreras, sino una etapa de enorme crisis capitalista de guerras y revoluciones.

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La catástrofe electoral y política del kirchnerismo y del peronismo Comunicado de Política Obrera, 20/11/2023.

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