La turbulenta transición al 10 de diciembre

Escribe Jorge Altamira

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La transición hacia el 10 de diciembre, cuando debe prestar juramento el binomio presidencial electo el 19 de noviembre pasado, atraviesa una crisis que no tiene precedentes en los últimos cuarenta años.

El centro de esta crisis es el default financiero que amenaza desatar la enorme deuda pública de Argentina. La salida frente a esta bancarrota es el ordenador político de la formación del nuevo gobierno –desde quienes deben ser designados en Seguridad y Defensa, hasta en ANSeS y el Ministerio de Capital Humano, que engloba a Desarrollo Social, Trabajo, Salud y Educación-. Las idas y vueltas que ha tenido el armado del futuro Gabinete plantea la posibilidad de que Milei se vea forzado a asumir sin tener completo el elenco de ministros y secretarios. La transición se encuentra acompañada por una corrida financiera: los bancos no renuevan las Leliqs -la deuda del Banco Central con el sistema bancario-, en tanto que los fondos de inversiones y las empresas siguen saliendo de la deuda del Tesoro Nacional mediante su venta al Banco Central. La emisión de moneda que entraña estas operaciones asegura una inflación de dos dígitos hasta el otoño, por lo menos.

La ronda de cambios en las designaciones eventuales en el Banco Central y en Economía ha sido reveladora de la crisis política que ha desencadenado el choque de intereses enfrentados por el ‘desarme’ de la deuda pública. El dolarizador Emilio Ocampo abandonó el barco cuando se enteró de que a Economía iba Caputo, opuesto a la dolarización. La dimisión de Ocampo trajo de Estados Unidos a Demian Reidel, exvicepresidente del Central bajo la presidencia de Sturzenegger, en el gobierno de Macri. Antes de que la noticia tomara vuelo, Reidel también renunció a la condecoración, al grito de “Viva la libertad, carajo”. Para Ocampo, es necesario amputar la deuda del Central mediante el otorgamiento a los acreedores -los bancos- de un bono a largo plazo, con disminución de capital y baja tasa de interés. Sin llegar a ese extremo, Reidel y Sturzenegger son partidarios de una reestructuración compulsiva de esa deuda, o sea, con perjuicio para los bancos y para los depositantes en los bancos –en su mayoría, empresas y fondos comunes o de inversión-. A una tasa de cambio de 600 pesos el dólar, la deuda conjunto del Central y el Tesoro es equivalente a 150.000 millones de dólares. La “estabilidad monetaria”, para los renunciantes, es inalcanzable sin una poda de esa deuda. Milei ha preferido, contra todos estos, a Luis Caputo, a quien atribuye “muñeca financiera”. Luis Caputo se ha hecho famoso por varias razones, entre las que se encuentra la emisión de una deuda en dólares, en 2017, a cien años. Esta deuda cotiza en la actualidad un menos del 15 % del valor de emisión. Quien la compre a este precio de ganga podría obtener un rendimiento en dólares del 30 % anual, durante los 94 años restantes siempre que Argentina no declare la cesación de pagos.

Caputo, con el apoyo total de Milei, plantea convertir la deuda del Central en deuda del Tesoro, progresivamente. En lugar del Central, su pago quedará a cargo del contribuyente. El déficit del Central ha sido (mal) calculado por Milei en un 10 % del PBI, el cual convertiría al déficit del Tesoro, que se calcula en 5 % del PBI, en un 15%, o el equivalente a 75.000 millones de dólares. Dos observaciones. Una, el déficit financiero del Tesoro es del 3 %, de modo que el estrictamente presupuestario es del 2 %. Dos, el déficit del Central es mayor a 50.000 millones de dólares al año, porque una parte de su activo, contabilizado en dólares, no vale nada, de modo que no reporta utilidades con la suba del dólar. Es probable que la consolidación de los dos déficits llegue a más del 20 % del PBI, o sea, a un equivalente mayor a los 100.000 millones de dólares al año: 100.000 billones de pesos. Para pagar esta suma habría que podar el 75/80 % de los gastos del Presupuesto Nacional, cada año.

Todo esto indica que Argentina no atraviesa una crisis fiscal, sino una crisis financiera, que Milei y Caputo quieren convertir en una insuperable demolición fiscal. Los contribuyentes, por su parte, y los usuarios de servicios públicos, por la suya, deberían salir al rescate de los acreedores del Banco Central y del Tesoro, por el solo pago de intereses. Pero el asunto tampoco termina aquí, porque están además la deuda externa (legislación extranjera) del Estado nacional, las provincias e intendencias, y la deuda con el FMI. En repetidas ocasiones, la próxima Canciller, Diana Mondino, una economista, señaló que las deudas no se pagan, porque es suficiente con renovarlas, que sólo se gatillan intereses. Pues bien, lo que hemos resumido hasta aquí es sólo el pago de intereses: un 20 % del PBI, repetimos, 100 mil millones de dólares por años, a cargo del Tesoro. En un proceso de quiebra regular, la mayor parte de la deuda responsable de esos intereses sería anulada.

Los Milei y los Caputo no se dejan intimidar, sin embargo, por el derrumbe financiero, porque alegan dos cosas: una, que ‘los argentinos’ tienen guardados de 200 a 300.000 millones de dólares; dos, que el saldo exterior, en 2024, sería ampliamente positivo. Pero nadie se desprenderá de esos activos ocultos en el escenario financiero actual; los mismos ‘libertarios’, con Milei al frente, se negaban hasta hace un par días a salir de la crisis con mayor endeudamiento, si es que esto fuera posible. Un mayor endeudamiento agravaría la crisis de endeudamiento. En cuanto al comercio exterior, el salto favorable del año próximo tiene enfrente un pago de deudas acumuladas, también de comercio exterior, de 50.000 millones de dólares. La quiebra financiera de los Estados ha sido siempre precedida y acompañada por la acumulación de activos privados.

La caída de un 90 % de la renovación de las Leliq, por parte de los bancos, constituye la primera ‘corrida’ financiera contra el gobierno que está armando Milei con Caputo. Las tres asociaciones de bancos no respaldan una reestructuración o ‘reperfilamiento’ de la deuda del Central; prefieren que les deba el BCRA a que les deba el Tesoro Nacional. Pero la intención de convertir a este en deudor universal explica otros cambios en el futuro gabinete. Es así que el privatizador de la previsión social de Cavallo ha sido nominado para ANSeS, en detrimento de la ‘libertaria’ Carolina Píparo. Osvaldo Giordano se propone eliminar la pensión de viudez y la jubilación de aquellos que no reúnen treinta años de servicios (por desocupación y trabajo en negro). Pero también tiene en carpeta sustituir el ajuste jubilatorio actual, atado a la recaudación de la ANSeS y al índice de salarios pasados, por otro, que esté sujeto a la inflación futura, apenas el gobierno puede demostrar una caída del índice. El ‘empalme’ entre una y otra, como ocurrió bajo el gobierno de Macri, le brindaría al gobierno centenares de miles de millones de pesos. Además, aumentará la edad para jubilarse, empezando por las mujeres.

La agenda social y financiera del gobierno ‘libertario’-macrista preocupa al capital internacional, por su dimensión y por su inviabilidad. La cuestión de las Leliq y de la deuda local del Tesoro no está resuelta. Los bancos la han discutido con la UxP, JxC y LLA desde mayo pasado; sólo obtuvieron el acuerdo con su posición de parte de Sergio Massa. El Financial Times, la biblia del capital financiero internacional, es mucho más que escéptico: “Javier tiene una débil chance de éxito”, titula (23/11). Con cuestionable humor inglés, asegura que la reacción positiva de los mercados obedece a que LLA tiene escasa representación parlamentaria. Califica de “perturbadores” a los vínculos del mileísmo con el pasado dictatorial. El golpe final lo reserva para señalar que “el gobierno de Milei probablemente estalle como todos sus predecesores”. Otro artículo compara a Milei con la ‘libertaria’ Elizabeth Truss, que asumió el gobierno de Gran Bretaña, en octubre de 2022, con un programa ’motosierra’, sólo para ser volteada 45 días más tarde, como consecuencia de un levantamiento del mercado de la City de Londres, que percibió una inminente catástrofe financiera.

La etapa que ha inaugurado el próximo gobierno será, por todas la condiciones históricas y sociales, explosiva. Un episodio político de derechización no puede alterar esta perspectiva. En todo caso, convertirá al conflicto en más agudo y violento. Penetrará, como pocas veces antes, a todas las clases sociales. La forma en que se ha desarrollado la transición al 10 de diciembre, hasta ahora, pone de manifiesto que no se ha cerrado la crisis de gobernabilidad. Las situaciones políticas concretas deben ser caracterizadas a partir de su dinámica y esta, a partir de la evaluación objetiva del alcance de sus contradicciones y antagonismos sociales.

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