40 años del retorno a la democracia.

Política Obrera ante la transición democrática (Parte V)

Escribe El Be

Tiempo de lectura: 10 minutos

Luego de ocho meses, una fracción mayoritaria de las Fuerzas Armadas dio un golpe contra Viola y encumbró a Galtieri en la presidencia del país.

Para Política Obrera, “la dictadura no tiene la iniciativa del 76. Tiene que revertir el curso de los acontecimientos, es decir, librar una batalla cuesta arriba. Los 8 meses de Viola produjeron la mayor división dentro de la dictadura desde 1976”. Galtieri llevó adelante una depuración en el gobierno, dando lugar a la formación de nuevas camarillas. PO sostenía que “el largo mes de dilaciones y de vacío de poder que caracterizó la lucha por destituir a Viola, y el hecho de que Galtieri no obtuvo los 3 años de mandato que pidió, revelan el elevado potencial de dislocación presente a nivel de la cúpula militar. (…) Es a partir de la cada vez mayor fragmentación del frente militar del 76 (Massera, Viola, Galtieri, Menéndez, etc) que se puede afirmar con seguridad que el de Galtieri no es el último golpe dentro del golpe” (“Gobierno de guerra contra los trabajadores”, Política Obrera N°326, 23/12/81).

La Multipartidaria y la crisis de 1982

Durante toda esta crisis de la dictadura, la Multipartidaria vegetaba. PO explicaba que “a pesar suyo, a la Multipartidaria le fue ofrecida la posibilidad de convertirse en el centro de la situación política y de llenar el vacío político que se creó durante un mes por la crisis en la cúspide de la dictadura”, pero ésta se negó a aceptar ese rol. El papel reaccionario de la Mutipartidaria se veía claramente en un documento que emitieron entonces, donde sostenían que “la etapa de la subversión ha concluido porque, junto a la acción de las FFAA, existió el firme rechazo del pueblo”; con estas palabras la 'Multi' de los partidos 'democráticos' legitimaba el golpe y el genocidio de la dictadura.

El partido comunista y el PST hacía un completo seguidismo a la Multipadtidaria. El PST sostenía que “nuestra corriente socialista, que no se hace ninguna ilusión sobre el accionar de la Multipartidaria, está dispuesta a ocupar un lugar en ella para intervenir en el necesario debate sobre la forma de alcanzar una salida democrática. Como se dice en la nota presentada a la Multipartidaria, 'reclamamos el derecho a cumplir nuestro deber de representantes de un sector de la clase obrera, de participar con serenidad y firmeza en el debate que se abra'” (“Existe el riesgo que la Multipartidaria se asiente sobre exclusiones y discriminaciones”, Editorial de “Opción” Nro 31, septiembre de 1981). El morenismo se prestaba así al campo de la contrarrevolución ‘democrática’.

El gobierno de Galtieri se halló rápidamente en una situación desesperante. Política Obrera realizó un análisis de la situación, en marzo de 1982, donde explicaba que “un balance de los 60 días del gobierno de Galtieri nos lleva a estas dos conclusiones principales: 1) la nueva camarilla ha sido incapaz de revertir el proceso de disgregación política de la dictadura militar (en realidad lo ha acentuado de un modo fantástico); 2) el plan Alemann [Ministro de Economía] ha comenzado a entrar ya en una impasse, debiendo agravar el brutal antagonismo entre la dictadura y las masas laboriosas, incluso con la mayoría de la burguesía nacional. Está planteada, en nuestra opinión, una crisis mayor de gobierno, incluida la caída de Galtieri” (“El gobierno de Galtieri está acabado”, Política Obrera N° 327, 02/03/82).

Incluso después de la caída de Viola la fracción militar gobernante seguía sosteniendo que no se iría hasta 1984. El objetivo de mínima era pasar a tutores de un gobierno “constitucional”. Hacia esta tentativa fue la intentona de armar un partido oficial. La Multipartidaria seguía buscando un recambio gubernamental cimentado en un pacto político con las FFAA.

El gobierno de Galtieri tenía en sus planes, según había admitido al Financial Times, retomar el control de la crisis económica y política. Política Obrera anticipaba que si este plan “es reventado por los trabajadores, o no consigue superar sus propias contradicciones, Galtieri habrá de terminar peor que Viola” (ídem). Por esa misma fecha (principios de marzo) PO explicaba que “la dictadura está tratando de canalizar sus contradicciones hacia una aventura en el exterior, de la mano del títere Reagan. El régimen militar se está metiendo hasta la coronilla en El Salvador y Centroamérica, cuando no consigue de manera alguna salir de Bolivia” (ídem). Un mes después, desesperado por el paro nacional del 30 de marzo que le asestó un golpe demoledor, la dictadura se lanzó a una aventura en Malvinas.

Gobierno de Bignone

Si el paro del 30 de marzo hirió de muerte a la dictadura, el desprestigio de la dictadura por su accionar con la guerra de Malvinas representaba el desbarranque final del gobierno de facto.

La cuestión de las responsabilidades políticas y militares por la derrota en la guerra abrió una feroz lucha entre las fracciones militares. La prensa comenzó a “filtrar” las torturas y vejaciones que sufrieron miles de soldados a manos de sus superiores en las islas. Galtieri fue rápidamente desplazado del gobierno y reemplazado por Bignone. Luego de la capitulación de las Fuerzas Armadas, la Multipartidaria pidió “serenidad” frente a la derrota y se apresuró a pactar con la dictadura un “gobierno de transición”. Política Obrera sostenía que “nadie, ni en el país ni en el extranjero, vacila en afirmar que el 'Proceso' está muerto, y que la dictadura militar es un cadáver político. El mismo régimen que iba a 'reorganizar la nación' y 'refundar la república' tiene que salir desesperadamente a pedir un mínimo de crédito a las viejas representaciones políticas para mantenerse penosamente en pie. Esto evidencia que, a través de la actual crisis política, es toda la línea del gorilismo militar de las últimas tres décadas (entreguismo económico, disciplinamiento y despolitización del movimiento obrero) la que ha entrado en bancarrota (“La dictadura en descomposición, la Multipartidaria a su rescate”, Política Obrera N° 331, 15/07/82)

Entre las preocupaciones de las distintas camarillas militares por la cuestión de la 'institucionalización' se encontraba el problema de las responsabilidades de los militares por los crímenes cometidos en esos años. “El planteo de la Aeronáutica, decía Política Obrera, que postulaba un plan inmediato hacia la 'institucionalización', implicaba, de algún modo, el peligro de que algunos sectores militares quedaran expuestos como 'chivos emisarios'. La camarilla del Ejército -que no difiere en cuanto hay que buscar un salvavidas en la 'institucionalización'- lo rechazó por entender que una 'apertura' que no estuviera rígidamente controlada podría introducir el enjuiciamiento de la casta militar” (ídem).

Entre estos dos planteos de 'institucionalización', la Multipartidaria se inclinó a apoyar el del Ejército. “La Multi, decía Política Obrera, ha dejado de ser el frente de la patronal nacional golpeada por la dictadura proimperialista y tiende a transformarse en el frente de recambio de la democracia proimperialista ante una dictadura desgastada por sus choques imprevistos con el imperialismo”. Su verdadera naturaleza se revelaba en que “no es una correa de transmisión 'deformada' de las masas, sino una guardiana de la estabilidad del Estado y de las relaciones con el imperialismo”.

Presionados por la crisis, el gobierno decidió levantar la veda política y diversos partidos se lanzaron a realizar actos y encuentros. Política Obrera contaba que, en el acto del Partido Comunista en el Luna Park, “mientras la gente gritaba 'se va a acabar la dictadura militar', el orador principal planteaba un 'convenio cívico-militar' para evitar la caída de la dictadura. En algunos casos (actos de Alfonsín y de Intransigencia Peronista) esto demuestra el abismo que separa a los partidos patronales de las masas, hecho que se revela incluso en relación a sus propios partidarios”. PO concluía que “ninguno de estos actos está concebido como plataforma o punto de apoyo para una nueva etapa de lucha”, sino que estaban orientados a contener las movilizaciones y luchas de las masas.

La 'salida anticipada' contra las masas

Estas movilizaciones iban en pleno crecimiento. El 5 de octubre, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo junto a otros organismos encabezaron una “marcha por la vida”, de la que Política Obrera participó activamente. La movilización reunió unas 25.000 manifestantes en Plaza de Mayo. El PC no participó de la movilización (según la cúpula del PC, en el Luna Park habían concentrado unos 25.000 militantes, que no se vieron en la Plaza). El PST, sin dar explicaciones, también boicoteó la marcha. Ambos temían que una 'desestabilización' abortara los contubernios de la Multipartidaria.

Las movilizaciones iban de la mano de una recomposición de los cuerpos de delegados en las fábricas, y la burocracia sindical se veía obligada a convocar acciones aisladas para descomprimir el descontento. En este cuadro, PO explicaba que, a pesar de todo el esfuerzo de la Multipartidaria por pactar con la dictadura, “la 'institucionalización' no camina”. Y agregaba que “lejos de permitirle a la dictadura salir de la crisis y manejar a su antojo la salida 'democrática', la crisis se agrava cada día más y aleja la posibilidad de un traspaso 'ordenado y concertado' del gobierno por parte de los militares” (“Por qué se discute la caída de Bignone”, Política Obrera N°333, 12/10/82). La Nación explicaba por esos días que “el diálogo que hace cuatro meses se entabló entre Bignone y las dirigencias políticas parece extinguirse en una pesada atmósfera de desconfianza”. PO sentenciaba que “el plan político elaborado hace cuatro meses con vistas a elecciones condicionadas en 1984 se encuentra hoy prácticamente agotado” (“Se está buscando desesperadamente un plan político de recambio”, Política Obrera N° 334, 06/11/82).

El hundimiento de la dictadura aceleraba las componendas de los partidos 'democráticos' con los militares. Entre las negociaciones, los militares buscaban garantizarse una amnistía general. Política Obrera explicaba que “la pretensión de mantener la salida 'institucional' para 1984 tratando de condicionarla a una 'concertación' (desaparecidos, Malvinas, negociados, etc) no va más, está empantanada”. La dictadura ya no tenía más margen de maniobra ni estaba en condiciones de imponer su salida 'continuista'. “El conjunto de la clase burguesa, decía PO, está buscando desesperadamente un plan político de recambio. La gran mayoría de los partidos burgueses y un conjunto de analistas políticos (…) reclaman que se convoque a elecciones anticipadas para junio del 83” (ídem).

La 'salida anticipada' para 1983 no era, como trataban de presentarla los partidos de la burguesía, una salida 'democrática'. Para Política Obrera, “se prepara un frente político con una fracción de recambio de las Fuerzas Armadas, destinada a impedir el desmoronamiento del régimen y a sostenerlo hasta la fecha de las elecciones. Lo real es que no hay proceso democrático alguno mientras se mantenga en pie la dictadura, pues ella se ha convertido en un gran factor de inestabilidad contrarrevolucionaria y de condicionamiento antidemocrático. Al igual que en Bolivia, una 'concertación' en torno a elecciones 'anticipadas' mantendría en pie al aparato militarista contrarrevolucionario y afectaría sólo a los elementos descontrolados” (ídem). La burguesía quería garantizarse que quedara en pie el edificio montado por la dictadura en materia de leyes, del Poder Judicial, etc. El drigente radical Juan Carlos Pugliese expresó su preocupación por arribar a una concertación en estos términos: “Creo que no se puede proponer que las Fuerzas Armadas se vayan en desbande como si fuesen las de Batista”.

Unos días después, una votación simbólica realizada en la ONU sobre las negociaciones de paz por Malvinas reveló la orientación del imperialismo. Política Obrera explicó que “para el departamento de Estado, la voltereta diplomática [de la ONU] está 'atada' al surgimiento de un futuro gobierno 'institucional'. En esta dirección apuntan no sólo los yanquis: la propia diplomacia inglesa se ocupó de resaltar que las negociaciones serían 'menos duras' con un gobierno constitucional. De aquí resulta claro que la estrategia del imperialismo frente a la crisis mayúscula de la dictadura es la 'institucionalización', lo que explica, además, el rol relevante que están teniendo en las negociaciones los hombres de la Multipartidaria: el embajador argentino en norteamérica es un hombre del alfonsinismo y, en las recientes tratativas, otro hombre de la Multi –Vanoli– operó como un virtual canciller paralelo” (“En la ONU se votó la propuesta de los yanquis y la Multipartidaria”, PO 334).

Quedaba claro que el imperialismo y la burguesía veían inviable una continuidad de la dictadura y conspiraban para una salida 'institucional'. Pero para el morenismo (que en ese entonces había cambiado el nombre de PST a MAS) la salida 'institucional' daba motivos de ilusiones: “claro que alguien puede preguntarse, sostenían Visconti en un reportaje del periódico del MAS (Nº1), por qué razón entonces el pueblo debe abrir expectativas sobre la contienda electoral. La contienda electoral, en definitiva, permite a los trabajadores tomar parte de las luchas por seguir explicando y desarrollando nuestras ideas”. “De esta manera, refutaba Política Obrera “se oculta el extraordinario dispositivo burgués antidemocrático de la dictadura y todo el falso seudo-democratismo de la institucionalización. El MAS no plantea 'abajo la dictadura'. Ésta es la fisonomía del 'liberalismo' burgués” (“MAS burgués y proimperialista” PO 334).

Acerca de la Multipartidaria, el MAS sostenía que “no tiene agravios y sí profunda solidaridad con todas las fuerzas democráticas que exigen la recuperación del estado de derecho”. PO sostenía que “desde Alsogaray hasta la Multipartidara, pasando por el PC, todos sostienen la vuelta al estado de derecho, que no es ni remotamente un planteo democrático, ni de desmantelamiento de la dictadura, sino una forma disimulada de legalización de gran parte del andamiaje jurídico, político, represivo montado estos años, revistiéndolo de un ropaje democrático formal” (ídem).

Política Obrera sostenía que “el gobierno militar se está preparando para un recambio acelerado. Primero pensó que se podía armar sobra la base de un compromiso con las actuales direcciones peronistas y radical, o con dirigentes sindicales. Esto está superado por la lucha interna en los partidos. Es por eso que ahora comienza a adelantar las fechas del cierre del padrón” (Prensa Obrera 18 de diciembre de 1982).

La mayoría de la burguesía argentina empujaba también en esa misma dirección. “Existe una importante corriente del gran capital, decía PO, que no quiere que el gobierno militar siga, sino que se vaya. Entiende que la permanencia caótica de éste en el poder compromete sus intereses y posiciones. Que si hay que operar un cambio hacia los partidos, cuanto más claro y nítido sea ese paso, mejor. El mecanismo autodestructivo se desarmaría porque los dirigentes sindicales burocráticos y políticos patronales, al pasar de la oposición al poder, asumirían la defensa oficial del Estado contra los reclamos de los trabajadores” (ídem). La 'institucionalización', sin embargo, tenía su dificultad. La dictadura debía retirarse lo antes posible, pero sin que se produjera un desbande. Política Obrera explicaba que “todo el problema del cambio inmediato es que sea ejecutado en orden, problema que igual se plantea para un cambio a diez meses –con el agravante de que dentro de diez meses la situación va a estar peor. Esta dificultad de una transición en orden y legítima es lo que exaspera tanto a los comentaristas de la prensa burguesa, que se quejan contra todo el mundo, cuando el problema es la hondura de la crisis económica y política capitalista”.

La prensa presentaba a la 'salida anticipada' como un triunfo de las fuerzas 'democráticas' contra las pretensiones de la dictadura de estirar los tiempos hasta 1984. PO sostenía que “la salida adelantada, y aún la inmediata, es tan reaccionaria como la del 84. Lo que importa no es el tiempo sino el contenido de esa transición. Preservar el poder militar, dejar a la camarilla militarista como el poder detrás de trono, mantener los compromisos con el imperialismo. El asunto no es 'elecciones ya', que es como algunos entienden el 'que se vayan ya', sino 'fuera la dictadura', para imponer la democracia política sobre bases radicalmente distintas” (ídem).

LEER MÁS:

Política Obrera ante la transición democrática (Parte IV) 40 años del retorno a la democracia. Por El Be, 14/12/2023.

Suscribite al canal de WhatsApp de Política Obrera