40 años del retorno a la democracia

Política Obrera ante la transición democrática (Parte VII)

Escribe El Be

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El 30 de octubre de 1983, en las elecciones presidenciales el alfonsinismo protagonizó “un verdadero terremoto electoral”, como lo llamó Prensa Obrera.

El resultado electoral

El Partido Obrero dedicó cuantiosas páginas para caracterizar el triunfo de la UCR y la etapa política que se abría. “La victoria del radicalismo", decía Prensa Obrera, 2no significa que se haya llenado el vacío dejado por el peronismo (…) sino que ha comenzado un proceso de virajes amplios y bruscos en el panorama político del país. La certeza de que esto es así parte del hecho de que el alfonsinismo no tiene ningún planteamiento político audaz que le permita superar la experiencia de gobierno. En realidad, el alfonsinismo se ha transformado en el ocasional registro de la debacle del peronismo; es por eso ridícula su pretensión de convertirse en el 'tercer movimiento histórico'”.

El PO se ocupó en destacar que el derrumbe del peronismo no encontraba recambio con un sustituto radical. “Las elecciones se han distinguido", decía Prensa Obrera, "por sobre todo por su connotación negativa (desintegración del electorado peronista y acoplamiento de otros sectores a la UCR para impedir la victoria del peronismo), y no por la entronización de un nuevo liderazgo”. Este hecho “alimenta en muchos líderes del peronismo (…) la expectativa de que podrán reconstituir rápidamente la fuerza de masas del peronismo”.

La marea de votos radicales capturó a los votantes de todos los sectores. La izquierda no obtuvo nada de votos. El Partido Comunista había llamado a votar a la fórmula de la derecha peronista, Luder-Iglesias.

El PO explicaba que “el agotamiento del peronismo no ha beneficiado, sin embargo, a la izquierda. Las propias huestes de ésta se fueron al alfonsinismo. La izquierda esperó durante varias décadas ser la heredera natural de la declinación del nacionalismo burgués, y a la hora de la verdad no ha podido retener su propio caudal electoral. Pero cuidado: bajo la rúbrica general de izquierda se esconde una realidad contradictoria, y las responsabilidades políticas son diferentes, incluso contrapuestas”.

La responsabilidad de la izquierda en los magros resultados era inocultable. En el caso del Partido Comunista, fue “el bloqueo más grande para los trabajadores que buscaban una alternativa revolucionaria al derechismo y descomposición del justicialismo. Llamaron a votar al peronismo y a Iglesias, e incluso hicieron una campaña destinada a demostrar el carácter revolucionario de los derechistas. (...) Ayudaron a que muchos trabajadores peronistas no rompieran con los candidatos derechistas, aunque los afiliados del PC y de la izquierda peronista no hayan seguido a la propia dirección. (...) Como aparatos burocráticos y pequeñoburgueses, el PC y toda la izquierda peronista se plantearon la conquista de las masas por medio de la maniobra, insultando la inteligencia de los trabajadores. Estas dos fuerzas (y el FIP y los maoístas) representaron el ala izquierda del planteo regimentador de una de las fracciones del imperialismo”.

Otro sector estaba constituido por el morenismo (MAS). Durante los últimos años había estado subordinada a la Multipartidaria, a la que pintó con los mejores elogios. En cuanto al movimiento de familiares de desaparecidos, al cual le dieron la espalda durante años, lanzaron una campaña por una “amnistía general e irrestricta” que abarcase tanto a los genocidas como a los presos políticos. El morenismo defendió estas posiciones en un boletín que llevó por nombre... “Aminstía”. PO sostuvo entonces que “el solo nombre de 'Amnistía' retrata de cuerpo y alma los objetivos divisionistas, contrarios y opuestos al movimiento de lucha democrática”.

El morenismo bloqueó la alternativa de un frente político de la izquierda. “Lo común en el conjunto de esta izquierda, decía el PO, es su atadura a esquemas políticos pasados (vigencia del peronismo. vigencia del democratismo formal), por eso han dejado pasar el viraje de los trabajadores, que concluyó por ahora en el alfonsinismo. (…) La ausencia de un frente de izquierda permitió la llamada 'polarización', o mejor dicho el pasaje en masa de los descontentos del peronismo al alfonsinismo, y el congelamiento de muchos trabajadores peronistas en sus viejas posiciones (…). La izquierda, que en ningún caso tiene una base social revolucionaria, no quiso agudizar las divergencias políticas con los partidos burgueses sino aplanarlas. Tenían en vista la futura colaboración constitucional y de clases, antes que la necesidad de conquistar a las masas mediante una enérgica acción política”.

El MAS se presentó a las elecciones con un planteo ultrademocratizante. “En un principio la muletilla electoral del MAS fue el socialismo democrático (¡a lo Felipe González!), luego la deuda externa (¡a lo Celso Furtado!). Pero nunca planteó la vía para un reagrupamiento político capaz de derrotar a las candidaturas patronales. Fue un planteo burgués de pies a cabeza”, sostuvo entonces Prensa Obrera.

En el balance del desempeño propio, PO explicaba que “los ínfimos resultados electorales del Partido Obrero se inscriben en la situación política general de estas elecciones y de la izquierda. Pero, a diferencia del conjunto de la izquierda, el PO no tenía un asiento electoral previo (no participó en 1973) y fue el último partido reconocido, al punto que su campaña electoral recién comenzó a principios de octubre. Desde ya que fue el partido que intervino con menores recursos económicos. Por menor que haya sido la votación recibida por el Partido Obrero, el conjunto de la campaña electoral representó para nosotros un progreso (número de militantes, extensión nacional, difusión de posiciones, conquista de la legalidad), para el resto de los partidos de izquierda fue un retroceso respecto a 1973”.

Por su parte, el balance que realizó el MAS provocó un verdadero desconcierto en sus filas. El periódico de la organización tardó 10 días en aparecer y en su primer artículo de balance confesaban que “a la gran mayoría del partido, a la casi totalidad, nos sorprendió el resultado electoral que obtuvimos”. Antes de los comicios estaba convencido de conseguir un mínimo de 250-300.000 votos y de conquistar por lo menos un diputado por la Provincia de Buenos Aires, según habían sostenido en las reuniones con la dirección del PO. Pero lo más llamativo para el Partido Obrero era que “la preocupación prioritaria de esa organización sea la evaluación de sus propios resultados y no el balance del proceso electoral en su conjunto. En lugar de comenzar preguntándose por qué se impusieron los candidatos burgueses y fue aplastada la izquierda, el MAS se dedica a indagar las razones de su 0,28%. Enfoca el análisis de los comicios desde el cerrado mundo de sus locales y no partiendo de los problemas, las tareas que estuvieron planteadas para la clase trabajadora. Esta desconexión con las necesidades políticas del conjunto de la vanguardia obrera los conduce a transformar el debate sobre el balance de las elecciones en un juicio respecto a los desacertados pronósticos de su dirección. Pero es imposible hacer un verdadero análisis de la experiencia del último período si todos los problemas políticos son reducidos a simples errores de previsión electoral”.

Perspectivas

El triunfo aplastante de Alfonsín abrió debates acerca de las perspectivas del futuro gobierno. La prensa burguesa mostraba un apoyo cerrado a la transición. Una parte de la izquierda se vio arrastrada por la euforia ‘democrática’. El MAS sostenía que había que “discutir si el voto a Alfonsín refleja el proceso de revolución democrática que estamos viviendo”, considerando que “las elecciones fueron una extraordinaria conquista de la clase obrera y el pueblo”. Así, “el MAS oculta que el imperialismo concibió y digitó el recambio político en frío de la dictadura y es el principal interesado en disfrazar la opresión de la nación con un ropaje constitucional. Calificando a las elecciones de 'conquista' popular, el MAS le presta un gran servicio al alfonsinismo que quiere presentarse como genuino representante de la voluntad popular, cuando en realidad fue potenciado como fuerza política y llevado al gobierno mediante un proceso rigurosamente controlado por el imperialismo”, sostenía Prensa Obrera.

Por otra parte, el balance del MAS planteaba que las elecciones “han servido a la burguesía para tener instituciones de gobierno bien definidas (...) con dos grandes partidos que se vayan alternando en el poder”. Para PO, “se deduce de esto que la revolución democrática de Alfonsín se habría permitido consumar simultáneamente con una contrarrevolución democrática, dando vida a un régimen estable, sostenido en una rotación bipartidista, al estilo norteamericano”.

El futuro gobierno de Alfonsín tenía planteadas un conjunto de cuestiones a resolver. “Debe someter a su control, decía PO, a todos los elementos políticos del Estado enfrentados por la descomposición de la dictadura. Debe dar una salida a la crisis militar; disciplinar a los aparatos sindicales desplazados por su triunfo, hacer frente a la cesación de pagos frente a la banca internacional y reactivar la economía, resolver la cuestión política de los secuestros y desapariciones, en fin, reestructurar todo el aparato del Estado desde el presupuesto a la organización de la educación y la salud. La subida de un gobierno constitucional no significa que ha cesado la crisis política, sino solamente que ha cambiado de forma, se trata de darle una salida a la parálisis del Estado”.

Con referencia al enjuiciamiento a los responsables de los crímenes de la dictadura, “No nos cabe ninguna duda", decía Prensa Obrera, "que el alfonsinismo se va a esforzar por depurar a los elementos incontrolados del Estado [pero] el alfonsinismo no lo llevará adelante en forma consecuente por temor a provocar una desestabilización de otro orden del Estado burgués, es decir, que favorezca la lucha amplia de las masas. El alfonsinismo debe depurar hombres para salvar instituciones; militares para salvar a las camarillas militares; burócratas para salvar a la burocracia; jueces para salvar a la justicia. Pero lo que está en crisis (….), son las instituciones que se quieren preservar y no sólo los hombres que se quieren depurar”.

Alfonsín todavía no había asumido el poder cuando reflotó la doctrina de los “excesos” de los militares. Prensa Obrera denunciaba que “el gobierno de Alfonsín se prepara para imponer una inmensa frustración en la cuestión de los derechos humanos. Es por eso, precisamente, que se ha afanado por repartir posiciones gubernamentales entre todos los progresistas burgueses en circulación (en el país o en el extranjero), y aún de algunos 'socialistas', ya que los va a necesitar como quinta columna en los movimientos de libertades, para conseguir su domesticación. Uno de estos 'social-progresistas' acaba de declarar que el haber sido, él mismo, víctima de secuestros no le impedirá colaborar desde posiciones gubernamentales en función de olvidar las experiencias pasadas”.

Los voceros del gobierno se preocuparon en anticipar que no impulsarían ningún tipo de comisión investigadora parlamentaria de los crímenes de la dictadura. El Partido Obrero sostenía que “el problema de la acción de Madres y Familiares plantea problemas comunes a la lucha de todo movimiento de masas que se pretende subordinar al régimen burgués de tipo constitucional: es decir, convencerse de que este régimen solo funciona como agencia temporal del imperialismo en períodos de efervescencia de las masas, y de que sólo el reagrupamiento de los trabajadores en torno a una alternativa de poder llevará a la victoria de la democracia y de la emancipación nacional y social”.

La cuestión del juzgamiento a los militares estuvo presente desde el día uno. En su discurso de asunción, Alfonsín aseguró que “se propiciará la anulación de la Ley de Amnistía dictada por el gobierno militar y se pondrá en manos de la Justicia la importante tarea de evitar la impunidad de los culpables”. Cinco días después convocó al Congreso a sesiones extraordinarias para derogar la Ley de Autoamnistía. El PO explicaba que “Alfonsín ha sabido dar traducción política y legal a la estrategia de la burguesía en el punto de los derechos humanos y de la responsabilidad de las cúpulas militares. Esta constatación no debe pasar inadvertida, ya que demuestra que las posiciones democratizantes dan respuesta a los problemas políticos que se le han presentado a la clase patronal como un todo y que son un instrumento válido para las propias fracciones burguesas que apoyaron al régimen militar”. El PO llamaba a dar una batalla por derrotar la “amnistía encubierta”.

Caracterización

En medio de la euforia alfonsinista, que arrastraba a la izquierda, el PO se empeñó en abrir una perspectiva independiente para las masas.

Para el PO era importante la comprensión de las contradicciones del nuevo proceso que se abría y por lo tanto sus límites. A ese fin dedicó numerosos artículos en su periódico. Prensa Obrera sostuvo entonces que Alfonsín ”no plantea ningún tipo de transformación social”. Tampoco había “ninguna victoria popular; mucho menos en la Argentina se había abierto un nuevo rumbo histórico”. Con la victoria de Alfonsín, caracterizaba Prensa Obrera, “ha triunfado una de las tendencias de los explotadores, incluido el imperialismo (…) la victoria de Alfonsín ha puesto en marcha los planteamientos ‘democráticos’ del imperialismo, es decir el uso de la demagogia y de la represión prevista en la Constitución, con la finalidad de aplicar los planes burgueses exigidos por la crisis económica y el imperialismo”.

El Partido Obrero sostuvo además que “no corresponde a la realidad afirmar que el nuevo gobierno es democrático-burgués, alegando sus diferencias con el régimen militar. En un país sometido, la característica principal de un gobierno democrático es la lucha que emprende por emancipar a la nación, y no el hecho de que actúe en el cuadro de normas constitucionales”.

En síntesis, para el PO, “el nuevo gobierno no tiene la condición de democrático porque es, además, el fruto de un compromiso con la dictadura; las bases sociales y los aparatos políticos de ésta no serán desmantelados. El borrón y cuenta nueva no caracteriza a un gobierno democrático”.

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Política Obrera en la transición 1983 (Parte VI) 40 años del retorno a la democracia. Por El Be, 16/12/2023.

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