Una clara divisoria de aguas: un aporte al debate para la intervención en el movimiento de mujeres

Escribe Ana Belinco

Tiempo de lectura: 8 minutos

La crisis capitalista global objetiva, agudizada al calor de la pandemia del Covid-19, tiene una refracción notoria en la lucha de clases y un impacto muy fuerte sobre los regímenes políticos. Procesos de levantamientos populares en todos los continentes en defensa de la vida contra la voracidad del capital, con su contracara reaccionaria como los grupos de derecha en EE UU o Brasil en contra de la cuarentena, dan cuenta de esta afirmación. Como emergentes de este proceso surgen y toman impulso los llamados "nuevos movimientos sociales" como el de la mujer, el de los trabajadores precarizados y desocupados, el medioambiental, etc. En este sentido se torna una cuestión de primer orden analizar el carácter de los mismos para poder delinear una política adecuada de intervención en ellos. Debido a sus especificidades bien delimitadas que hay que explorar en profundidad, en este escrito me voy a circunscribir al movimiento de mujeres, que es el que se está problematizando en nuestra sección de debates en Política Obrera.

Presiones del régimen sobre la izquierda

Las presiones que imprime el régimen por medio de los movimientos sociales sobre la izquierda revolucionaria están más que a las claras. El "militante koala" de la camarilla del PO, la "militante antipatriarcal guerrera" del MST, la prebenda punteril en el movimiento de trabajadores desocupados, el socialismo feminista o el eco-socialismo, son moneda corriente al interior de las fuerzas del FIT-U, constituyendo expresiones clarísimas del seguidismo y la adaptación a estos movimientos tal cual son bajo la presión electorera de sumar porotos para obtener bancas.

Esta deformación y desviación fue expuesta por la Tendencia de manera clara desde su misma conformación. Somos la única corriente revolucionaria que tomó el guante para dar la lucha política de manera durísima contra esta adaptación generalizada de la izquierda.

En el documento público ¿Por qué una fracción pública? se plantea: "El movimiento de mujeres en el último cuarto de siglo se ha distinguido de sus precedentes por el carácter policlasista, en especial como consecuencia del derrumbe de los partidos obreros-reformista-neoliberal y stalinista. El pretexto de evitar una relación sectaria con él ha redundando en un abordaje oportunista, o sea de adaptación a un feminismo excluyente de la lucha de clases." Este planteo me pareció de suma importancia en mi proceso de acercamiento a la Tendencia, ya que venía de dar discusiones respecto a una adaptación movimientista al interior del PTS. Si partimos desde este marco, plantear que la compañera LK tiene una presión sectaria por bregar por una delimitación clara con el feminismo, o contraponerle a esto simplemente que "hay que dialogar con el movimiento", puede resultar la manifestación de una presión oportunista, tendiente a licuar un planteo revolucionario y socialista, en el movimientismo.

¿Qué está en discusión?

Pero hay que salir de la etiqueta fácil y adentrarnos en el meollo de la cuestión: es importante caracterizar adecuadamente el movimiento de mujeres en su composición y en relación a las corrientes que actúan en él, para poder tener una línea de intervención correcta. La delimitación en sí misma no es sectaria, el diálogo en sí mismo no es oportunista. Hay que encontrar el balance y, atendiendo siempre a los principios socialistas revolucionarios, delinear una orientación que tienda a generar una corriente obrera al interior del mismo.

Pese a nuestros lúcidos planteos, no estamos exentos de las mismas presiones objetivas que el resto de las fuerzas políticas de la izquierda y eso, a mí entender, quedó expresado en la nota que critica la compañera LK (Tapa PO N°7), y también en el artículo “8M, el debut de la rebelión popular” (Política Obrera, 8 de marzo), en el que planteamos que "El 9M masivo en Argentina es un emplazamiento a los Fernández, Guzmán o Kristalina", afirmación con la que discrepo. Pudo ser un brete para el gobierno y el FMI, pero no tuvo una dirección antigubernamental o contraria al pago de la deuda, que vaya por la impugnación del régimen de conjunto y de manera generalizada.

El potencial revolucionario del movimiento de mujeres es enorme y está encarnado sólo por una de las tendencias que actúan en él. Sería un error grave pensar que en los movimientos de masas actúa una sola tendencia, la revolucionaria.

Justamente, porque es el factor subjetivo emergente de la crisis objetiva que el capitalismo busca resolver, es que actúan todas las corrientes en ellos, incluso el FMI, representante del imperialismo. En este sentido, la posibilidad de desarrollo del movimiento de mujeres se enmarca en un proceso de lucha política abierta para que la tendencia revolucionaria sea la que imprima la dirección del mismo. Lo logrará imponiéndose frente a las corrientes reformistas en su interior, como el feminismo liberal de las kristalinas, el culturalista deconstructivo, o las radfem separatistas biologicistas, quienes se quedan en una estrategia superestructural, atacando el andamiaje político ideológico (opresión patriarcal), pero negando que haya que atacar las condiciones materiales históricas de existencia, causa fundante de la violencia sistémica (explotación capitalista).

FMI y gobiernos burgueses feministas

LK plantea: ¨La macana es que el FMI es feminista, en cualquier momento se cambian de nombre y se llamarán Fonde Monetarix" y se le responde que "el FMI no es feminista" o que "no hay gobiernos burgueses feministas". El FMI es feminista. Su actual directora se reivindica "feminista liberal", e impulsa demandas formales para "romper el techo de cristal". El gobierno de Fernández es feminista y tiene una estrategia deconstructivista: crea un Ministerio de la Mujer que busca absorber y hasta otorgar algunas demandas mínimas para no cambiar lo fundante, la estructura capitalista.

Si reconocemos que el feminismo es burgués-legalista-formalista, porque lucha por derechos civiles, ya que cree que en lo formal acaba la opresión, tenemos que reconocer que su estrategia no es de choque a fondo por lo que forzarlo a otra cosa sería ir en contra de su propia naturaleza determinada por su condición de clase. La vía para la conquista de lo formal sigue siendo la superestructura jurídico política del régimen burgués (el derecho civil). La propuesta del feminismo es lanzar un programa con demandas concretas (democrático burguesas) dentro del régimen.

Ahora bien, si un gobierno es burgués y el feminismo per se también lo es; y el formalismo (el fin último del feminismo) también es burgués, ¿Por qué no podría haber un gobierno (o un organismo internacional) burgués feminista?

Una visión simplista donde todo es fatalista y agonistico nos puede llevar a creer que ninguna demanda puede ser resuelta dentro del capitalismo. La lucha por más derechos democráticos o salariales es fundamental en esta etapa de capitalismo imperialista decadente. Podemos hasta conquistarlos, pero no podemos conservarlos indefinidamente o sin luchar porque el capital, para resolver sus crisis cada vez más agudas, se los lleva puestos cuando las papas queman.

En resumidas cuentas, en el movimiento de masas (en el de mujeres también) actúan diversidad de corrientes políticas y tendencias que tienen como norte cooptarlo para que funcione como una herramienta de sostenimiento del régimen burgués, evitando que se transforme en un factor para el reagrupamiento del proletariado de conjunto. El feminismo que lucha por la igualdad formal no es progresivo en sí mismo, y hasta puede actuar conscientemente como tapón y desvío de la lucha del movimiento por la emancipación real de las mujeres trabajadoras.

Hay que ser claros en este punto: "el feminismo" no es el movimiento y el movimiento no es el feminismo. Éste último es sólo una de las corrientes actuantes. Delimitarse del feminismo no hace a despegarse del movimiento, hace a tener una ubicación clara en el mismo.

Consignas

La consigna "El Estado es responsable" de ninguna manera puede ser interpretada como la comprensión cabal del conjunto del movimiento de mujeres de la necesidad de ir contra el Estado burgués. Si así fuera, estaríamos hablando de un movimiento revolucionario en acto y no es a lo que asistimos. Si bien la dirección del movimiento está vacante y en disputa hay que reconocer, sin temor a equivocarse, que la estrategia que viene "hegemonizando" el mismo, es la culturalista deconstructivista, la del "feminismo nac and pop" de corte pequeño burgués. Muchas de las corrientes que levantan "El Estado es responsable" lo hacen desde una posición claramente estatista ("Estado ausente"). No con una línea de choque contra el Estado si no pidiendo más Estado burgués "reformado" (Ley Micaela).

Si esta consigna que hace a cuestiones nodales de la discusión es usada para confundir, más fácil se les hace usar la del aborto legal para desviar, ya que en definitiva es una reivindicación sentida y muy necesaria, pero una medida de mínima, en tanto no lesiona la estructura del capital. Muestra de esto es que cientos de Estados capitalistas avanzados ya la legislaron y el capitalismo sigue en pie.

Igualmente problemático es asociar la posición en favor de la autonomía de los cuerpos ("mi cuerpo es mío"), con un choque contra el Estado. Por un lado, ideas como la libertad y la autonomía, son una quimera bajo la sociedad capitalista. No se trata de negar la necesidad de luchar por ellas, sino de no caer en planteos de corte liberal y abstractos. La estrategia de un movimiento de masas debe ser "arrancar" al Estado burgués derechos y reivindicaciones para el colectivo, para la clase. Será el Estado mismo quien los reglamente y los aplique, mal que le pese a los amantes de la libertad individual.

Contraponer cuerpos y Estado, es un largo camino...hacia ningún lado. Por otro lado, la estrategia individualista que denota la mencionada consigna se opone tangencialmente a una concepción socialista del problema del aborto. En tanto Tendencia del Partido Obrero hemos señalado en nuestro documento de junio de 2019, la necesidad de plantarnos desde la defensa de la familia obrera, desde el derecho a elegir cuándo ser madres.

Pensar que la lucha por estas consignas espontáneamente va a generar que, tarde o temprano, las mujeres choquen contra el Estado, es negar la necesidad del factor subjetivo (partido) para imprimir una dirección revolucionaria. Trotsky sostenía: "Sin una organización dirigente la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor".

Un programa y un sujeto para desarrollarlo

Nadie nace revolucionario. Los movimientos no son una excepción a la norma. Es necesaria la acción decidida y una batalla política sin cuartel de una fracción de izquierda en ese sentido en el interior de los movimientos, sea el que sea, para elevar la conciencia política, la organización y la capacidad de lucha desde los lugares de trabajo y estudio, en los sindicatos, en los barrios. Esto sólo puede conseguirse trazando puentes transicionales (demandas salariales, previsionales, día femenino, jardines maternales y lactarios en los lugares de trabajo y estudio, etc) que permitan unir el programa de mínima del que parte el movimiento (aborto legal) a un programa de máxima, como ser denunciar y atacar las instituciones del régimen (Congreso, Iglesia, policía, Poder judicial, etc como sostenes de la opresión y la explotación sobre la mujer trabajadora) y a la necesidad de la toma del poder político por parte de la clase obrera. Este programa no va a ser impulsado por la mujer en general si no por las mujeres proletarias que somos quienes sufrimos la doble explotación.

Patriarcado

LK, en su escrito por tapa de PO N°7, dice ¨…capaz incluso se elimine el patriarcado y NO el capitalismo…¨. Esta idea me parece que amerita profundizar teóricamente. Si entendemos la unidad dialéctica entre estructura material y superestructura político ideológica no veo que pueda decirse que el patriarcado (reflejo superestructural de opresión) pueda caer (aunque sí reblandeserse en tanto maniobra burguesa siempre que no afecte puntos sensibles del capital) sin que caiga de conjunto la estructura capitalista con sus formas de relación social. Tampoco se puede derivar que de la lucha contra el patriarcado devenga de manera necesaria en lucha contra el Capitalismo.

Saludos fraternales.

Suscribite a Política Obrera