La calle y el recinto: la derrota política del gobierno en la Plaza de los dos Congresos

Escribe Jorge Altamira

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El gobierno sufrió hoy, frente al Congreso, una derrota política relevante. Para enfrentar una manifestación de protesta de activistas y luchadores, diversas agrupaciones del variado panel de la izquierda y de algunos sindicatos, desplegó a la Prefectura, la Gendarmería, las policías Federal y de la Ciudad y la acostumbrada barra de soplones y provocadores debidamente preparado. Hasta las ocho de la noche no había podido consumar el propósito de ‘despejar’ la avenida Rivadavia. Utilizó para el caso camiones hidrantes para atropellar a los manifestantes -e incluso uniformados en moto- y abusó del gas pimienta. Las pantallas de televisión y las redes sociales difundieron varios de estos atropellos. La ciudadanía quedó debidamente ilustrada del régimen político de la ‘’cachiporra’ y, más que eso, del acuerdo con el diputado José Luis Espert que pide ‘bala’ cada vez que le ponen un micrófono. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y el de la Ciudad, Waldo Wolf, siguen empeñados en imponer el ‘protocolo’ callejero sin la debida autorización judicial.

Milei y compañía han fracasado en el intento de hoy, cuando les espera un torrente de protestas masivas, al principio probablemente aisladas, contra la ola de despidos que han desatado las compañías más importantes; contra la fuerte reacción del universo de la Cultura y la Ciencia afectado por la clausura de sus actividades; contra la docencia que inicia el año lectivo con el sueldo en el subsuelo; contra las familias que deben enfrentar el piedra libre del arancelamiento escolar privado. Un régimen que impulsa ex profeso la inflación para provocar una recesión y la confiscación de ingresos tiene por delante una desorganización económica sin igual, que en la historia de Argentina han llevado al fracaso y al abandono del poder de todas las dictaduras.

En el recinto de Diputados había comenzado la maratón del proyecto ómnibus, que no es un drama shakespeariano, sino una comedia de Moliere. Los legisladores parecen haber olvidado que, en Argentina, el Ejecutivo goza de la arbitrariedad de vetar las leyes y el articulado ‘particular’ de esas leyes, sin la menor expectativa de que el veto sea rechazado por el Congreso. De modo que los ‘disidentes’, en particular, que votaron la ignominia “en general”, son más hipócritas que el mismo oficialismo. El Ejecutivo no puede crear impuestos, pero puede aumentar o reducir las alícuotas. Es así que ha subido el impuesto a las importaciones, creado por el kirchnerismo, del 7 al 17 % -una suba de impuestos ‘libertaria’– que encarece los costos y los precios de producción. Los ‘disidentes’ se oponen a la privatización de varias empresas, como ocurre con el Banco Nación, YPF y Arsat, pero no a capitalizarlas mediante su transformación en sociedades anónimas y la incorporación de capital accionario que cotiza en las Bolsas. Ahora mismo, Milei negocia la entrega del astillero Tandanor al grupo Elsztain, que integra la camarilla sionista que respalda incondicionalmente a Milei. El debate en el Congreso es una farsa, aunque Pichetto ponga cara de sabio sin credenciales.

Argentina asiste a la estafa más grande de la historia mundial. Milei está convirtiendo en deuda pública el dinero transaccional del Banco Central (Leliq), los dólares transaccionales del comercio de exportación (Bopreal) y todo el déficit fiscal, a través de la refinanciación constante de los bonos del Tesoro, que está literalmente fundido. Milei se ha identificado con Carlos Pellegrini cuando no es más que un Juárez Celman, el presidente que fundió a Argentina en 1890 y fue sustituido por su vice. En esa condición, Pellegrini creó el Banco Nación.

La derrota política del gobierno en las calles el día de hoy, desafiado por luchadores, activistas, agrupamientos y listas sindicales, se entiende en el contexto de un régimen condenado a ir al abismo con el apoyo de las mayorías parlamentarias y del peronismo que se expresa a través de sus tránsfugas, como Scioli, Jaldo y Saénz y la barra de funcionarios massistas que siguen en los cargos públicos, incluido el negociador de Argentina con el FMI.

Para plagiar a Federico Engels, cerramos de esta manera: adelante estafadores “que afuera los espera el verdugo”.

PD: mañana a las 18 horas continúa la movilización.

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