La “Solución final” del Estado Sionista

Escribe Norberto Malaj

Inminente invasión a la última ciudad refugio de Gaza.

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Israel ha masacrado a casi 40 mil gazatíes (incluyendo a más de 10 mil que yacen bajo los escombros de los bombardeos), en su mayoría niños y mujeres: esto es más del 1.5% de la población de la Franja. Más de 1.8 millones han sido desplazados de sus hogares y viven en tiendas de campaña, recibiendo raciones mínimas de comida y casi nula asistencia médica.

Tras más de cuatro meses del inicio de la campaña de exterminio, Netanyahu acaba de decir a la televisión norteamericana que aún no ha logrado la destrucción del estado mayor de Hamas. No recuperó, por cierto, con la ocupación de Gaza a uno solo de los rehenes en poder de Hamas.

Israel se apresta ahora a invadir la ciudad de Rafah, repetidamente bombardeada, en el límite con Egipto, donde se refugian 1,4 millones de palestinos que han escapado del resto de Gaza. Es una ciudad que normalmente albergaba a menos de 300 mil almas: una superficie de 64 kilómetros cuadrados (25 millas cuadradas) que antes de la guerra ya era “una de las zonas más densamente pobladas de Gaza y, a su vez, estaba entre las más superpobladas del mundo” (Al Jazeera, 11/2). En la actualidad se estima que “unas 22.000 personas se apiñan en cada uno de los 64 kilómetros cuadrados de Rafah”. “Los funcionarios de Salud (de la ONU) informaron sobre un brote de hepatitis A, que prospera en contacto cercano. Al ser imposible aislar a los pacientes, hay pocas esperanzas de detener este brote u otros, como la sarna y los piojos, empeorados por la falta de duchas o baños higiénicos” (ídem).

Un ataque terrestre haría que las muertes diarias en Rafah, que alcanza ya a más de 100 diarias fruto de los bombardeos aéreos, se multiplique por 10 a 30 veces. Gedeón Levi en Haaretz sostiene que “una incursión israelí en Rafah será un ataque al mayor campo de desplazados del mundo. Arrastrará al ejército israelí a cometer crímenes de guerra de una gravedad que ni siquiera él mismo cometió todavía. Es imposible invadir Rafah sin cometer crímenes de guerra. Si las Fuerzas de Defensa de Israel invaden Rafah, la ciudad se convertirá en un osario” (11/1). Biden ha pedido un plan de evacuación en apoyo a la invasión. Pero, dice Levi: “No existe ni puede haber ningún plan de este tipo, incluso si Israel logra idear algo”.

Evacuación a Al-Mawasi

Según Haaretz el ejército israelí ha llamado a la población a evacuar Rafah hacia Al Mawasi, “un área de 16 kilómetros cuadrados, aproximadamente del tamaño del Aeropuerto Internacional Ben-Gurion. Toda Gaza en la zona de un aeropuerto, imagínese… si sólo un millón de personas fueran a Al-Mawasi, la densidad de población allí sería de 62.500 personas por kilómetro cuadrado. Sólo podrían convivir parados y durmiendo por turnos. No hay nada en Al-Mawasi: ni infraestructura, ni agua, ni electricidad, ni viviendas. Sólo arena y más arena, para absorber la sangre, las aguas residuales y las epidemias. La idea de esto no sólo es espeluznante, sino que también muestra el nivel de deshumanización que Israel ha alcanzado en su planificación” (Haaretz, 11/2). Al Mawasi, sobre el Mediterráneo, ya ha sido barrida con anterioridad por la aviación sionista. Lo que propone el gabinete de guerra sionista es aniquilar a otras decenas de miles de personas (en su mayoría mujeres y niños) y a otras decenas de miles por inanición.

“Como Yahya Sinwar, sus ayudantes cercanos y militantes de Hamas no han sido encontrados en la ciudad de Gaza, y luego tampoco en Khan Yunis, el ejército israelí está considerando una operación terrestre en la ciudad sureña de Gaza, Rafah” (Haaretz,10.2). El pretexto sionista para completar la limpieza étnica es siempre la destrucción de Hamas, que no logra completar o alcanzar. Es lo que sostuvo Netanyahu ante los medios norteamericanos – “que hay que perseguir a Hamas hasta que el grupo militante sea destruido” (The WSJ, 11.2, “grupo militante” es la expresión que usa el Journal). Lo que se desprende de acá es que la operación militar sionista ha fracasado en sus objetivos oficiales: acabar con Hamas y liberar a los rehenes por la vía militar.

Como Rafah es el punto de contacto entre Gaza y Egipto (el desierto de Sinaí), “Egipto ha trasladado 40 tanques y vehículos blindados de transporte de personal a la frontera con Gaza para detener cualquier posible efecto colateral de un ataque terrestre israelí… ha advertido que cualquier ataque terrestre israelí contra Rafah tendría ´consecuencias desastrosas´ y que el objetivo de Israel de expulsar a los palestinos de sus tierras (arrastrándolos al desierto del Sinaí) amenazaría el acuerdo de paz de Camp David de 40 años entre los dos países” (Al Jazeera).

El plan de una invasión a Rafah y de evacuación de casi dos millones de gazatíes ya sea a Al Mawasi o al Sinaí contraviene el fallo de la Corte Internacional de La Haya, que advirtió que Israel debía poner fin a sus acciones de genocidio. El deber más elemental en el marco del derecho burgués incluso, sería interponer una fuerza internacional que impida tamaño atropello.

El imperialismo mundial

Como represalia al fallo de la Corte Penal de La Haya, EE.UU. y Gran Bretaña resolvieron cesar toda ayuda a los refugiados palestinos, atribuyendo que 12 empleados del organismo que distribuye esa ayuda la colaboración con el asalto del 7/10 al sur de Israel.

La decisión yanqui-británica fue seguida por Canadá, Australia, Alemania, Italia, Países Bajos, Suiza, Finlandia, Estonia, Japón, Austria y Rumania. De conjunto esos países aportan casi el 70% de la limosna que Naciones Unidas destina a los refugiados palestinos. La medida no sólo afecta a los refugiados de Gaza, sino a la totalidad de los 5,9 millones de palestinos diseminados en los 49 campos de refugiados que se encuentran en Gaza (8), Cisjordania (19), Jordania (10) y el Líbano (12). En estos campos funcionan 546 escuelas y más de 140 centros de salud que dependen de esos fondos.

Moncef Khane, ex alto funcionario de Naciones Unidas en Gaza y en otros campos de refugiados de la ONU, señaló que “dada la escasa ayuda que llega a Gaza y la inminente hambruna de su población… quitarle fondos a la UNRWA ahora es peor que un castigo colectivo: podría ser una sentencia de muerte para muchos palestinos indigentes y hambrientos” (ídem, 31/1).

La UNRWA, en realidad, ha relevado a Israel, la potencia ocupante de hacerse cargo de la ayuda humanitaria. El escaso favor brindado a los palestinos fue compensado por un respaldo político a la potencia ocupante. Según denuncia el mismo Moncef Khane “la ONU ha delegado en la UNRWA importantes obligaciones legales internacionales que de otro modo corresponderían a Israel como potencia ocupante. Según los Convenios de Ginebra, los servicios básicos como vivienda, atención sanitaria y educación en los territorios ocupados son responsabilidad del Estado ocupante. Así, en efecto, la ONU ha subsidiado, y posiblemente prolongado, la ocupación israelí de los palestinos” (ídem).

Ni hablar que Israel atacó repetidamente instalaciones protegidas por la ONU, incluidas escuelas y hospitales, matando a miles de civiles, principalmente niños y mujeres que buscaban refugio en las instalaciones de la UNRWA, entre ellos a “152 miembros del personal de la UNRWA. Israel también tiene una larga historia de acusaciones sin fundamento contra empleados de la UNRWA y, en el contexto del conflicto actual, ha sido sorprendido mintiendo repetidamente sobre presuntos crímenes cometidos por palestinos (por ejemplo, la decapitación de 40 bebés el 7 de octubre)” (ídem).

La invasión de Rafah y la expulsión o inanición del pueblo gazatí constituye un caso de “solución final” como la que construyó Hitler para los judíos del este de Europa como consecuencia de la invasión de Alemania a la Unión Soviética. Es claro que el gabinete de guerra sionista quiere barrer a un pueblo del escenario histórico; el último paso sería la invasión de Rafah.

La ‘solución final’ palestina asume dimensiones históricas incontrovertibles. Es el reconocimiento de un estado de guerra mundial, sin leyes de guerra, ni cualquier clase de límites.

La clase obrera internacional debe parar esto mediante la movilización y la huelga internacional. En Argentina, bajo el gobierno sionista de Milei, Bullrich, Wolf, la lucha en defensa del pueblo palestino es una cuestión de principios.

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